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Desde el Otro Morelos, Zapata vive en la Otra Campaña

El homenaje al General Emiliano Zapata Salazar está en las calles


Por Karla Garza
El Otro Periodismo con la Otra Campaña en Morelos

12 de abril 2006

Cuernavaca, Morelos, 10 abril 2006.- Mientras algunos guardaban huecos silencios o entonaban himnos en su memoria, Zapata, vivito y coleando, se paseaba hoy con el machete en alto entre quienes no lo han dado nunca por muerto.

La Otra Campaña, en Morelos durante el 87 aniversario luctuoso del General Emiliano Zapata, hace honores al caudillo del Sur como es debido: no, no le llevan flores a su tumba; pelean, como él les enseñó, otra batalla por la tierra: se trasladan hasta el campamento por la defensa de la Barranca de los Sauces para prestar su puño a quienes en plantón y encadenados a los árboles, eran amenazados con el desalojo.


Flora Guerrero
Foto: D.R. 2006 Nives Gobo
Por la mañana, integrantes del Frente Cívico Pro Defensa del Casino de la Selva (la lucha que los unió hace cinco años) temían lo peor. Apostados frente a ellos, medio centenar de elementos de la policía estatal, la policía montada y la granadera, además de vehículos de la secretaría de Desarrollo Urbano y obra pública, Ministerio público itinerante y las cámaras de comunicación social del gobierno estatal aguardaban el momento de la confrontación. Desde las 9 de la mañana estaban listos para actuar cuando el amparo concedido a los vecinos en defensa de la Barranca caducara, a las 11 de la mañana.

La barranca de los Sauces, que quedó encerrada entre las casas con la expansión de la mancha urbana, parecía ahí, en sus escondite, a salvo de la depredación neoliberal que en Morelos tiene sello blanquiazul. Pero la seguridad de los enormes ficus y sauces no podía durar en un gobierno empeñado en que la primavera en Cuernavaca deje de ser eterna.

Un riachuelo –ya contaminado- atraviesa la barranca. Las raíces tamaño humano de los árboles están al descubierto. Etiquetas con colores y números que señalan su destino. Algunos irán a parar al tiradero más cercano. Otros, serán parte del teatro de su replantación. “Les hemos dado cursos, les hemos explicado el tratamiento y los pasos que hay que seguir”, dice una de las activistas hastiada por el colmo de la ineptitud de un gobierno al que hay que decirle como hacer su trabajo “y ni así”. Ya abrieron hoyos en el parque más cercano, creen que los árboles son “quitapon”, y la forma en que pretenden hacer el “replante” va a matar a los árboles en menos de 15 días.

El plan de los empresarios (los de las constructoras y los de la empresa que es el gobierno) era rellenarla y construir sobre ella un puente, una ampliación que conecte la parte norte con la parte sur de una avenida de cuatro carriles.Casi una decena de ficus les impiden la entrada a la barranca, son el el primer blanco y aunque ya dañaron sus raíces los vecinos y ambientalistas en defensa de la barranca se ataron a ellos para impedirles arrasar con este pulmón casi invisible, pero indispensable para la ciudad.

“Vamos a estar aquí hasta las últimas consecuencias” dice Flora Guerrero, reconocida ambientalista que sabe bien de “últimas consecuencias” cuando se trata de enfrentarse a las fuerzas represivas del gobierno morelense. Encadenada al primer árbol de la entrada, mira por encima de las mantas a “los guardianes del orden”, a unos cien metros de ahí, mientras sostiene una bandera azul, con un planeta tierra en el centro, ese que “se nos está desmoronando entre las manos”.

Si sólo fuera su mentado puente o pura urbanomanía desquehacerada de la Secretaría de Obras Públicas. Pero no. Son muchos y evidentes los intereses de por medio. El proyecto es responsabilidad de la constructora PLARCIAC, la constructora de cabecera del gobierno de Cajigal, propiedad del Arq. Sergio Barrenchea, que claro estaba sin decirlo, es un “allegado” suyo. Están en juego también jugosos contratos ya servidos a Autotransportes Rojo de Morelos, transportes MIDA (este último, que gana aunque la obra esté detenida pues renta los trascabos). Por si fuera poco, a un lado de la pretendida avenida, se ventila ya en proyecto un centro comercial, el terreno es propiedad Eduardo Fernández Placencia, ex secretario de obras públicas del ayuntamiento de Cuernavaca, el mismo que instaló las obras de la Plaza Galerías. O sea, un proyecto transparente y claro como el agua.

“Yo venía de niño a jugar aquí, no quiero ver los coches de la avenida, quiero seguir viendo los árboles y que los vean mis hijos cuando los tenga”, dice Carlos, que apenas tiene catorce años, pero ya se da cuenta de la responsabilidad que tiene con las generaciones futuras y la asume desde el piso de tierra abierto a su alrededor, sentado a la sombra de un árbol y encadenado a él por la cintura, “pase lo que pase”.

Son pocos, parecen vulnerables, pan comido para la armatoste gubernamental que acecha a unos metros, tanto que dos ambulancias están cerca de ahí, listas “para lo que resulte”. Pero se equivocaron, no contaban con la irrupción de la caravana de la Otra Campaña que a esas horas iba ya en camino, a demostrarles que “no están solos”.


Foto: D.R. 2006 Nives Gobo
Más tarde contaría el Sub Comandante Marcos: “En la mañana cuando estábamos a punto de salir a Tetelcingo y luego a Cuautla nos llegó la información de que estos compañeros iban a ser desalojados (...) Inmediatamente nos comunicamos con la caravana de la Otra Campaña, compañeros y compañeras que se la han rifado junto con nosotros, que han recibido agresiones, hostigamientos, ataques y se han mantenido firmes en su trabajo de hacer que la palabra de todos crezca y llegue lejos. Les expliqué de qué se trataba y les pregunté si estaban dispuestos a venir a enfrentar junto con estos compañeros y compañeras a la policía del estado de Morelos. Inmediatamente dijeron que sí.

Teníamos que estar donde la Otra Campaña pudiera demostrar que no importa el número, sino el corazón y la lucha que se está defendiendo y entonces fue que decidimos venir para acá.”

Para ese momento la comunicación entre los miembros de la caravana y la Comisión Sexta, a la que siempre se autoinvitan las –unas más, otras menos- profesionales orejas del gobierno, alerta a la base frente a la Barranca y ordena la retirada. De improviso, atropellada y nerviosamente suben a sus vehículos y comienzan a alejarse.

“¡Se van!” gritan contentos los miembros del frente. Otros no estamos tan seguros. Los seguimos. No, no se fueron, se escondieron a unas cuantas cuadras, se acuertalaron en la academia de policía, a esperar a que los metiches zapatistas lleguen, hagan su ruido y se vayan. Y entonces volver y ahora sí ya verán. Debieron esperar todo el día, porque la caravana no sólo no se fue, sino que llamó a más metiches.

Un hermoso ejemplo de lo que la Otra campaña está construyendo se iba hilando conforme pasaban las horas. Los adherentes que esperaban en Cuautla se enteraron del asunto y sin dudarlo decidieron “iremos a donde hagamos falta”, para el mediodía estaban ya en el campamento, junto con algunos campesinos de Michoacán pertenecientes a la UCEZ y representantes de comunidades indígenas. Al frente, doña Eva Castañeda, viuda de Efrén Capiz, referentes ambos de las luchas indígenas y campesinas, que se acerca a saludar a los guardianes de la Barranca y ofrece su incondicional apoyo porque “nosotros también nos dedicamos a defender a la tierra, a nuestra madre la tierra”.

Hacía rato que ya no eran decenas. Pero no paró de llover sobre el campo de la solidaridad. El campamento de pronto era fiesta circulando en el aire fresco que exhala la barranca.

Los vecinos del barrio, sorprendidos y contentos con el apoyo, asisten en lo que pueden a los improvisados campamentistas que saben que estarán aquí “el tiempo que sea necesario”. Una gran mesa se prepara y la comida se disfruta sobre el césped.

Justo a tiempo para las gargantas secas llegó en un camión bien surtido una comisión enviada por compañeros de la Cooperativa Pascual, Boing para todos, y la lucha sabe a frutas.

Le sigue el contingente del Partido de los Comunistas y la Juventud Comunista de México, miembros de colectivos adherentes a la otra en Morelos, y más medios de comunicación alternativos que a pesar de la inusual presencia de los medios comerciales nacionales, son como siempre aplastante mayoría.

Ya por la tarde hay grupos en el césped hasta donde alcanza la vista desde la entrada de la barranca. A unas calles se estaciona un autobús y la “caravana universitaria” hace su arribo. Decenas de estudiantes de la UNAM irrumpen contagiando su envalentonada alegría. “ A ver a ver quien lleva la batuta, la otra organizada o el gobierno hijo de puta”. De ahí pa arriba el tono. Rítmicas, creativas y muy variadas mentadas de madre para Estrada Cajigal. A ver si las oye desde su porno helicóptero (que anduvo merodeando hace un rato).

En su apogeo el alboroto rebelde. Pero aún faltaba. Desde lejos ya se oyen consignas con un acompañamiento que suena familiar: machetes que se chocan. Expectación. Miradas calle abajo. Campesinos calle arriba. Más de 200 miembros del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, “los de Atenco”, pues. De inmediato hacen suya la causa y deben haberse agitado los sauces al escucharlos corear “barranca, te queremos, por eso te defendemos”. Si no los sauces, sí sus guardianes que ya no caben de contentos.

La Comisión Sexta aguardaba. Reveló más tarde el Delegado Zero: “ Hace unas horas, cuando nos estábamos cociendo como tamales ahí en la camioneta, se acercó un periodista a preguntarnos que es lo que estábamos esperando, yo le dije: estamos esperando al Séptimo de Caballería”, un momento después llegaron los estudiantes de la UNAM y sus profesores. No son cualquier estudiante ni cualquier profesor, son quienes luchan y lucharon antes y que gracias a ellos la Universidad Nacional Autónoma de México se mantiene como una universidad pública y gratuita.

En el momento en que sonaron los machetes de los compañeros del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra estábamos completos, sabíamos que había llegado el Séptimo de caballería”.

Ya completos, el arma secreta, la palabra, desenvainada sobre la caja de una camioneta, se deja escuchar en el equipo de sonido patrocinado por la Cooperativa Pascual.

“Las palabras que me salen del corazón no van a ser nunca suficientes para agradecerles que nos haya salvado este día de las garras de la policía estatal. Literalmente nos salvaron la vida” dice al borde de las lágrimas Flora Guerrero.

Saludan representantes de los estudiantes de la UNAM, convencidos de que Zapata no estuvo en los honores hipócritas de los diputados, sino “aquí, entre nosotros”: Lo hacen igual los representantes de la Universidad Autónoma de Chapingo, también en lucha por la educación gratuita.

Animan luego los campesinos de Atenco a los defensores de la barranca a no dejarse ningunear por ser pocos: “porque si somos treinta cabrones, treinta cabrones le damos buena guerra al pinche gobierno”.

Luis Alfonso Vargas, a nombre de la caravana dice: “nos sentimos muy honrados en poder haber servido para algo el día de hoy, el día de mañana ojalá le sirvamos a este movimiento que estamos construyendo para que cambiemos este país y saquemos a estos apátridas del gobierno de México”.

La multitud que se ha reunido para entonces abre de pronto paso a una silla de ruedas. El veterano jaramillista Félix Serdán y su esposa abordan la plataforma entre aplausos y porras. Don Félix acoge las muestras de cariño y respeto de los compañeros, canta con ellos el corrido de Jaramillo, les encomia a seguir en defensa de la tierra, les recuerda: “Estamos en una lucha permanente contra un gobierno torpe, un gobierno caprichoso”, pero también “estamos en un momento en que México tiene que despertar”. Y aunque sus manos ya tiemblan, de su pecho aún fuerte salen vivas a Zapata, a Jaramillo, a Villa y al pueblo mexicano en lucha. El Delegado Zero le dedica su mensaje al también Mayor Insurgente Honorario del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Ya oscurece. En la puerta de árboles de la barranca ya no hay nadie atado, no hace falta. A ver si pasan sus máquinas por encima de los cientos que se han sumado a la causa.

La lección está dada. La resumen las consignas que no cesan. A los integrantes de La Otra, donde estén y cualquiera que sea su lucha por pequeña que parezca, el apoyo: “No están solos” y “ni un paso atrás”. A los poderosos, a los empresarios, el escarmiento: “si quieren guerra se las daremos pero la tierra no la vendemos. Al gobierno de Morelos, la advertencia: “sacaremos a Cajigal de la Barranca, de la barranca sacaremos a ese buey. Meteremos a Cajigal en la prisión” . Y a Zapata, el más vivo y fiel homenaje para un 10 de abril.

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