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Fábio Mesquita en Podio de la Victoria

La prognosis de Brasil para una rápida recuperación debida a una cura del “Doctor en Reducción de Daños”


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

12 de mayo 2003

SAO PAULO, BRASIL; MAYO 8, 2003: Es el médico residente del movimiento de “reducción de daños” de Brasil —el esfuerzo que comenzó, a fines de los años ochenta, a disminuir los daños causados por el uso de drogas bajo políticas represivas— y ahora puede sonreír: su paciente, la nación brasileña, luego de una larga enfermedad llamada prohibición a las drogas, muestra claros signos de mejoría.


Dr. Fábio Mesquita
D.R. 2003 por Al Giordano
La sala de operaciones del doctor Fábio Mesquita es una oficina en el tercer piso de un edificio aledaño a la alcaldía de Sao Paulo. A las 5 de la tarde sigue la actividad colmenar mientras docenas de trabajadores permanecen aún en sus puestos, o vienen de afuera, o están al teléfono, o en el teclado, trabajando duro en la oficina de prevención de Sida y enfermedades sexualmente transmitidas en una de las tres grandes metrópolis de nuestra América.

Dos periodistas —la Directora de Estrategia de Narco News Adriana Veloso y su corresponsal— llegan al lugar y son escoltados dentro de la sala de reuniones. La jefa de relaciones públicas de Mesquita, New Maris, entra, mira la cámara digital sobre la mesa y exclama: “Ah, van a tomar fotos… déjenme poner un póster detrás de donde se sentará Fábio”. Tal precisión y atención a los detalles son la marca de la casa en las maneras con las que el doctor Mesquita ha dirigido su larga marcha de defensa de la plena ciudadanía de los usuarios de drogas y la salud pública por las que ha tomado el juramento hipocrático.

“Sao Paulo es el centro de los medios en este país”; explica más tarde Mesquita, “respeto enormemente a los medios de Río de Janeiro y Brasilia, pero tenemos que poner particular atención a los medios aquí en el centro del país, donde inclusive tenemos el periódico más grande”, dice, en referencia a la Folha de Sao Paulo y su circulación diaria de 327 mil ejemplares.

Su corresponsal quiere comenzar de una vez: “La persecución policiaca contra usted, cuando comenzó esta lucha, es legendaria, pero nunca he leído en ningún medio un recuento histórico de lo que de hecho ocurrió...”.

Mesquita se dedicará a ello. “Primero”, interrumpe hablando en inglés, “quisiera decir que es una gran iniciativa el inicio de la cobertura de Narco News en portugués. Es muy importante para nosotros. Nos sentimos muy apoyados con ustedes aquí. Nos ayuda mucho”.

Palabras amables de un hombre que tiene acceso a periódicos como la mencionada Folha de Sao Paulo para publicar columnas de opinión, o el Diario de Sao Paulo, donde escribió el pasado 29 de julio:

“Los que ganan con la ilegalidad de las drogas son criminales, banqueros que hacen 400 billones de dólares al año, las economías de algunos países productores de drogas y paraísos fiscales, la industria armamentista y los aparatos represivos”.

“Los que pierden con la ilegalidad”, continuó, “son el Estado de ley democrático y su población, que vive insegura, enferma, y con sus derechos constantemente violados… la solución a la raíz de esa violencia en el actual Estado brasileño sólo podrá encontrarse en la legalización de las drogas”.

Estas palabras, queridos lectores, fueron firmadas por un importante funcionario de salud pública de la ciudad más grande del país más grande de América Latina.

Ok, que comience la entrevista de Narco News con el dr. Fábio Mesquita…

De la represión a la aceptación

En 1989 en el puerto de Santos, en la costa atlántica del estado de Sao Paulo, Thelma de Souza había sido recientemente electa alcaldesa de la ciudad. Junto a la alcaldesa Luíza Erundina de la ciudad de Sao Paulo, eran las primeras alcaldesas de grandes ciudades electas por el Partido dos Trabalhadores (PT) que, hoy, catorce años más tarde, gobierno el poder ejecutivo con el Presidente Lula da Silva.

El puerto de embarque más grande del país, Santos posee una tradición de gobiernos municipales progresistas. Algunas veces, los conservadores se han referido a la ciudad como “la Moscú de Brasil”. A la zquierda, a la derecha, o entre ambas, Santos sin embargo, recibiendo marineros y contrabando de todo el mundo como cualquier puerto internacional, tenía un creciente problema de salud pública con la expansión del VIH, el virus comúnmente asociado al Sida.

La nueva alcaldesa encontró a un médico local, Fábio Mesquita, para dirigirse al problema. En los ochenta, recuerda Mesquita, “la mitad de mis pacientes eran usuarios de drogas intravenosas. Es así como entré al campo de las drogas y comencé a trabajar con el Sida. Nos dimos cuenta entonces que Santos tenía la mayor incidencia de Sida per cápita en el país”.

“El gobierno federal”, recuerda Mesquita de aquellos años, “no reconocía al Sida como una enfermedad. Dijeron que era una invención de los medios. Hubo inclusive pereocupación por parte de la industria turísitica porque Santos es una ciudad turística y hubo grandes presiones para no hablar del problema. Así que me volví el primer director del Programa de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) de la ciudad. La primera cosa que hicimos fue reconocer que el Sida era ya un problema agudo. Dije en ese tiempo: ‘Queremos ser conocidos en Santos por nuestra respuesta y no por la epidemia”.

En el primer año, la oficina de Mesquita distribuyó condones y dirigió una campaña de educación pública sobre sexo seguro. También inició un programa de albergamiento para gente que vivía con VIH y envió a trabajadores de campo a laborar con trabajadores de la industria del sexo. “Vimos que la mitad de nuestros pacientes seropositivos eran, de hecho, usuarios de drogas inyectables… así que comenzamos a buscar programas ya en marcha en Holanda, Australia y algunas partes de Estados Unidos. Viaje a San Francisco, California, para estudiar los proyectos comenzados ahí en intercambio de agujas”.

“Intercambio de agujas” es un término usado comúnmente para la distribución de jeringas limpias para los usuarios de drogas inyectadas, cambiando las agujas usadas, aompañado por esfuerzos educacionales para desanimar el uso compartido de agujas entre usuarios, un gran fuente de diseminación del Sida, la hepatitis y otras enfermedades. “Decidimos”, afirma Mesquita de su segundo año, 1990, al mando del programa de prevención de ETS y Sida, “que la alcaldía de la ciudad apoyara el primer programa del país de intercambio de agujas”.

Entonces llegó la represión. La oficina del fiscal de la ciudad en ese tiempo, apunta Mesquita, “interpretó el artículo 12 de la antigua ley de drogas diciendo que cualquiera que ayude a otro a usar drogas es un traficante”.

El Fiscal de Distrito formuló cargos criminales contra Mesquita, acusando al departamento de salud de la ciudad de “tener las mismas motivaciones que los narcotraficantes”, cuenta. Esa ofician también presentó una demanda civil contra el gobierno de la ciudad bajo el argumento de que “los usuarios de drogas son personas problemáticas y no merecen la atención de la ciudad, y ciertamente no del uso del presupuesto municipal. Así que, en 1990, tuve que ir a la estación de policía a ser interrrgado como preparación del juicio”.

El gobierno de Santos negoció entonces con los fiscales y llegaron al acuerdo de que el programa de intercambio de agujas sería pospuesto. Los cargos fueron suspendidos, pero no desestimados, dando a los fiscales la posibilidad de reabrir el caso en el futuro.

Los cargos criminales contra Mesquita, sin embargo, causaron una polémica nacional ruidosa en los periódicos, la televisión y la radio, y tuvieron el efecto de despertar la conciencia en todo el país sobre el problema del crecimiento del Sida por compartir agujas entre usuarios de drogas.

En los principios de 1995, la ciudad de Salvador, capital del estado nordestino de Bahia, se volvió la primera ciudad brasileña que ya comenzó a distribuir agujas limpias y, en contraste con lo ocurrido en Santos, las autoridades estatales toleraron el programa.

El coordinador del programa en Salvador era, como Mesquita, un médico: su nombre era Vezzito Magalhães. Pero era también el hermano del más poderoso político —de hecho jefe político de Bahia por mucho tiempo— Antonio Carlos Magalhaes, quien es también, por entrenamiento, médico. Pero ese doctor —ahora un controversial senador— también controlaba la policía federal, los fiscales, incluso al aparato político entero. La universidad local en Salvador dio financiamiento y apoyo político al programa de intercambio de agujas. “Antonio Carlos Magalhaes es una persona muy poderosa. Utilizó su poder en formas negativas pero en este caso lo hizo para bien”.

Se inició la carrera

Los funcionarios estatales en la megalópolis de Sao Paulo miraron eso con envidia, recuerda Mesquita. “Sao Paulo puede ser arrogante y como una entidad no puede aguantar ser segunda en nada”, sonríe el buen doctor. “Bahia era ahora la primera en intercambio de agujas, así que la Secretaría Estatal de Salud trajo el primer embarque de jeringas en 1995 y comenzó a distribuirlas, inclusive en Santos”.

Pero mientras un brazo del gobierno del estado —el que se preocupaba de la salud— estaba dando agujas limpias al usuario de drogas, el otro —el de la ley— trató de cortar la mano que ayudaba. El gobierno del ex gobernador Mário Covas, quien había sido un candidato presidencial perdedor en 1989, estaba en efecto “esquizofrénico”, diagnostica el buen doctor Mesquita.

Ahí fue cuando todo se salió de control. Los fiscales estatales, en 1995, invadieron las oficinas de una ong —el Instituto de Estudios e Investigaciones sobre Sida (IEPAS; por su nombre en portugués), y revivieron los cargos suspendidos contra la alcaldía de Santos. Irónicamente, la ciudad sólo había estado distribuyendo cloro a los usuarios de drogas inyectables para usarlo en la limpieza y desinfección de jeringas usadas. “Hubo problemas legales con la distribución de agujas, pero no de cloro”, dice Mesquita.

Pero en 1995, el buen doctor había sido electo como Concejero de la Ciudad Fábio Mesquita. Tenía un cargo público de elección y alta visibilidad en los medios. Por lo que los fiscales, en vez de arrestar a este miembro del Concejo Municipal, fueron a arrestar a la entonces directora de los programas de reducción de daños en Santos, Regina Bueno. “Fuimos juntos, ella y yo, a la estación de policía”; explica Mesquita. “Por supuesto, llevamos a todos los medios con nosotros”.

Luego de apenas un día de intensa atención de parte de los medios y presiones políticas, Regina Bueno fue liberada y los cargos desestimados.

Fue entonces cuando el diputado estatal Paulo Teixeira del PT apoyó legislación para legalizar el intercambio de agujas y los esfuerzos en reducción de daños. En 1997, la legislatura aprobó el proyecto de ley de Teixiera, pero el gobernador, que aún era Mário Covas, ni lo firmó ni lo vetó durante seis meses. El decreto se quedó ahí, en el limbo político. Pero los simpatizantes de la ley no se sentaron a esperar a que el Poder les diera los que querían: se ocuparon en internacionalizar el tema.

Internacionalizando la Presión

En marzo de 1998, Mesquita y otros brasileños fueron anfitriones de una conferencia internacional sobre reducción de daños en Sao Paulo, con más de mil delegados de todo el mundo.

“Pasamos semanas antes de la conferencia presionando al gobernador para que firmara el decreto”, recuerda Mesquita. “Y reservamos el Palacio de Gobierno para realizar la ceremonia inaugural de la conferencia”.

La conferencia internacional sobre reducción de daños fue agendada para iniciar un sábado en la noche. El gobernador firmó el decreto horas antes, la mañana de ese día.

Ese mismo año el gobernador del estado sureño de Santa Catarina, con asiento en Florianópolis, Paulo Afonso, del Partido del Movimiento Brasileño Democrático (PMBD), tuvo algunos problemas políticos: fue acusado de corrupción y los medios estaban teniendo un gran día a su costa. Hubo gran presión en la legislatura para procesarlo. “Necesitaba un tema para distraer a los medios”, dijo Mesquita, ofreciendo de nuevo la bondadosa sonrida que rompe su talante serio cuando habla de cómo las rupturas en el sistema político han sido utilizadas por el movimiento local para obtener sus victorias. Este corresponsal tiene la sensación de que quizá el buen doctor tuvo más que ver con los eventos que describe de lo que dice. “Alguien sugirió al gobernador que si hacía una ley, protegiendo a la reducción de daños y al intercambio de agujas para los usuarios de drogas, que la gente y los medios lo debatirían por dos o tres semanas”.

El estado de Santa Catarina aprobó rápidamente la ley, y otro gobierno de un estado brasileño ahora se ha comprometido con la protección de los trabajadores en reducción deaños. El estado de Rio Grande do Sul, más al sur todavía, desde su capital Porto Alegre, pronto se volvió el tercer estado en aprobar una ley de programas de reducción de daños. “El legislador que apoyó la ley en Rio Grande do Sul era un miembro del Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB, el partido del ex presidente Fernando Henrique Cardoso), pero el gobernador del estado era del PT; su nombre era Adilson Troca, cuyo apellido significa irónicamente “intercambio”. Así que Paulo Teixeira, el funcionario del PT de Sao Paulo que había apoyado la ley local de reducción de daños, viajó a Porto Alegre para convencer al gobernador”.

Mientras, al inicio de la segunda ola de represión en 1995, Santos, ciudad de residencia de Mesquita, ya se habí vuelto impaciente con el doble discurso de los gobiernos estatal y nacional. “Nos costó mucha paciencia esperar una resolución legal, así que comenzamos a ir subterráneamente con las acciones de intercambio de agujas”. Después de todo, si el estado no iba a respetar el acuerdo de 1990, ¿por qué lo haría la ciudad? Como ves, querido lector, el movimiento aquí no sólo se sentó a esperar el permiso oficial o la legislación. De Salvador a Santos, lo que forzó la mano del gobierno fue que la sociedad civil salió al frente, y comenzó a hacer el trabajo por sí misma.

Sao Paulo hoy:
27 mil agujas limpias por mes

En catorce años, el paisaje ha mejorado radicalmente para el trabajo del doctor Fábio Mesquita y los muchos otros pioneros de la reducción de daños en este país llamado “Brasil”.

Hoy trabaja a la cabeza de un gran departamento de la ciudad, dedicado a distribuir agujas limpias, condones, pipas limpias de crack (porque compartir las pipas entre fumadores de crack, que a menudo producen heridas fuera y dentro de la boca, también contagia la hepatitis y otras enfermedades), materiales educativos, y que además entrena a los ciudadanos y otros funcionarios públicos en el trabajo con usuarios de drogas.

No más amenazado con la cárcel, en cambio recibe financiamiento y apoyo político del gobierno. La nueva ley de drogas aprobada en enero de 2002, aunque tiene muchos aspectos negativos, especialmente en el área de lo que los halcones de la Guerra contra las Drogas mal llaman “justicia terapéutica” (el procesos por el que lo usuarios son forzados a llevar programas de “tratamiento” que son muy lucrativos para el sector privado y su grupo que puja detrás de él), legalizó y protege por fin a los programas y los trabajadores en reducción de daños de la represión policial.

Y apenas a tiempo, apunta Mesquita, porque ahora la heroína está llegando a Brasil. Hasta hace poco, el noventa por ciento de la droga inyectada en Brasil estaba ligada a la cocaína. El otro diez por ciento eran anfetaminas, barbitúricos y otros tranquilizantes, y heroína. La explosión de la cocaína en Brasil, explica el doctor Mesquita, es un resultado directo de las políticas de droga impuestas por Estados Unidos. Como ha escrito Mesquita:

“Como resultado de la Guerra contra las Drogas desatada por los Estados Unidos contra los principales países productores de cocaína (Colombia, Bolivia y Perú) en los ochenta, estos países comenzaron a exportarla a países vecinos como Brasil, Argentina, Chile y Paraguay. La diferencia entre las prácticas de los usuarios en países desarrollados y en desarrollo es que los primeros la usan pura, mientras que los otros la mezclan con otras sustancias tales como bicarbonato de sodio. Inyectarse cocaína produce efectos similares a los del crack, y tiene muchas consecuencias indeseables. Aunque la dependencia del crack ocurre más rápido que la de otras drogas, la cocaína inyectada produce aún más rápidos efectos y lleva a una dependencia mayor, al igual que mayores riesgos de transmisión de VIH y sobredosis. Uno de los peores problemas es la adicción: la cocaína se inyecta con más frecuencia que la heroína. La misma jeringa es usada como regla por la misma persona unas diez o quince veces”.

Que la misma aguja se usa en promedio diez o quinca veces hace una importante luz en otra estadística: que la ciudad de Sao Paulo distribuye 27 mil agujas limpias por mes. Multipliquen eso por diez o quince usos por aguja entre los pobres, especialmente los adictos, que no pueden pagar para comprar agujas limpias con su prespuesto completo para pagar los altos precios de la droga bajo la prohibición, y la matemática es impresionante: eso es de 270 a 450 mil juegos de “Ruleta Rusa VIH” que son detenidos en frío por esta inteligente y humana política de drogas de la ciudad.

Mesquita dice que es duro contar cuántos usuarios de drogas hay en la ciudad o en todo el país: “No hay datos sobre el número de usuarios en Brasil”, explica.

Preguntado sobre la reciente declaración del nuevo Secretario de Seguridad Pública de Río de Janeiro (y Primer Esposo) Antony Garotinho, de que hay 700 mil usuarios de drogas en Río de Janeiro, y que las familias tienen que controlar a sus niños más porque los usuarios de drogas están “financiando al terrorismo”, el doctor Mesquita responde: “Está loco. Es muy difícil creerle. ¡Hay al menos cinco millones de usuarios de varias drogas en Río de Janeiro!”.

El impacto del Plan Colombia en Brasil

Ahora que el Plan Colombia de intervención militar impuesto por Estados Unidos está en pleno retroceso, Mesquita apunta que está teniendo un impacto negativo en Brasil y otros países vecinos, en parte porque la fumigación patrocinada por EU de herbicidas ha causado que muchos campesinos colombianos dejen de sembrar coca para sembrar opio. “Colombia provee ahora el 80 por ciento de la heroína consumida en los Estados Unidos”, afirma Mesquita. “Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina se encuentran en ese camino”.

La heroína nunca ha sido particularmente popular entre los brasileños. “En Sao Paulo o Río, tiene un nicho entre los ricos. Es más cara que la cocaína. Una dosis de heroína cuesta alrededor de 40 dólares,… muy caro comparado con promedio de ingresos brasileños”.

Sin embargo, la preocupación es que, tal como la cocaína comenzó a cobrar popularidad en México, un país donde no se cultiva hoja de coca, por el simple hecho de que México pertenece a las rutas de la cocaína, lo mismo podría ocurrir en Brasil con la explosión de la heroína colombiana: una consecuencia directa y negativa de las políticas de drogas impuestas por EU en otros países.

Pero como el doctor Mesquita y otros brasileños son testigos, el precio de obedecer las imposiciones de la política estadounidense están subiendo mucho por lo que podría mejor tomar una senda nueva y más sana en políticas de drogas, del tipo propuesta recientemente por el gobierno de Lula en Brasil: descriminalización.

“Estamos muy optimistas”

Cuestionado acerca de lo que piensa acerca de que el gobierno de Lula pueda tener éxito en sus esfuerzos para descriminalizar el uso de drogas en Brasil, Mesquita responde, “Pienso que es un proceso, desde luego. El PT tiene reputación de ser el más serio acerca de temáticas de droga. Hay un fuerte debate interno en el PT. Y es un debate muy democrático de ideas dentro del gobierno”.

El hecho de que el debate ha caído dentro de las ópticas pública y mediática, die Mesquita, es muy alentador. “Podría preocupar más si el debate y las decisiones fueran hechas a puerta cerrada”.

“Lo que hemos visto es rápidos progresos a nivel citadino de algunos gobiernos municipales controlados por el PT”, hace inventario. “Las ciudades de Recife, Porto Alegre y Sao Paulo son gobernadas por el PT. Porto Alegre ha tenido esto por diez años. El PT ha gobernado Sao Paulo y Recife, ahora, durante dos años. Es en estos lugares que hemos visto el rápido crecimiento de políticas de reducción de daños, y la esperanza es que esto pueda repetirse a nivel nacional”.


El Ministro de Justicia Márcio Thomaz Bastos recibe propuestas de Fabio Mesquita el pasado 30 de enero en Brasilia.
D.R. Marcello, Jr., Agência Brasil
“Por supuesto”, afirma Mesquita, “tuvimos una gran expectativa de que el anuncio de un cambio en las políticas de dorgas podrían haberse hecho en diciembre pasado, antes de que entrara el nuevo gobierno”.

Llegó a un punto en que, en enero pasado, cuando Mesquita y otros abogados de una política de drogas humana y democrática presionaron al gobierno de Lula abiertamente a través de los medios. En enero 20, Mesquita escribió una columna para el enorme diario Folha de Sao Paulo titulada “¿Y la política de drogas?”.

“Brasil tiene un importante papel internacional en este tema, basado en su política y en su estrategia de reducción de daños”, escribió Mesquita. “Es por eso que estamos esperando a que el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva anuncie que el SENAD (la oficina del zar antidrogas brasileño) tendrá a un civil del más alto nivel y que comenzará la discusión con la sociedad brasileña, sobre la base de las experiencias de los gobiernos locales del PT y la sociedad civil, sobre qué direcciones deberían tomarse en la política pública de drogas en el país para los próximos cuatro años. Es por eso que esperamos una sólida, realista y humana política que dominará al miedo en este tema, la visión común entre los brasileños que se sienten desamparados e impotentes ante tan importante fenómeno en la vida del país”.

Diez días después, Mesquita fue recibido por el nuevo Ministro de Justicia, Márcio Thomaz Bastos en Brasilia, para una reunión a la que el principal garante de la ley de la nación invitó a la prensa para ir y fotografiar a ambos hombres juntos: una señal que fue enviada así, una señal de que Bastos y Lula mismo habrían de concretar más tarde con sus recientes comentarios, así como los de otros funcionarios del gobierno federal, en favor de la descriminalización de las drogas.

“Lula tiene un programa”, explica Mesquita, el veterano de catorce años de lucha para cambiar las políticas de drogas. “Y eso quiere decir grandes cambios. Estamos muy optimistas”.

El gigantesco paciente del doctor de reducción de daños —Brasil entero— se está poniendo aún mejor luego de su ataque por el contagio llamado prohibición a las drogas. Pero eso no quiere decir que Mesquita y sus tropas están bajando la guardia.

La entrevista termina a las 6:30 pm. El edificio de oficinas del gobierno municipal que es hogar de la base de operaciones de Mesquita ha cerrrado y también la puerta delantera; el guardia de seguridad en el lobby ya se ha ido a su casa, y para dejar el edificio los reporteros deben ir al sótano, a través de un estacionamiento casi vacío, para salir a la calle. Pero en la oficina de preveción de Sida y ETS del doctor Fábio Mesquita las tropas todavía trabajan duramente. Docenas de ellos aún no dejan sus puestos esta noche de jueves. Para Mesquita y su equipo, este trabajo no es meramente un empleo, es su misión. Y aún a las puertas de una victoria potencial, despues de una larga marcha de muchos años desde la represión hasta la aceptación, este movimiento no se dormirá hasta que la larga y oscura noche de la prohibición a las drogas de paso a un nuevo día en la historia humana; el nuevo día en construcción, pero ya alcanzando el zenith en los cielos… desde abajo.

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