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8 de Abril, 2002

Narco News '02

Periodismo Auténtico sobre la Guerra de la droga en nuestra América

"Nuestra Patria se llama América" - Simón Bolívar

Investigación en el asesinato del

líder sindical Casimiro Huanca

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Fotos: D.R. 2001, Al Giordano

Desde algún lugar de en un país llamado América...

Los apuntes de guerra del 7 al 9 de Diciembre y del 10 al 17 de Diciembre incluyeron reportes sobre el asesinato del líder trabajador Casimiro Huanca, ocurrida en el pueblo de Chimoré, en la región del Chapare, en Bolivia.

Huanca, de 55 años de edad, era presidente de una de las seis federaciones de campesinos cocaleros, y uno de los más pacíficos y respetados líderes de este movimiento laboral que inluye a cerca de 36.000 familias bolivianas.

Éste es el asesinato político número 48 de las tropas militares bolivianas bajo el mando del régimen Banzer-Quiroga, que tomó el poder en 1977; y el décimo quinto en los pasados cinco meses del Vicepresidente convertido en Presidente, Jorge Quiroga (han ocurrido tres más desde entonces, haciendo a este Quiroga un carnicero mayor, en términos de asesinatos por mes, que el antiguo y enfermo Hugo Banzer, el General y maestro del golpe de estado).

Los fiscales civiles y las agencias policiales que han estado investigando el asesinato del líder sindical fueron desplazados de la investigación por las Fuerzas Armadas de Bolivia, quienes reclamaron jurisdicción exclusiva para los tribunales militares, a los cuales el público no tiene acceso ni conocimiento.
Y para no sorprender a nadie, el tribunal militar falló en este caso que el líder sindical fue muerto por un soldado en "defensa propia".
Narco News visitó la remota región del Chapare, allí donde comienza la selva amazónica, para conducir su propia investigación sobre estos hechos. Entrevistamos testigos oculares del incidente del 6 de Diciembre. Inspeccionamos la escena del crimen. Tomamos fotos. Documentamos el testimonio de los testigos presentes ese día.

Descubrimos que el llamado "tribunal militar" que absolvió al soldado que disparó ni siquiera visitó la escena del crimen, ni tampoco entrevistó a los testigos civiles del mismo.

Narco News hizo lo que los gobiernos de Bolivia y Estados Unidos se rehusaron a hacer. Entramos al Chapare pasando los retenes del gobierno, pasando a través de un área ocupada por más de 7.000 soldados del gobierno estacionados allí en contra de los deseos de su propia población. Nosotros investigamos DIRECTAMENTE, los hechos.

Y hemos llegado a la conclusión, basados en los hechos que ahora compartimos con nuestros lectores, de que el gobierno boliviano ordenó y ejecutó el asesinato del líder sindical, y que con el apoyo y asesoría de la embajada de Estados Unidos se ha dedicado a encubrirlo. Los oficiales responsables por este asesinato y su posterior encubrimiento han violentado la ley boliviana, las leyes internacionales y las leyes de Estados Unidos, incluyendo el Acápite Leahy que ordena el impedimento de ayuda militar o policial a regímenes que violan los derechos humanos sistemáticamente y con impunidad.
Ésta es la historia del último día en la Tierra de Casimiro Huanca, padre y esposo, campesino y líder laboral.

Urgimos al lector a que se forme una opinión educada, basada en hechos, sobre lo que aconteció aquel día de terror.

Ésta es la tumba de Casimiro Huanca...

Esta es la carretera Cochabamba-Santa Cruz, en el tramo donde pasa por el poblado de Chimoré. Detrás del auto color blanco, a unos 46 metros de la carretera, hay un pequeño edificio. Es la sede de la Federación Especial de Colonos (campesinos agricultores) del Chimoré, el grupo que lideraba Casimiro Huanca. Hoy es la escena forense de un crímen...

Esta es una mirada más de cerca a la entrada de las oficinas de la federación, con su bandera multicolor del movimiento indígena boliviano. ¿Puede usted verla? ¿Difícil? Ok... entonces acerquémonos un poco más....

Éste es el local. ¿Puede ahora ver la bandera? Bien. También podrá ver la bandera negra. Es la bandera de luto y duelo, en memoria de Casimiro Huanca. ¿Puede ver a los niños jugando? Haga nota mental del espacio. Ésta es la escena de un crimen, y como el espacio se halla estructurado nos dirá mucho acerca de lo sucedido el 6 de diciembre. Note la localización de la entrada principal al centro del edificio; se ve la silueta de un niño jugando allí. En ese pasillo se lanzó una bomba lacrimógena, y cuatro soldados fuertemente armados cargaron hacia esa área en el centro del salón.

Notará también que hay una pared blanca al otro lado de ese edificio, indicando así que hay un segundo edificio detrás. Le diremos más acerca de ese edificio -- el salón de asambleas -- en un momento.

Pero, antes que nada, se puede ver un pequeño sendero al lado del edificio, que lleva detrás del mismo. Por allí, de acuerdo a testigos presenciales, entraron nueve soldados. ¿Los está contando bien? En total, 13 soldados fuertemente armados, con cascos protectores y máscaras de gas, corrieron hacia la entrada del edificio y hacia la parte trasera del mismo por el sendero de la izquierda.

¿Qué sucedió en ese 6 de Diciembre para justificar las acciones de estos 13 soldados -- respaldados con 200 uniformados desplegados en donde está el fotógrafo -- cuando cargaron contra este pacífico espacio de reuniones de una organización de civiles? Siga leyendo.

Ésta es la foto de Epifanio Cruz, el alcalde electo del poblado de Chimoré.

El alcalde Cruz fue testigo ocular del asesinato del 6 de diciembre.

En esa foto, el alcalde está parado en el mismo lugar donde se paró el comandante militar aquel día, con 200 soldados armados hasta los dientes, luego de que éstos habían congregado por la fuerza a los campesinos, la mayoría de ellos habían escapado por el espacio de atrás.

El alcalde Cruz estaba allí con el camión municipal. Se identificó como tal a los soldados cuando llegaron. Él había estado allí antes de que llegaran los soldados y describió lo que vió: "Los militares dicen que los campesinos estaban en la carretera, bloqueándola. Eso no es verdad", insiste el alcalde. "Los campesinos estaban en ambos lados del camino, pasando bananos y frutas a los motoristas, como una protesta contra los programas de 'desarrollo alternativo' que los han dejado con cosechas podridas, sin mercado para vender. Era una manifestación pacífica, no un bloqueo.

"Los compañeros invitaron los soldados a comer piña, algunos de ellos lo hicieron. Entonces vino el comandante a dar órdenes. Los soldados tomaron todas las piñas y bananos -- momentos antes las estaban recibiendo como regalos -- y se tornaron muy agresivos. Empujaron y patearon a nuestros hermanos como si fueran animales. Vi a un campesino recibir una patada en el cuello. Los campesinos corrieron hacia el edificio del sindicato y su parte trasera".

El alcalde continúa: "Los compañeros estaban todos dentro o detrás del edificio. Casimiro y un pequeño grupo, los dirigentes, estaban en la entrada. Yo estaba parado al lado del comandante militar y el dio la orden de poner a la tropa en formación. Los soldados más fuertes y grandes al frente, y el comandante gritó 'acción'. Dispararon una bomba lacrimógena dentro del edificio, y luego un grupo de ellos atacó hacia el interior del edificio. Cuatro de ellos entraron por el centro, nueve por el lado izquierdo. Si la orden del comandante no hubiese ocurrido nada de esto hubiera pasado".

"A los cinco minuitos oí disparos, desde ahí", el alcalde señala el callejón al lado del eficio. Los soldados salieron. Y entonces algunos compañeros gritando que algunos habían sido heridos".

Ésta es la puerta por donde fue disparada una bomba lacrimógena, y por donde entraron posteriormente 4 de los militares.....

En el lado izquierdo del pasillo visto en fotos anteriores hay dos pequeños salones.

En el segundo salón, dormía un pequeño bebé.

Éste es el pequeño, de tres años de edad, y su madre, Elvira Acosta.

"Me han matado", dice la niña, que se había desmayado por causa del gas lacrimógeno. "Me han matado", dice la niña, casi juguetonamente, como si tratara de describir su desmayo aquel día.

Elvira Acosta, la madre de la niña explica: "Yo estaba detrás del edificio cuando comenzaron a disparar el gas. Corrí a recoger a mi niña. Se había desmayado. La saqué de ahí y don Casimiro estaba muerto, sangrando ahí en el suelo".

Albino Paniagua había sido uno de los líderes que estaban en la entrada del edificio con Casimiro Huanca, luego que los soldados los habían forzado a replegarse hacia el edificio. "Estábamos en la puerta", recuerda, "el jefe de los militares pidió que saliéramos del edificio. Habíamos preparado una protesta para este día, con productos para los cuales no había mercado. Es una farsa. Los soldados nos tiraron entonces una granada de gas y corrimos hacia la parte trasera del edificio".

"Esta es la entrada al salón de asambleas", dice Albino Paniagua. "Por suerte, había estado cerrada con candado. Si no, todos hubiésemos corrido hacia allí y nos hubiesen entrampado, probablemente nos hubieran masacrado a todos. Cuando los cuatro soldados entraron por el frente, corrimos por el lado. Pero por ahí venían nueve soldados. Vi a dos de ellos que agarraron a Casimiro. Él estaba diciendo "déjenme, dejénme". No se cuál de los soldados le disparó; tenían cascos protectores, y se veían iguales. Los soldados me agarraron por la camisa. Cuando pasaba a un lado de Casimiro oí disparos y le oí gritar..'aaaaayyyy'. Cuando le oí también vi a uno de los soldados dispararle a Fructuoso Herbas a quemarropa, como decimos acá. Fructuoso gritó... 'donde está mi pié.. no tengo pié'... su pié estaba, pero estaba destruído".

"Los soldados se devolvieron entonces corriendo", explica Paniagua (arriba). "Yo me quité la camisa para que no me reconocieran cuando salía y salí corriendo por el frente gritando 'hay heridos, hay heridos'. Casimiro estaba botando mucha sangre. Parecía que le habían disparado por los testiculos. Había un fuerte olor a gas lacrimógeno. Todo ocurrió muy rápido".

Alberto Paniagua de pie, en la parte trasera del edificio, el salón de reuniones, en donde su amigo y compañero de actividades Casimiro Huanca fue asesinado por un soldado boliviano...

Flores depositadas en el lugar donde cayó Casimiro. La puerda de al lado también estaba bajo candado durante el ataque militar, de acuerdo a los testigos. ...

Elvira Acosta señala uno de los tres orificios de bala dejados por las armas militares en la pared del salón de reuniones.l...

Otra hueco producido por un disparo. Profundo y ancho, hecho posiblemente por balas de alto calibre...

Otro huella dejada por un disparo de bala...

Albino Paniagua señala el lugar donde cayó Fructuoso Herbas: una pequeña corriente seca. Herbas le dijo a Narco News que vio cuando le dispararon a quemarropa. La bala fue encontrada luego, enterrada a 16 centímetros de profundidad, luego de pasar por la pierna y pie de Fructuoso...

Fructuoso Herbas (arriba) al día siguiente, el 7 de Diciembre, en el hospital Viedma de Cochabamba....

Algunas precisiones en la historia de Fructuoso. Cuando nuestro corresponsal encontró a Fructuoso en el hospital, todavía se hallaba en gran agonía por el dolor y el traumatismo. Como resultado, hubo pequeños errores en la historia inicial de Narco News. Fructuoso había dicho que el comandante militar había ordenado a los campesinos abandonar la carretera en "cinco horas". En realidad, la orden dada por los militares fue de dejar la carretera en cinco minutos, de acuerdo a otros testigos. Herbas había descrito que estuvo en el suelo tres horas hasta que sus compañeros le encontraron. Los otros testigos, incluyendo Albino Paniagua, llegaron a su lado casi inmediatamente.

En nuestro análisis periodístoco, la confusión de Fructuoso ¾usando la palabra horas en lugar de minutos, fue debida a su frágil estado médico, y al elevado nivel de dolor y trauma físico citado durante la entrevista. Pero, deseábamos precisarlo acá, en el salón de noticas de Narco News.

Fructuoso también dijo que había cerca de 300 soldados. Otros testigos dicen que eran más bien cerca de 200 soldados. Los historias de testigos oculares, algunos que temen ser identificados por las fuerzas de seguridad, también han coincidido con los hechos como han sido aclarados más arriba....

Godofredo Reineke (arriba) es el Defensor del Pueblo para la región del Chapare en el Departamento de Cochabamba. Fue nombrado por la Defensora del Pueblo Nacional, Ana María Campero, quien a su vez fue nombrada por el Congreso Nacional. El congreso, hace tres años, estableció la oficina del Defensor del Pueblo como una agencia independiente para vigilar los abusos a los derechos humanos cometidos por el Poder Ejecutivo, incluyendo la Policía y las Fuerzas Armadas.

El señor Reineke ha investigado el asesinato de Casimiro Huanca y el atentado contra Fructuoso Herbas, así como los hechos que rodean el incidente del 6 de diciembre. Esa es su función. Él ha visitado la escena del crimen y ha tomado testimonio oficial a los testigos. Le dijo a Narco News que los fiscales e investigadores civiles han conducido una investigación paralela, pero que las Fuerzas Armadas los desplazaron y se hicieron cargo de la investigación. Consecuentemente, los investigadores civiles y fiscales adscritos al caso recibieron órdenes de retirarse de la investigación por parte de altas autoridades del gobierno federal. "Lo que primero me preocupa", dice Reineke, "es el llamado Tribunal Militar. El artículo 34 de la Constitución de Bolivia establece que los tribunales militares no pueden intervenir en estos asuntos. Pero siempre lo hacen. En muchos casos de asesinatos de líderes cívicos, el tribunal militar ha arrebatado la investigación de manos de las autoridades civiles, y siempre reporta los mismos resultados: que los asesinatos estaban justificados por la defensa propia".

"Yo no presencié los eventos del 6 de diciembre, pero había pasado por el lugar de los hechos 15 minutos antes de que ocurriera el incidente. No había bloqueo de la carretera, como han afirmado las autoridades. Los campesinos estaban a un costado de la carretera con sus frutas. Era una actividad pacífica. Al recibir noticia del incidente, llegué a la escena, como media hora después. Vi el cadáver de Casimiro. Fructuoso fue llevado al hospital. Hubo varios testimonios sobre lo que sucedió allí. En ningún momento hubo resistencia. Casimiro tenía 55 años de edad, era un hombre religioso, un pacifista. Los soldados que lo detuvieron son del Batallón Manchego, los rangers, con base en Santa Cruz. Ellos formaron parte de la fuerza de tarea".
"Es claro", dice el Defensor del Pueblo, "que tuvo que haber premeditación en el asesinato de Casimiro".

"Mi agencia ha solicitado la sustitución del comandante militar. Todavía estamos esperando su respuesta", dice el señor Reineke. "La fiscalía debe ser independiente, pero el tribunal militar aparentemente no lo es. El problema número uno es la impunidad. Desde 1995 al presente, en la región del Chapare solamente ha habido más de 40 muertes de civiles a manos de las autoridades. Existe una violación sistemática de los derechos humanos, y en este caso, del primer y más importante derecho, el derecho a la vida".

"Lo que necesitamos ante la evidencia de esta impunidad es atención y apoyo internacional", dice el Defensor del Pueblo, Godofredo Reineke. "Sólo el apoyo internacional puede asegurar que esto no va a suceder otra vez. La violencia oficial ha alcanzado los límites de la irracionalidad. No tenemos garantías que no va a suceder mañana otra vez. Los comandantes militares se alimentan de estos asesinatos, muchos de ellos se sienten orgullosos de haberlos cometido. Esta situación está completamente fuera de control".

El Padre Sperandio Ravasio (arriba) es un sacerdote católico en Villa Tunari, uno de los poblados más grandes de la región del Chapare, a dos pueblos de distancia de Chimoré. Él conocía a Casimiro Huanca, el líder sindical asesinado.

"¡Ustedes los periodistas!", comenzó imprecando el cura, "muchas veces nos hemos sentado aquí, todo es pacífico, tranquilo, y leemos en los periódicos que aquí estamos en guerra. Entonces, cuando realmente hay problemas, no se ve una sola palabra. ¡Esto es una sicosis!".

"Durante los bloqueos de carreteras del año 2000, desde Septiembre hasta el 13 o el 15 de Octubre, los militares estaban por todas partes. Ellos ocuparon este pueblo, Villa Tunari, por toda una semana, disparando gas lacrimógeno día y noche. Una noche vinieron a esta iglesia. Creían que los campesinos se escondían aquí. Y no era así. Los jardines y todo el patio estaban vacíos. Pero dispararon sus gases lacrimógenos en el jardín, en donde encontramos luego tres latas vacías del gas. Hemos vivido en estas circunstancias por un largo tiempo".

"Aquí había una periodista norteamericana", recuerda el Padre Sperandio (es un nombre italiano ¾el Padre es de Milán¾ que quiere decir "esperanza en Dios"), "Ella acababa de llegar de Colombia. Le pregunté por qué estos eventos no eran reportados en la prensa norteamericana. Ella me dijo que 'ustedes necesitarían tener de 20 a 25 muertes por día para poder insertar una historia en la United Press. Eso,' dijo ella, 'es la lamentable realidad".

El Padre Speriandio ha observado los conflictos de los años recientes entre los campesinos que cultivan la coca y el gobierno. "Yo me pregunto", dice él, "con esta falta de respeto que le demuestran a la población, ¿en qué va a parar esto? El gobierno ha firmado convenios con 15 o 17 puntos de acuerdo con los campesinos. ¿Con cuántos han cumplido? ¡Con ninguno de ellos! Se ríen del pueblo, ayer, hoy y mañana. El pueblo ya no confía en el gobierno".

El sacerdote fue una de las partes negociadoras en la más reciente ronda de negociaciones. La Cumbre de la Coca,( the Coca Summit of November 2001.) "Hubo allí un diálogo real", nos dice él. "Los cultivadores de la hoja de coca acordaron ayudar al gobierno en la erradicación de los terrenos más grandes, incluyendo aquellos de más de un cato de coca. Hay plantaciones de dos a tres hectáreas. Hubo un acuerdo entre los cultivadores y los negociadores para erradicar esta coca. Todos nos sentamos a comer durante el receso en las conversaciones, felices y contentos porque pensábamos que habíamos llegado a un acuerdo. Entonces llegó una llamada, y la negociación se terminó".

"Es continua esta falta de respeto", dice el Padre. "Casimiro estuvo aquí durante las negociaciones. Habló. Entonces vino este cretino con un megáfono y un uniforme, Casimiro fue asesinado y Fructuoso fue herido de bala".

"Me preocupa la reacción de la gente joven", expresa el cura. "Muchos de ellos dicen, 'Evo o no Evo. Líderes o no líderes. Nos vamos a vengar'. Pienso en un hombre de 23 años de edad que me dijo: 'Desde que tenía 12 años de edad, recuerdo cuando la policía vino a mi casa, mató a mi papá, violó a mi madre. Ahora tengo 23 años y esas muertes las voy a cobrar'. A mí me sorprende todavía la paciencia que han tenido estos campesinos. Es mejor que la comunidad internacional les ponga atención a estos asuntos. Necesitamos traer mayor respeto a los pobladores de esta comunidad, al pueblo, así es que lograremos evitar la violencia". El cura nos mira directamente y dice con una mirada desafiante: "Vamos a ver si usted logra hacer algo, señor periodista, ¡vamos a ver si se atreve!".

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