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Haciendo la historia equivocada: la prensa y los zapatistas

Un análisis de la cobertura de medios en inglés del encuentro del EZLN del mes pasado


Por Annalena Oeffner
Estudiante de Narco News de Periodismo Auténtico

12 de septiembre 2003

Decenas de miles estuvieron reunidos el 8, 9 y 10 de agosto en Oventik, un pueblito en el estado mexicano de Chiapas, sureste del país. La mayoría vino a apoyar a los zapatistas y a su causa, la de llevar a las comunidades indígenas de México a ejercer autoridad sobre su tierra y sus formas de vida. Otros, tal vez simpatizan con los zapatistas y tal vez no, tal vez en forma diferente, vinieron a documentar historias “bien balanceadas”, hablando al mundo acerca del encuentro convocado a través de un comunicado y una invitación del vocero zapatista Subcomandante Marcos. Y vinieron a hablar de la “fiesta de los caracoles” —cuyo propósito era anunciar la declaración del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) para presentar cinco “juntas de buen gobierno”. Los “asientos comunitarios” de estos consejos regionales son llamados “caracoles” (que en la simbología maya representa, entre otras cosas, la “apertura del corazón”) representan ahora a las comunidades zapatistas de Chiapas. Eso, al menos, es la información que el lector debería haber esperado.

Como sea, mirando lo que publicaron algunas de las principales agencias de noticias del mundo y alguna prensa dominante escrita en inglés, uno encuentra una tendencia hacia el lado de la historia del gobierno, dejando fuera o cambiando ciertos hechos, y haciendo algunas afirmaciones claramente falsas. Muchas enfocadas primariamente en la ausencia del Subcomandante Marcos (participó, aunque, en una transmisión de la recientemente lanzada Radio Insurgente), sobre la predominancia de los pasamontañas cubriendo los rostros de la gente y sobre la música y el torneo de básquetbol. Todo estos son hechos. Pero la BBC ( en agosto 9 ) claramente perdió el punto al reportar “el énfasis [del evento] ha sido la diversión”. Tal como los servicios de cables y los influyentes periódicos en inglés, no hallaron necesario mencionar que la “fiesta” y la “juerga”, como la llamaron, tuvo lugar en territorio zapatista donde el alcohol y las drogas han estado siempre estrictamente prohibidos y se luchado contra el narcotráfico. Ni tampoco explicaron el propósito del pasamontañas, que, de acuerdo con Marcos, es un símbolo del zapatismo y una “invitación a cualquiera a sentirse parte de la lucha”. Marcos afirma que el gobierno solamente mira a los indígenas ahora que están cubiertos. Lo mismo podría decirse, leyendo la cobertura de prensa en inglés, de los medios.

El evento fue de hecho de una naturaleza más pacífica que el levantamiento armado zapatista de 1994. Aunque las demandas políticas y sociales y los reclamos siguen siendo los mismos. En palabras del Subcomandante Marcos en 2001: “No queremos independizarnos de México, queremos ser parte de México, ser indígenas mexicanos. Hasta ahora, nos han tratado como ciudadanos de segunda clase o como un estorbo para el país. Queremos ser ciudadanos de primera y ser parte del desarrollo del país, pero queremos serlo sin dejar de ser indígenas”. Los zapatistas, por tanto, no “revivieron la causa de los derechos indígenas” ( Reuters: Rodrigo Martinez, agosto 8 ; VOA News, agosto 9 ). La causa nunca se fue. Ellos, como sea, llamaron la atención de los medios otra vez sobre ella.

Luego de años de organización clandestina, los zapatistas, ahora vistos por todo el mundo como un emblema del movimiento antiglobalización, entraron en escena el 1º de enero de 1994. Luego de combates que dejaron alrededor de 150 muertos, las negociaciones llevaron a una guerra de baja intensidad, el asedio a poblados indígenas opositores de manera que los medios casi no se apercibieran de ello. En marzo de 2001, el EZLN y el Congreso Nacional Indígena (CNI) marcharon a la ciudad de México para demandar la implementación de los Acuerdos de San Andrés de 1996 sobre derechos y cultura indígenas. La reforma que el gobierno mexicano ratificó en abril de 2001, sin embargo, ingoró las principales demandas de los pueblos indígenas y fue por tanto rechazada por el EZLN y el CNI.

De acuerdo a Associated Press (John Rice, agosto 8, y 9 ) y a la BBC ( agosto 9 ), los reporteros en la “fiesta de los caracoles fueron advertidos de no hacer entrevistas. Estos, como el Equipo de Narco News sabe por haber estado entre muchos colegas entrevistadores, no es para nada cierto. Sí, los altos oficiales zapatistas no estaban disponibles para entrevistas, pero nueve comandantes presentaron comunicados. E inclusive Marcos fue el único comandante (aunque es “sub”) que estuvo frente a las luces de la prensa destacada, aunque los discursos de los demás sobre temas sustanciales (desde explicar las nuevas juntas de buen gobierno hasta anunciar el apoyo de este mes a la protesta contra la OMC en Cancún) fueron apenas mencionados.

El Subcomandante Marcos, que actúa como vocero de los zapatistas y al mismo tiempo encabeza su fuerza militar, dio pie a alocadas especulaciones y debates entre los periodistas en Chiapas. “De acuerdo a los organizadores zapatistas”, escribe Rodrigo Martínez para Reuters ( agosto 8 ), “se esperaba la aparición de el encapuchado Marcos en el evento”. Los Angeles Times afirmó que los zapatistas estaban esperando “la entrada de su líder con pasamontañas y fumador de pipa bajando una vereda de esta ladera” (Richard Boudreaux, agosto 11). Sin embargo, de acuerdo a los miembros del Equipo de Narco News que estuvieron presente en Oventik, los corredores formados por los zapatistas eran para el arribo de los miembros de las juntas de buen gobierno y no para alguna entrada triunfal de Marcos, quien no era esperado en una aparición pública.

El reporte inadecuado de tal detalle puede parecer insignificante a primera vista, pero es un hecho de importantes consecuencias. Marcos fue retratado como alguien que rompe su palabras. Su ausencia era algo visto como “un signo de su declinante poder dentro de la jerarquía zapatista” (Financial Times: Sara Silver, agosto 11). Muchos readactores siguieron el anuncio de Xóchitl Gálvez, la funcionaria más importante de asuntos indígenas del gobierno mexicano, quien “dijo que la falta del líder enmascarado zapatista, el Subcomandante Marcos, al no aparecer en la juerga de tres días que lanzó las juntas de buen gobierno fue un signo de sus seguidores indígenas se estaban volviendo más independientes del líder rebelde” ( Reuters: Karina Balderas, agosto 20 ). Los Angeles Times afirmó que Marcos “jugará un rol disminuido” dentro del movimiento (Richard Boudreaux, agosto 11). Solamente unos cuantas organizaciones de noticias influyentes cuestionaron este giro del gobierno al sugerir la “derrota” de Marcos. La Agencia France Press, por ejemplo, vio la situación en forma diferente: “El anuncio del sábado pasado fue el último retroceso político para el Presidente Vicente Foz, quien dijo pronto en sus propios términos que pretendía arreglar la insurrección zapatista rápidamente” ( Jordi Zamora, agosto 9 ).

Otro malentendido o incluso deformación deliberada de los hechos tiene que ver con el establecimiento de las juntas de buen gobierno. Desde 1994, el ala civil del EZLN (de hecho, los residentes de los 1,111 poblados zapatistas) ha controlado alerededor de treinta municipios autónomos en Chiapas. Las comunidades dejaron atrasaron sus relojes una hora para resistir la entrada del cambio de horario para ahorrar energía en lo que llamaron “La hora Fox”, no pagan impuestos y los últimos nueve años se han negado a aceptar dinero alguno del gobierno. Las cinco juntas de buen gobierno están nuevamente conformadas por miembros civiles de los zapatistas, pero actuaran sobre una base más regional. Serán las intermediarias entre los municipios autónomos así como entre aquellos municipios y los gobierno locales oficialmente reconocidos. Además, arreglaran disputas de tierras, supervisarán proyectos de ongs y ayudarán a seguir el principio de “mandar obedeciendo”, gobernando, en otras palabras, de acuerdo a la voluntad del pueblo.

Y para más, Reuters ( Rodrigo Martinez, agosto 10 ) afirmó que “Marcos dijo que los rebeldes zapatistas mantendrán el control sobre las comunidades”, mientras que Los Angeles Times informó que el EZLN “anunció que estaba cediendo mucha de su autoridad a los organismos civiles, aparentemente llevando al movimiento lejos de sus raíces militares clandestinas” (Richard Boudreaux, agosto 11). Ambos ignoraron el hecho de que los pre existentes municipios autónomos fueron ya constituidos por indígenas pertenecientes al civiles zapatistas. El único involucramiento de los militares zapatistas ha sido, y es aún, dar protección a las comunidades cuando sea necesario. De acuerdo a Marcos: “Deberemos estar listos y a la espera para defender [los caracoles]... los ejércitos son para defender, no para gobernar”. Es por tanto engañoso escribir que “el pedido de retirada grabado por Marcos [...] fue visto como un movimiento para alejarse del conflicto armado y hacia la mesa de negociación” ( Reuters: Chris Aspin, agosto 10 ) o que “el evento es parte de una nueva estrategia zapatista aparentemente diseñada para hacer más fácil tratar con el mundo exterior —un paso más lejos de los orígenes clandestino militares del movimiento” (AP: John Rice, agosto 8 y 9 ). Este “paso”, de hecho, ocurrió hace nueve años, cuando el conflicto tuvo una duración de días.

La mayoría de los artículos son bastante parciales de un lado, dejando solamente hablar a los funcionarios del gobierno, tomando esas posiciones como buenas e ignorando los nueve comunicados entregados por los comandantes zapatistas. Esto fue particularmente demostrado por Reuters: “México sujeta sus esperanzas en el alejamiento de los rebeldes del conflicto armado”, y “las juntas de buen gobierno pueden llevar la causa zapatista más allá dentro de la arena civil y lejos del conflicto armado” ( Karina Balderas, agosto 20 ). En julio 19 pasado, el EZLN anunció que “suspendería todo contacto con el gobierno federal mexicano y los partidos políticos”. Reuters ignoró este lado de la historia y simplemente escribió: “México dijo el domingo que la puerta se había reabierto para las charlas de paz con los zapatistas” y “El Secretario de Gobernación Santiago Creel dijo que la promesa [de retirar los bloqueos de caminos y dejar de cobrar a los viajeros] hecha el domingo por el líder rebelde Subcomandante Marcos [...] era una rama de olivo para que el estancado diálogo de paz reiniciara” (Aspin, agosto 10). En otras palabras, esos reportajes estaban en indirecta contradicción con los fácilmente disponibles hechos dejados por escrito en los comunicados del EZLN.

El gobierno mexicano no solamente puso su giro en ciertos puntos sino también no pareció seguir tampoco una política consistente. De acuerdo a la Agencia France Press ( Jordi Zamora, agosto 9 ), “el Secretario de Gobernación Santiago Creel dijo que el gobierno podría estudiar los nuevos planes del EZLN para determinar si cumplen con las leyes estatales y federales, pero que no habían llegado aún a conclusiones al respecto”. Pero la BBC ( agosto 11 ) estableció: “el gobierno dice que las juntas de buen gobierno están en línea con la Constitución de México”. El 10 de agosto, Creel “no tenía problema con las juntas indígenas” ( Reuters: Chris Aspin ), aunque la Secretaria de Asuntos Indígenas del gobierno dijo a Reuters ( Karina Balderas, agosto 20 ): “Probablemente buscan romper la ley, pero ¿quién cuestionó que se rompiera la ley al no garantizar a los indios sus derechos a la salud y a la educación?”. El gobierno, a diferencia del EZLN, no estaba ni siquiera hablando con una sola voz. Más aún, era la fuente principal de muchos periodistas cubriendo el evento de ese fin de semana en Oventik.

Un referéndum nacional llevado a cabo en marzo de 1999 por los zapatistas y monitoreado por una “respetada institución educativa” ( The London Guardian, marzo 23 de 1999 ), la Fundación Arturo Rosenbluth, encontró que de más de 2,5 millones de mexicanos que participaron en esa votación no oficial, 96 por ciento ( cuadros de The International Service for Peace ) respondió afirmativamente a las preguntas sobre si los indígenas mexicanos deberían tener un rol activo en el desarrollo de México, si sus derechos deberían ser explícitamente reconocidos en la Constitución y si México debería desmilitarizarse y los soldados enviados a sus cuarteles. Solamente en Chiapas 400 mil personas votaron en este referéndum. Ahora AP ( John Rice, agosto 8 ) afirmó que “la mayoría de los indios, aún en el corazón de la selva zapatista, han declinado unirse al movimiento, dejado de lado por su tendencia a una organización colectiva estricta, su militarismo o su casi completo rechazo a la ayuda o cooperación del gobierno”. Si eso fuera verdad, sería un interesante desarrollo. Pero AP no da evidencia para sostener tal afirmación.

Los ejemplos anteriores de reporteo inadecuado pueden explicarse por muchas razones. Los corresponsales extranjeros a menudo cubren muchos países, en muchos casos lejos de sus lugares de residencia. Pueden no tener el bagaje y el tiempo para hacer la investigación necesaria, inclusive si involucra la más “grande” historia actual del segundo país más grande de América. Una historia noticiosa será aún más distorsionada si se basa muy descuidadamente en las fuentes influyentes u “oficiales” y sus opiniones. Como podría verse en el caso del gobierno mexicano, las fuentes raramente impiden los giros en la información producida en la forma que quieren, si es para su propio beneficio.

El secretario Creel, por ejemplo, utilizó el éxito zapatista para mostrar al gobierno bajo una luz favorable, diciendo: “Hagamos de este evento una oportunidad para reiniciar nuevas actividades con una mente abierta, con nuevas formas de reunirnos y hablar” ( BBC, agosto 11 ; Reuters: Chris Aspin, agosto 10 ). Este tipo de giro gubernamental de “contribuir a la imagen de un gobierno comprometido en activos esfuerzos por la paz” ha sido también atestiguado por The International Service for Peace [El Servicio Internacional para la Paz]. En 1999, para promover la ley de desarme, supuestamente los zapatistas dejarían las armas a cambio de asistencia para el desarrollo. El EZLN insistió que ninguno de sus miembros ha participado, pero “mientras imágenes de ‘zapatistas’ presentando sus armas al gobernador Albores aparecían en los periódicos de todo el mundo, las negativas del EZLN quedaban generalmente sin informar”,

En una entrevista con el diario mexicano La Jornada ( marzo 8 de 2001 ), Noam Chomsky, catedrático estadounidense de lingüística, señaló la limitada cobertura de la marcha zapatista de 2001 en los medios de Estados Unidos. Esto, dijo, era una manera de marginar al movimiento. Las élites políticas y comerciales podrían intentar no hacer nada para prevenir la solidaridad y el apoyo mutuo entre diferentes movimientos, que, cuando trabajen juntos, tendrían el poder de cambiar la historia. Dos años han pasado desde los señalamientos de Chomsky. Parece que poco ha cambiado desde entonces.

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