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Narco News Issue #40
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La Otra Campaña zapatista y la ciber-guerra (“netwar”) en torno a la definición de los hechos de Atenco

Cómo la red de comunicación horizontal zapatista desenmascaró la represión y manipulación del Estado mexicano y de los medios comerciales


Por Al Giordano
Primera Parte

30 de mayo 2006

La suspensión por parte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de su participación en lo que empezó como un viaje a través de México llamado “La Otra Campaña”, no ha parado ni demorado el viaje en montaña rusa en que muchos, incluido este equipo de reporteros, han estado inmersos desde enero. Las atrocidades del 3 y 4 de mayo en San Salvador Atenco y Texcoco (así como las que tuvieron lugar en el en recorrido en camión a las prisiones del estado de México y una vez dentro de ellas) han provocado velocidades acelerado surgimiento de un movimiento y también la gravedad de los mecanismos empleados por las fuerzas que quieren detenerlo.

Pero nada detiene ni frena la agitación: ni el asesinato, ni la violación, ni la brutalidad, ni la manipulación de los medios masivos, ni la censura, ni el terror. Desde el 3 de mayo, el Estado Mexicano de Vicente Fox y sus avaladores extranjeros atacaron una concentración de adherentes de La Otra Campaña con todas las armas y el poder que tenían en sus manos. Tres semanas más tarde, habían fallado: la oposición está aún de pie, atrayendo el apoyo de sectores que la miraban con frialdad (sobre todo de aquellos que habían puesto su fe en las “elecciones” del 2 de julio, a pesar de la oscura historia de fraude electoral del país, que se está asomando, otra vez, en el 2006), y de que las fuerzas “de abajo y a la izquierda” han ganado la batalla al definir la historia, en lo que ha sido una apocalíptica guerra de medios (netwar”, o “ciber-guerra”, dicen los analistas del Pentágono a través de la Rand Corporation, que estudia las cosas “de arriba y a la derecha”).

La guerra de medios, que tuvo lugar hace tres semanas, ha girado en torno a cómo sería definido el estallido de Atenco. En los primeros días, los medios masivos llevaron la delantera y abrieron fuego: trabajaron sobremanera para tratar de definir el germinal momento en Atenco-Texcoco como un ataque de hordas de gentuza machetera —retratados como sucios, malolientes, antisociales, mercenarios y antisicronizados con el modelo de ciudadanía de paz y bienestar—, mientras sus presentadores de noticias aclamaban el supuesto noble esfuerzo del gobierno por restaurar la ley y el orden.

Los medios masivos —el arma más poderosa de la clase alta en la “lucha de clases” que diariamente se esgrime desde arriba— desplegaron todas las armas a su disposición. Desde sus helicópteros filmaron una violenta confrontación entre policías y ciudadanos sobre un campo de batalla conocido como la carretera Lechería-Texcoco. Desde sus salas de control —disfrutando de una incomparable tecnología punta y soporte satelital— emitieron el conflicto en vivo (de manera selectiva). Desde su privilegiado y elitista acceso al espectro radioeléctrico público, bombardearon a la población con desgarradoras imágenes violentas. La nación se quedó pegada a la pantalla de televisión.

La imagen atómica mostrada por los medios una y otra vez —y otra vez nuevamente— fue la del policía capturado, golpeado y pateado en los testículos… arrastrado y pateado, otra vez, por una docena de individuos (o quizás 20) que batallaban contra la policía por el control de la carretera. Desde el escritorio de los jefes de los medios, se escribió un guión que fue repetido día y noche, animando al Estado a ir allá, si fuera necesario, para darles una paliza a todos hacer frente al ataque de aquella agente; para detener lo que ellos retrataron como una descerebrada horda machetera.

Pero las fuerzas de arriba cometieron el mismo error que cometen siempre: mintieron. Aseguraron que había sido un petardazo de quienes protestaban, lo que había matado al joven de 14 años. La autopsia reveló más tarde que había sido victima de un disparo, a quemarropa, de una bala de la policía; aseguraron que la policía no llevaba armas de fuego. Al poco, comenzaron a circular fotos de agentes portando sus armas.

Los medios masivos pudieron mantener su historia por poco tiempo. En unos días, su autoritario guión se hizo añicos, al igual que en 1999, cuando el canal de televisión nacional, TV Azteca, distorsionó la muerte por el disparo a uno de sus “reporteros” y los hechos le explotaron en la cara cuando se supo que su hombre era un narcotraficante asesinado por no pagar las deudas, ocasionadas por su adicción a la cocaína. La historia de Atenco se ha convertido ahora en algo por el estilo.

Una historia definida por la violación

Atenco —una sola palabra— simboliza ahora, ante la opinión pública, el regreso del Estado autoritario mexicano, la promesa rota de su tan citada transición a la “democracia”, los cateos casa por casa, la ilegal y brutal detención de disidentes, así como su encarcelamiento por crímenes que no cometieron. Pero sobre todo, después de tres semanas de la “netwar”, Atenco significa —en los corazones y mentes de la opinión pública— violación.

Atenco significa literalmente violación —de policías a mujeres y al menos a un hombre— y también significa, metafóricamente, violación a los habitantes de un país, a su dignidad y a su inocencia.

Y más allá de la consciente repulsión de —aquí viene el olvidado término, una vez más— la sociedad civil a las violaciones de mujeres por parte del Estado, estaba el hecho de que hasta los más inconscientes se horrorizaron: ellos se preguntan cómo el Estado y su ejército de medios no pudieron controlar la historia, cómo no pudieron contener los hechos reales. Después de todo, para los de arriba, ¿no es ese su trabajo?

Una de las respuestas de la sociedad civil contra la mega-violación conocida como Atenco, fue el concierto benéfico que el lunes en la noche ofrecieron en la Ciudad de México prominentes mujeres artistas. Entre inspiradas actuaciones musicales —de Julieta Venegas, Jesusa Rodríguez con Liliana Felipe, Astrid Haddad, Patti Peñaloza, Las Licuadoras, y Las Ultrasónicas, entre otras— las actrices y bailarinas, encabezadas por las estrellas de televisión Ofelia Medina y Ana Colchero ( dirigidas por Begonia Lecumberri), compartieron las palabras de las presas políticas detenidas y abusadas durante el 3 y el 4 de mayo.

Las primeras horas del evento, las representaciones fueron necesariamente igual dolorosas a la dura realidad que sufrieron las presas (como las reportadas aquí y en otros lugares en días recientes). Después, hacia el final del concierto de cuatro horas —seguido por 2,000 espectadores, incluido el subcomandante Marcos y que recaudó más de 100,000 pesos para el fondo de defensa de las y los presos—, se leyeron extractos poderosamente esperanzadores de cartas que las presas políticas habían escrito a sus madres, hermanas, parejas, familiares y amigos. No se rindan, pedían las mujeres desde el interior de los muros de la prisión. A pesar de lo que nos han hecho, nosotras estamos bien. Qué siga la lucha.

Y, por lo tanto, la historia de violación que es Atenco se convierte, también, en una historia de supervivencia, rabia y resistencia del inquebrantable espíritu de la gente que lucha, incluso cuando la golpean con todo el fuego, represión y sadismo que el Estado puede ofrecer. El Estado hiere a muchas mujeres y hombres. Pero no rompe el espíritu de nadie y mucho menos el del movimiento.

Cabe señalar que el evento de las artistas estuvo extremadamente bien organizado por voluntarios y voluntarias; liderado por mujeres participativas y hombres al servicio de su dirección. Tenían en sus manos todos los datos de los hechos, testimonios y evidencias, tanto en video como en audio —que los medios masivos y el estado habían intentado desaparecer—, documentando las violaciones y el horror, que ellas incorporaron al espectáculo. Tenían tanta información para compartir —justo 19 días después del estallido de violencia— como la que la dirección de cualquier agencia de inteligencia pueda tener hoy en día. Poseían lo que los analistas del Pentágono llaman “top sight” (“visión desde el cumbre”). Y no estaban solas (os) para alcanzar la top sight desde abajo.

Los organizadores del concierto contaban con la misma información que ahora manejan los abogados defensores de las y los presos políticos. Tenían la misma información que todos los “medios de abajo” han recopilado y reportado. La misma que está a disposición de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y de las ONG de derechos humanos que llevan el caso. La misma que la comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha recibido. El flujo horizontal de la información suprimida —incluso a pesar del violento robo del Estado, el 4 de mayo, de cámaras y grabadoras, y del encarcelamiento o deportación de quienes intentaron documentar la atrocidad— no ha sido bloqueado con éxito, a pesar de todos los esfuerzos de aquellos que presumían controlarlo.

Miles de hechos causan la muerte de un mito

Los hechos reales en torno a Atenco han surgido por miles de esquinas, y fluido hacia varios epicentros de resistencia que han procesado y reportado esa información y la han enviado rápidamente por todo México, en muchas lenguas, a lo largo del mundo. Protestas y eventos, para llamar la atención sobre aquellos hechos, han surgido en todos los estados y ciudades de México, así como en docenas de países, sacando los hechos suprimidos a la luz pública e, incluso, obligando a muchos medios comerciales a empezar a reportar lo que previamente había sido silenciado.

Y durante este corto periodo de tiempo, difícilmente alguien, entre la gente real de ahí fuera, está hablando ya sobre las imágenes selectivas con las que los medios masivos nos bombardearon durante las primeras horas de inicio de la historia. La gente habla de violación y de un gobierno represivo y autoritario que rompió su promesa de “transición hacia la democracia”. Y la mayoría de los medios masivos —con algunas excepciones malintencionadas, en su enorme deshonestidad y razonamiento neanderthal (nunca hagas preguntar por quién doblan los hechos: doblan por ti, Carlos Marín)— han sido obligados a empezar a contestar las preguntas que la vox populi plantea: No sólo si la policía violó a mujeres —todo el mundo sabe que lo hicieron— sino, además, cuántas, y si la justicia recaerá sobre los autores materiales e intelectuales de los crímenes.

En las primeras semanas de mayo de 2006, el sistema perdió otro “netwar”. Las consecuencias de aquella derrota ahora alientan y fortalecen La Otra Campaña Zapatista y los movimientos afines de base. El giro de los acontecimientos está también haciendo temblar, de modo interesante, las bases de la campaña electoral hacia la presidencia de México, en torno a los verdaderos motivos —invocando al “voto del miedo”— que el represivo Estado tenía para desencadenar la Guerra Sucia del Siglo XXI en Atenco.

Los analistas de Rand escribieron, en 1995, en respuesta al comienzo del alzamiento indígena zapatista en México:

“Imaginemos que la guerra luciera así: escaso número de ligeras y altamente móviles fuerzas que derrotan e imponen la rendición a grandes masas de fuerzas enemigas ampliamente armadas y atrincheradas, con escasa pérdida de vidas humanas en ambos bandos. Fuerzas móviles pueden hacer esto porque están bien preparadas, buscan espacio para maniobrar, concentran su capacidad de emprender fuego de forma rápida y en lugares inesperados. Tienen un mando superior, sistemas de control e información descentralizados que permiten iniciativas tácticas, y están provistos de mandos centrales de incomparable inteligencia y “top sight” para objetivos estratégicos.”

En su manual de 1961, “Guerra de guerrillas”, Ernesto “Che” Guevara escribió: “Alguien debería estar a cargo de la comunicación… a tiempo. Muchas vidas dependen de una comunicación oportuna”. (Capítulo III, sección titulada “Industria de Guerra”). Pero mientras que el Che apostaba por la total centralización del sistema de comunicación, La Otra Campaña Zapatista tomó medidas desde el principio para asegurar el flujo horizontal de la información clave.

Aunque el papel de portavoz y mando militar que el subcomandante Marcos —o “Delegado Zero”— tiene en el EZLN, prácticamente asegura que la información fluya hacia él a máxima velocidad desde muchas direcciones (actúa, entre otras cosas, como un “imán” informativo), ha demostrado a lo largo de los últimos doce años —desde el alzamiento en Chiapas de 1994— una enorme aptitud para el procesamiento, análisis y posterior emisión (por medio de comunicados, improvisados discursos y, cuando es pertinente, a través de los medios comerciales) de la información que recibe él.

El nacimiento de La Otra Campaña

Cuando La Otra Campaña comenzó a tomar forma el pasado verano (con la publicación de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona) y los zapatistas priorizaron la construcción de una amplia red de fuerzas civiles en resistencia de todo México, para construir una rebelión nacional, se dio, por adelantado, que los medios comerciales —aunque muchas veces habían tenido a su portavoz, Marcos, liderando audiencias— serían un sector hostil. Pese a que, en el pasado, los zapatistas habían tenido éxito en la utilización de los medios masivos para beneficio de sus objetivos, había que construir otro camino para crear los mecanismos de comunicación de La Otra Campaña.

Los medios masivos iban a ser hostiles —y sin duda lo han sido— porque La Otra Campaña constituye una bomba de relojería para ellos también. Una revuelta nacional para devolver los medios de producción y el gobierno al pueblo —bases de la Sexta Declaración—, requiere que se devuelvan, igual, los medios de comunicacion. Esto es, por lo tanto, inherentemente preocupante para los dueños de las compañías de medios, pese a que no lo fue el movimiento regional por los derechos indígenas de una población que no tenía ni televisión ni dinero. El rápido crecimiento de un movimiento regional zapatista (en Chiapas, con la solidaridad de otras regiones) hacia uno nacional, y la extensión del movimiento a favor de los derechos indígenas hacia otros sectores no indígenas —luchando por compartir logros— pone a los medios masivos —antidemocráticos y capitalistas por naturaleza— directamente al otro lado de las barricadas.

Los medios masivos se enorgullecen de su habilidad para bailar con las “políticas de identidad”. Son expertos en mantener este tipo de expresiones entre sus sectores minoritarios y en cooptarlas a nichos comerciales de mercado alternativo. Pero de repente, cuando alcanza a los medios comerciales, una dinámica muy diferente se pone en juego: la Otra Campaña, finalmente, llega a tomar su maquinaria —toda la tecnología punta, acceso privilegiado al espacio radioeléctrico público y a sistemas de distribución, incluso sus helicópteros— para ponerla en manos públicas.

Entre las primeras tareas de La Otra Campaña estaba la de abrir nuevos canales de comunicación entre el EZLN y otros, así como crear nuevos flujos de información y comunicación entre todos los diferentes sectores de adherentes. Esta última, sin embargo, no sería una tarea sencilla de realizar: la izquierda mexicana, como en otros lugares, ha sufrido divisiones históricas, mezquinas rivalidades, protagonismos, conflictos de personalidad, así como desacuerdos sobre principios filosóficos referentes a asuntos centrales, estrategias y tácticas. Entonces, ¿cómo unirla?

En lo que fue, en retrospectiva, un golpe maestro, los zapatistas comenzaron primero con los sectores históricamente más difíciles y divididos: las “organizaciones políticas de izquierda” y los “partidos políticos sin registro”, invitando a todas las tendencias rivales y marginales (troskistas, maoístas, marxistas-leninistas, socialdemócratas e incluso estalinistas) alrededor de la misma mesa. Difícilmente alguien había invitado a estos grupos y grupúsculos a ninguna mesa en años luz. Después, tras determinar que estaban deseando dejar las diferencias a un lado y marchar juntos (pues realmente han estado fuera, por muchos años, de campañas electorales en México), fueron atraídos hacia la enorme sopa de organizaciones indígenas, anarquistas, ONG´s, medios alternativos y colectivos artísticos, uniones de trabajadores y sindicatos, feministas, gays, lesbianas y “otros amores”, ex braceros, jóvenes, e individuos afines, pero no definidos, en ninguna de las otras “tendencias”.

El factor que más definió La Otra Campaña fue su absoluto rechazo a la institucional política de partidos (aquellos que, por ley, pueden presentar candidatos) y su resistencia a cualquier esfuerzo, específicamente de la centro-izquierda, en representación del PRD (Partido de Revolución Democrática), de cooptar o utilizar electoralmente La Otra. Una tensión dominante de La Otra Campaña envuelve sobre todo a quienes apoyan la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, del PRD, muchos de los cuales participaron, en el pasado, en los esfuerzos solidarios con los zapatistas, pero sintieron que esta nueva iniciativa estaba jugando a favor de la derecha, dividiendo la izquierda, promoviendo la abstención. Este sector incluía a gran parte de las cabezas líderes del diario La Jornada de la Ciudad de México, un periódico pro-PRD, que había publicado los comunicados de Marcos desde el comienzo de la rebelión de 1994.

De hecho, los zapatistas ya jugaron un papel en la derrota del esquema de Vicente Fox para eliminar a López Obrador del concurso presidencial, oponiéndose a la viscosa trama del desafuero en la primavera del 2005. Y con su respetuosa invitación a las solitarias organizaciones de izquierda (muchas de ellas detestadas por el PRD), Marcos y los zapatistas llegaron a otras dos conclusiones que, a medida que se acercan las elecciones del 2 de julio en México, podrían marcar la diferencia en caso de que López Obrador surgiera oficialmente victorioso: primero, mostraron cero entusiasmo por la propuesta de montar una “candidatura alternativa” para la presidencia. Incluso si Marcos fuera el candidato, como lo dijo él mismo. Un abanderado de la política de izquierda, Edgar Sánchez, quien llegó a la Selva Lacandona con propuestas para montar una candidatura alternativa, retiró su propuesta tras varias semanas de debates. Y los zapatistas también rechazaron muchas propuestas para promover la abstención, un posicionamiento que Marcos ha mantenido a lo largo del camino de La Otra Campaña, dejando en claro que La Otra Campaña no dice a la gente cómo votar o si votar siquiera. “Esa es una decisión personal”, dice. Los zapatistas no están mirando hacia el sistema electoral. Por el contrario, están mirando hacia abajo, hacia la gente que, dice Marcos, derrocará a cualquier gobierno que proteja un sistema económico ilegítimo.

El hecho de hacer a un lado los partidos políticos, dejó a Marcos y a los zapatistas el campo abierto para conversar con los sectores más desilusionados y escépticos de la izquierda mexicana; con la gente que no se puede controlar, a la que no le gusta marchar en formación, someter sus deseos al sistema o firmar por obligación; con la gente que no confía en el juego electoral que está regido y dominado tanto por el dinero como por los medios. No hay sectores más difíciles de organizar, y de hacer trabajar juntos, que estos. En el caso de las organizaciones de izquierda —con sus objetivos e ideologías y, en algunos casos, dogmas puritanos—, algunas de ellas (para los troskystas es una parte de su razón de ser, aunque los marxistas-leninistas, los maoístas y los estalinistas también lo hacen) han gastado mucho tiempo, y muchos recursos, en establecer a sus organizadores dentro de los sindicatos y otros movimientos sociales.

Históricamente, muchas de las dificultades para hacer que despegue la izquierda mexicana, se han dado cuando varias tendencias chocan dentro de otras organizaciones o coaliciones. Se ha sabido que un conflicto interno entre dos personas (supongamos, entre un troskysta y un marxista-leninista, u otros, para hacernos una idea) ha hecho descarrilar proyectos políticos completos. Pero lo que Marcos ha conseguido es llevarlos a todos a transitar por un camino en común. Y más impresionante aún, los ha llevado a hacerlo en una plataforma que es esencialmente anarco-indigenista, la cual siempre ha sido la tendencia dominante del EZLN. Les ha convencido para que abracen una herejía útil, una que, irónicamente, tiene que ver su propio interés, si es en serio que buscan derrotar al capitalismo. Por eso las organizaciones políticas de izquierda se sumaron a La Otra Campaña, manteniendo su carácter, y enviaron delegaciones junto a la caravana que acompañó a Marcos en el tour que comenzó el primero de enero. Algunos simpatizantes se quejaron por las banderas con la hoz y el martillo, y especialmente por el póster de Josesito Stalin que sigue a La Otra Campaña zapatista, cerca de las pancartas anarquistas cerca de las pancartas de anarquistes quienes, desde luego, han sido jurados enemigos del estalinismo. El portavoz zapatista los trata a todos con respeto, abiertamente, frente a todo el mundo, y se ha resistido a los llamados hechos desde algunos sectores para censurar expresiones de otros.

Un momento conmovedor de La Otra Campaña se dio en abril durante la visita a una escuela en Guerrero, donde un grupo marxista-leninista, que se había encargado de organizar el evento, trató de prohibir la entrada de banderas y pancartas de otra. Una joven fotógrafa anarco-punk del periódico Machetearte —cuyo nombre es Hash— se encontró a sí misma fuera de las verjas, protestando, al lado de estalinistas, en defensa de su libertad de expresión. Ella había llegado a conocer a los herederos del jefe soviético que una vez mataró o enviaó al exilio a sus predecesores anarquistas (¡Viva Nestor Makhno!) como seres humanos y no ogros que predendían hacerle daño. Así que allá estaba ella, en pie por su libertad de expresión. Marcos por lo visto también se puso del lado de la libertad de expresión. El encuentro —en que él era el participante central— se retrasó hasta que se permitió entrar a las banderas.

De todos modos, amable lector, este es el punto: hacer que tan dispares tendencias se unan en armonía es una proeza que no ha sido realizada en ningún otro lugar del mundo, durante la historia reciente. Pero eso pasó aquí, en México, y esta nueva forma de unión a través de la diversidad jugó un importante papel durante las pasadas tres semanas en todo lo concerniente a la historia de Atenco.

Regresando a los inicios, en Agosto: para hacer posible La Otra Campaña, los zapatistas tenían que motivar a todos los sectores (muchos de los cuales se habían negado antes a hablar entre sí, si no es que estaban ocultos en sus nichos locales o demográficos) y encauzarlos a hacer algo más difícil que hablar: escucharse los unos a los otros. Como parte de la Sexta Declaración, los zapatistas invitaron a los mexicanos que les brindaron su apoyo —durante los pasados meses de agosto y septiembre en la Selva Lacandona— a una serie de seis reuniones para empezar a planear lo que se iba a convertir en La Otra Campaña. Las sesiones de fin de semana más que “reuniones de planeación” fueron sesiones maratónicas para escuchar. Marcos, con un equipo de zapatistas encapuchados, presentados como miembros de la Comisión Sexta, escucharon por más de 100 horas a quien quisiera y cuantos quisieran expresar su adhesión a la Sexta Declaración. Al principio los encuentros se dividieron por sectores: primero las antes mencionadas organizaciones políticas; después las organizaciones indígenas, seguidas por las organizaciones sociales; luego las ONG, organizaciones artísticas y culturales; más adelante los individuos y familias no afiliadas a ninguna organización y, finalmente, se hizo un encuentro para personas, de cualquier sector, que no habían podido llegar a las reuniones previas. El 15 y el 16 de septiembre, los días de la independencia nacional, se convocó a todos los sectores a la vez para una “sesión plenaria” masiva.

Haciendo escuchar a los que hablan

Puesto que todo el mundo quería dar su palabra a Marcos y a los zapatistas, el primer éxito de La Otra Campaña fue el de crear situaciones en las que toda la gente escuchara al resto, mientras esperaba su turno para hablar. Y para asegurarse de que los compas se quedaran a escuchar después, Marcos daba una plática al final de cada encuentro, dando pinceladas sobre lo que La Otra Campaña —antes de que así se nombrara— debería ser. Allá, en las comunidades indígenas teltales —sin televisión, alcohol o habitaciones de hotel privadas— quienes asistimos a uno o más de estos encuentros, conocimos, escuchamos, comimos y vivimos junto con toda clase de gente, con luchas aparentemente diferentes, encontramos almas afines, intercambiamos números de teléfono y direcciones de correo electrónico. Asimismo desarrollamos planes y maneras de colaborar en nuestro sector y con otros.

Uno de los pequeños detalles que luego harían la gran diferencia es que, en la entrada de cada comunidad donde se realizaron los encuentros de agosto y septiembre, a las y los asistentes se les pidió su dirección de correo electrónico, que fue anotado en la hoja de asistencia. Y para quienes no podían acudir a los encuentros, la oferta de adhesión a la Sexta Declaración podía responderse enviando un correo a la revista Rebeldía, colectivo pro zapatista —con sede en Ciudad de México—, cuyos miembros organizaron la llegada a los encuentros en la selva. A partir de esto, se fue construyendo una lista de correo masiva, actualizada y nacional, que demostró su fuerza real tras las atrocidades de Atenco.

En sus apuntes de la sesión plenaria del 16 de septiembre, cuando anunció que el primero de enero comenzaría un tour de seis meses por todo México, Marcos hizo una declaración que ha repetido muchas veces desde entonces, pero que se puede ver bajo la nueva luz de los sucedido en Atenco:

“Tenemos que prepararnos para la movilización. Pero nos tenemos que preparar también, compañeros y compañeras, para la represión… Tenemos que aprender a nombrar a nuestros presos y nombrar las represiones. En una de las reuniones, se habló del caso de la represión en Guadalajara contra los jóvenes altermundistas (antiglobalización); quienes hablaban no supieron dar el nombre de los presos. Es escalofriante. Nosotros, como “la otra campaña”, no podemos hacer eso; tenemos que ser leales entre compañeros y no dejar solo a nadie ni olvidarnos de nadie”.

Y esto es exactamente lo que ha ocurrido este mes, cuando adherentes, mujeres y hombres, de La Otra Campaña fueron arrestados, golpeados, violados y encarcelados durante los conflictos en Atenco y Texcoco.

Las frecuentes referencias al “uno para todos, todos para uno” tantas veces repetidas por Marcos a lo largo del viaje por el sureste, sur y centro de México este año, han sido parte de un esfuerzo por remover los históricos vicios de la burocracia y la exclusión de los proyectos de solidaridad nacional con los zapatistas. El pasado año, previo a la salida del tour, el EZLN disolvió el Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN), que en algunas de sus sedes locales había tenido éxito en lo referente a su construcción como movimiento, mientras que en otras había caído en una especie de práctica de camarillas, en antiguos vicios para tratar de controlar o excluir el acceso a los proyectos de solidaridad con los zapatistas. Quizás el vicio más letal para el activismo es el estilo de pensamiento capitalista, según el cual, el papel de cada quién en un movimiento es semejante al de una franquicia de McDonald’s. Quienes caen en esa debilidad normalmente sienten pánico ante actividades similares, a las que ven como un local de Burger King, puesto en la misma calle. Esto generalmente termina con cada quien apuntando con el dedo al otro y acusándose mutuamente de vender comida chatarra.

Vicios similares se pusieron en práctica de forma notoria por parte de organizaciones de derechos humanos y de medios alternativos en la órbita de los primeros doce años del Zapatismo. En un intento por proteger su territorio o franquicia, que algunos activistas y organizaciones parecen creer que les pertenecen, era un caso normal que las bases de apoyo tuvieran que aguantar humillaciones y obstáculos por parte de los aspirantes a cuida-puertas del movimiento. Y en la izquierda, donde las disputas personales y las guerras de franquicia a menudo cayeron en descalificaciones a otros individuos, o donde las organizaciones se prestaron a campañas en manos de las más malevolentes tácticas de contrainsurgencia (porque hablar mal o con falsedades en público sobre compañeros es, por definición, un acto de contrainsurgencia), los zapatistas tenían como retos clave, cepillar la burocracia y abrir para todas las personas espacios —grandes o pequeños— en donde encontraran y mantuvieran un lugar dentro de La Otra Campaña.

Eliminando la burocracia

Este reto —fusión de Zapatismo y una fuerte dosis de inclusión— requería de la insistencia en un respeto mutuo por la autonomía y las diferentes tendencias de todos los grupos e individuos involucrados, así como la creación de sistemas de comunicación horizontales y nacionales. Los adherentes de base asumieron la posición de no tener que ver más, hacia arriba, a algún autonombrado portero del Zapatismo (quien, en el pasado, hubiera afirmado, frecuentemente, estar actuando según las instrucciones del cuartel general, sin que a menudo fuera cierto), sino, por el contrario, de mirarse unos a otros, de lado a lado.

En tres áreas de organización claves, Marcos aclaró el asunto, cuando el 16 de septiembre dijo:

Proponemos que no haya comisiones especiales. Lo único que se hace es duplicar funciones y crear burocracias.

De derechos humanos, según lo que vimos nosotros, tenemos en la Otra Campaña, adheridos a la Sexta, a las mejores organizaciones no gubernamentales expertas en derechos humanos en México. No veo porqué habríamos de crear otra comisión especial.

De propaganda, tenemos grupos y colectivos, de los que estuve viendo varias publicaciones y cosas que hacen y son realmente muy buenas, de muy buena calidad y todo. Entonces, yo propongo también que todo eso sea cada quien su modo, por su lado.

En lo que se refiere al género, que sean las compañeras que han trabajado en eso mucho tiempo. Igual con las diferencias, quienes ya están en eso. O sea, que se organicen los pueblos indios, los homosexuales, lesbianas, etcétera.

Desde el comienzo de La Otra Campaña un renovado valor fue asumido por cada adherente —organización o individuo— para llevar a cabo iniciativas autónomas y no estar esperando el permiso de un grupo centralizado antes de decidir actuar. Para mayo de 2006, tras la desgracia de Atenco, los resultados se pueden ver en cada uno de los sectores mencionados por Marcos en septiembre pasado: varias organizaciones de derechos humanos se pusieron a trabajar, inmediatamente —para documentar las atrocidades de Atenco y localizar a más de 200 presos políticos—, sin visibles peleas entre ellas; las redes de medios alternativos —que coexistían en la caravana de La Otra Campaña a través de pueblos y ciudades—, se mostraron más tranquilas, luego de haber tenido una historia manchada por el hecho de que un sector siempre estaba sermoneando a otro sobre cómo hacer su trabajo. Las noticias se han reportado y emitido, de diferente manera y estilo. Entre tanto, tal y como pudo comprobarse con la rápida y exitosa organización del concierto benéfico del lunes en la noche —llamando la atención y a la solidaridad hacia las presas políticas y los crímenes cometidos en su contra—, un grupo de mujeres artistas fue capaz de poner en marcha un evento política y financieramente importante.

La comunicación entre sectores es instantánea: el evento de mujeres utilizó los datos recopilados por Otros Medios y grupos de derechos humanos para su guión y lectura informativa; los grupos de derechos humanos han recibido audios y material en video de las redes de Otros Medios. Los costos de la defensa de los derechos humanos se cubrirán con los fondos obtenidos por las mujeres; los Otros Medios reportan las declaraciones, nuevas informaciones y la poesía que, en su más amplio sentido, (“palabras que provocan acción”, como lo definió Raoul Vaneigem) ambos sectores desarrollan. En muchos casos, hay miembros de un sector que también participan en otro. Tras muchos meses de La Otra Campaña, gente de diversos sectores se conoce entre sí, son familiares, intercambian llamadas al celular y mensajes de texto. Las palabras fraternales (compañero, compañera) han ganado significado. Importante información se filtra, como la luz, en muchas direcciones a la vez. En muchos casos, se han formado vínculos de solidaridad y amistad, lo que se suele significar: suficiente confianza para colaborar. Todo esto —no sólo compartir direcciones de correo— facilita una especie de “top sight” para los comunicadores de diferentes tendencias y organizaciones.

Y después está Marcos. Cuando el tour de La Otra Campaña entró en calor, hizo pública una dirección de correo electrónico: delegadozero@ezln.org.mx. A veces incluso responde o emite dudas. Tiene un weblog. Cuelga audio y fotos de eventos de La Otra Campaña. Tiene enlaces a páginas de Otros Medios, a videos —que adherentes y otra gente han colgado en YouTube—, a fotos que, quien sea, puede publicar en Flickr, al buscador Technorati para la búsqueda de weblogs en español en donde se hable de La Otra Campaña (y de otros weblogs hechos por grupos locales de la otra campaña en México y otros lugares del mundo) Tiene una sección abierta a comentarios en la que todo el mundo puede publicar y en la que la nueva información que llega se puede corroborar o cuestionar. Así, el sistema de comunicación de La Otra Campaña se ha convertido en un monstruo multicefálico, a ojos de aquellos que tratan de silenciarlo o censurarlo: una pesadilla para aquellos que aspiran a controlar el flujo de información.

Así que cuando los adherentes de La Otra Campaña fueron atacados y encarcelados en Texcoco y Atenco, las redes entraron en acción. En poco más de dos semanas, cambiaron el enfoque que los medios masivos y el Estado le habían dado a los hechos, y mostraron a la opinión pública la auténtica esencia de la historia: las atrocidades cometidas por un régimen represivo, así como la cara humana de aquellas personas víctimas del Estado y violadas por él.

En las redes horizontales, hay todo tipo de organizaciones e individuos. Algunas, como el EZLN mismo, son jerárquicas. Otras se restringen a organizarse por sectores (trabajadores, campesinos, mujeres, jóvenes, etc). Otras se asemejan más a unidades móviles, que preocupan a a la Rand Corporation, porque tienen ventaja sobre el poder del Estado: consistentemente tejidas y leales entre sí —máquinas de guerra fuera del Estado, como determinaron Deleuze y Guattari— se mueven entre muchos pares de pies, ojos, oídos y lenguas; como una unidad, con velocidad y precisión. Muchas de ellas han logrado tener una “visión desde el cumbre”.

En la mañana del 4 de mayo, en Atenco, el Estado mexicano se propuso desmembrar las redes de La Otra Campaña. Atacó la más densa concentración de miembros de estas redes —gente de cada sector fueron hasta a Atenco, en solidaridad con sus habitantes de la ciudad— con la máxima violencia y censura que pudo conjurar. Y falló.

Todavía hay quienes dicen —sobre todo si apoyan la campaña presidencial de López Obrador — que los hechos de Atenco, y La Otra Campaña zapatista en general, han caído en manos de la lógica electoral. Que la violenta explosión en Atenco despierta el voto del miedo, y que esto beneficia a Felipe Calderón, candidato del Partido de Acción Nacional (PAN). Citan el supuesto liderazgo de Calderón en las encuestas después de tres años en que López Obrador primerotas encabezaba con más de 18 puntos de ventaja. El hecho objetivo es que, si alguien cree en las encuestas (que es mejor no tomar al pie de la letra), la caída de López Obrador comenzó antes de la violencia en Atenco.

Mañana, en la segunda parte de esta serie, examinaremos la vista que tienen los de arriba de las elecciones presidenciales en México del 2 de julio, las encuestas electorales y otro tipo de encuestas que se hacen desde abajo y que revelan por qué La Otra Campaña ya ha ganado.

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