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Navidad “para” ¿quién?

La indefensión campesina y el cinismo político en Colombia


Por Laura del Castillo Matamoros
Especial para The Narco News Bulletin

25 de diciembre 2005

Llegó diciembre con su alegría a Colombia, estimados lectores. Y nada pudo terminar de convencerme tanto de ello como las más recientes amenazas de los paramilitares a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, Antioquia (una iniciativa colectiva, de los habitantes de esta población, luego de que, en 1997, 32 comunidades campesinas terminaron desplazándose de la zona ante las advertencias de diferentes grupos armados). Más exactamente, la amenaza fue contra San Josecito, un pequeño e improvisado cacerío construido por la comunidad, con el fin de rechazar la presencia de fuerza pública en la zona, luego de la masacre del 21 de febrero (una nota anterior de Narco News explica más claramente esta historia).

Resulta, pues, que un comunicado de la Comunidad alerta a la comunidad nacional e internacional sobre la posible incursión de un nutrido grupo de paramilitares entre los días 24 y 30 de este mes a ese cacerío en cuestión.

Vean nada más, ustedes, apreciados lectores, los buenos deseos de paz y prosperidad que, según se dice en la alerta, le transmitió un supuesto paramilitar a uno de los habitantes de San José, el 14 de diciembre a las 9:00 am:

“Quiero advertirlo porque lo conocí hace años para que le diga a su familia que se salga de San Josesito, que a finales de año tenemos planeada una entrada para hacer una masacre, será entre el 24 y el 31 o por ahí cerquita, estamos negociando con la policía y el ejercito para que ellos no queden untados y podamos entrar y salir libremente, toca hacer rápida la masacre ya que se comienza ese cuento de la desmovilización y queda mas complicado, así que ni se aparezca por ahí”.

Puede que esto sea más que una mera advertencia, teniendo en cuenta que muchas amenazas contra la comunidad, provenientes de diferentes grupos armados, se han cumplido. Nada más basta con recordar la tristemente célebre masacre del 21 de febrero y el asesinato de Arlen Rodrígo Salas, uno de los líderes de la comunidad, el pasado mes de noviembre.

Todo esto sin contar que, como parte de la arremetida navideña “para”, 200 integrantes del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), al mando de ese honorable personaje público que es ahora “Jorge 40”, entraron a las veredas “La más verde” y “Nuevo Horizonte”, ubicadas en el municipio de Curumaní (Cesar), entre los días 4 y 7 de este mes.

Se imaginarán ustedes que los habitantes de estas poblaciones no pasaron precisamente unas jornadas de paz y amor durante esos días: 22 personas fueron asesinadas, entre ellas un bebé de pocos días de nacido y un joven de dieciséis años. A otras, nada más las torturaron de manera horrible, como para que se diga que, por lo menos en estas épocas, los “paras” también tienen su corazoncito.

Eso sí, pese a los testimonios de los sobrevivientes y de la propia defensora del pueblo del Cesar, “Jorge 40” ha declarado que tanto él como sus hombres son totalmente inocentes por lo sucedido y repite al unísono las versiones que han dado autoridades, como Hernando Molina Araújo, gobernador del César, y varios mandos militares de la zona, las cuales indican que los muertos fueron sólo siete. Todos ellos “guerrilleros y paras muertos en combate”. Un bonito gesto de las autoridades de la zona en esta época del año donde reinan los sentimientos de fraternidad y solidaridad.

No deja de ser curioso, además, que a “los paras” se les haya despertado este particular espíritu decembrino, cuando muchos de los miembros de organizaciones internacionales de acompañamiento que se encuentran en San José y en otras zonas de conflicto del país están viajando a sus países de origen para celebrar estas fechas; cuando las ongs nacionales han suspendido sus labores o cuando los representantes de las organizaciones gubernamentales no van a sacrificar sus vacaciones de final de año para soportar incomodidades en una zona de guerra.

Y lo más patéticamente gracioso de todo esto, queridos lectores, es que mientras sus hombres siguen practicando el elegante deporte de la cacería de campesinos, los altos mandos paramilitares siguen pidiendo más participación en el ámbito político. Miren, por favor, nada más, esta nota publicada en El Tiempo en la que se habla de las peticiones para obtener curules en el congreso realizadas por Ernesto Báez, comandante en jefe de las AUC, el más reciente ejemplo de superación personal que, a través del proceso de desmovilización, le ha mostrado el gobierno Uribe a la sociedad colombiana.

Vean nada más qué ternura, ahora resulta que estos “terroristas buenos” quieren fundar un movimiento político que se llama “Los Pacifistas”. El nombre les va de maravilla… si es que ellos también sueñan con la paz desde su peculiar mirada del mundo… con la paz entendida como un sistema político, económico y social que ellos terminaran dirigiendo en pro de su beneficio particular (aunque desde hace rato lo están haciendo, sólo que encubiertos por la doble moral de los diferentes gobiernos de turno) con todas las garantías legales del caso…

Así, en esta sui generis labor filantrópica, siguen “pacificando” a lo largo y ancho del país… amenazando y asesinando líderes sociales, defensores de derechos humanos, matando campesinos, torturando, violando mujeres, disparándoles a bebés recién nacidos, golpeando niños, etc. Y claro, todo esto lo siguen haciendo, cada vez a mayor escala, en medio de las famosas desmovilizaciones que, para ellos (pese a las continuas peleas de amantes sostenidas continuamente entre el presidente Uribe y la cúpula de las AUC), no se constituyen como un compromiso sino como una garantía para que sigan en su labor “pacificadora”, en la que cuentan con el respaldo incondicional de los militares y la policía de las diferentes regiones del país.

Y para que no se diga, estimados lectores, que estoy exagerando cuando digo que las acciones de “Los Pacifistas” se han incrementado, casualmente, durante las supuestas desmovilizaciones, lean por favor este reciente texto del prestigioso analista Adam Isaacson, en el weblog del Center for Internacional Policy (CIP).

Así, al paso que vamos, “los pacificadores”, van a continuar llevando a cabo sus “acciones heroicas”. Naturalmente, van a seguir riéndose de todos las manifestaciones de indignación provenientes de las comunidades, de las organizaciones no gubernamentales tanto nacionales e internacionales e, incluso, de algunas instancias gubernamentales.

Hasta diversos sectores del congreso estadounidense han hecho fuertes críticas a la ley de “justicia y paz”. Pero a ellos no les importa y siguen riéndose, como se ríen mientras matan o humillan a cualquier campesino en varias zonas del país, donde la única presencia del Estado existente es la de unas fuerzas militares que tratan a los habitantes a su antojo y que se hacen los de la vista gorda, cuando no colaboran directamente, con la esquizofrénica gesta “para”.

Y es que tienen sobradas razones para estar de buen humor… no es para menos. Cuentan con el apoyo y el respaldo del mayor, pero menos buscado, asesino y narcotraficante de Colombia… ese mismo que sacrificó su gran banquete familiar del 24 de diciembre para pasar la navidad con los “héroes” de la patria que se encuentran en el Choco y que les dio las gracias “en nombre del pueblo colombiano” por haber cometido todo tipo de atropellos contra las comunidades más marginadas de esta zona del país. Por supuesto, todo esto estuvo debidamente televisado para que lo vieran los colombianos zombis, habitantes de las urbes-burbujas, quienes ya tienen entre sus buenos propósitos de fin de año votar nuevamente por él en las próximas elecciones presidenciales. Esos mismos colombianos que seguramente se abrazaron en Nochebuena, felices, porque Colombia cada vez está más cerca de conseguir la paz…

Pero en San José de Apartadó, Curumaní, el sur del país y otras zonas de conflicto cada vez son más pocas las noches buenas a lo largo del año…

Como ven, estimados lectores, llegó a Colombia diciembre con su alegría… qué bonita fiesta, ¿no?

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