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Zapatistas “tomaron” la Ciudad de Palenque por primera vez

Luego se reunirán con habitantes de barrio de chamulas mayas de San Cristóbal


Por Concepción Villafuerte
Desde Chiapas

4 de enero 2006

Palenque, Chiapas, 3 de enero.- Marcos salió a las ocho de la mañana de San Cristóbal de Las Casas, el convoy de unos 20 vehículos, que llevan también a una docena de indígenas con los rostros cubiertos, se detuvo unos momentos en la gasolinera de Ocosingo para que los zapatistas fueran al baño y luego transcurrió sin incidentes.

Al paso de los vehículos, vigilado de cerca por policías de cada uno de los municipios por donde transcurrió, grupos de indígenas zapatistas o simpatizantes de la causa, saludaban y gritaban vivas.

Los turistas que hoy llegaron a Palenque “tal vez con sorpresa se dieron cuenta que venían a ver ruinas y encontraron gente que vive, camina, habla y sobre todo que grita: ¡Ya Basta!”, dijo el Subcomandante Marcos en la plaza central ante unos cinco mil indígenas de los pueblos zapatistas de la zona.

En el tercer día de recorrido por Chiapas, el llamado Delegado Zero, mantuvo guardada la motocicleta en San Cristóbal y a bordo de una camioneta blanca cerrada se trasladó hasta Palenque reivindicándola como “el símbolo de la cultura maya, de su esplendor y de su avance”.

Ante unos cinco mil indígenas encapuchados de las comunidades zapatistas aledañas a la ciudad, Marcos dijo que a este sitio arqueológico los “grandes ricos capitalistas sólo lo usan para venir a visitar, conocer, como si fuera ya una cultura muerta, como si nosotros indígenas mayas, algunos zapatistas y otros que no son zapatistas, ya no existiéramos o ya hubiéramos muerto con el triunfo del neoliberalismo en el mundo”.

En el templete del parque central, donde previamente sacó su cámara para retratar la manifestación, Marcos afirmó que “a la salida de la ciudad estaban emboscado ganaderos esperándonos con armas de fuego”.

La entrada del contingente de indígenas y el convoy de vehículos provocó dificultades en el tránsito y pudimos observar a decenas familias que mientras esperaban se agilizara el tráfico se mantenían al margen de la carretera observando curiosos el paso de la manifestación resguardada a distancia y en todo momento por patrullas policíacas.

Por la calle central donde pasó el grupo, muy lentamente, muchos comerciantes cerraron momentáneamente sus puertas a pesar de que los indígenas insistían en el sonido local: “No tengan miedo, nuestra lucha es pacífica, no es contra los comerciantes trabajadores y honrados, es contra el mal gobierno. No va a haber ningún problema, únanse a la otra campaña, los invitamos”.

Las autoridades municipales y los vecinos observaban el paso de los indígenas desde sus balcones y cuando Marcos apareció en el estrado sacaron sus cámaras fotográficas y se acercaron a la plaza.

Juan José Hernández, de la miscelánea La Estrella, se muestra escéptico con la movilización que comprende es política, sin embargo dice “es pavor lo que le da a la gente, verlos así todos tapados, por eso cerraron sus puertas”.

Manifiesta poco interés en cualquier otro movimiento político o electoral: “es lo mismo, vea, llevan 12 años de lucha y siguen igual de jodidos ahí en las comunidades, todo es mentira”.

Vive hace 25 años en la ciudad y asegura que es la primera vez que entran los zapatistas pues en 1994 “dijeron que iban a entrar, que ya estaban llegando, la gente se escondió; yo fui a ver y nada”. En ese entonces fallas de la estrategia militar, reconocidas por la guerrilla, impidieron que tomaran Palenque.

Marcos dijo que la concentración de hoy es una pequeña muestra de lo que es la fuerza zapatista en el norte de Chiapas, que se unirá con la “otra campaña” a la fuerza de las organizaciones de trabajadores del campo y la ciudad.

Pero también advirtió que la concentración “es un mensaje para los ganaderos y el gobierno, que les damos para que lo tomen en cuenta por si quieren hacer algo. Tienen que pagar las consecuencias de lo que vaya a pasar”.

Añadió que ahora el EZLN “trata de unirse con otras fuerzas de trabajadores del campo y de la ciudad para volver a transformar este sistema en algo más justo, más libre y más democrático”.

Refiriéndose a las campañas electorales presidenciales que inician el 18 de enero próximo, el líder guerrillero dijo que “durante todos estos días que vienen vamos a escuchar un montón de promesas, mentiras, tratando de alimentar nuestras esperanzas de que las cosas ahora si van a mejorar si cambia un gobierno por otro. Una y otra vez, cada año, cada tres años, cada seis años, nos venden esta mentira y una vez cada tres años, cada seis años nos la vuelven a repetir. Nosotros pensamos que nada nos van a dar, nada que no conquistemos por nuestro propio esfuerzo, con nuestro esfuerzo organizado para transformar las cosas”.

El mitin concluyó después de las cinco de la tarde sin incidentes, se exhibieron a la par de la bandera mexicana y la bandera negra con una estrella roja del EZLN, y se entonaron los himnos nacional y zapatista.

Hablaron algunos indígenas bases de apoyo y líderes civiles que agradecieron la visita del Subcomandante, quien con su comitiva pernoctará en Palenque, para retornar mañana temprano a San Cristóbal de Las Casas.

Palabras del Delegado Zero, al llegar al centro de la ciudad

Buenas tardes a todos y todas:

Escogimos venir aquí a Palenque, en este lugar que es el símbolo de la Cultura maya, de su esplendor y de su avance, pero que nosotros vemos que los grandes ricos capitalistas sólo lo usan para venir a visitar, conocer, como si fuera ya una cultura muerta, como si nosotros, indígenas mayas, algunos zapatistas y otros que no son zapatistas, ya no existiéramos o ya hubiéramos muerto con el triunfo del neoliberalismo en el mundo. Tal vez con sorpresa se dieron cuenta que vinieron a ver ruinas y encontraron gente que vive, que camina, que habla y sobre todo que grita y está gritando el “Ya Basta” que ahora trata de unirse con otras fuerzas de trabajadores del campo y de la ciudad para volver a transformar este sistema en algo más justo, más libre y más democrático.

Durante todos estos días que vienen vamos a escuchar un montón de promesas, mentiras, tratando de alimentar nuestras esperanzas de que las cosas ahora sí van a mejorar si cambia un gobierno por otro, una y otra vez, cada año, cada tres años, cada seis años, nos venden esta mentira y una vez cada tres años, cada seis años nos la vuelven a repetir.

Nosotros pensamos, los compañeros de la Otra Campaña, de la que somos parte los del

EZLN, que nada nos van a dar, nada que no conquistemos por nuestro propio esfuerzo, con nuestro esfuerzo organizado para transformar las cosas.

Los gobiernos que tenemos, aparte de mentirnos, de despojarnos de lo poco que tenemos, nos dan los precios muy caros de las cosas que compramos y lo que producimos como campesinos y como obreros nos lo pagan con una miseria.

Nosotros pensamos que todo eso tiene que cambiar y no va a cambiar desde allá arriba, donde la derecha está repartiendo sus mentiras para un lado y para otro, al mismo tiempo que se está embolsando millones y millones de pesos.

Pensamos que sólo eso va a poder cambiar desde abajo o a la izquierda, por eso los estamos invitando a todos y todas que se consideren a sí mismo, gente humilde y sencilla, si quiere cambiar las cosas, si quiere vivir para sus hijos, para sus nietos, un mundo donde pueda vivir sin miedo.

Sin miedo a ser humillado o despreciado por el color de la piel, por el modo de caminar, por el modo de hablar, por la cultura o por el lugar que tiene en esta sociedad.

Un mundo donde podamos ser respetados por el trabajo que hacemos, por el valor que tenemos como seres humanos y no por la cuenta bancaria que tengamos o el tipo de vehículo o la ropa que vistamos, un mundo donde los trabajadores ocupen el lugar que se merecen.

Porque ellos, los trabajadores, son los que hacen andar el mundo, y lo hacen florecer, son los ricos y poderosos los que lo destruyen y los que lo detienen hasta casi acabarlo por completo.

El día de hoy vamos a estar aquí en Palenque y hemos aceptado la invitación de una organización de trabajadores, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

Aquí delante de todos, quiero saludar a esos hermanos y hermanos que ahora son nuestros compañeros y compañeras, y queremos dar este símbolo, hemos invitado a compañeros y compañeras bases de apoyo del EZLN en la zona norte.

Unos cuantos vinieron, sólo para que se de cuenta el gobierno y los ganaderos que estaban emboscados allá a la salida esperándonos con armas de fuego; una pequeña muestra de lo que es la fuerza zapatista en el norte de Chiapas.

Es un mensaje que les damos para que lo tomen en cuenta por si quieren hacer algo, tienen que pagar las consecuencias de lo que vaya a pasar. Ahora queremos dar el símbolo de la unidad de un movimiento indígena digno, como es el EZLN, con un movimiento de trabajadores también digno como es la CUT.

Hoy estamos dando ese mensaje: uno de los caminos que va andar la otra campaña es la unidad de indígenas, de obreros, de campesinos, de maestros, de estudiantes, de empleados, de todos los que están trabajando y haciendo producir en este país y no de aquellos que están allá arriba y se están enriqueciendo a costa de nuestra sangre. Queremos dar este mensaje hoy de unidad entre indígenas y trabajadores, con esta unidad de acción entre el

EZLN y la Central Unitaria de Trabajadores. Gracias hermanos de la CUT que nos están recibiendo, gracias pueblo de Palenque que nos está recibiendo, esperamos avanzar más en este trabajo y estarles informando a todos.

Día cuarto de la otra campaña, nuevamente en San Cristóbal

Al retorno a San Cristóbal de Las Casas, se espera una reunión con un grupo de habitantes de la zona norte de esta ciudad llamado “La Hormiga”. De esta zona peculiar de la ciudad coleta, se dicen y se hacen muchas cosas que están fuera de la norma, empezando porque sus habitantes, después de 32 años de exilio, han sobrevivido, se han multiplicado y ahora dominan gran parte de la ciudad.

“La Hormiga” es un asentamiento irregular, que fue adquirido y poblado en principio por indígenas chamulas –después se han ido agregando de otros pueblos- que fueron expulsados de sus comunidades de origen por diferencias religiosas.

Los primeros chamulas expulsados fueron trasladados como animales y llevados a corrales de borregos en el mes de noviembre de 1974; eran más de 1.400 hombres, mujeres y niños.

Lo caciques chamulas, los que mandan en el pueblo, son los distribuidores de la Pepsicola y de la Cocacola, símbolos de poder, ya que la comercialización de esos productos era entregada únicamente por concesión especial. Nadie más que los ricos del pueblo podían venderlos, ellos decidían quiénes y cómo debían gobernar el pueblo.

La penetración de religiones evangélicas, bautistas, presbiterianas y muchas de ellas sectarias, testigos de jehová, pentecostales y un sinnúmero de denominaciones fueron penetrando entre los chamulas, fueron ganando adeptos y causando las divisiones.

El pueblo de Chamula es uno de los más reacios que existen entre los indígenas. Los chamulas son chamulas en cualquier parte del mundo; sin embargo, se dividieron aceptando otra religión diferente a la católica.

Y no es porque realmente los chamulas sean católicos, apostólicos y romanos. No, la religión católica la adaptaron a sus costumbres. Mantienen el templo como ellos quieren, es decir, aplican su costumbre adentro del templo y utilizan la religión católica como un medio para continuar su costumbre.

Es un atractivo turístico entrar al templo principal en San Juan, que además es el único, y ver la rezadera de los iloles (curanderos), haciendo limpias y rezando con las ofrendas para curar de alguna enfermedad a un individuo y a su familia.

Al cambiar de religión, los convertidos al protestantismo dejaban de practicar las festividades católicas, en donde indiscutiblemente estaba presente el posh, bebida embrigante que ellos mismos fabrican.

Los evangélicos ya no toman, ya no queman velas, ya no hacen rituales, ya no consumen en las fiestas, se apartan del grupo, de la comunidad, y rezan de otra manera. Esas divisiones hicieron explosión en 1974, cuando las autoridades chamulas ordenaron redadas en todos los parajes de Chamula y sacaron a cientos de familias completas, arrastrándolas. Las encarcelaron y finalmente el gobierno del estado “prestó” los camiones para que los trasladaran fuera del pueblo y los llevaran a tirar a los corrales de borregos. El argumento de los “defensores” de estos indios expulsados fue que si ellos, el gobierno, no los sacaban de Chamula, los caciques los matarían. Y así fue como comenzó aquel éxodo, que día a día continuó aumentado la población de expulsados.

A los pastores evangélicos se les llenó su territorio de fieles y se comenzó a formar un cinturón de miseria alrededor de la antigua Ciudad Real de los españoles, ahora San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.

Fueron años y años de denuncia, de protesta, de lucha para que el gobierno frenara las expulsiones. A Chamula siguieron otro municipios de los Altos de Chiapas: Chenalhó, Pantelhó, Mitontic, entre otros; se perdió la cuenta. El cerro de La Hormiga fue vistiéndose de chozas mal hechas, improvisadas, sin servicios. Ahora en esa zona hay 45 colonias (barrios) irregulares con miles de habitantes de todos los credos, de todos los partidos, de todos los pueblos indígenas de los alrededores de la ciudad coleta. Son tantos que grosso modo se calcula ya que suman dos terceras partes de la población, que también se calcula en más de 150 mil habitantes, porque los censos no son creíbles.

La historia de La Hormiga tiene 32 años, sus habitantes originarios ya son ancianos y muchos ya no existen. Los líderes actuales llegaron niños a la ciudad, algunos tal vez aún no nacían. Treinta y dos años después, La Hormiga es un emporio, se reprodujo el modelo caciquil del pueblo, los hay tan ricos como hay tan pobres, todos indios. Se han ido apropiando de todos los terrenos del norte de la ciudad, son pocos los que todavía tienen dueño mestizo.

Ahora, esos niños indios que llegaron a esta ciudad sin saber a qué y por qué venían son líderes. Uno de ellos, Domingo López Angel, invitó al Subcomandante Insurgente Marcos a visitar La Hormiga.

El currículum de Domingo López es tan amplio que amerita escribir un libro. Ha pasado por todas las religiones, por todos los partidos políticos, fue diputado por el PRD, estuvo encarcelado y levantó un motín dentro de la cárcel en el que convenció a más de 80 reos indígenas que saldrían de la cárcel y le creyeron, y salieron; el gobierno aceptó revisar sus expedientes y buscar la salida jurídica para ponerlos en libertad. Y es que López Angel les dijo: “vivos o muertos, saldremos de la cárcel”. Llamó a la prensa, a la Comisión de Derechos Humanos y, frente a todos, sacaron un galón de gasolina, se bañaron con ella y con un cerillo (fósforo) en la mano amenazaron con prenderse fuego. Fue un acto espectacular, temerario. Por ese atrevimiento fue que el gobierno buscó la liberación de más de 80 indígenas que estaban presos.

Asesorado por Gaspar Morquecho, un antropólogo que llegó a San Cristóbal en los años setentas del siglo pasado, organizó el CRIACH, Consejo Regional de Indígenas de los Altos de Chiapas, aglutinó a los evangélicos y logró un gran prestigio. Después logró una diputación por el Partido de la Revolución Democrática y, atrevidamente, como es su forma de ser, cometió algunos ilícitos y fue desaforado y encarcelado por segunda ocasión.

En su ausencia, creció otra organización, la OPEACH, Organización de Pueblos Evangélicos de los Altos de Chiapas, cuyo líder Manuel Collazo, un joven indio de los que llegaron bebés durante las expulsiones, asumió el mando que dejara López Angel, pero en esta ocasión ya no fue a través de la audacia, como lo hacía Domingo López Angel, sino por medio de las metralletas.

A punta de amenazas, el control de la zona norte estuvo mucho tiempo en manos de Collazo, quien servía incondicionalmente al que estuviera en el poder a cambio de impunidad. Así llegó Collazo hasta el inicio del gobierno de Pablo Salazar, actual gobernador de Chiapas.

Fue el día siete de marzo de 2003 que a Manuel Collazo lo encarcelaron, ya no pudo el gobierno esconder tanta impunidad. Ese día, las huestes de Manuel Collazo incendiaron el mercado principal, tres comercios de los más importantes fueron saqueados e incendiados, sembraron el terror en un área de 500 metros a la redonda y ninguna policía podía penetrar. Precisamente el día en que el señor gobernador enseñaba a la prensa nacional, a través de un programa en la televisión nacional, lo bien que estaba su gobierno. En medio de las bellezas y avances gubernamentales, apareció la imagen del incendio y saqueo del mercado, que una reportera se había atrevido a narrar. Estos hechos que estaban ocurriendo en la ciudad de San Cristóbal amargaron el reportaje del gobernador ,que de coraje mandó a apresar a Manuel Collazo, que sigue encarcelado hasta hoy.

Y es que en la zona norte de la ciudad coleta, en La Hormiga, se trafica con armas, indocumentados, droga, madera, carros robados, con todo lo que se pueda. Es un secreto a voces. Es el aprendizaje que aquellos indios-niños que llegaron expulsados en 1974 lograron para sobrevivir. Ahora, son el terror de la ciudad, ninguna autoridad penetra fácilmente en la cordillera de 45 colonias indígenas que se unen para mantener el control con el gobierno, y a la vez controlar a su propia gente, que se tiene que someter a lo que ordene el pastor, el representante de la colonia o el que tiene la metralleta.

En esa colonia estará hoy el Delegado Zero.

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