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Pastoreo de Gatos en la Escuela de Periodismo Auténtico

Etnografía de un extraño arte perdido en el tiempo de la globalización


Por José Mirtenbaum
Profesor de la Escuela de Periodismo Auténtico de Narco News 2004

13 de agosto 2004

Un antropólogo académico como yo, nunca hubiese creído que los gatos pueden ser sujetos a la práctica primigenia del pastoreo. El pastoreo es normalmente para cabras vacas y ovejas. Es más, el pastoreo es una práctica tan antigua correspondiente al tiempo de la caza, pesca y recolección que nuestros ancestros pre-agriculturales practicaron en el modo de producción pre-comunalista. Pues bien, quien realmente en nuestra disciplina antropológica, pudiese haber imaginado que los gatos pueden ser pastoreados en los espacios de la urbanidad de Cochabamba, la biodiversidad del Chapare y en el mundo de la globalización informática.


Al Giordano
Foto: Jeremy Bigwood D.R. 2004
Para mi sorpresa, existen lugares y espacios cibernéticos en este planeta donde los gatos son pastoreados una vez cada año. El pequeño pastor de éstos gatos es un hombre nervioso llamado Al Giordano, casi emparentado de manera extraña al David bíblico que tiene por delante a los gigantes de la desinformación. Originalmente nacido en el Bronx de la gran manzana, Al Giordanoo tuvo su primer grupo de gatos en México y después decidió seguir practicando su arte del pastoreo en Bolivia. El propósito de este pastoreo dirigido a todos que se creen felinos de la información, cuando en realidad son solamente gatitos domésticos salidos de la comodidad de sus hogares epistemológicos, donde la libertad de expresión es confundida a veces con una acumulación de hechos, e inclusive confundida con la verdad absoluta. Al Giordano los baña con una buena dosis de múltiples ángulos de la “verdad” para luego darles una permanente con los peines de la dureza en el campo del reportaje investigativo.


Jennifer Whitney
Foto: Jeremy Bigwood D.R. 2004
Más, sin embargo, el pastor Giordano espera que sus gatos de la Escuela Autentica de Periodismo- clase del 2004 en Bolivia -, desarrollen sus mejores cualidades como felinos masculinos y femeninos, para poder cazar la esencia misma de la verdad de los hechos y por extensión reportar la verdad y nada más que la verdad. Por cierto éstos gatitos son seres bellos, ingenuos y multicoloridos que han sido sacados de su medio absolutamente urbano, llevados a lugares como la Bolivia compleja “dramática y creativa”, como lo reportó una gata pelirroja llamada Jennifer Whitney. El espíritu de los gatos es reajustado para cazar a los ratones imperiales de la tergiversación que están bajo las ordenes de las decenas de Goliaths de la información. Entendamos claramente que los ratones de la tergiversación son aquellos mercenarios que cuentan su historia simplemente por ganar un dólar más o menos que satisface la verdad contada por el Goliath mayor.

La casa campestre de los gatos

El sábado 30 de julio por la mañana llegue a este extraño y bello lugar. Es un lugar que un hombre de Munich había construido para que las afueras de Cochabamba adquiriesen el sabor del sur alemán. Un poco confundido y cansado de mis actividades universitarias, arribé en un taxi desde el aeropuerto. Estando en las afueras de la recepción de la casa campestre, fui sorprendido por uno de los asistentes del pastor Giordano, Lucho Gómez quien con su amabilidad y cariño me ofreció deleitarme con un desayuno servido en buffet. Entrando al comedor de los gatos, muchos de ellos gatos turistas –nada que ver con los gatos de la Escuela-, me senté en una mesa , pero al momento el pastor asistente me señalo al pastor Giordano quien preparaba en su computadora portátil el programa que los gatos deberían cazar ese día sábado. Lucho Gómez me presento y el pastor Giordano que con su mirada atenta y semiperdida, resultado de las actividades inaugurales de la noche anterior, me dio una calurosa bienvenida, agradeciéndome que estuviera presente en la Escuela.


Luis “Lucho” Gómez
Foto: Jeremy Bigwood D.R. 2004
Luego me senté a desayunar con dos gatos mayores, más parecidos a felinos con mucha experiencia, me refiero a los felinos Charlie Hardy y Jeremy Bigwood que me hicieron preguntas muy directas sobre el estado de la política boliviana. Por cierto trate de ser lo más directo posible ya que me imagino que ambos felinos me tomaban un pequeño examen de ingreso a la Escuela. Creo que pase.

Girando mi vista, vi el sombrero conocido de una felina de peso, cuya costumbre extraña es la comer hojas de coca a partir de las dos de la tarde, en vez de comer Catchow. Su nombre Silvia Rivera, que ya la conocía de otros tiempos de lucha por la democracia y la verdad. En su esencia esta es una felina mágico-religiosa, que a veces se torna en pastora y a veces es felina con las garras bien afiladas.


Silvia Rivera
Photo: Jeremy Bigwood D.R. 2004
Al dejar la mesa de desayuno se me acerco el pastor asistente Alex Contreras, a quién no había visto desde la reunión de James Petras con los habitantes de Lauka Ñ. En el Chapare. Por cierto nos saludamos cariñosamente.

Con la asignación de mi habitación, me entere que iba a compartir un techo con el gran pastor Walter Maierovitch, brasileño de cepa polaca y un brillante juez de pura plomada. Recto y sensible como un cordel de pura seda, pero con verdaderos pies de plomo. Fue un verdadero placer compartir techo con este gran felino que puso entre la espada y la pared nada más y menos que el entonces presidente Fernando Enrique Cardoso, el teórico de la dependencia.

Una vez convocada la primera reunión ampliada de los gatos, felinos y pastores, nuevamente se me dio la bienvenida de grupo y tuve que hablar. Allí les di la bienvenida a la Bolivia dramática y creativa y al hecho que solamente les podía aportar conocimiento y no información. Bueno esa es la prerrogativa del antropólogo versus el periodista.


José Mirtenbaum with George Sanchez
Photo: Noah Friedsky D.R. 2004
Se formaron cuatro grupos de trabajo en los diferentes medios de comunicación: Escrito, hablado, configurado en imágenes y transmitido en ordenadores. Yo me adscribí a lo escrito, esencialmente porque trataba con un tema en el cual creo que soy versado, es decir la infame política de la “Guerra contra las Drogas”. Pero luego me entere que iba a ser el moderador de un debate nocturno que iba a tratar el tema de la delicada relación entre la libertad de prensa y la libertad expresión. Los contrincantes iban a ser Walter el juez y George Sánchez, el gato de los gatos en edición. También me entere que aparte de ser moderador tenía que ser traductor. Entonces ahí me di cuenta que esta no estaba en una simple Escuela más, sino era realmente el pastoreo de gatos en el mundo complejo de la globalización de las ideas que a veces son tomadas como universales y a veces como locales y relativas a un contexto geopolítico.


Amy Casada-Alaniz
Photo: Jeremy Bigwood D.R. 2004
El debate me dio la razón, aunque la “libertad de expresión” es un derecho fundamental consagrado, esta tiene que lidiar con lo que se entiende en cada cultura como la “libertad de prensa” y así sucesivamente ad-infinitum. Un verdadero péndulo de Foucault que frustro mucho a la sensible gata Amy Casada.

Por supuesto en este debate, emergió la figura de los gatos malos inquisidores-editores-censores que trabajan para Goliath. El conflicto entre el libre albedrío y la auto-derminación de lo que escribir y lo que leer para definir la verdad de los hechos se convierte en un verdadero cubo de Rubick , tanto para el periodista, como el lector. Una batalla dialéctica entre la conciencia cognitiva del individuo lector, la conciencia del periodista, la conciencia pública del Estado y el rol del periodismo responsable o en mucho de los casos, mercenario.

Pues finalmente mi bautizo en el mundo de los pastores, gatos y felinos del Periodismo Autentico se había llevado a cabo en la gran sala de la casa campestre en un solo día. Entendí entonces lo que el pastor Giordano señalaba como el “arte de pastorear gatos”.

Después de ese mi primer día, los días subsecuentes me volví pastor-gato conociendo a muchos gatos, gatitas, felinos y pastores al mismo tiempo, que aprendí a respetar, querer y proteger. Pero esa es otra historia…...

Lo que si aprendí, es volverse a enamorar de todos aquellos gatos, gatitos y felinos que buscan la verdad por simple curiosidad o simple ética humana….

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