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 English | Español November 19, 2017 | Issue #41


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Un informe de primera mano sobre la represión policiaca contra la libertad de prensa y la Otra Campaña en Oaxaca

Tras la marcha de solidaridad con los emigrantes en los Estados Unidos del 1٥ de mayo, policías en ropa de civil arrestaron ilegalmente a dos periodistas de Narco News y a otros cinco


Por James Daria y Dul Santamaría
La Brigada Ricardo Flores Magón reportando para Narco News desde Oaxaca

7 de mayo 2006

El lunes primero de mayo tuvieron lugar las festividades anuales por el día del trabajo en la ciudad de Oaxaca, México. Este año, sin embargo, fue diferente, ya que miles de manifestantes obreros expresaron su solidaridad con los emigrantes-trabajadores Mexicanos y Latinoamericanos que están en los Estados Unidos (quienes también marchaban ese día, en cientos de miles, al norte de la frontera) y con el boicot a los negocios estadounidenses. Diferentes rutas fueron marchadas a lo largo del día por diversas organizaciones laborales y sociales de Oaxaca. La más grande fue aquella organizada por la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. También presente estaba un contingente de organizaciones, adherentes y simpatizantes de la Otra Campaña Zapatista.

La marcha principal empezó alrededor de las 10:00 de la mañana en el Mercado de la Flores y trazó su camino por la ciudad para terminar el la plaza central, o Zócalo. Cuando la marcha pasó por corporaciones estadounidenses y multinacionales, algunos manifestantes más radicales dejaron la marcha para “cerrar” simbólicamente los establecimientos, atacándolos con pintura, piedras y pegotes. McDonald’s, una distribuidora Volkswagen y varios bancos fueron “cerrados” en rechazo a productos gringos y extranjeros. Graffiti en solidaridad con los trabajadores emigrantes y al boicot contra los Estados Unidos manchó la ciudad.

La marcha oficial terminó en el Zócalo donde se hicieron los discursos usuales. Mientras que las organizaciones laborales tradicionales llenaban la plaza, el contingente de los simpatizantes de la Otra Campaña doblaron la esquina y siguieron marchando sobre Macedonia Alcalá, el paseo peatonal para turistas, hacia el consulado estadounidense. Varios manifestantes atacaron un Burger King llenando las ventanas de pintura, simbolizando sangre, y pegando letreros que decían “cerrado” sobre los vidrios. Conforme la marcha terminaba las puertas de seguridad bajaban para proteger a los negocios: el restaurante de comida rápida estaba realmente cerrado. Más que una victoria simbólica para los manifestantes, la “clausura” de estos establecimientos era para contribuir al boicot contra los negocios extranjeros que explotan a los trabajadores en todo el mundo y también para causarles pérdidas a estas compañías.


Por el Consulado de Estados Unidos
Foto: D.R. 2006 Nathaniel Terry Reister
La marcha terminó a una cuadra de la iglesia de Santo Domingo y en frente del centro comercial que alberga al consulado de los Estados Unidos. El edificio mostraba señales de protestas previas y a él estaban pegadas las demandas de los manifestantes en pancartas en inglés y español. Los simpatizantes de la Otra Campaña colgaron mantas y pintaron las paredes del edificio, acusando a los Estados Unidos de racismo y discriminación. Con la llegada de otro grupo de manifestantes, el contingente de la Otra Campaña se dispersó tranquilamente de regreso al Zócalo para unirse al resto del mitin público. No se realizaron arrestos durante la marcha.

Represión Policiaca

Reporteros para Narco News estuvieron presentes durante todo el día cubriendo los eventos. Dul Santamaría siguió la marcha mientras James Daria tomó fotografías sin participar. Después de un ahora y algunos raspados, dejaron el zócalo, dirigiéndose hacia el este sobre la calle 5 de Mayo cerca de la esquina de Hidalgo, cuando fueron interceptados por una fuerza de seguridad encubierta.

A James lo abordó por detrás un hombre vestido de civil, que lo agarró de la mochila y lo empujó contra una pared. Aproximadamente 8 personas más, también vestidas de civil, empujaron a ambos contra la esquina de un edificio para obstruir la vista a los peatones que pasaban por ahí. Un hombre intentó abrir la mochila de James por la fuerza, diciendo que quería la cámara digital con la que había tomado fotos. James agarró la cámara y no le permitió llevársela. Le preguntó al desconocido que si le entregaban la memoria con todas las fotos les dejaría ir. El hombre dijo que sí y James le dio la batería. El hombre tomó la batería pensando que era la memoria y James fue empujado violentamente contra la pared por tres hombres y le torcieron uno de sus brazos detrás la espalda. Las fotos nunca cayeron en manos de la policía. James le dijo al hombre que lo estaba lastimando pero el hombre le dijo que no se preocupara porque lo iban a lastimar sin dejarle marcas para que no hubiera evidencia.

Durante este tiempo Dul fue avasallada por una mujer que la agarró por el brazo derecho, torciéndoselo detrás de su espalda. Este brazo lo tenía enyesado por una fractura reciente en la mano. La mujer vestida de civil le torció la mano lastimada hasta un punto de dolor extremo y Dul gritó de dolor y le dijo a la mujer que la estaba lastimando. Dul nunca resistió este arresto pero eso no le importó a la mujer. Para dominarla una oficial uniformada con el atuendo de la policía turística llegó y la agarró agresivamente, arrastrándola hacia una camioneta de la policía. Dul sufrió empujones y ataques verbales porque no podía subir rápidamente a la camioneta debido a la condición de su mano.

James y Dul fueron avasallados por personas que no estaban uniformadas y que nunca se identificaron como oficiales de la policía. Cuando preguntaron que porque estaban siendo detenidos, los agresores dijeron que porque ellos eran responsables por las pintas realizadas durante la marcha, lo cual es completamente falso. Las acusaciones eran especialmente absurdas en el caso de Dul, ya que no le es posible escribir o pintar con la mano derecha enyesada. Los oficiales de seguridad vestidos de civil los entregaron a la policía turística quienes les obligaron a subir en la cama de una camioneta. En este punto la policía aún no había tomado los celulares de los periodistas y en el camino a la estación de policía de Santa María Coyotepec éstos pudieron hacer llamadas y mandar mensajes alertando a sus amigos y a los miembros de la comunidad Oaxaqueña de su arresto. A través de la solidaridad de la mucha gente que le ayudó al par de periodistas, organizaciones legales y de derechos humanos fueron notificadas.

Aproximadamente a la 1:50, en la parte oeste de le ciudad, cerca de la iglesia de La Soledad, dos estudiantes universitarios y una profesora de nacionalidad estadounidense fueron arrestados de manera similar. Jessica Amber Seares, de Saugarties, de 31 años, procedente de Nueva York; Hillary Chase Lowenberg, 21, de Bethesda, Maryland; y Andrew William Saltzman, 21, de Gates Mills, Ohio, estaban en Oaxaca como parte de un grupo de estudiantes universitarios que estudian movimientos sociales en México. Jessica Amber Seares y Hillary Chase Lowenberg observaron la marcha principal a la distancia y continuaron al consulado. Después caminaron al Zócalo, donde se reunieron con su amigo Andrew William Saltzaman, quien ni siquiera vio la marcha porque se había perdido. Los estudiantes querían ver la marcha como parte de sus estudios.

En el Zócalo un hombre bien vestido abordó a Andrew, quien tiene cabello largo y encaja en el perfil de un hippie, e intentó venderle drogas. Andrew dijo que no y se alejó caminando, pensando que el hombre podía ser un policía encubierto. Los tres estudiantes se reunieron después de la marcha y se fueron del Zócalo a comer helado en la escalera de la iglesia de La Soledad. Caminando sobre la calle de Independencia, Andrew y Jessica fueron agarrados por tres hombres vestidos de civil que nunca se identificaron como policías. Gritaron y, según su recuenta, los hombres hicieron señas al policía de tránsito de la calle para que llamara a alguien y en corto tiempo dos camionetas con al menos cinco policías uniformados en cada una llegaron. A Andrew y Jessica les ahorcaban por el cuello mientras les hacían caminar sobre las escaleras de la iglesia para arriba y para abajo. En este punto Hillary fue también agarrada mientras observaba en shock lo que pensaba era el secuestro de sus amigos. Cuando preguntó porqué estaba pasando esto, los agresores respondieron que ellos tres eran responsables por el graffiti y el vandalismo y que había evidencia fotográfica para probar esto. Estas acusaciones fueron otra fabricación hecha por la policía para justificar el arresto. Las dos mujeres fueron obligadas a bordo de una camioneta y Andrew a otra. Los policías uniformados jalaron la parte trasera de su camiseta sobre su cabeza antes de aventarlo de cabeza en la camioneta cuyo piso estaba cuberito de escudos de plástico antimotines. Después los pusieron en la misma camioneta y los llevaron al cuartel general de la policía estatal preventiva en Santa María Coyotepec.

Más o menos al mismo tiempo al sur del Zócalo sobre la calle Miguel Cabrera, en frente del mercado 20 de noviembre, dos jóvenes oaxaqueños que habían participado pacíficamente en la marcha, Moisés Altamirano Bustos, de 23 años, y Asabais López Cortés, de 24, fueron parados por dos civiles. Los dos oaxaqueños no se detuvieron, ya que los dos hombres que los abordaron no se identificaron como policía. La policía fue llamada como refuerzo y los dos jóvenes manifestantes fueron violentamente aprehendidos por un grupo de 10 a 15 oficiales uniformados. De acuerdo al recuento de los dos jóvenes fueron golpeados por la policía y sufrieron abuso físico durante su arresto. Estos dos también fueron llevados a la prisión de Santa María Coyotepec, acusados de vandalismo contra la tienda de Volkswagen. El periodista Dul Santamaría recuerda haberlos visto en la marcha. Estos dos jóvenes estaban marchando pacíficamente y no cometieron actos de vandalismo ni graffiti. Los dos portaban vestimenta que los identifica como punks y una vez en prisión le comentaron a James que creen que fueron escogidos por su vestimenta.

Los siete arrestados fueron acusados de vandalismo y destrucción de propiedad a pesar de la falta de evidencia. James, Dul, Andrew, Jessica y Hillary fueron acusados de dañar el Burger King y dos residencias privadas. Moisés y Asabais fueron acusados de vandalizar la tienda de Volkswagen. Después de los arrestos la policía visitó cada lugar que había sido vandalizado para avisar a los dueños o empleados que los responsables ya habían sido arrestados y estaban detenidos. Les pidieron que fueran a la estación de policía para firmar papeles que confirmaban la culpa de los arrestados. La policía no presentó evidencia a los representantes de los edificios dañados pero les aseguraron que los detenidos eran los responsables. La policía también intentó cerrar el caso rápidamente engañando a los cuatro gringos y a la mexicana para que firmaran un papel y pagaran una multa que supuestamente terminaría el calvario rápidamente y sin asignar cargos. Pero tras recibir asesoría legal, ninguno de los cinco firmó los papeles y combatieron los cargos falsos en su contra. Si los papeles hubieran sido firmados, hubieran podido conducir a problemas legales para las víctimas inocentes. También a notar es que la policía no hizo ningún otro arresto en relación a la protesta y sólo arrestó transeúntes inocentes, como se demostró en el resto del proceso legal.

Es importante mencionar como la policía respondió durante y después de la marcha. Mientras la marcha estaba en proceso, la policía no hizo ningún arresto ni cometió ningún tipo de agresión. Sí grabaron y tomaron fotos, infiltrándose en la marcha para hacerlo. Mientras la gran mayoría de la gente estaba congregada en el Zócalo, agentes sin uniforme del estado emboscaron a grupos pequeños de presuntos manifestantes, fuera de la vista de los peatones. En los tres casos los detenidos fueron violentamente abordados por grupos grandes de personas que no se identificaron como policía pero estaban evidentemente trabajando en coordinación con la policía uniformada. En este caso el estado no intentó confrontar a la manifestación frontalmente con números grandes de policía en atuendo antimotines. En lugar de eso utilizaron pequeñas unidades de fuerzas tipo paramilitar, vestidos de civil, que rápidamente avasallaron a los sospechosos sin llamar la atención pública. El estado también tuvo suficiente poder para manipular y manufacturar evidencia y diseminar sus mentiras a través de medios amarillistas controlados por el.

Para Adentro y para Afuera de la cárcel

Todos los falsamente acusados fueron llevados a la prisión de la policía preventiva del estado de Oaxaca en Santa Maria Coyotepec. Mientras estaban en prisión los detenidos rápidamente crearon un vínculo de unidad y solidaridad para poder sobrevivir la situación. Las victimas inocentes de la violencia estatal fueron entonces llevados a dos lugares diferentes y terminaron pasando la noche del lunes en la prisión del Ministerio Público estatal en San Antonio de la Cal. Gracias a la falta de evidencia y a la presión local, nacional e internacional todos los cargos contra los siete fueron finalmente retirados. Los cinco extranjeros fueron puestos en libertad sin pagar fianza alrededor de las nueve de la noche del martes 2 de mayo. Como no tenían la misma representación legal, Moisés y Asabais llegaron a un acuerdo con la tienda de Volkswagen. La compañía retiro los cargos a cambio del pago de los daños. El costo de los daños era mucho más bajo que la fianza y los dos oaxaqueños sintieron que el acuerdo era mejor que quedarse en prisión, ya que no pudieron juntar suficiente dinero para la fianza. Los liberaron alrededor de las 3:30 de la tarde el miércoles 3 de mayo. Todos los cargos contra los siete fueron retirados y no se esperan más ramificaciones legales.

Ninguno de los siete inocente hubieran podido salir de la cárcel y escapar al brazo represor del estado sin la ayuda y solidaridad generosamente ofrecida por varios individuos y organizaciones que vinieron a su auxilio. La Red Oaxaqueña Zapatista, Radio Plantón, Enlace Zapatista y Narco News fueron muy útiles en difundir la información del arresto a diversas organizaciones de derechos humanos. La Universidad de la Tierra brindo una asistencia increíble y varias personas trajeron a los prisioneros agua, comida, ropa y apoyo moral. Los abogados involucrados brindaron accesoria legal maravillosa y condujeron al retiro de todos estos cargos falsos y a la liberación rápida de los acusados. Y se deben dar gracias a todas esas personas que no conocemos y quizás nos ayudaron a todos nosotros de alguna manera.

Traducción: Lucia Benavides

Lea el reportaje anterior de James Daria y Dul Santamaría: “Oaxaca en estado de represión”

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