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Narco escándalo sacude a Argentina: Kirchner confronta a los militares

El hombre tranquilo de la Patagonia fuerza un nuevo acercamiento a la política de drogas


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

2 de marzo 2005

Una nueva estrella surge en la búsqueda de América de una política más honesta y efectiva de drogas. Su nombre es Néstor Kirchner, es presidente de Argentina y recientemente ha despedido a un grupo de militares de alto rango en un narco escándalo que sacude al país. Ha confrontado recientemente a narcotraficantes de cuello blanco en el negocio de las aerolíneas, llevando las cosas a ampliar la investigación en el involucramiento español en el tráfico de drogas. Y ahora ha sacado a las Fuerzas Armadas de las tareas de interdicción a las drogas, regresando la tarea a un mando civil. Estas simples acciones de las pasadas dos semanas han pasado ignoradas por los medios comerciales en inglés: aborrecen dar al hombre del momento sus quince minutos, porque las políticas de drogas en el hemisferio están en juego.


El president Kirchner toma en las manos hojas de coca durante una ceremonia indígena en agosto de 2003.
Foto: Oficina de prensa del presidente en Argentina
Ayer, Kirchner se reunió en Montevideo con sus superestrellas contrapartes, Lula da Silva de Brasil y Hugo Chávez de Venezuela, durante la inauguración de las festividades por el nuevo presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, quien se vuelve ahora la cuarta voz de centro izquierda del emergente Cono Sur. Menos notorio que sus vecinos presidenciales en Caracas y Brasilia, sin apoyo de Washington como sus obedientes contrapartes en Bogotá y Santiago, Kirchner está haciendo su trabajo no solamente con palabras, pero con hechos. Como el columnista Mario Wainfield escribe en la edición del martes pasado del diario argentino Página /12, “Néstor Kirchner no es… un gran orador”. Pero últimamente ha cargado un gran palo en las manos.

Pocos medios comerciales internacionales prestarón atención cuando, como uno de sus primeros actos presidenciales, Kirchner nominó al prominente abogado por la legalización Eugenio Rául Zaffaroni como presidente de la Corte Suprema de Justicia de Argentina. Obtuvo el mismo silencio cuando se arrodilló junto a varios líderes indígenas ante la hoja de coca y la llamó sagrada. Ahora ha hecho lo que otros dijeron que harían pero no hicieron: Kirchner ha sacado, sin piedad, la corrupción de la prohibición a las drogas de los más altos nivels del negocio y dentro de sus históricamente represivas Fuerzas Armadas.

¿Dónde están los laures y las fanfarrias de Washington para un presidente latinoamericano que final e inequívocamente pelea contra el narcotráfico en sus más altos puntos dentro del esquema de la pirámide? ¿Dónde están los brillosos perfiles de la prensa internacional sobre el más valioso guerrero contra las drogas y cabeza de Estado en Sudamérica? ¿Podría ser que el naciente guión ideológico de Kirchner–uno que responde decisivamente a los eventos de la vida real y no a algún gastado guión ideológico, y que va tras los grandes peces más que por los pequeños, es, por sí mismo, tan gran amenaza para el estatus quo de la guerra contra las drogas y sus intereses en el negocio de lavado de dinero que es uno de esos asuntos del que no se puede hablar?

Pero Kirchner –con movimientos de base competentes organizándose bajo el radar– está calladamente construyendo una mejor ratonera cuando se trata de política de drogas. Y como dice el dicho: ya caerán.

Cocaína aérea cae del cielo

No es noticia que la película de Martin Scorsese El aviador está derrotando a la de Clint Eastwood Million Dollar Baby en las taquillas argentinas. Los ojos de la nación se levantan, lógicamente en el contexto de un escándalo de tráfico aéreo de cocaína, hacia los cielos.

En este país de 40 millones de personas, donde la corrupción se convirtió en un deporte sangriento en los gobiernos anteriores apoyados por Estados Unidos, donde la represión, la dictadura y la impunidad fueron el sello de la casa de las Fuerzas Armadas, una fractura se abrió en esos cielos para que la luz cayera a través.

Una incautación de droga en España, el 16 de septiembre de 2004, forzó la primera fractura en el techo con el que los medios mantenían la verdad a oscuras. Sesenta kilos de cocaína fueron encontrados en maletas en un vuelo proveniente de Argentina de la aerolínea Southern Winds. Abierta en 1996, la aerolínea creció rápidamente para convertirse en la número uno en vuelos domésticos en Argentina. En 2001 se volvió continental, ofreciendo vuelos a otras ciudades de Sudamérica. Para 2002 comenzó a volar a Miami, Nueva York, Los Angeles y Madrid. El año pasado duplicó su número de vuelos a España. Subsidiada por el gobierno argentino del desgraciado Carlos Menem, el cielo era su límite. De hecho, lo era.

En un comunicado de prensa de febrero 13, defendiéndose del creciente clamor e investigaciones, la compañía Southern Winds contó la historia en sus propias palabras:

... el 16 de septiembre cuatro maletas sin pasajero, que habían sido rechazadas días antes, volaron (a Madrid en un vuelo de Southern Winds). De acuerdo a los hechos investigados, un empleado de tránsito, Walter Beltrame, ahora fugitivo, autorizó el embarque. Beltrame se hizo pasar como el jefe de Atención a Pasajeros del Aeropuerto Inernacional de Ezeiza (de Buenos Aires) y había volado a España en el vuelo anterior. Beltrame (fue) autorizado por Fernando Arriete, en ese momento el Jefe Internacional de Ventas de la compañía, y hoy bajo arresto.

Las maletas llenas con 60 kilos de cocaína estaban además marcadas: “ARGENTINA, EMBAJADA EN ESPAÑA”. Fueron falsamente identificadas como paquetes viajando con un pasajero.

Walter Beltrame, el supuesto contrabandista, tiene apenas 22 años. No es un fugitivo: se entregó en persona a las autoridades argentinas el 17 de febrero y fue puesto en confinamiento solitario hasta la audiencia fijada para el viernes próximo. Pero no es la indiscreción juvenil de este chico lo que llevó a estallar el escándalo en todo el país. Ni son los apenas 60 kilos en un país que incauta 50 toneladas del polvo blanco por año. Aquí está el punto del dinero que provocó que la madeja más grande se desenrrollara: el joven Beltrame es justamente el hijo de un oficial militar que dirigió el Aeropuerto Internacional de Ezeiza de Buenos Aires en el momento en que el chico embarcó la cocaína: el Brigadier General Alberto Beltrame. Otros altos mandos militares han cubierto el crimen, fallando en informar al ministro de defensa o al presidente, y conocidas cabezas están rodando más rápido que las ruedas de un jet en la pista.

De acuerdo a la agencia de noticias cubana Prensa Latina, Beltrame padre fue detenido el 24 de febrero por diez días para interrogarlo, “tras admitir ante una escribanía conocer algunos detalles sobre el tráfico de drogas de Argentina a España” (sería interesante desde otro punto de vista, también: estos embarques de droga no llegaron a España sin la complicidad de funcionarios españoles. Hay un gran castillo de naipes construido sobre estas cuatro maletas. Como informó el diario Página /12 el miércoles pasado, dando seguimiento a las acusaciones del periódico hechas antes de que surgiera el escándalo: “Hoy habrá una audiencia con el abogado de la pareja de españoles presos en ese país, mientras en la pesquisa se consolida la hipótesis de presentarlos como parte de la conexión europea de la banda de narcos. Los investigadores sostienen que habrían estado operando en el país por lo menos durante los últimos diez años y que, entre otras líneas aéreas, usaron a Aerolíneas Argentinas”.

Repentinamente no se trata de uno o dos oficiales militares, y no solamente de una aerolínea internacional, y tampoco de funcionarios de un solo país, bajo la mirada de los fiscales. Hay toda una bola de narco sebo puesta al fuego.

Horas antes de que el joven Beltrame se entregara, el Director de Aduanas de la Argentina Ricardo Etchegaray dijo a la prensa que la Policía Aeronáutica Nacional (PAN) y la compañía de seguridad privada TAS debieron haber escaneado la cocaína detectada durante la inspección de rutina que lleva cuatro diferentes revisiones por el contrabando. Las cintas de seguridad del aeropuerto –que podrían haber provisto importante evidencia en el caso– fueron destruidas antes de que las noticias de la incautación en España llegaran al ministro de defensa. Oficiales militares y el zar antidrogas argentino lo sabían todo al respecto. Ahora encararán las consecuencias de violar el primer principio de cualquier organización competente: “Sé el primero en llegar a la puerta con malas noticias”.

La purga de los antiguos militares

El día despúes que el joven Beltrame se entregó, el Presidente Kirchner forzó al Brigadier General Carlos Rhode, un héroe de la Guerra de las Malvinas con Gran Bretaña, a retirarse. Hizo lo mismo con otros 17 oficiales de la Fuerza Aérea, para así promover al Brigadier General Eduardo Shciaffino, de la región de Kirchner, Patagonia, a tomar el comando de la Fuerza Aérea.

Rhode, dijo Kirchner, fue despedido por haber retenido información: sabía de la cocaína encontrada en España desde octubre pasado, pero no informó al presidente o al ministro de defensa.

Las cabezas han seguido rodando sin parar en días recientes. Kirchner, la semana pasada, ordenó la salida de Horacio Giaisgischia, jefe de la PAN. Nombró al primer civil en el cargo: Jaime Garreta, un viceministro de defensa.

De hecho, esto es similar a movidas realizadas por Kirchner cuando llegó al poder en 2003, despidiendo inmediatamente a 45 generales de la armada, la aviación y el ejército ligados a regímenes anteriores. Dirigió limpiezas similares en la policía nacional y la Corte Suprema.

Marcela Valente ofrece una mirada comprehensiva, en IPS News, de la lucha de Kirchner para sacar de las Fuerzas Armadas de la Argentina a los de las dictaduras militares, y sacar a los militares de tareas –como el control del tráfico aéreo– más apropiadas para oficinas civiles.

De hecho, Kirchner ha puesto a la Fuerza Aérea a dirigir la agencia de aviación policial en forma conjunta, y colocó un nuevo aeropuerto de la policía bajo el mando de su jefe de gabinete.

El ex presidente Carlos Menem –cuyo gobierno apoyado por los Estados Unidos estuvo plagado por escándalos de narco y lavado de dinero apareció recientemente en público –como el herpes, resurge de tiempo en tiempo– para golpear a Kirchner por “atacar permanentemente a las instituciones fundacionales y fundamentales” de la Argentina, como las Fuerzas Armadas y la iglesia católica (Señor Menem: no pregunte por quién doblan las campanas…).

Pero quizá la parte más interesante del narco escándalo que sacude a Argentina (y pronto al mundo) es hoy que el hombre que toma acciones decisivas contra las estratósferas del narcotráfico –el Presidente Néstor Kirchner– ya ha demostrado su apoyo a los programas de “reducción de daños” para reducir los daños asociados con el uso de drogas bajo la prohibición, ya ha nombrado como Presidente de la Corte Suprema a quien quiere reformar la política de drogas lejos del modelo de prohibición gringo, y quien entiende que la hoja de coca no es cocaína, respetando sus usos tradicionales e indígenas.

Y esto presenta un nuevo problema para Washington y sus secretarias en los medios comerciales: el más efectivo guerrero contra las drogas del hemisferio –pateando traseros y sacando a nombres de narcos de alto nivel en Argentina– no está en favor de un política impuesta desde el Norte. El hombre de hablar pausado de la Patagonia –con cada más fuertes alianzas con Brasil, Venezuela y ahora Uruguay– está emergiendo como un líder internacional que muestra al mundo una nueva y diferente senda para tratar con ese delicado tema llamado drogas. Y tiene todo lo que un piloto requiere: un plan de vuelo. Damas y caballeros, por favor abrochen sus cinturones y suban sus mesas delanteras…

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