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El misterioso silencio de los zapatistas insurgentes

Se comparan a los “caracoles”: avanzan en silencio, lentamente y no caen nunca.


Por Alex Contreras Baspineiro
Jefe Sudamericano de Narco News

7 de mayo 2004

LA REALIDAD (CHIAPAS), 29 de abril de 2004. Son las dos de la mañana del jueves 29 de abril y, entre sueños, alumbrando con una linterna a la distancia, podemos ver los ojos brillosos de una persona que tiene el rostro cubierto por un pasamontañas: “tranquilo compañero es una comisión” nos dice; intentamos dormir y alrededor de las tres escuchamos voces, la mayoría parecen de mujeres, “descansa compa es organización” señala otra persona, mientras alcanzamos a escuchar a lo lejos el galope de algunos caballos.


Las autoridades zapatistas de la Junta de Buen Gobierno del caracol de La Realidad.
Foto: Alex Contreras Baspineiro, D.R. 2004
Así son los insurgentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de la Selva Lacandona. Trabajan misteriosamente de día y trabajan también de noche. Actúan con impresionante cautela y en silencio. Hicieron de la paciencia la fuente de su sabiduría. Están en guerra.

A veces basta una seña, una mueca o un silbido entre ellos para saber qué quiere una persona, qué necesidad tiene, qué quieren decir de otra o qué mensaje quiere ser transmitido.

Cuando una persona “extraña” llega a estos ejidos (terrenos comunales), es recibida por miembros de una comisión, las otras personas –en su mayoría de origen tojolabal- observan y comentan en su idioma entre ellos, nadie puede proporcionar información. Nadie. Existen leyes y las leyes zapatistas hay que cumplirlas.

Un periodista para realizar entrevistas necesita autorización, para sacar fotografías también. Hay que aprender a tener paciencia, mucha paciencia.

Si los zapatistas no quieren responder a una pregunta, de la manera más sutil y amable responden: “quién sabe…”

Los hombres y mujeres de los pasamontañas se encuentran en un nuevo proceso de organización. Desde el pasado 14 de febrero no se conocía ningún comunicado oficial del Comité Clandestino Revolucionario Indígena ni la Comandancia General del EZLN, pero la muerte del periodista auténtico y gobernador en rebeldía, Amado Avendaño Figueroa, el pasado 29 de abril en San Cristóbal de las Casas, obligó a los zapatistas a dejar su silencio para pronunciarse.

Una carta enviada por el Subcomandante Insurgente Marcos a la familia Avendaño y al pueblo de México, decía en sus partes salientes:

Puede ser que Don Amado ya haya muerto y lo que escuché no haya sido una rama rota, justo cuando abril ya da vuelta a la esquina del calendario para entrarse hasta el año entrante, sino la noticia de su muerte. Pero si hubiera sido una rama rota la que escuché, entonces yo podría pensar que Don Amado no haya muerto, y que él solo haya dado vuelta en aquella esquina, y que no lo veremos ahora, pero que el año que entra volverá a aparecer,

Nosotros primero a Don Amado lo conocimos y ya luego lo vimos. Y era correspondido. O es. Porque puede ser que haya muerto. Pero puede ser que no.

Don Amado tenía, o tiene, un problema que no todos padecen. Él en lugar de corazón tenía una casa, a veces disfrazada del periódico en el tiempo, o de hoja de foja, o de rebelde gobierno o de contador de historias.

Y en su casa, es decir en su corazón, Don Amado, le abrió, desde hace mucho sus puertas y sus ventanas a quienes son de color de tierra y, con ellos compartió el techo, la mirada, el odio y la palabra.

Al finalizar la carta, en la P.D. el subcomandante del pasamontañas desde las selvas zapatistas escribió: “Como si no lo hubiéramos completado un abrazo, así nos quedamos…Como con un silencio pendiente…¿lo escucha?...”

En La Realidad y el resto de los caracoles zapatistas están en una etapa de silencio, pero los hombres y mujeres, jóvenes y adolescentes, niños y viejos se encuentran en constante preparación.

Es tiempo de callar, dicen ahora. Deben fortalecer su organización. Están internados en el monte. Ya llegarán las sorpresas.

Como los caracoles

El comandante que prefiere hacerse llamar Bernal señala: “Estamos en guerra, pues compa (compañero) y, por eso, todos debemos estar preparados, el enemigo que es el mal gobierno seguro que no duerme y nosotros tampoco debemos dormir, debemos estar mejor preparados que ellos”.


Un letrero colocado en el ingreso a La Realidad, ubicada en la Selva Lacandona.
Foto: Alex Contreras Baspineiro, D.R. 2004
Asegura que la organización zapatista es similar a la vida de los caracoles.

“Los caracolitos son unos animalitos cabrones. Trabajan en silencio, caminan lentamente siempre para adelante y nunca para atrás. Si hay lluvia siguen avanzando, si hay fuerte sol también. Incluso en el río cuando hacen caminos ni un turbión se los puede borrar. Y si caen, se levantan y si tropiezan siguen adelante. Nosotros debemos ser así como los caracolitos”, dice.

Además, los caparazones o conchas de los caracoles sirven para comunicarse por el eco que producen y, por su forma, se han convertido en el punto de encuentro que sale de abajo hacia arriba.

En el territorio zapatista existe una gran cantidad de caracoles y, es frecuente, encontrar caparazones cuando uno camina por el monte, además, los niños y niñas pueden conseguir unos centavos con la venta de esos recuerdos de las comunidades insurgentes.

El subcomandante insurgente Marcos en el comunicado “Chiapas: La Treceava Estela”, primera parte “Un Caracol” difundida en julio de 2003, decía:

Tal vez podríamos adivinar de qué se trata si miramos con atención. Los zapatistas son muy otros, no sé si ya te lo dije, así que imaginan cosas antes de que esas cosas estén y piensan que, nombrándolas, esas cosas empiezan a tener vida, a caminar… y sí, a da r problemas. Así que seguro ya imaginaron algo y van a empezar a hacer como si ese algo ya existiera y nadie va a entender nada hasta que pase un tiempo porque, en efecto, ya nombradas, las cosas empiezan a tener cuerpo, vida y mañana.

Entonces podríamos buscar alguna pista… No, no sé dónde buscar… Creo que su modo es mirar con los oídos y escuchar con la mirada. Si, ya sé que suena complicado, pero ahora no se me ocurre otra cosa. Ven sigamos caminando.

Mira, allá el arroyo se hace un remolino y en su centro la luna titila su danza deforme. Un remolino… o un caracol.

Dicen aquí que los más antiguos dicen que otros más anteriores dijeron que los más primeros de estas tierras tenían aprecio por la figura del caracol. Dicen que dicen que decían que el caracol representa el entrarse al corazón, que así le decían los más primeros al conocimiento. Y dicen que dicen que decían que el caracol también representa el salir del corazón para andar el mundo, que así llamaron los primeros a la vida. Y no sólo, dicen que dicen que decían que con el caracol se llamaba al colectivo para que la palabra fuera de uno a otro y naciera el acuerdo. Y también dicen que dicen que decían que el caracol era ayuda para que el oído escuchara incluso la palabra más lejana. Eso dicen que dicen que decían . Yo no sé. Yo camino contigo de la mano y te muestro lo que ve mi oído y escucha mi mirada. Y veo y escucho un caracol, el “pu’y”, como le dicen en lengua acá...

Los cinco caracoles son: Oventik “Resistencia y rebeldía por la humanidad”, Morelia “Torbellino de nuestras palabras”, Roberto Barrios “El caracol que habla para todos”, Garrucha “Resistenca hacia el nuevo amanecer” y La Realidad “Madre de los caracoles del mar de nuestros sueños”.

Ejemplo de comunicación

Aunque es difícil de creer, los indígenas insurgentes tienen un plena selva, un sistema de comunicación sencillamente extraordinario: radios de banda lateral conectadas a los cinco caracoles, conexión vía internet en algunos ejidos, varias antenas parabólicas instaladas en puntos estratégicos, algunas computadoras y, además comisiones de comunicación permanentes. Todas trabajan en un profundo misterio.

También está la Radio Insurgente (FM 97.9) que tiene una transmisión desde las cuatro de la mañana hasta las nueve de la noche. Mediante ese medio de comunicación, los zapatistas pueden escuchar mensajes, saludos, comunicados y también música, desde los tradicionales corridos mexicanos hasta de protesta y con contenido social.

Los zapatistas despiertan y, en medio de sus actividades, escuchan los programas radiales casi durante todo el día, sólo antes de dormir apagan la radio. Es su medio de comunicación horizontal.

A veces la frecuencia es muy nítida, otras veces no e incluso no es perceptible o no emite transmisiones, pero los insurgentes saben que tienen su medio.

Nos contaron que la radio no es estática. Es un equipo móvil. Un día puede estar instalada en un lugar y el otro transmite desde otra región. Siempre en las alturas por seguridad y por su mejor audiencia.

“Estamos preparados pues compa. Estamos en guerra y la comunicación es importante; por ejemplo, ahora en los cinco caracoles ya saben que un periodista boliviano está junto a nosotros, también saben a qué hora llega o sale un camión del municipio autónomo o lo que pasa en algunas ocasiones. Todo en los cinco caracoles”, remarca Bernal.

Los zapatistas rebeldes tienen seguridad de lo que hacen. Ahora construyen un nuevo modelo de sociedad y están concientes de ello. “El pinche gobierno no tiene nada que ver en esto, pero seguro que también se está preparando”.

La Realidad y la Selva Lacandona son el bastión del subcomandante insurgente Marcos del EZLN y del Comité Clandestino Revolucionario Indígena. Por eso, la seguridad, el control y el misterio son mayores que en el resto de los territorios autónomos.

En los otros caracoles se encuentran los comandantes David, Omar, Tacho o las comandantes Ramona, Estela o Fidelia, con su organización militar, política y civil respectiva.

En casi todas las poblaciones insurgentes se pueden observar una serie de murales y grafittis con una serie de leyendas que acompañan las imágenes de Emiliano Zapata, Ernesto “Che” Guevara y el Subcomandante Marcos. Esa es otra forma de comunicación diaria y permanente.

Modelo alternativo

El silencio actual del EZLN tiene su objetivo: busca fortalecer la autonomía de los municipios y las Juntas de Buen Gobierno para consolidar un modelo alternativo de sociedad.

“Si nosotros no hacemos nada por nosotros mismos estamos acabados. Después de más de 10 años de guerra y 20 de organización no podemos dar un solo paso atrás, todos deben ser para adelante. Del mal gobierno ya no esperamos nada, de la comunidad internacional sí, pero de quienes esperamos más es de nuestras propias fuerzas”, afirmó Bernal.

Aunque la pobreza es un elemento común en las poblaciones indígenas del Estado de Chiapas, los zapatistas saben que están mejor que antes en los aspectos de educación, salud, vivienda, caminos, producción y comunicación. Toda su política la basan en tres palabras: democracia, libertad e igualdad.

Por sus propios medios construyeron escuelas, caminos, cooperativas, hospitales y microclínicas en los cinco caracoles. En La Realidad, por ejemplo, muchas viviendas ya tienen energía eléctrica que funciona en base a una turbina que impulsada por la fuerza de un río y también tienen agua. Sus viviendas, construidas en base a madera llevan generalmente techo de aluminio y muy cerca de ellas se puede ver leña bien cortada, sus animales de granja y algunas plantaciones.

Generalmente las poblaciones zapatistas son ordenadas y limpias. Existen letreros en varios lugares para preservar la ecología y el medio ambiente.

Los indígenas tojolabales, tzotziles, tzetzales, choles, mochós, jacaltecas, kanjobales y otros que viven en los caracoles del EZLN no aspiran a más, sino vivir con dignidad, con libertad, con igualdad y con verdadera democracia.

El comandante Bernal, en la entrevista con Narco News, nos dijo que los zapatistas son soñadores que quieren construir un nuevo modelo de sociedad y también que en otros países se vayan produciendo levantamientos que reclamen por los derechos de los que no tienen voz.

Aquí, en La Realidad y otras poblaciones zapatistas de la Selva Lacandona, ese dicho de cientos y miles de personas en diferentes países del mundo: “otra patria es posible”, cada día se va haciendo realidad…

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