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“Por y para la gente”

Los medios auténticos desde abajo en Bolivia


Por Jean Friedsky
Especial para The Narco News Bulletin

4 de julio 2005

Son ubicuos, aparecen frente a cada gran marcha, en el lugar de toda confrontación, siempre directamente al lado de sus compañeros en la lucha. No tienen máscaras de gas o chalecos antibalas. Tienen celulares y tal vez un micrófono o una cámara. En el aire, puedes escuchar sus voces, a menudo sin aliento por el gas o la fatiga, y tratándo de ser escuchados sobre las explosiones alrededor. A través de despachos, escritos, fotos y videos, te dejan ver lo que ven, te dejan sentir lo que ellos sienten. Algunos son profesionales entrenados, otros aprenden el oficio en el camino. Todos están presentes por la misma razón: por y para la gente.

“Tenemos que estar en las calles… y siempre estamos ahí”, dice Julio Mamani Conde, quien maneja la Agencia de Prensa Alteña (APA) desde hace cinco años. La APA es un equipo de dos personas con sede en El Alto, el vecino radical arriba de La Paz, cuyos residentes aymaras han conformado la espina dorsal de los muchos levantamientos en Bolivia durante los pasados cinco años. “No solamente queremos hablar con los dirigentes [de los movimientos sociales]… hablar con las bases es la única manera de saber lo que realmente pasa”, explica Mamani.

Cada noche a las 7, los líderes sociales y los periodistas miran en las pantallas de sus computadoras lo que Mamani Conde ha descubierto y publicado en sus compendios noticiosos nocturnos. Instantáneamente, saben si la Fejuve (Federación de Juntas Vecinales de El Alto) ha continuado su paro general, a qué hora de la mañana se encontrarán los campesinos del Altiplano para bajar a La Paz y si los alteños están todavía molestos con Evo Morales. La APA también ha lanzado historias importantes a través de investigaciones más profundas, tales como la revelación de Mamani Conde (publicada y traducida por Narco News) sobre cómo el gobierno boliviano y USAID estaban tratando de sobornar a los líderes alteños.

“La información diaria de Mamani Conde es importante porque es comprensible, y porque escribe desde el punto de vista de adentro, de quienes se encuentran en el corazón de las movilziaciones recientes: El Alto y los aymaras del campo”, comenta el Editor General de Narco News Luis Gómez. “Sin sus actualizaciones, sería difícil entender correctamente los eventos del día o saber lo que se planifica para el siguiente”.

Mamani Conde está lejos de estar solo en cómo entiende y realiza su trabajo. Junto a muchas estaciones de radio y un vibrante Colectivo Indymedia, la APA es parte de una red de medios cuya misión fundamental es hacer escuchar las voces de aquellos silenciados por los medios comerciales. Su trabajo junto a los movimientos sociales y las comunidades indígenas aquí en Bolivia juega un papel crucial en el modo en que la protesta se lleva a cabo en este país.

En las calles

El 7 de junio, el día después que el Presidente Carlos Mesa renunció, la sede de gobierno en Bolivia se acercaba a un punto de quiebre. La policía se había vuelto más intolerante luego de un mes de protestas en las calles, y para mediodía el aire en el centro estaba cargado de gas lacrimógeno. Reunidas en una esquina a dos cuadras de la Plaza de San Francisco, cinco mujeres de indígenas mayores se sentaron en torno a una radio. Una de las reporteras de Radio Erbol estaba transmitiendo en vivo desde El Prado a donde, dijo, la policía estaba mandando contingentes para despejar las calles, cuadra por cuadra, hacia el sur y el oeste de esta importante arteria. Un grupo de jóvenes se acercó a escuchar mientras continuaba el reporte: el avance de la policía estaba siendo obstaculizado por un grupos de manifestantes que se volvían a congregar en el área, comenzando por San Francisco. Antes de terminar, para que su colega en El Alto informara sobre las condiciones allá arriba, la reportera confirmó que el Congreso no había sesionado aún, pese a la ya urgente necesidad de elegir una nueva cabeza de Estado.

Se sacudieron cabezas, cigarrillos pasaron de mano en mano en unos instantes, y se tomaron decisiones basadas en el reporte escuchado. Cada quien mantendría la presencia en las calles –los hombres descenderían para apoyar a los que confrontaban a la policía, las mujeres subirían por la calle una cuadra más.

Esta escena era típica en las calles en esos días. “Durante los tiempos de conflicto, toda la estructura [de la estación de radio] cambia… suspendemos todos la pogramación normal para traer cobertura continua en vivo sobre lo que pasa en las calles”, afirma Gladys Mita, la reportera encargada del área social (es decir de los movimientos sociales) para Radio Erbol. Operada por un consorcio de setenta iglesias a nivel nacional, Ervol es una de las redes nacionales de radio más grandes de Bolivia.

Los grandes chalecos azul brillante con “Erbol” escrito en letras grandes en la espalda se han así vuelto básicos sobre el pavimento durante la agitación social. Esots reporteros son los ojos y los oídos más buscados por los propios manifestantes para tenter información correcta e inmediata sobre lo que ocurre.

Estos programas de radios se complementan cada vez más con el uso de Internet como un medio de informaión actualizada entre los que se involucran en las protestas. Indymedia Bolivia tiene una página que, en tiempos de convulsión, tiene un promedio de cuarenta envíos (y tres veces más comentarios) por día. Muchos de los reportes, fotografías y videos son colocados por Indymedia La Paz, un grupo de diez jóvenes talentosos y comprometidos que pasa sus días en las primeras líneas del conflicto. Claudia Espinoza, cofundadora y cabeza de Indymedia Bolivia, explica que su grupo realiza sus despachos tan rápidamente como es posible, haciendo que “la página parezca virtualmente viva”.

La página también sirve de tablero de mensajes. Los movimientos sociales colocan declaraciones de principios, otros colocan análisis y actualizaciones de todo el país. Los líderes de los movimientos, los estudiantes y otros con acceso a Internet dependen de esta información para saber exáctamente lo que los más importantes actores han decidido.

Fuera de las calles

La radio en Bolivia no solamente permite alcanzar a los participantes en las protestas, sino también pintar un retrato de primera mano de los eventos para toda la población.

En La Paz, el octubre 11 de 2003 era un sábado normal como cualquier otro. Las tiendas estaban abiertas, los turistas andaban por las calles y las estaciones de radio transmitían su programación musical regular de los sábados…excepto por Radio Pachamama en El Alto.

“Hay un muerto y muchos heridos aquí”, describió el reportero de Pachamama con voz agitada [1]. “Necesitamos llevarlos a la clínica de inmediato”. En El Alto, en este sábado que debía ser tranquilo, la Guerra del Gas se volvió sangrienta. El gobierno de Goni Sánchez de Lozada intentaba llevar cisternas de gas por la fuerza a través de los bloqueos alteños que habían cortado los suministros a La Paz. Custodiando el embarque de gas había militares que, cuando se encontraron con los obstinados pero desarmados manifestantes, comenzaron a disparar indiscriminadamente sobre los que sostenían los bloqueos y hasta dentro de sus hogares.

Las transmisiones exclusivas de Pachamama de ese día son escalofriantes. En el fondo, puedes escuchar las ráfagas de balas y los helicópteros sobrevolando en círculo. Más impactantes son las voces de las personas en medio de esta masacre. “No tiene sentidos. Están ametrallando a nuestra gente, que está armada solamente con piedras… por favor, para, para de asesinar a tu propio pueblo, Goni… no podemos dejarlo que nos haga esto, mañana las mujeres estaremos en las calles de la ciudad porque nos han matado como animales… nunca nos vamos a rendir… esto es guerra totalmente… el gobierno debe caer porque ahora tiene las manos llenas de sangre…”.

“Este reporteo cambió todo”, resalta el miembro de Indymedia Jorge Ocsa. “Escuchar la voz del reportero parado junto a los que murieron baleados cambió el entendimiento de cada uno sobre lo que estaba ocurriendo en Bolivia”. Nadie podía decir que esto no era una guerra o que no querían involucrarse, explica. Cuando la transmisión cruzó las ondas, todos los bolivianos tuvieron que prestar atención y admitir que lo que estaba pasando en el Altiplano era de importancia nacional.

Relacionándose con el mundo

Con la posibilidad de relacionar al Altiplano con las calles de Europa, los medios alternativos de Bolivia sacan provechos de este mundo de comunicación globalizada en que vivimos.

El 12 de septiembre de 2003 un grupo de casi dos mil campesinos de las veinte provincias del departamento de La Paz entró en huelga de hambre en El Alto, lo que fue ignorado por los medios comerciales. Los miembros de Indymedia visitaron al grupo y publicaron un artículo en su página web sobre la situación. En los días siguientes, el sitio web se llenó con mensajes de apoyo llegados de todo el mundo rápidamente.

Los trabajadores de Indymedia volvieron al lugar de la huelga para leer en voz alta las notas de solidaridad de todo el planeta. “Su rostros se iluminaron”, recuerda la cofundadora de Indymedia Paty Costas, “Luego de cada mensaje, la multitud gritaba ‘Jallalla Colombia’ o ‘Jallalla Ecuador’ [Jallalla es la palabra aymara para ‘viva’]. Fue claro que solamente saber que miles de gentes de todo el mundo les daban solidaridad los llenó de esperanza y de fuerza”.

Como parte de la red mundial de Centros de Medios Independientes, Indymedia Bolivia es una bendición para los que fuera del país quieren saber lo que pasa entre la gente. Sus informaciones de primera mano ponen la perspectiva de la gente a un click de distancia.

Erbol también entiende su papel internacional. “No cambiamos nada si no logramos que los que no se involucran directamente con los movimientos sociales –la clase media en Bolivia o la gente de otros países– entiendan lo que pasa”, explica Mita. Para alcanzar dichas audiencias, Erbol mantiene un sitio web con artículos y con la capacidad para transmitir su programación en directo a la red. Los medios comerciales aquí y las agencias de prensa internacionales utilizan el sitio de Erbol como un recurso primario en su propio trabajo, afirma Mita. El mes pasado Erbol tuvo aproximadamente dos millones de visitas por día, muchas de ella desde afuera de Bolivia.

Más allá de la cobertura de conflictos

Este trabajo de medios alternativos nació de la necesidad. Como en muchos otros países hoy, Bolivia tiene medios masivos dominados por unos cuantos que, a los ojos de muchos bolivianos, representan los intereses de una élite rica más que los de millones de pobres. Estos medios ofrecen la usual mezcla de puntos de vista económicos, análisis intelectual y perspectiva desde arriba. “Pretenden ser impersonales y sin sesgos, pero no lo son. Dicen lo que más les conviene… no la verdad”, afirma Costas. Particularmente en tiempos de agitación, “los medios ignorar o tuercen lo que ha pasado en las calles”.

La red de medios alternativos en Bolivia ha ciertamente llenado el vacío de información adecuada durante los momentos de crisis. Pero su trabajo se extiende mucho más lejos que simplemente ser los mensajeros informativos durante los periodos de agitación social extrema. En periodos de relativa tranquilidad, continúan dando un espacio público que se enfoca en las vidas cotidianas y las luchas de la mayoría de los bolivianos.

Para Mamani Conde, la Agencia de Prensa Alteña es un proyecto de creación de una “historia escrita” para su joven ciudad y un autoempoderamiento para su pueblo. “Soy alteño. Hago este trabajo para contrarrestar el estigma de que los alteños no tenemos la capacidad de producir por nuestra cuenta”, explica. La APA ha enviando noticias por correo electrónico prácticamente cada día durante los últimos cinco años. También publica periódicos y folletos sobre temas que preocupan a los alteños cuando hay recursos disponibles.

Indymedia Bolivia también es mucho más que un sitio web. El grupo anima un programa semanal de radio, a través del que entrega noticias, da tiempo al aire a los movimientos sociales y presenta reportajes de fondo sobre los eventos presentes. También utilizan los periodos de calma para recoger y registrar las historias negadas durante los conflitos. En 2004 produjeron un documental sobre las masacres de 2003, y ahora quieren hacer una compilación de historias escritas y filmadas sobre esta segunda fase de la Guerra del Gas.

Que la radio es virtualmente el común denominador entre estos grupos demuestra que construyen su trabajo en respuesta a lo que tiene más sentido para la gente en su país. “La mayoría de los bolivianos viven sus vidas en las calles”, afirma la directora de Pachamama Lucía Sauma, “Trabajan, comen y hablan afuera entre todos”. Las radios portátiles por tanto tienen sentido con este modo de vida. Además, son baratas (por 15 bolivianos, menos de 2 dólares, se compra una que sirva) y las señales son a menudo lo bastante fuertes para alcanzar inclusive lejanas áreas rurales.

Pero, como apunta Sauma, la importancia de la radio se fundamenta en más que estas prácticas. “La radio es una forma participativa de comunicación. Invita a la acción y a la participación… y somos un publo comunitario que quiere estar en movimiento”. No hay equivalentes en la televisión para Pachamama o Erbol. Sauma cree que es porque la tele requiere una inmovilidad pasiva que va contra la naturaleza de los bolivianos. Cualquier grupo que queira alcanzar a las masas no va a desperdiciar tiempo y energía en un programa de televisión.

Las complejidades

Es su presencia en las ondas, en las calles, y su consistencia luego de los periodos de conflicto, lo que hace ganar a estos periodistas la confianza de su pueblo. “Cada día estamos en los barrio y esto los hace confiar en nosotros”, explica Sauma, cuya radio dedica su programación normal a temas importantes para los alteños. De hecho, la noche del 11 de octubre de 2003, durante la primera Guerra del Gas, fue la gente de El Alto la que rescató a Pachamama de ser acallada por el gobierno de Goni. Miembros de la comunidad levantaron barricadas en su puerta mientras los reporteros estaban día y noche al aire para asegurar que la transmisión continuara.

Espinoza admite que ganarse la confianza “es un trabajo lento. La gente no te abre sus puertas así nomás”. Pero al paso de los años, el pequeño grupo se ha ganado indudablemente tanto el reconocimiento como el respeto. “Saben que es su espacio”, afirma el miembro de Indymedia Jorge Ocsa, y acusa de eso la gente los atiende.

Espinoza admits that gaining trust “is slow work. The people don’t just open their doors to you.” But over the years, the small group has undoubtedly gained both recognition and respect. “They know it is their space,” notes Indymedia member Jorge Osca, and because of that, the people listen.

Indymedia es el más activamente comprometido con los movimientos sociales, a menudo trayendo lo que los movimientos han publicado y entonces cambiando sus informaciones basados en esta información. Aunque este ir y venir es necesario, señala Espinoza, no es fácil.

La delgada línea entre ser parte de los movimientos y mantener alguna distancia periodística es fuente de constante debate, particularmente para los que en Indymedia han escogido esta labor para estar activos en las luchas de su país por la justicia social. En las calles, este conflicto resuena por dentro.

Costas recuerda un día que se encontró con otro miembro de Indymedia en medio de las protestas. “Se había sacado la credencial de prensa, diciendo que no quería ser ‘prensa’ ese día; quería nada más marchar con la gente. Cuando somos periodistas, incluso de Indymedia, somos vistos con distancia y no quería sentir esa distancia ese día”. Ella admite que a menudo siente algo parecido. “A veces quiero ser parte de lo que pasa, pero sé que es necesario separarse para ver mejor… y debemos recordar que la gente son los protagonistas y que se trata de su lucha”.

El trabajo es también personalmente desgastante. Cuando hay levantamientos, estos periodistas pasan hasta doce horas en las calles y “lo atestiguan todo”, afirma Costas. “Un minuto me siento inspirada por todo a mi alrededor, pero luego viene la parte dura –vemos el lado humano y triste de estos conflictos”. Para ella y los demás, la parte dura es ver los efectos de los sacrificios infinitos de los manifestantes para luchar por lo que creen: los rostros demacradas de los que están en huelga de hambre, la mujeres mayores sentadas en la acera sobándose los doloridos pies, el hombre con diez heridas de balín en sus piernas, las expresiones preocupadas de los campesinos del Altiplano que han dejado sus hijos en casa para venir a las calles de la ciudad o el lamento de una familia por la muerte de un hijo que fue asesinado por su propio gobierno.

Pero es esta sinceridad y conexión íntima con la lucha lo que realmente separa a estos periodistas de sus colegas en los medios comerciales. “Un medio es poder”, comenta el miembro de Indymedia Iván Terceros. De hecho, Terceros y sus camaradas periodistas tienen gran poder, y lo que son capaces de alcanzar va más allá de simplemente informar. Al ofrecer la totalidad de la experiencia de los movimientos sociales –los sonidos, los pensamientos, las imágenes de lo que la gente está viviendo– este periodismo alternativo entrega la humanidad de la lucha en sí. Las masas se vuelven repentinamente individuos. Cada uno con un nombre, un rostro, un corazón y una vida. Su batalla política se convierte por tanto en algo más: un viaje humano… un viaje por y para la gente.

[1] Las citas de estas transmisiones de 2003 fueron tomadas del cd de Radio Pachamama “Para que el tiempo no borre la memoria, no a la impunidad”, una compilación de las coberturas realizadas en ese año.

Jean Friedsky formó parte de la cobertura “enjambre” de Narco News del conflicto en Bolivia del mes pasado. Vean una lista completa de reportajes aquí, en la Narcoesfera.

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