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Ablandamiento en México: diez días que cambiaron el viento

La conjura de golpe para remover a López Obrador de la carrera presidencial mexicana está implosionando desde abajo


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

28 de febrero 2005

(Publicado originalmente en inglés el 24 de febrero de 2005)

Un viento fresco sopla al sur de la frontera, y su nombre es la auténtica democracia. En diez días de febrero de 2005 la dirección del viento ha cambiado. Estaba soplando desde arriba. Ahora la ráfaga viene de abajo.

Hace diez días, algunos líderes de los tres mayores partidos políticos en México estaban susurrando que el desafuero –una propuesta ante el Congreso para remover los derechos del alcalde de la ciudad de México Andrés Manuel López Obrador para postularse a presidente en 2006– era un trato cerrado. Proclamaban universalmente –algunos con arrogancia y otros con pánico– que la maniobra era cosa dada.

Pero al escuchar al viento de abajo tomar fuerza, debes escuchar muy cuidadosamente. Cuando Narco News reportó el 13 de febrero que “una revuelta pública sin precedentes” se trabajaba en México como una respuesta a la anitdemocrática maniobra, se levantaron las cejas en los centros de control de los medios comerciales internacionales y varios estómagos se encogieron en algunos salones del poder. Podemos no gustarles (de hecho, pueden en realidad odiarnos) pero saben que nuestro oído está puesto en los movimientos subterráneos que pasan sin ser escuchados en sus cubículos sellados electrónicamente. El sonido del viento de abajo reuniendo fuerza pasa bajo las cabezas de aquellos que se concentran en las estratósferas del poder. Es el oído sobre el suelo que escucha al viento reunirse.

Esa maravilla, sonido de remolinos, el viento de abajo, está de regreso. Les provoca náuseas cuando lo decimos porque hemos declarado que el viento está a punto de soplar… bueno, aúlla, cada vez, con la fuerza de un huracán.

Tal es la historia inmediata de los últimos diez días en México.

No se acaba hasta que se acaba, como dijo el mánager de béisbol Yogi Berra. El desafuero –una conjura para remover al más popular candidato presidencial en México de la contienda– aún podría ocurrir. Un intento de golpe de Estado que nunca debió ser subestimado. El poder es irracional cuando está contra la pared. El cambio de rumbo del viento – de a favor a en contra– es muy repentino. Pero los tramposos del Congreso mexicano están de nuevo levantando las orejas y dándose cuenta que no todo es como parecía ser.

La historia real es que México ha cambiado. Ya no es nada más un estúpido eslógan repetido por los simuladores del “cambio”. México ha cambiado porque la conciencia de su sociedad civil ha crecido, y el temor que mantuvo al estatus quo en su lugar por tanto tiempo se ha disipado, y la gente está lista para hacer cualquier cosa, tomar cualquier riesgo, preservar su senda hacia la democracia auténtica.

Esta es la historia de diez días en México, diez días de febrero de 2005. Tomará diez, veinte o 500 días más para mirarla en perspectiva, pero la narrativa es ahora que el poder pensó que podría, cuando la lanzó en su arrogancia, escenificar un golpe pre electoral contra la democracia mexicana…

El contragolpe está ya en camino…

Diez días que sacudieron una presunsión

¿Qué tan poco firmes en el poder estaban algunos peces grandes para pensar que podrían haber empujado esto –eliminando al principal candidato presidencial de la carrera con un débil y dudoso tecnicismo? ¿Sin que lo que la agencia de noticias APRO llamó “el efecto bumerang que los golpeaba en la cara? La agencia informa:

El desafuero de Andrés Manuel López Obrador está cada vez más lejos de concretarse, ya que para el PRI y el PAN el efecto que ha tenido la amenaza de meterlo a la cárcel ha resultado contrario a sus deseos. En lugar de bajar en popularidad, el tabasqueño ha crecido.

Con el desafuero, priístas y panistas le regalaron a López Obrador una campaña de propaganda no sólo a escala nacional, sino también internacionalmente. Las notas publicadas el fin de semana de la conferencia que dio a los corresponsales extranjeros, y las de otras publicaciones que le dedicaron su portada, como Newsweek, levantaron más la imagen del perredista.

El jefe de gobierno capitalino ha capitalizado muy bien este ataque, al grado de provocar un efecto bumerang al pretendido golpe político que en principio PRI y AN impulsaban.

La explicación de este fenómeno podría encontrarse en una cosa muy simple. Cuando se hace evidente que el ataque no tiene fundamentos ni bases, y que la intención es únicamente para demeritar la imagen del adversario, la respuesta de la opinión pública es rechazar una estrategia que en el fondo menosprecia su inteligencia…

Ah, pero estoy adelantándome a la historia con esto… la historia de los últimos diez días… porque la historia se cuenta a sí misma mejor que simplemente citando las conclusiones…

Internacionalizando el conflicto

Lo que la industria mediática conoce como “noticias” pasa a través de tres distintos filtros en México. El primero en español… el segundo en inglés… y luego, porque casi cualquier historia noticiosa grande mexicana informada en la prensa de Estados Unidos es repetida y analizada como si fuera noticia en México, el tercer filtro consiste en cómo las dos versiones son reconciliadas.

Vivir a la sombra de Estados Unidos no es divertido incluso para los países en medio plante. Para su vecino de al lado, México, es un tipo especial de infierno.

Solía ser que si el New York Times, o el Washington Post, o inclusive Associated Press lanzaban un ataque contra cualquiera en México, los días de esa persona estaban contados como fuerza política o económica. En décadas recientes, las narco acusaciones han estado de moda en cada año electoral. Y ya sea que son verdad o no, llevan a la caída de algunos actores y la subida de otros que toman sus lugares.

Todo eso ha cambiado con el crecimiento de Internet. Hay, simplemente, más huecos en los filtros ahora, y los guardianes de la información no pueden detener el flujo de noticias ni controlar su contenido así como hicieron antes. Por lo que cuando Narco News reportó hace diez días que México estaba en la ruta de una explosión social en respuesta al intento de desafuero contra los derechos del alcalde de la ciudad de México, los corresponsales extranjeros en esa ciudad llenaron la oficina de prensa de López Obrador con llamadas, preguntas y pedidos para entrevistar al hombre del momento. El político conocido como “El Peje” pronto llamó a una conferencia de prensa, tres días más tarde, a una especial, por primera vez en la memoria reciente, con la prensa internacional.

López Obrador habló de la “resistencia civil pacífica” que él y sus simpatizantes llevarían a cabo si el Estado le quitaba sus derechos políticos de ser candidato. Explicó por qué la opinión pública se había volcado contra las políticas impuestas de libre mercado. Llamó firmemente a las naciones latinoamericanas a unirse para así poder ponerse contra tales imposiciones. Respondió preguntas de los corresponsales extranjeros durante dos horas. Y la conversación fue más allá del propósito para el que fue convocada, el “pequeño asunto” del desafuero. Associated Press, por ejemplo, reportó en inglés que:

… el ejecutivo de la ciudad más grande del hemisferio occidental –considerado un temprano contendiente en la carrera presidencial de 2006– delineó plataformas en todo desde la economía hasta las relaciones con Estados Unidos en las casi dos horas de charla con los periodistas extranjeros.

Reuters parecía igualmente impresionada, con un cable titulado Izquierdista mexicano a la presidencia busca buenas relaciones con EU.

Bloomberg parecía más interesado en los comentarios de El Peje en la restructuración de la deuda nacional de México. Y en el otro extremo del espectro ideológico, Prensa Latina de Cuba informó: Nada daña más a México que corrupción política.

El Dallas Morning News y el resto de los diarios de la cadena Knight-Ridder escogieron el ángulo heroico de un político perseguido confrontado a un sistema injusto: Posible candidato en México pretende hacer campaña preso si es necesario. Y otro corresponsal de Knight-Ridder lo siguió con El alcalde de la ciudad de México acusa a los líderes políticos de conjura, informando:

…la vehemencia de las denuncias de López Obrador y el foro que escogió para hacerlas –una rara aparición ante los corresponsales extranjeros acreditados en la ciudad de México– son un claro signo de que el combatido alcalde pretende montar una reyerta por la presidencia.

“Los alegatos en mi contra son 90 por ciento políticos porque estoy constantemente adelante en las encuestas”, dijo López Obrador. “Hay una red de actores que fabrican cargos y tuercen la ley para sacarme de la política. Es un golpe contra la democracia y la libertad”.

El principio de “inocente hasta que se demuestre lo contrario” no es muy bien entendido por los corresponsales mexicanos de los medios comerciales y los columnistas porque, bueno, el Estado simplemente no lo ha pracitado nunca de verdad. Pero aún los más banales y conservadores corresponsales extranjeros pudieron inmediatamente ver la injusticia inherente a la intentona golpista, digo, desafuero. Y obviamente encontraron refrescante que tan gran contendiente político se tomara tanto tiempo para responder sus preguntas, como hace cada mañana a las 6:30 para la prensa mexicana.

(Debería resaltarse que los corresponsales extranjeros también son bienvenidos en ese diario evento, pero, históricamente perezosos, no les gusta levantarse para ir al trabajo a esa hora, y prefieren hacer las cosas en grupo. Los hace sentir importantes: López Obrador, piadosamente, los citó a mediodía).

El New York Times, el Los Angeles Times, el Miami Herald… todos los grandes fueron obligados a informar sobre un evento de buena fuente sobre el que habían estado sentados por meses. Considerando que el Subcomandante zapatista Marcos les había ganado la historia en septiembre de 2004 con un comunicado contra el desafuero, y es claro que están ahora jugando a atrapar la mayor historia política del año en su derrota. National Public Radio en Estados Unidos publicó una anormalmente interesante nota, también, que vale la pena escuchar.

Pero fue un extenso reportaje en Newsweek, de Scott Johnson, lo que atrajo más la atención en México (en gran parte porque López Obrador era presentado en la portada de la edición internacional). Y era el más minucioso de todos en los medios comerciales: “¿Listo para la contienda? La izquierda mexicana nunca ha sido muy poderosa. Pero de la mano del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, podría dejar su huella en el país”.

Para el fin de semana, la prensa mexicana comenzó a reaccionar a la prensa internacional, reportando historia tras historia acerca de los reportajes de la prensa extranjera. El bumerang había salido de las fronteras nacinales e iba camino a casa…

Entra el ombudsman

Mientras tanto, en los pasillos del Congreso mexicano, en el barrio de San Lázaro en la ciudad de México, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, José Luis Soberanes Fernández, popularmente conocido como “el ombudsman”, tiró una bombá en esta historia en curso.

El defensor de derechos humanos, respondiendo a las preguntas de los legisladores, dijo que el planeado desfuero contra López Obrador no sería legalmente procedente, porque “no tiene pena” el “crimen” por el que supuestamente lo acusarían (una toma de tierra administrativa para ampliar el camino a un hospital) y “no hay delito sin pena”.

“…estaríamos precisamente en una situación de discriminación”, dijo Soberanes, “…Porque en otros casos no lo han ejercitado y ahora sí, pues entonces, ¿dónde está el principio de igualdad que proclama el artículo primero de nuestra Constitución?”.

Su declaración fue de primera plana en parte porque el ombudsman nombrado por Fox nunca fue considerado como un aliado de López Obrador. Un columnista de periódico fue más lejos al decir que Soberanes “nunca ha conocido” al alcalde de la ciudad de México.

Soberanes predijo que si el Congreso votara por quitar los derechos políticos de López Obrador los jueces revertirían la acción “a favor del jefe de Gobierno, porque no siendo procedente se le desaforó, y entonces el beneficio político sería para él”.

Washington juega fuerte

Mientras López Obrador pelea por su vida política en México, funcionarios en Washington proyectaban una larga sombra sobre los asuntos internos de México, como el recientemente nombrado director de la CIA Peter Goss, quien dijo al Comité de Inteligencia del Senado que terroristas de Al Qaeda podrían estar cruzando la frontera mexicana en cualquier momento. El New York Times lo publicó como nota de primera plana como “Asistentes mencionan la preocupación de una infiltración de Al Qaeda desde México”.

Fue una muy graciosa bofetada. Los detalles ofrecidos por el almirante de Seguridad Nacional James Loy, también ante el Comité de Inteligencia del Senado, evadían la afirmación en su conjunto: “actualmente no hay evidencias contundentes” de que Al Qaeda estuviera planeando cosa parecida, admitió el almirante. De todos modos, la imagen de “Osama Bin González” (como se burló un columnista mexicano de las bases conceptuales del espanto) entrando por la frontera de Texas como Pancho Villa era demasiado sensacional para los medios comerciales como para dejarla pasar. Ese tipo de susto vende periódicos, no importa qué tan reales o no sean los hecho que lo provocan. Goss soltó aún otra granada en México durante su testimonio al Congreso:

En América Latina, la región está entrando en un gran ciclo electoral para 2006, cuando Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Nicaragua, Perú y Venezuela tengan elecciones presidenciales. Muchos países clave en el hemisferios son pontenciales focos de atención en 2005…

La campaña para las elecciones presidenciales de 2006 en México podría detener el progreso en las reformas fiscales, laborales y en energía.

Goss se extravió más allá de su trabajo de seguridad nacional, revelando que parar al terrorismo, impedir el narcotráfico o animar la democracia y otros básicos ingredientes de las proclamadas políticas de Estados Unidos están en realidad por debajo de la misión real: “las reformas fiscales, laborales y en energía”. Por ello se refiere a las no mencionadas prioridades de aumentar la deuda nacional de México (porque una nación endeudada es más obediente), golpeando a sus sindicatos para conseguir trabajo más barato para las compañías estadounidenses, metiendo manos gringas en el petróleo mexicano y otros recursos naturales, y el santo grial de la política méxico-estadounidense: poder construir plantas de energía dañinas medioambientalmente, incluyendo las atómicas, al sur de la frontera para llevar electricidad al norte.

La prensa mexicana lo pescó todo, definiéndolo como una predicción de la CIA de inestabilidad política en México en torno a las elecciones de 2006. Así, la historia bailó un fino dueto con la historia del día en la ciudad de México: la protesta social en marcha si el Congreso realmente trata de sacar al principal candidato presidecial de la contienda.

El ablandamiento de Santiago Creel

El jefe de gabinete (“Secretario de Gobierno”) en el gobierno del presidente mexicano Vicente Fox se encontró dentro de una pinza. Ese político, Santiago Creel, es el sucesor elegido por Fox para ir como candidato a presidente en 2006 por el Partido Acción Nacional (PAN). Para tener alguna esperanza de cumplir con esa meta, tiene que sacar del camino al popular López Obrador, mientras crea su propia imagen positiva ante el público mexicano. En estos días las dos metas se volvieron más y más mutuamente excluyentes.

De cualquier manera, aquí la pinza: desde arriba, Washington hizo sonar sus sables otra vez, unas semanas luego de su campaña de miedo, en forma de una “advertencia de viaje” (en realidad una campaña mediática) que buscaba pintar a todo México como inseguro para los turistas gringos (vean el reportaje de febrero 23 pasado de Bill Conroy, en el que investigó documentos del gobierno estadounidense que muestran cómo el Departamento de Estado inventó la amenaza que sus mismas estadísticas previsas descartaban).

Al otro lado de la pinza, desarollando la fuerza de una abrazadera, desde abajo, todos los medios mexicanos han timbrado sobre este último tiro desde Washington, que fue visto unviersalmente como parte de los esfuerzos realizados por el gobierno de Estados Unidos para inmiscuirse en el proceso electoral por venir al sur. Creel (y su jefe, Fox, son vistos, de acuerdo a encuestas de opinión en México, como los políticos más apoyados por Washington, y así amplios segmentos de la población no confían en ellos como entreguistas a los intereses gringos) tiene que decir algo para demostrar que no es solamente una marioneta agringada. Al mismo tiempo, tiene al ombudsman nacional mordiendo los talones de su plan maestro para noquear al alcalde de la ciudad de México fuera del camino de sus ambiciones presidenciales.

Así que, ¿cómo jugó Creel, que necesitaba aplacar al pueblo mexicano sin alienar a sus patrocinadores en Washington y Wall Street, con las divergentes pelotitas en el aire? Creel dijo de las afirmaciones de la CIA: “Quizá hay un error en la traducción, no sé”. Y obligatoriamente agregó una poción de texto acerca de cómo “El análisis hecho por la CIA es falso. Es reprochable que una agencia de un gobierno extranjero hable de asuntos mexicanos. Es inaceptable”. Quedó como parte del patromonio nacional de la risa.

Mientras, de cada rincón de los 31 estados y de los barrios de la ciudad de México, periodistas y miembros de la sociedad civil exclamaron con fuerza: ¡Tal vez la CIA tiene razón! Después de todo, si la conjura de Fox y Creel hacia un golpe de Estado pre electoral se lleva adelante, ¿qué opción tienen los mexicanos amantes de la democracia que fomentar la misma inestabilidad política sobra la que alertó la CIA?

Sumando a su reputación como payaso de clase nacional (clase en el sentido de clases altas) Creel emitió una diatriba simultáneamente contra las manifestaciones pacíficas y la “resistencia civil” que prometieron muchas, pero muchas organizaciones mexicanas y líderes civiles si el Congreso de verdad trata de matar la candidatura de López Obrador con el desafuero. Creel dijo, de acuerdo al diario nacional La Jornada: “notable en el caso es que se origina [las manifestaciones] por quien tiene la responsabilidad de gobernar la ciudad y ver por el bienestar de la gente. Y parte de ese bienestar está en el tránsito, en esas líneas de coches largas que vemos cuando las marchas se dan. La gente pierde el tiempo y también pierde su paciencia”.

Creel anunció que cualquier violencia provocada por esas manifestaciones sería únicamente responsabilidad de López Obrador.

Lo que Creel y la clase política de México entienden muy bien es que, en verdad, el pueblo “perderá la paciencia”. Pero no es la ruta a la ira lo que los tiene preocupados. Es la ira pro democrática, del tipo que tiene lugar de cara al autoritarismo y sus maniobras, tales como el posible golpe de Estado llamado desafuero.

La ruta de la ira democrática

Como a su subordinado, Creel, escupió a la vista de todos, llegó el turno al Presidente Vicente Fox para intentar rescatar la conjura golpista del desafuero. Fox, en una declaración pública, proclamó: “México es un país de instituciones, por lo que es un grave error atacarlas o debilitarlas, y una grave omisión el incumplir la ley, pues con ello se vulnera la democracia”.

En otras palabras, la última línea de ataque de la multitud pro desafuero es que el gobierno federal, el Congreso y los juzgados en México, luego de apenas cinco años de la llamada “transición” de Fox, han ya evolucionado al nivel donde el público no deba cuestionar o protestar sus decretos. En este punto de vista anal retentivo de las “instituciones”, repentinamente vistas como vacas sagradas, Fox y sus secuaces sonaron como los borrachísimos burócratas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que, antes de 2000, fueron atacados como la “dictadura perfecta”.

El pueblo mexicano, sin embargo, no se traga ese llamado a “respetar las instituciones”. Mientras Fox hacía esta declaración en una ceremonia de las Fuerzas Armadas en el estado de Veracruz, algunos ciudadanos mostraron una manta gigantesca, “¡No al desafuero!”. Mantas similares fueron colgadas de los balcones de las legislaturas locales en otras partes del país, y comenzaron a aparecer, pequeñas y grandes, en las ventanas de las tiendas, anuncios de las avenidas y edificios por toda la ciudad de México y el país entero.

La preocupación de la clase política por la “inestabilidad política” no se limitaba al PAN y al PRI, que están mesándose los cabellos por causa de la obvia subida de López Obrador como un gigante político. El Partido de la Revolución Democrática (PRD) del propio alcalde demostró gran nerviosismo entre sus más altos funcionarios. Después de todo “la ruta de la ira democrática” estaba en aumento inclusive más allá de su control. El manifiesto publicado por el columnista de La Jornada Jaime Avilés del 12 de febrero, llamando a una “resistencia civil” masiva de parte de los mexicanos sin partido político, provocó que las altas esferas del PRD comenzaran a inquietarse. El PRD adoptó rápidamente su propio plan de acción de 13 puntos (robando abiertamente las tácticas del plan de 12 puntos de Avilés y varios grupos juveniles mexicanos) en un intento por coptar y controlar la rabia pública por la conjura de desafuero.

Los líderes nacionales del PRD (muchos de los cuales han disfrutado posiciones de mando en los seis, pronto siete, gobiernos estatales de ese partido en todo el país, así como en los congresos nacional y estatales) fueron aún más lejos en su búsqueda de controlar cualquier revuelta. El partido conformó “comisiones de orden” para vigilar las manifestaciones contra el desafuero, “caer en provocaciones o situaciones violentas”.

El público ya saltó al frente de los partidos políticos. El escenario quedaba claro: si sacan a López Obrador de la carrera presidencial, las elecciones de 2006 y las “instituciones” nacionales (incluyendo a los partidos políticos) dejarán de tener respecto y credibilidad públicos.

La salida del alcalde de la ciudad de México de la contienda presidencial bloquearía cualquier senda de cambio. Y eso llevaría, por descontado, el micrófono nacional de regreso al popular líder guerrillero, el Subcomandante Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y su “terca desconfianza” hacia los partidos políticos y sus líderes.

Lo que se ha fermentado en México los últimos diez días es nada menos que una crisis de legitimidad, un escenario de revuelta y resistencia, incontrolable e ingobernable… y a un tiro de piedra de la frontera con Estados Unidos

Un golpe en retirada

Para nada perezoso en tiempos de crisis, Andrés Manuel López Obrador, en parte político y en parte activista y agitador, con un pie dentro del sistema y otro en las calles, pasó a la ofensiva. El domingo 20 de febrero pasado, mientras Newsweek Internacional ponía su foto en la portada, dijo:

Cuando se defiende la libertad, la dignidad, se puede arriesgar cualquier cosa, porque no es un asunto menor; no somos esclavos, no queremos que alguien se erija, se sitúe como amo y señor de un país democrático.

Se le metió en la cabeza al ciudadano Presidente que yo no debo ser candidato, y por eso echaron a andar toda esta maniobra retorciendo la ley, utilizando de manera facciosa a las instituciones… Ojalá y no se le olvide al ciudadano Presidente que México ya no es país de un solo hombre, que en México no hay ningún poder absoluto que quiera aplastar la voluntad mayoritaria del pueblo.

El pánico cundió en los dos partidos políticos que tratan de hacerlo. Los jefes del PRI trataron de lanzar una orden de mordaza para que sus miembros en el Congreso no hablaran contra el desafuero. En los días que siguieron, al menos media docena de ellos desafió esa orden. El PAN, también, comenzó a implosionar, con llamadas dentro de sus filas para que Santiago Creel renuncie a su cargo en el gobierno a causa del conflicto de intereses de ser además candidato presidencial. La iglesia católica también, tradicionalmente aliada con el PAN, golpeó a Creel. El cardenal Norberto Rivera replicó al marcado temor de Creel a las marchas y manifestaciones en forma sarcástica, apoyando el derecho ciudadano a la protesta, y burlándose: “No es el apocalipsis lo que nos está llegando”.

Al final de la jornada, esa tarde de lunes, el Palacio Nacional se sintió cercado, aunque las multitudes prometieron ir contra él, en el momento que cualquier desafuero sacara a López Obrador fuera de la competencia, no han aparecido todavía. El “ciudadano presidente” Vicente Fox mandó a su secretario de comunicación a la sala de prensa a las 5 pm para leer una declaración oficial. De acuerdo al diario El Universal:

La Presidencia de la República acusó al jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, de promover un clima de “presión y polarización social” en el proceso de desafuero que enfrenta en la Cámara de Diputados, y criticó que esa sea “la estrategia de quien dice aspirar a conducir el destino de la nación”.

“México no se merece que un discurso de falta de respeto a las instituciones y a las investiduras republicanas sea estrategia de quien dice aspirar a conducir el destino de la nación. Eso, que podía ser un recurso útil en la retórica de los autoritarismos, es inadmisible en la democracia”, dijo Aguilar Valenzuela, al dar lectura a un comunicado en el salón Venustiano Carranza de Los Pinos.
Aseveró que esas prácticas “ya no deben de existir en México”, y lamentó que todavía haya quienes crean que la ley se puede acomodar a la conveniencia de los gobernantes en turno.

“Nadie hace lo correcto en el desprecio de la ley”, dijo Rubén Aguilar, quien aseveró que en la democracia la lucha se da en el nivel de la “mesura inteligente”, del valor de las propuestas políticas y del servicio a la sociedad.

Sobre le proceso de desafuero, Aguilar Valenzuela dijo que el gobierno del presidente Vicente Fox tiene un compromiso con el respeto a las instituciones, el cumplimiento de las leyes y el fortalecimiento del Estado, y que lo hace consciente de que la construcción de una cultura de la legalidad implica costos y de que es su responsabilidad asumirlos.

Los llamados de Fox a la ley y el orden, como sea, fueron más adelante en la semana contradichos por más información dura en el caso del camino al hospital en el barrio de Santa Fe de la ciudad de México, que sería el pretexto para el desafuero. Para repetir hechos básicos: todo este tumulto sale de una disputa administrativa, en la que el supuesto dueño de un pedazo de tierra llamado “El Encino”, que el gobierno de la ciudad de México tomó para ampliar la ruta a un hospital, afirmaba que la ciudad había violado sus derechos, y la ley, en el terreno de los procedimientos.

Se sabe que el “dueño”, de acuerdo a El Universal, el periódico más grande del país, no es la única persona reclamando la titularidad de la tierra, y que ha estado en la cárcel dos veces, una por fraude desde un puesto de gobierno y la segunda por evasión de impuestos.

El Universal dijo de un documento del gobierno de la ciudad sobre el caso:

El documento destaca que Federico Escobedo, supuesto dueño de “El Encino”, ha estado dos veces en prisión. Primero indica, por un fraude de más de 7 millones de pesos al Infonavit en 1993 y el segundo por evasión al fisco, en 1995.

Esta es la persona que dice ser dueña del predio, aunque no es la única que lo afirma. Al menos dos personas más reclaman la propiedad de ese terreno que se encuentra en Santa Fe.

Fox y Creel, así como otros conjurados en el desafuero, están ahora marcados por una “seña” de “respeto a las instituciones” que no son más que una sola.

El trasfondo ha salido así del argumento del “imperio de la ley” hecho en favor del golpe de Estado pre electoral.

Una tierra de sorpresas

Han sido muchos estos diez días en México. Las voces de la inconformidad con la conjura de desafuero aumentaron su volumen, cada día, cada hora. Disímiles aliados (enemigos jurados, de hecho), como los estudiantes y los trabajadores de la universidad nacional, así como su rector, Juan Ramón de la Fuente, unieron sus voces discordantes en un crescendo armónico, todos protestando contra el desafuero. Los estudiantes y los trabajadores prometieron “paros activos” y protestas si la conjura sigue adelante. De la Fuente, que rompió la huelga estudiantil que cerró la más grande universidad de este país en 2000, estaba repentinamente del mismo lado que los estudiantes.

El sindicato de los trabajadores de limpia de la ciudad México, con 22 mil afiliados, los hombres y las mujeres que limpian las 12 mil toneladas diarias de desperdicios de las calles capitalinas, anunciaron un peregrinaje religioso a la Basilica de Guadalupe para pedir contra el desafuero. Si Dios y la Virgen de Guadalupe no pueden ayudarlos, la huelga de los recolectores de basura es obviamente su plan B.

En el interior del país, organizaciones campesinas han comenzado a reunirse en las mesas de las cocinas con mapas de las carreteras más importantes y las avenidas del país que pasan cerca de sus tierras de labranza. Ya las han bloqueado antes, en casos aislados. Pero ahora muchos preguntan, en susurros, a este periódico ¿qué pasaría si todos ellos deciden bloquearlas al mismo tiempo?

Como reportó Narco News el miércoles 23 pasado, la opinión pública mexicana se ha volteado, filosamente, contra el desafuero, a favor de López Obrador y contra el aparente heredero de Fox, Santiago Creel.

Una cosa chistosa ha pasado camino del desafuero, que hace apenas unas noches era considerada como asunto terminado entre los miembros de los tres partidos políticos más grandes de México y entre toda la comunidad periodística de este país: el PRI oscilaba.

Habiendo participado del armado de la conjura golpista, los líderes del PRI conscientes de las encuestas (que había planificado votar, junto a los legisladores del PAN, para sacar a López Obrador de la carrera presidencial) están expresando dudas repentinas, y señalando que podrían escoger más bien dejar a Fox y a Creel solos en el limbo antidemocrático.

Por ejemplo, el posible candidato a presidente del PRI, Roberto Madrazo, un archienemigo de López Obrador (ambos provenientes del rico estado petrolero del sureste, Tabasco) desde antes inclusive de entablar la carrera para gobernador de 1994, y un oportunista por excelencia en la política, está de repente haciendo ruidos públicos sobre que quiere a López Obrador en la boleta electoral. De acuerdo a la agencia de noticias Notimex:

El dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Roberto Madrazo Pintado, aseguró que le gustaría ver a Andrés Manuel López Obrador en la boleta electoral de 2006, ya que, consideró, se le puede ganar en las urnas.

Al término de su reunión con el PRI en el Distrito Federal… Madrazo Pintado sostuvo que no hay tiempo de improvisaciones políticas dentro de los partidos para “sacar de la manga a un candidato”.

“En lo personal yo sé que se le puede ganar, le gané en 1994 el gobierno del estado de Tabasco”, recalcó.

Y de repente los líderes del PRI en el Congreso –quienes, de acuerdo con López Obrador, participaron como arquitectos de la conjura de desafuero junto a Fox, Creel y el ex presidente en desgracia Carlos Salinas de Gortari (el poder político más preocupado de todos, ya que el López Obrador podría finalmente traerlo a la justicia por los fraudes de miles de millones de dólares y las muchas masacres y asesinatos políticos que ocurrieron durante su mandato en México, de 1988 a 1994)– están pataleando furiosamente.

El líder del PRI en el Congreso, Emilio Chuayffet, dijo a los reporteros el jueves pasado que “El que se aplique la ley no necesariamente significa que habrá desafuero”.

El PRI es una animal político difícil de seguir. Sus líderes son famosos por decir una cosa y hacer otra. Sus declaraciones recientes pueden al final no significar nada. Pero el PRI es asimismo astuto. Y hay mucho en las altas esferas de ese partido, incluyendo a miembros del Congreso que han declarado públicamente y creen que si los legisladores del PRI votan por el desafuero, eso podría significar el fin del partido como fuerza política. La opinión pública simplemente se mueve con demasiada fuerza contra la conjura golpista.

Así, el PRI es absolutamente capaz de una doble cara en el tema del desafuero. Si da un giro de 180 grados, el desafuero no sobrevivirá el voto congresal, López Obrador entonces será libre de competir para presidente, y el PAN de Fox y Creel se quedará con el paquete del golpe de Estado. No sería la primera vez que el PRI traiciona al a menudo infeliz PAN en una supuesta alianza. La contienda presidencial se volvería entonces un carrera entre el PRD y el PRI, con el PAN, impotente, marginado de ella.

La rueda está girando. El desafuero, que cada quién dijo era un hecho consumado hace unos días está, en duda en forma repentina. El uno-dos de la sociedad civil, al organizar la “resistencia civil”, más el desafiante discurso pro democracia de López Obrador, han golpeado a la sabiduría convencial.

Y eso es justamente la historia de esos diez días. Hay 512 días más antes de la elección presidencial de julio 3 de 2006. Y México sigue siendo una tierra de sorpresas.

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