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Atenco: de batalla local a bandera nacional y mundial

IMAGE: With Images of Insurgent Mexico by Tina Modotti

Parte II de una serie, republicado para el tercer aniversario de la lucha de Atenco en México


Por Maria Botey Pascual
Un clasico de Narco News

21 de agosto 2002

Cuestionado y abucheado el alcalde de San Salvador Atenco por su traición aquel 22 de octubre, en lugar de ofrecer explicaciones ante el enfado de la gente por su silencio supuestamente vendido, salió corriendo del pueblo con sus funcionarios municipales (incluyendo la policía), mientras el edificio del ayuntamiento quedó a resguardo del pueblo, que lo cerró, tomando posteriormente el auditorio para el uso del movimiento, lo que llamarían poéticamente el Santuario de Resistencia. Más adelante otros pueblos afectados desconocerían a sus comisariados ejidales y a sus alcaldes por no estar del lado del pueblo, y los sustituyeron con su propia gente.

Como propietarios de las tierras, los ejidatarios – muchos de los cuales también estaban en el movimiento de presión directa – se reunieron en asamblea y decidieron promover la lucha legal a través de la solicitud de amparo, acciones legales que fueron completadas por las controversias constitucionales que interpusieron posteriormente el gobierno del Distrito Federal y los de Texcoco, Acolman y Atenco. Todo ello con los alegatos de violación de varios artículos constitucionales en autonomía municipal, expropiación, justificación dudosa de utilidad pública, medio ambiente, planeación y asentamientos humanos.

Por supuesto no todos los vecinos de los pueblos afectados estaban de acuerdo con las marchas y bloqueos, pero mientras unos pocos se mantuvieron a la espera de las resoluciones de la Justicia, el movimiento de resistencia y poder popular fue creciendo en adeptos, ante la desconfianza en la equidad de la Justicia del país y las continuas violaciones de la ley por parte del gobierno estatal y federal (los manifestantes fueron reprimidos violentamente varias veces, y los vecinos encontraron en distintas ocasiones personas trabajando en las tierras expropiadas después de que los amparos prohibieran en ellas cualquier obra hasta la resolución legal de los procesos, lo que les llevó a retenerlos para mostrarlos a la opinión pública, y les supuso un acopio de vehículos “confiscados” que utilizaron para desplazarse en sus marchas).

El desarrollo de la resistencia no fue fácil, comenta uno de los líderes: “Tuvimos que trabajar con la gente para demostrarles que, con unidad y firmeza, es posible enfrentar con éxito las decisiones injustas de las autoridades; tuvimos que afrontar el divisionismo creado en los pueblos por el gobierno, que hasta el último momento estuvo regalando dádivas a los vecinos a cambio de una actitud favorable al aeropuerto (un par de cubetas de pintura, sacos de cemento, unos pesos), explicando la importancia de no aceptarlas o al menos hacerlo sin cambiar de actitud; hubo también que aprender a concentrarse en el enemigo real, dejando para luego las rencillas vecinales”. Y es que las compras de opinión han sido gigantescas. Como decía otro líder: “si a mí como delegado del movimiento en una ocasión me intentaron sobornar por dos millones de pesos y una casa, ¿qué no les habrían ofrecido a los comisariados ejidales, o a los alcaldes?”

Muchos de los vecinos de la zona reconocen que los nueve meses hasta la derogación del decreto han constituido una escuela de resistencia y lucha, en la que han aprendido principalmente a superar el miedo a las fuerzas represivas (algunos llegaron a despedirse de sus familiares antes de salir a marchar, sabiendo que podían perder la vida) y a los juegos sucios del gobierno; han aprendido a organizarse, a mantenerse unidos y a establecer lazos con otros grupos de resistencia del país; a desarrollar oratoria en algunos casos, a tomar su tiempo para la resistencia las mujeres (enfrentándose a sus esposos en su caso y a los chismes vecinales), a despertar su conciencia adormilada los que anteriormente no participaban en las asambleas ejidales o en ninguna organización social; y sobretodo han aprendido que, ante una actuación injusta del gobierno y un estado de derecho que ha sido impuesto y estratégicamente diseñado para mantener engañados y sumisos a los pueblos, uno puede rebelarse y debe hacerlo! si quiere mantener la dignidad. Como dijo un ejidatario “quizá si el gobierno no hubiera venido a molestarnos directamente, hubiéramos permanecido como mucho tiempo fuimos, quizá agachados, quizá sometidos al trabajo sin rechistar, pero ya nos agredió, lo enfrentamos y permaneceremos en la lucha”.

Desde el principio tuvieron claro que era de gran importancia difundir su problema y las razones de su resistencia, tanto entre los vecinos indiferentes o favorables al proyecto del aeropuerto como al resto del país. Es por ello que, como Frente de Pueblos para la Defensa de la Tierra, como se llamó pronto su movimiento (primero fueron Frente Unido Contra el Aeropuerto), se esforzaron en tener presencia en todos los foros a que fueron invitados y a participar con otras organizaciones civiles en sus respectivas manifestaciones de protesta, creando así una red nacional de solidaridad que fue parte de su éxito.

Del mismo modo llegaron a Atenco muchos grupos nacionales con experiencia en la resistencia y el enfrentamiento ante la injusticia, que les apoyaron moral y materialmente y les contaron sus estrategias de lucha y su trayectoria. Un atenquense lo cuenta así: Los de Tepoztlán-Morelos (otra lucha local que se nacionalizó, con el “Todos somos tEpoZtLáN” de Marcos) llegaron en tres camiones a poco de iniciada la resistencia y nos platicaron de los peligros de la represión, las posibles muertes de compañeros y del juego sucio del gobierno, recomendándonos sobre todo mantener la unidad. En ellos vimos su heroísmo y el ejemplo de que se puede ganar al sistema, aún en las situaciones más difíciles. Del Frente Popular Francisco Villa (de los que más concordamos con sus formas de lucha junto con un grupo del CGH) aprendimos la fuerza de las manifestaciones como presión para hacerse escuchar. De la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, su disciplina y coordinación en las marchas, la impecabilidad de sus campamentos y de nuevo que la unión es fundamental para sobrevivir. De las Escuelas Normales Rurales (el Mexe-Hidalgo, Amilcingo-Morelos y Tenería-Edomex) sus agallas, su carácter combativo y decidido. Del Consejo General de Huelga (CGH), aprendimos que los foros son muy importantes para darse a conocer y unificar las luchas (los atenquenses incluso estuvieron en la Cumbre de Monterrey). De los sindicatos de los trabajadores de la electricidad, de Euzkadi, la Ford y Fertinal, aprendimos que la lucha no es sólo campesina sino que abarca los tres vectores de la organización popular: campesinos, obreros y magisterio. También tuvimos reuniones con organizaciones más políticas como el Frente Popular Revolucionario y el Movimiento Popular Independiente o con universitarias como los sindicatos de profesorado y de trabajadores de la Universidad de Chapingo – así como de su colegio de postgraduados – de los que recibimos apoyo incondicional y un lugar para iniciar el diálogo (que no se dio, a parte del “encuentro” en el Archivo de la Nación poco antes de la derogación del decreto), y de los que aprendimos la palabra “incluyente”, que no debemos despreciar ninguna forma de lucha para conseguir las demandas del pueblo. Por supuesto también llegó el Frente Zapatista de Liberación Nacional, cuyos miembros nos hablaron de la guerra de baja intensidad que nos podía caer como a ellos y compartimos su dolor como hermanos. De ellos aprendimos que toda lucha campesina es lucha zapatista, que es lucha por la tierra y la identidad, por la dignidad”.

Por supuesto también llegaron asociaciones internacionales que trabajan en México y personas individuales del extranjero que llegaron a conocer su lucha y a mostrar su apoyo, y ello, con lo anterior, fue utilizado por el sistema para criminalizarlos acusándolos de ser manipulados por fuerzas foráneas (algo que ya tuvieron que aguantar desde el principio por parte de su propio alcalde) porque al poder no le gusta que se globalice la solidaridad. Y aunque fuera, ¿Es que sólo pueden asesorarse externamente los políticos y empresarios? ¿No es el gobierno de Vicente Fox un ejemplo claro de manipulación extranjera (incluso monetariamente)?

El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra hizo un trabajo gigantesco en manifestaciones, llegando incluso en ocasiones a movilizarse diariamente. Marchas importantes fueron por ejemplo la del 14 de noviembre, que les dio proyección internacional por la golpiza que recibieron de los granaderos decenas de hombres, mujeres y niños entrando al DF, a pesar de lo cual más de mil campesinos consiguieron llegar al Zocalo, con machete en mano, donde les esperaban miles de miembros de organizaciones civiles en su apoyo, mientras los que habían permanecido en los pueblos afectados por el aeropuerto salieron indignados a bloquear la carretera para protestar por las agresiones y a pedir la liberación de los detenidos, que fueron puestos en libertad en algunas horas.

Seis días después realizaban la marcha local de Ixtapan a la subprocuraduría judicial del estado de México en Texcoco en repudio del acoso policial que estaban recibiendo sus pueblos, además de la presión psicológica que provocaban los sobrevuelos constantes de helicópteros. Coincidiendo con el aniversario de la Revolución mexicana “que continúa, porque siguen los abusos de poder y las injusticias”, se exigió el retiro de las averiguaciones previas y órdenes de aprehensión que ya existían sobre algunos inconformes, además de por supuesto la derogación del decreto. Fue en estos días que el Congreso Nacional Indígena se sumó a la lucha de los pueblos originarios de las tierras de la zona de Texcoco y participaría con ellos a lo largo de los meses.

El 28 de noviembre caminaron del Angel de la Independencia al Zócalo contra el decreto y la represión recibiendo la solidaridad de los transeúntes, que ya para entonces muchos más mexicanos habían entendido la justeza de su lucha, a pesar de la manipulación de los medios. A principios de diciembre tuvo lugar la gran marcha con los maestros de la CNTE al Palacio Legislativo, en repudio de la política económica, la reforma fiscal, la política educativa y la construcción del nuevo aeropuerto.

Días después la tensión se acrecentó con unas llamadas anónimas que alertaban de la posible entrada del ejército en la zona expropiada el primero de enero, mientras Fox insistía en que la decisión del aeropuerto se había tomado de forma responsable y que se llevaría a cabo (luego se vería cada vez más claro que no se realizaron los estudios pertinentes pero sí hubo muchas presiones interesadas para que éste se ubicara en el estado de México). Ejidatarios y vecinos construyeron más zanjas y barricadas en los pueblos para evitar la entrada de “gente extraña”, fuerzas policiacas o maquinaria; Atenco se declaró “municipio en rebeldía”, se desconocieron a las autoridades municipal, estatal y federal “porque no representan los intereses del pueblo”, y se estableció la “alerta máxima” esperando un inicio de obras en enero.

Finalmente el ejército no entró y el 23 de enero 2.500 campesinos marcharon a Toluca a intentar de nuevo hablar con el gobernador del Estado, donde fueron recibidos por miles de estudiantes y simpatizantes de la causa, pero también por 11 mil efectivos de la policía en un despliegue que recuerdan como impresionante, aunque no fueron golpeados ni tampoco consiguieron hablar con Arturo Montiel, pero sí recibieron de nuevo amenazas de la Procuraduría de Justicia del Estado de ejercer acción penal contra los inconformes.

El 5 de febrero acompañaron a los sindicatos de Euzkadi y la Ford en su protesta por los despidos y de ahí aumentó la frecuencia de las marchas junto a variadas organizaciones sociales del país en pro de la justicia social (la red de solidaridad se extendía como la pólvora), mientras creció también su participación en foros de discusión y en reuniones con otras comunidades que están siendo perjudicadas por expropiaciones dirigidas al desarrollo del Plan Puebla Panamá. A destacar la marcha de color en abril por el aniversario luctuoso de Emiliano Zapata, el gran luchador de la Revolución “que sí está detrás del movimiento” como dicen cuando les acusan de estar manipulados por agentes externos.

Lo que empezó como una salida más en busca del cara a cara (nunca conseguido) con el gobernador del Estado Arturo Montiel, se convertiría en el principio del fin del proyecto de aeropuerto en Texcoco aunque no de la lucha, que como muchos dijeron después de la derogación, “la lucha sigue y sigue”, ahora la red de solidaridad reforzada y las consciencias acrecentadas.

Para principios de julio, a casi nueve meses del conflicto, los afectados inconformes ya habían sido presionados psicológicamente, golpeados, amenazados con la prisión e incluso de muerte, y descalificados multiplicidad de veces por el gobierno: sus personas (“que iban contra el progreso”), su lucha (“manipulada y criminal”), sus tierras (“que eran improductivas”), su pueblo (“que era inculto”) y sus tradiciones (“que no existían”). También los había infiltrado, intentado comprar, confundir y dividir, como por ejemplo haciendo correr rumores de que los del frente habían recibido dinero e iban a abandonar al pueblo cuando la cosa se pusiera difícil.

En el camino al municipio de Teotihuacán, donde se hallaba el gobernador del Estado aquel día, el gobierno intentó el golpe definitivo: arrestar a los líderes y acabar con el movimiento en una emboscada traidora – con policía de civil saliendo de unas milpas e infiltrados que provocaron a los granaderos – en que las fuerzas represivas actuaron con saña y violencia (y balas de verdad, además de los gases) contra el relativamente pequeño grupo de manifestantes, deteniendo a más de una decena de ejidatarios a los que se acusó de robo en agravio del gobierno del estado, motín, ataques a las vías de comunicación, ultrajes, daño en bienes y privación ilegal de la libertad, en un enfrentamiento que dejó un saldo de ocho hospitalizados y varios heridos más.

Pero si el movimiento parecía desgastado por los meses de lucha, los pueblos afectados rápidamente demostraron que ni mucho menos, y unidos, miles de vecinos bloquearon enfadados varias carreteras, quemaron vehículos, retuvieron camiones de refrescos (que utilizarían durante días para atender a los invitados al comedor popular), amotinándose con todo lo que pudieron conseguir o fabricar (unos improvisados cócteles molotov). Además en la subprocuraduría de Justicia en Texcoco retuvieron varios policías judiciales y trabajadores con el objetivo de intercambiarlos por sus compañeros detenidos. Por la noche cavaron más zanjas e intensificaron la vigilancia de la zona ante el riesgo de una incursión de la Policía Federal Preventiva (que de hecho acabaría acordonando la zona junto con el ejército), mientras varias organizaciones sociales del país emprendían el camino hacia Atenco y amenazaban con cortar las carreteras en sus respectivos estados.

Fueron días de gran tensión que abarrotaron las páginas de la prensa y los noticieros televisivos nacionales y extranjeros, mientras la próxima llegada del Papa a México, con su ola mediática, ponía una nota de suspense más al asunto, ante el riesgo de un una extensión del conflicto. Las declaraciones de solidaridad por un lado, y de la necesidad de aplicar mano dura a los “revoltosos” por otra, se sucedieron entre las discusiones sobre quién era responsable del rompimiento del estado de derecho (que de hecho ya se había violado desde el principio al negar información a los afectados y olvidar la autoridad municipal en materia de uso de suelos, en un país que, de todos modos, la aplicación de la justicia depende en demasiadas ocasiones del recurso económico a aportar o de las influencias, y donde los poderosos llevan a cabo manejos sucios de todo tipo para conseguir sus fines), y la continua determinación de los ejidatarios de no vender sus tierras, aunque “curiosamente” de pronto les aumentaron el precio por metro y les ofrecieron mayores compensaciones en materia de vivienda, empleos y educación, lo que no les hizo perder la firmeza en sus objetivos de no vender la tierra y exigir la derogación del decreto, mientras solicitaban el diálogo directo con el gobierno federal.

A pesar de que el viernes 12 de julio el presidente de la nación todavía había manifestado públicamente que el plan aeroportuario no iba a detenerse pero que estaba dispuesto a dialogar, el proyecto empezó a tambalearse tres días después con sus curiosas declaraciones a la CNN cuando, a pesar de que en el último momento Comunicación Social de la Presidencia de la República había puesto la condición de que no se le preguntara nada sobre Atenco, Vicente Fox se enmarañó en sus propias palabras y acabó asegurando que había otras alternativas para construir el aeropuerto (luego tuvo que ser corregido por Santiago Creel, secretario de Gobernación y él mismo, en “privado”, acabó diciendo que no sabía de otras opciones) y que no se atropellarían los derechos de nadie.

Pero si todavía quedaba alguna posibilidad a favor de los intereses de los voraces empresarios y del gobierno, que anduvo sosteniendo aquellos días que ya había negociado favorablemente con varios representantes locales – lo que indignó todavía más a los habitantes de la zona, que tuvieron que aclarar que eran gente individual que no representaba al pueblo y que se trataba de otro juego sucio de las autoridades -, la situación se puso más difícil cuando murió uno de los compañeros golpeados y detenidos, el último que quedaba hospitalizado y que había entrado en estado de coma. Pero no sólo eso, sino que además el Gobierno del Estado intentó por todos los medios y con gran cinismo convencer falsamente a la opinión pública de que el muerto no poseía tierras (eran de su esposa), fue forzado a participar en el movimiento de inconformes y que si murió fue porque al entrar al hospital no avisó que tenía diabetes, enfermedad que se le complicó, a pesar de que los médicos habían declarado que sufría una grave fractura en el cráneo, que luego se demostró fueron la causa final de su deceso.

Esto coincidió con el primer y único encuentro con el gobierno federal, que después de varios tiras y aflojas se desarrolló en el Archivo de la Nación el 24 de julio y no en la Universidad (cercana a Atenco) de Chapingo como los campesinos querían, encuentro en el que el coordinador para la Atención y el Desarrollo del nuevo Aeropuerto y negociador de las autoridades federales, Curi Pérez Fernández, tuvo que escuchar el enojo de los ejidatarios por la muerte de su compañero, la calificación de ésta como asesinato del gobierno y de nuevo su firme postura contra el aeropuerto, mientras sus compañeros gritaban en el exterior del edificio “Enrique Espinoza, tu muerte no será en vano”, además de las consignas que se repitieron a lo largo de los meses “ni hoteles, ni aviones, la tierra da frijoles”, “Zapata vive, la lucha sigue”, y la conocida “cuando el pueblo se levante, por pan, libertad y tierra, temblarán los poderosos, de la costa hasta la sierra”, respondiendo al gran apoyo popular que la justeza de su causa ya tenía en el país – a pesar de los bloqueos y los rehenes retenidos por el movimiento, a pesar de la insistencia del procurador de Justicia del estado de México en afirmar que había intromisión de intereses ajenos a la tierra e incluso de grupos terroristas extranjeros y que, en realidad, “los ejidatarios buscaron tener un mártir a como diera lugar” – y al riesgo que todos captaron de que el conflicto llegara a mayores a nivel nacional.

La muerte y entierro de uno de sus compañeros (en suelo expropiado, que con el aeropuerto incluso iban a perder sus muertos) unificó todavía más a los inconformes y otros pueblos afectados, que hasta entonces se habían mantenido aparte del movimiento, se unieron al Frente de Pueblos por la Defensa de la Tierra en el Primer Encuentro Nacional Campesino que se realizó en San Salvador Atenco y contó con la presencia de casi cien organizaciones civiles del país e incluso de Centroamérica. Ante la situación en su conjunto, quedaba claro que el proyecto aeroportuario en Texcoco sólo se podría llevar a cabo encarcelando o pasando encima de los cadáveres de la población del área, ya que los campesinos seguían fijos en su determinación de luchar hasta la muerte si era necesario.

Mientras algunos de los medios de comunicación retomaban la problemática de suelo y climatología para un aeropuerto en el área de Texcoco, apuntando las mayores ventajas de la última alternativa descartada antes de la expropiación (Tizayuca, en Hidalgo) – lo que confirmaba los intereses económicos existentes en una opción que no era tan óptima como se había presentado públicamente – o proponiendo otras posibilidades, el gobierno y el país entero se concentraron a finales de julio en la visita (una operación mediática gigantesca que creó también muchas controversias) de la máxima autoridad de la iglesia católica, a quien los campesinos de Atenco mandaron una carta que resume en sus palabras el conflicto:

“…En todo el mundo se viven cambios muy profundos que atropellan la dignidad humana; bajos discursos falsos nuestros gobiernos nos plantean un bienestar y progreso para nuestros pueblos que en realidad sólo son un maquillaje de palabras que encubre la pobreza extrema a la que nos está llevando, y cuando levantamos la voz para denunciar las injusticias tenemos como respuesta la indiferencia y la represión avalada por el Estado, por el solo hecho de defender nuestros derechos y nuestra dignidad”…

“…El decreto es ilegal e ilegítimo, porque nunca fuimos informados ni consultados; las autoridades nos han tratado a nosotros y a nuestras tierras como mercancías, olvidando que tenemos identidad, historia, cultura y tradiciones que no se pueden ofertar ni sujetar a los intereses de unos cuantos mercenarios”…

“…El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra le solicita que conozca más de cerca nuestra situación y que se pronuncie a favor de nuestra causa, que es justa y digna, porque nuestras creencias son tan sagradas como nuestras tierras y nuestras tierras son nuestra vida”.

Aunque la disyuntiva en la que el movimiento de resistencia había colocado al gobierno federal no tenía nada que ver con la visita del Papa, a las pocas horas de su partida del país el presidente Vicente Fox anunciaba la cancelación del proyecto aeroportuario en Texcoco, decisión que agarró a los inconformes por sorpresa, listos como estaban para varios meses más de conflicto, y que provocó declaraciones vergonzosas entre los que tenían intereses en el proyecto, como las del obispo de Ecatepec, que afirmó que hubiera muerto una persona o centenares, se debía haber construido el aeropuerto.

Su rebeldía ante la autoridad, basada en la justeza de su causa, les dio un triunfo que se ganaron a pulso: con inteligencia e integridad tomaron las calles, supieron convencer de la razón de su lucha y demostraron que con dignidad se puede vencer el abuso de los que creen que con dinero y prepotencia pueden dominar el mundo a su antojo para sus intereses particulares, lo que ha infundido valentía a otras comunidades que sufren de problemas similares.

Pero además experimentaron la fuerza de la unidad y practicaron el poder popular, tomando las decisiones de manera asamblearia y exigiendo más que nunca que sus representantes lo fueran de veras manteniéndose al lado de la voluntad del pueblo. Así se dieron cuenta, por ejemplo, que al marcharse la policía y ser ellos mismos los encargados de vigilar el pueblo, la seguridad aumentó, disminuyendo la delincuencia y la drogadicción, según sus propias palabras. Su experiencia extraordinariamente positiva, y el desencanto con todos los partidos políticos, “que durante este tiempo siempre se acercaron con poca sensibilidad y muchos intereses particulares” les ha llevado a declarar a Atenco municipio autónomo (al estilo zapatista-chiapaneco), estando dispuestos a negociar la creación de un consejo municipal – fórmula que sí contempla la ley mexicana para casos de ingobernabilidad política – siempre y cuando les permitan escoger a sus componentes. Aunque el alcalde ha intentado últimamente regresar al pueblo, sigue repudiado por sus habitantes, que se mantienen en su postura de no entregarle el Ayuntamiento.

Por otro lado los campesinos han exteriorizado más de una vez y ahora más que nunca, que sí quieren el progreso, pero un progreso que corresponda a las necesidades de cada comunidad expresadas por sus propios pobladores. Con esta meta ya realizaron la primera reunión de trabajo con académicos de la Universidad de Chapingo, para la elaboración de un proyecto de desarrollo de la región que incluya programas de estimulación agropecuaria, de tratamiento de aguas residuales, de creación de nuevos centros educativos, de promoción artesanal, de modernización comercial, de servicios e industriales, así como un plan de protección y conservación de las áreas naturales, un conjunto de necesidades que por derecho exigirán sean atendidas por las autoridades correspondientes.

Con las arengas “Atenco vive, la lucha sigue” y “La voz de los machetes pudo más que los billetes”, el pasado 14 de agosto los campesinos del área de Texcoco se manifestaron de nuevo en la capital del país, acompañados de decenas de organizaciones civiles y machete en mano, para exigir al gobierno federal el desistimiento de los procesos penales que todavía pesan sobre más de una decena de campesinos, el retiro de las órdenes de aprehensión contra varios de los integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y una indemnización a la familia del su compañero fallecido a causa de la golpiza de la policía.

Y es que en Atenco son conscientes que si el gobierno federal cambió de opinión respecto al aeropuerto fue para deshacerse de la papa caliente que estaba a punto de provocar una extensión nacional del conflicto, pero que los ataques de los empresarios egoístas de ámbito nacional e internacional amparados por el gobierno pueden llegar de nuevo de un modo más sutil, por lo que no bajan la guardia. Los campesinos siguen en pie de lucha para apoyar “todas las causas justas que defiendan la dignidad del pueblo de México” y, en concreto, se preparan para combatir el Plan Puebla Panamá, que ya está afectando a las comunidades de varias zonas del país, para lo que se cuenta con una red nacional de organizaciones civiles actualmente mucho más vigorizada y reforzada.

Maria Botey Pascual is the author of “A la recerca d’El Quemado” (“In Search of Burnt Mountain”) (2002, Columna Press, Barcelona), has been a correspondent for the Mexican daily Por Esto!, and participant in the journalistic coverage by Narco News of the 2001 Zapatista Caravan. She reported this story from San Salvador Atenco.

Lean la parte I: Cómo se logró la
victoria de Atenco

Vean el documental ¡Tierra si! ¡Aviones no! en Salón Chingón

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