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Bienvenido a su colonia

Una carta abierta a George W. Bush en su visita a mi país, Colombia


Por Laura del Castillo Matamoros
Reportando desde Bogotá, Colombia

22 de noviembre 2004

Su excelencia
GEORGE W. BUSH
Presidente de los Estados Unidos de América
Cartagena de Indias

Eminencia:

Me complace profundamente saludarlo, sobre todo luego de saber –desde este país tan vergonzosamente tercer mundista llamado Colombia, donde, quien lo fuera a creer, también existen los periódicos y la televisión–, de que nuevamente ganó EL BIEN; ganaron la democracia, la libertad, esos preciados valores de la cultura judeo-cristina occidental que motivan a luchar contra EL MAL: encarnado en homosexuales, musulmanes, feministas, activistas y otras abominaciones de la sociedad que amenazan con quebrantar SU estabilidad internacional. Así es señor presidente: su triunfo arrasador en las pasadas elecciones presidenciales es muestra de la manifiesta inteligencia de un pueblo, que se preocupa por preservar su sagrado derecho a la seguridad, guiado por su natural sentido pragmático-calvinista y un simpático espíritu elemental que asimila la lucha antiterrorista a una cruzada de unos señores muy buenos contra tipos muy malos. Así son las cosas: concretas, simples, básicas, como es el ciudadano norteamericano promedio.

Es por eso por lo que hoy nos honra con su presencia en nuestro país –o más bien, disculpe usted, en SU país–, para encontrarse con nuestro “Bushito” (un apelativo cariñoso, sin duda), el presidente Alvaro Uribe Vélez, su más fiel y leal servidor, su “alter ego”. Seguro lo dejará satisfecho cuando le informe lo bien que marcha el Plan Colombia, gracias al cual contamos con más armas de largo alcance, misiles y otros artefactos propios del ingenio militar norteamericano, que, accidentalmente, a veces caen sobre una que otra población campesina o sobre un grupo de niños que juega fútbol en medio de la selva. Quién sabe por qué se escandalizarán tánto las organizaciones de derechos humanos. ¡Qué exageración! Es que un error lo comete cualquiera, ¿o no, señor presidente? Además, con la tecnología de punta que poseer la guerrilla, un balón de fútbol también puede ser una bomba. Nunca se sabe…

Eso sin contar que no aprecian el noble gesto de caridad cristiana que despliega su gobierno cuando nos permite aprovechar las migajas del presupuesto de la guerra para invertirlas en salud y educación. Ahora bien, un presupuesto modesto que implica el cierre de los hospitales públicos y/o su privatización (pero no importa, porque un colombiano honorable debe estar dispuesto a dar la vida por su país, como dirían las consignas publicitarias del Ejército Nacional). En cuanto a la educación, por ahí hay quienes se quejan por simplezas tales como que el 64% de los niños pobres, menores de 7 años, no puedan acceder a la educación preescolar. Pero si es que para educarse están los hijos de nuestros dirigentes, que son el futuro del país. ¡Es que tampoco se puede complacer a todo el mundo! Además, ya las empresas multinacionales hacen mucho por estos niños al enseñarles, desde tan pequeños, el valor del trabajo remunerado. ¿Y todavía quieren más?

En cuanto al TLC, que es el otro tema central del tan importante encuentro, es posible decir que no podemos sentirnos más satisfechos de que las negociaciones estén saliendo avante. Recuerde usted que las puertas de nuestra economía están abiertas para todos los productos que vengan de su país y para sus grandes conglomerados industriales, que si saben aprovechar al máximo nuestros recursos naturales. No como esos indígenas Uwa que tienen una pelea casada con las petroleras, dizque porque el petróleo es la sangre de la tierra… ¡Habrase visto! ¡Qué gente rara!

Bueno, señor presidente, y ya hablando de cosas más simpáticas, esperamos que se lleve una imagen grata de nuestro país, sobre todo porque la sede del encuentro es la ciudad de Cartagena, patrimonio histórico de Colombia. Ojalá queden para siempre en su memoria las murallas del Castillo de San Felipe, las hermosas playas que seguro podrá divisar desde la Casa de Huéspedes Ilustres, la residencia del presidente Uribe en Cartagena, donde él tendrá el envidiable privilegio de almorzar con usted. Y no se preocupe por esos delincuentes potenciales de color que los medios de comunicación norteamericanos deben haber mostrado en estos últimos días viviendo bajo aguas negras, que se resguardan de la lluvia en casas de paredes de cartón y techos de lata. Debe ser que están reproduciendo las costumbres de alguna peculiar tribu salvaje africana. ¡Qué horror!

Pero usted tranquilo, que toda esa gente vive lejos. En esa parte de Cartagena antiéstetica que usted no verá. Y no se preocupe, que cuando regrese a SU hermoso país, ya los eficaces escuadrones de limpieza social, conformados por ciudadanos de familias prestantes, habrán hecho un considerable trabajo por mejorar la imagen de estas zonas donde, por desgracia, la civilización occidental aún no ha podido llegar.

Y tampoco se preocupe usted por todos esos vagos que seguro estarán por ahí, en diferentes partes de la ciudad, propagando consignas insulsas y tratando de crear caos en la vía pública. Su tranquilidad estará garantizada por un modesto dispositivo de seguridad, diseñado especialmente para su protección, bajo órdenes estrictas del presidente Uribe y que está compuesto de 15 mil hombres que cuidarán de usted por tierra, mar y aire. Así que los agitadores esos, no representarán ningún peligro. Hasta mejor dejarlos que griten y se desesperen, con eso así se les muestra que la democracia sí existe… ¿no cree usted? Además, contamos con un eficaz cuerpo policial antimotines que sabe bien cómo hacer sentir a toda esa gente el implacable peso de la ley sobre sus espaldas.

Esperamos que disfrute de todas las atenciones que tanto se merece. Si hasta se ha preparado, especialmente para la ocasión, una calle de honor en su homenaje. Es nuestra sencilla manera de darle las gracias.

Así es, señor presidente. Gracias, pero muchas gracias, por permitirnos ser el tercer país, después de Israel y Egipto, al que su gobierno brinda la mejor asistencia militar, no sólo con la entrega de armas y municiones, sino con el envío de más personal militar norteamericano, que heroicamente se arriesga a venir a un territorio desconocido y peligroso, en ejercicio del legítimo derecho a defender las propiedad privada y las instituciones de su país. Y además, no podemos olvidar a sus expertos asesores y contratistas privados, que capacitan a nuestros soldados en eficaces tácticas para eliminar el enemigo, para no confiarse, para poder verlo en todas partes. En un país de delicuentes hasta un niño de brazos puede ser un guerrillero.

Gracias por habernos asignado al presidente que soñábamos, hecho a su imagen y semejanza. Hasta parece un exitoso negociante de Wall Street, el buen hijo que hace sentir orgulloso al padre y que es su apoyo incondicional. Recuerde usted que él fue el único presidente latinoamericano que respaldó abiertamente la llegada de las valientes tropas norteamericanas a Irak, ese otro país inhóspito que estaba fuera del Orden Mundial. Tanta es la admiración que él siente por usted que, en homenaje a la ley que usted bautizó en su país como “Patriot Act”, diseñó el Plan Patriota que ha servido para incrementar el pie de fuerza militar en 350.000 hombres, dispuestos a “hacer recapacitar”, a como de lugar, –y, posiblemente, con la imprescindible asesoría de la CIA–, a toda esa gente que todavía no entiende uno por qué insiste en no incorporarse a las instituciones, que debería tomar ejemplo de todos esos colombianos sin tacha moral que forman parte de la red de informantes del gobierno, el cual, por cierto, como cree en los jóvenes del campo, los convierte en “soldados campesinos”.

Gracias al patrocinio que su gobierno ha dado a estas filántrópicas iniciativas, la sociedad civil colombiana vive de manera más armónica y tranquila al estarse convirtiendo poco a poco en otro ejército, para garantizar la tranquilidad de la gente buena. Cada día nuestra sociedad se parece más a la suya. Es más, si seguimos ese gran ejemplo de sus compatriotas y reelegimos a nuestro presidente Uribe en las elecciones del 2006, tal vez dentro de poco hasta nos volvamos “países hermanos”.

Gracias por apoyar y promover las negociaciones entre el gobierno y los paramilitares. Ya era hora de que se le diera un trato político a estos héroes anónimos que lo único que han hecho desde hace años es defender sus haciendas, su ganado, sus riquezas (obtenidas honradamente con el negocio de las esmeraldas, durante los años 70 y más tarde con el del tráfico de drogas) de las guerrillas. Cómo es posible que la Unión Europea, que la Corte Penal Internacional y las organizaciones de derechos humanos ubiquen a los honestos “paras” en el mismo plano de los terroristas internacionales, supuestamente porque han cometido unas pequeñas faltas –producto de la presión psicológica que se debe experimentar por estar tanto tiempo internado entre el campo y la selva persiguiendo comunistas–, como asesinar a comunidades enteras con motosierras y machetes o matar indígenas para comérselos después. Hasta también les quieren negar el derecho a la alimentación. Menos mal que el Presidente Uribe y usted se han constituído como una luz en el camino de estos pobres mártires de nuestra patria.

Gracias por animar a empresas multinacionales como Coca-Cola, Texaco y Nestlé para que crean en nuestro país. Para que inviertan y se alíen con nuestros gremios económicos, haciendo una distribución justa de las riquezas así: el mayor porcentaje para ellas, una buena tajada para los gremios compuestos por representantes de respetables élites y unas mínimas sobras para la mano de obra, o sea, para los asalariados, que deberían estar agradecidos de tener trabajo y aportar al progreso del país, en vez de estar formado sindicatos. Y así éstos últimos no quieren que los señores paramilitares, que sí se sienten orgullosos de trabajar para estas empresas, los asusten, los desplacen de sus tierras, les apliquen unos castiguitos físicos menores, los cuales son calificados, de manera exagerada, como torturas, por las organizaciones de derechos humanos. Y si la cosa no funciona por las buenas, se tiene que hacer por las malas . Así que mejor que no venga nadie a hablar de los más de 184 sindicalistas muertos en Colombia en el año 2002. Se lo habrán buscado por atentar contra la propiedad privada y por no trabajar más de 8 horas, casi gratis. Es decir, por no regalar su trabajo, que es lo que debe hacer todo buen colombiano que se respete. ¿No entienden que el trabajo, para el norte, dignifica al hombre, del sur?

Gracias por los millones de dólares que da su gobierno al nuestro para financiar a esa “hijita” de la guerra contra el terrorismo, que es la guerra contra las drogas. Gracias por enviarnos a los funcionarios expertos de la DynCorp para que eliminen los cultivos de coca con ese mágica sustancia química llamada glifosato y que, además, promueven programas de desarrollo alternativo. Pero claro, nadie puede tener contentos a los campesinos y a los ecologistas. Según ellos, el glifosato mata los peces de los ríos, causa enfermedades a comunidades enteras y afecta incluso a los cultivos promovidos por los mismos programas de desarrollo alternativo. ¿Es que esta gente no tiene conciencia cristiana? ¿No es capaz de sacrificarse por otros, por esos niños y jóvenes norteamericanos totalmente atrapados por las drogas, porque el dinero que se debería invertir en programas de prevención allá, se está invirtiendo en las fumigaciones que se hacen aquí? Además, si los campesinos se enferman, mejor. Así nos libramos de los cocaleros y matamos dos pájaros de un tiro. Es que no entienden nada. El subdesarrollo… usted entiende, señor presidente.

Gracias por traer jóvenes y prometedores profesionales calificados para que se ocupen los cargos directivos de nuestras empresas. De verdad, es algo que agradecemos enormemente. Sobre todo, cuando es posible ver que los profesionales colombianos, con años de experiencia, y que tuvieron la fortuna de conseguir la visa después de años de espera, están labrándose un prometedor futuro en su país…. lavando platos, barriendo pisos, limpiando casas, vigilando sus propiedades mientras duermen. Ese es un verdadero intercambio profesional.

Es por todo esto y más, señor presidente, que nuestro país está a su entera disposición. Todos los colombianos trabajan para usted las 24 horas: los empresarios, los obreros, las amas de casa, los periodistas, los asesores financieros de los bancos, la gente del común que confía sus ahorros a los bancos, los jóvenes MTV, los padres de familia que se endeudan con los mismos bancos para poder comprarle a sus hijos la pista tiburón de Hot Wheels en esta navidad que viene y que es otra magnifica muestra de la influencia cultural que su país ha ejercido sobre el nuestro. En nosotros encontrará siempre los consumidores potenciales, necesarios para mantener la armonía de SU cadena productiva. Cuán orgullosos nos sentimos de formar parte de ella…

Y ya para terminar, no nos queda mas que darle las gracias, presidente, a usted y al sistema político-económico-idelógico-industrial que dirige, por darnos el privilegio de ser ciudadanos de segunda categoría, bajo el riesgo de que en el alma de cualquiera de nosotros se esconda un terrorista (en la tercera, deben estar los musulmanes, menos mal).

Gracias por hacernos creer que podemos elegir…..

por decidir nuestro destino…

por mostrarnos lo implacable que puede ser la ira de Dios….

Gracias….

Desde esta, SU colonia, me despido…

Rencorosamente,

Laura Del Castillo Matamoros
Bogotá, Colombia

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