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Narco News Issue #45
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La era de Atlántica: como sucede en México, sucede en los EU y Canadá

El fin de la soberanía y la democracia se avecina para la parte norte del estado de Nueva York, el norte de Nueva Inglaterra, Québec y las Provincias Marítimas, y, pronto, también para Boston y la ciudad de Nueva York


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

11 de junio 2007

Los trabajadores y campesinos en los Estados Unidos y Canadá han sido poco informados sobre la tragedia que se ha desatado sobre sus contrapartes en México a partir de su entrada al Tratado de Libre Comercio (TLC) en 1994. Sin embargo, lo está a punto de ocurrirles a ellos.

Una alianza de propietarios de grandes negocios está tramando abiertamente la “mexicanización económica” de una importante región del Noreste de los Estados Unidos y del este de Canadá. Ellos llaman a su nuevo mundo “Atlántica” y han impuesto sus fronteras alrededor de él como si dibujaran un nuevo país en un tablero de Risk. Aquí está el mapa de “su” nuevo país; no un país fundado sobre decisiones democráticas, sino a partir de órdenes ladradas desde una élite que no fue elegida de lacayos corporativos cuya única ley es maximizar las ganancias para los dueños. Tal vez usted pueda ver su casa o su trabajo, o aquella de sus familiares o amigos en el mapa:

Si vive o trabajaa ahí, pronto dejará de ser un mainés, un vermontés, un nor-neoyorkino, un quebeco, un novoescocés, un terranovo, un isleño de Príncipe Eduardo o un ciudadano de New Brunswick o New Hampshire. Usted ha sido reclutado para un nuevo tipo de ciudadanía que viene sin ninguna de las libertades que creía que eran su derecho desde que nació. Será —por decreto de las grandes empresas— un “atlanticano”.

El fin de la Democracia

“Atlántica existe“, asegura Charles Cirtwill, presidente del Instituto Atlántico de Estudios de Marcado (o AIMS por sus siglas en inglés, el arquitecto ideológico respaldado por los empresarios del proyecto Atlántica) “lo queramos o no”.

Cirtwill, en su columna del mes pasado en el diario de Halifax, el Chronicle-Herald, insistió: “no hay ningún plebiscito por el que votar en contra, ninguna convención constitucional que nos neguemos a sostener. Atlántica no es un llamado para que las provincias gasten dinero, así que no hay cheques que no tengamos que escribir, ni cuentas que no tengamos que pagar”.

Sin embargo, la misma página web del instituto Cirwill contradice la afirmación de este hombre: Atlántica sí necesita, desesperadamente, inutilizar a cada gobierno estatal para que su bandera reemplace la de ellos, y eso va a requerir de una legislación radical —o la firma de tratados internacionales— por parte de los gobiernos nacionales para destruirlos. En el lenguaje ñoño de los post-nacionalistas atlánticos, hay cinco “factores de riesgo en la política pública” con los que se debe acabar para que nazca Atlántica:

  • El tamaño del gobierno relativo a la economía (una medida de la carga que el sector público supone para la economía privada)
  • El empleo en gobierno como porcentaje del empleo estatal/municipal total (una medida de la eficacia del sector público)
  • El ingreso total que el gobierno obtiene de sus propias fuentes como porcentaje del PIB (una medida de la dependencia)
  • Legislación mínima sobre los salarios (una medida de la flexibilidad del mercado laboral)
  • Densidad de sindicatos (una medida de la flexibilidad del mercado laboral)

En otras palabras: el salario mínimo debe ser eliminado, los sindicatos tienen que ser aplastados y se debe despojar a los gobiernos estatales de sus recursos y/o su autoridad para hacer que se cumplan las protecciones de seguridad ambiental, laboral y de consumo. New Hampshire, con sus bajos impuestos y su postura a favor de las empresas se toma como ejemplo de la forma Atlántica ideal para gobernar un estado, mientras que “el régimen de impuestos de Vermont” se percibe como el principal obstáculo para los sueños de Atlántica.

“Atlántica” representa muchas cosas para muchas empresas, pero más que otra cosa, es una declaración de guerra en contra de los trabajadores, los campesinos, y el medio ambiente del Canadá marítimo y el noreste de los Estados Unidos. Es un nuevo flanco en la guerra económica que empezó hace 13 años, al sur de la frontera, en México, y ahora se ensancha en un campo de batalla más frío, con una población aún menos preparada para defenderse.

El mes pasado, en Montreal, Québec, aparecieron invitaciones para una protesta en contra de “Atlántica” que tomará lugar en Halifax, Nueva Escocia, del 11 al 16 de junio. Los cuatro estados del lado de los EU en el mapa de Atlántica son Maine, New Hampshire, Vermont y Nueva York. Su corresponsal ha trabajado y vivido en cada uno de esos estados (en dos de ellos, en sus cárceles) y (durante los últimos diez años) en México, y un estudio más profundo de lo que los jefes supremos de Atlántica están planeando le ha causado una náusea repentina: lo que le ocurrió a México está a punto de ocurrir allá también.

El Experimento Mexicano se desplaza hacia el Norte

La “granja” familiar mexicana (en particular el sistema del ejido, multifamiliar y administrado colectivamente que alguna vez estuvo garantizado por la constitución mexicana y que fue aniquilado por un solo tratado) fue el primer dominó en caer. Desde los inicios del TLC en 1994, millones de campesinos desplazados huyeron a los centros urbanos localizados dentro y fuera de México, y el boom de la población urbana provocó un aumento en las rentas y una caída en los salarios en aquellas ciudades y suburbios.

¿Alguna vez han escuchado el axioma moderno de que es la primera vez en la historia en que hay más gente viviendo en las ciudades que en el campo? Algunas personas lo repiten como si fuera algo maravilloso. Sin embargo, esto está acabando con la calidad de vida en las ciudades junto con aquella de las fértiles praderas. Sin importar si usted vive en el campo o en la ciudad, o que viva en “Atlántica” o cerca de ella, es muy posible que este sistema económico le obligue a iniciar su propia migración. ¿Cree que está a salvo e instalado para siempre donde se encuentra ahora? En vez de eso, empiece a pensar como un mexicano.

El desfile de las consecuencias negativas solamente se nota en los medios en El Norte mediante un coreografiado “debate” mediático sobre uno de sus síntomas: la cresta histórica en la ola de inmigrantes mexicanos que han entrado en los Estados Unidos y Canadá en los últimos 13 años. El discurso — “¿debería el gobierno dejar que tantos mexicanos emigren al norte?” — está basado en una premisa absurda, porque lo que crea este fenómeno son las fuerzas del mercado, no las leyes gubernamentales.

Toda la destrucción y la miseria que ha obligado a millones de mexicanos a salir de sus tierras —un “yermo del capitalismo” moderno, obligándolos a vivir un éxodo de mano de obra migrante— está a punto de imponerse, de la misma manera, sobre la gente y las tierras de lo que los jefes llaman “Atlántica”. Las grandes empresas están a punto de esculpir a los Estados Unidos y Canadá al estilo Rollerball: primero, amputarán a Maine, New Hampshire, Vermont y el norte de Nueva York, mientras rebanan a las Provincias Marítimas del resto de Canadá, enseguida, los mezclarán a todos bajo una bandera de pirata. Incluso aquellos que han soñado con una secesión a la Ecotopia se despertarán de su fantasía a una pesadilla autoritaria marcada por la represión política (como en México, en donde las fuerzas policíacas sirven para proteger al sector privado de los molestos manifestantes y del desastre ecológico).

No es de sorprender que los canadienses estén más alerta con respecto a la amenaza en su contra que sus vecinos estadounidenses. Los sindicatos laboristas y las organizaciones ambientales (y otras) se están movilizando y están sonando la alarma, al punto de que el columnista de un periódico canadiense, Ralph Surette, ha llamado a Atlántica “una pesadilla de relaciones públicas” debido a “los grandes jugadores, los que tienen más peso y recursos a saber, grandes empresas, la cámara de comercio de las provincias atlánticas y así sucesivamente” que están detrás del empuje que se le da a Atlántica.

Surette escribe que “el pregonero principal de Atlántica es el Instituto Atlántico para Estudios de Mercado (AIMS por sus siglas en inglés), cuya característica principal es su retórica estilo Guerra Fría. Tal y como nuestro traje neo-conservador y fundado por grandes empresas, el AIMS ha sido uno del montón en reducir al Canadá Atlántico a un lugar de pescadores que reciben asistencia social por parte del gobierno, cuyos problemas pueden ser resueltos haciendo a un lado al hombre pequeño y dándole todo a los que hacen girar las ruedas de la economía global.

El columnista canadiense no es enemigo del proyecto. El solo recomienda que quienes apoyan a Atlántica hagan a un lado al grupo polarizador de AIMS, que cambien el nombre del megaproyecto, que “le resten importancia y nombren a la conferencia de otro modo el próximo año”. Dada la inclinación que tienen los poderosos por deshacerse de los suyos más rápido de lo que puedes decir “Scooter Libby”, ya puede estarse trabajando sobre una cirugía plástica de relaciones públicas y un cambio de nombre para el plan. Pero el movimiento laborista canadiense, en particular, ha agarrado a Atlántica por la cola y no parece estar listo para dejar que flote calladamente desde sus planos hasta la realidad bajo cualquier nombre. Menos impresionante, sin embargo, es el silencio de los mismos sectores del lado estadounidense de la frontera. Durante una gira de conferencias reciente, su corresponsal encontró muy pocos organizadores laboristas, legisladores estatales, activistas ambientales y otros que habían escuchado de “Atlantica”.

Los medios de comunicación comerciales de los EU, por supuesto, han impedido exitosamente que los hechos sobre esta “pesadilla de las relaciones públicas” se escurra hacia el sur, de igual forma que han obscurecido la información sobre lo que un “tratado de libre comercio” le hizo a México, dejando a los miembros de la población gringa en un estado de ignorancia y falta de preparación ahora que la campana resuena para ellos.

Así como sucedió en México, también sucederá en “Atlántica”, pero la conspiración no acaba ahí. De acuerdo con su propio mapa del campo de batalla, los dueños de Atlántica avanzarán hacia el sur de Nueva Inglaterra, la parte baja de Nueva York y las regiones Apalache de los Estados Unidos, y también hacia arriba del río San Lorenzo hasta los Grandes Lagos, Windsor, Ontario y Detroit, Michigan:

Debido a que estas regiones pronto experimentarán —si los súper ricos se ponen en su camino— la misma destrucción y desplazamiento que ha ocurrido en México en solo 13 años, es del interés de los ciudadanos de los EU y Canadá estudiar intensamente lo que el “libre comercio” ha labrado en el sur.

El primer hilo que fue arrancado del tejido social como consecuencia del TLC fue la familia mexicana y el trabajo colectivo de la tierra. En México, eso también ha significado un tipo de genocidio: el desalojo de campesinos indígenas (quienes aún hablan 62 lenguas prehispánicas y luchan para preservar sus antiguas costumbres y conocimiento) de la tierra que han custodiado durante milenios. Es un asalto que se intensifica día con día.

La destrucción del ejido también ha generado radicales imposiciones sobre la unidad doméstica: millones de padres, en quiebra y con niños hambrientos, dejaron su casa para buscar trabajo en las ciudades mexicanas, en los campos agrícolas de los EU y Canadá, o en las industrias de servicios de los tres países. Los hombres jóvenes también se fueron (en muchas partes de México, los estudiantes que ocupan los salones de las preparatorias son muchachas en su mayoría; los muchachos han seguido a sus padres al norte) y, cada vez con más frecuencia, las mujeres jóvenes se han unido al peregrinaje económicamente impuesto sobre todos ellos. Los niños son criados por madres solteras, abuelas o tías, en hogares sin padre y tal vez nunca puedan conocer sus hermanos y hermanas nacidos “en el otro lado”. Regiones enteras que alguna vez se dedicaron a la agricultura ahora son dependientes de los fondos transferidos desde los EU y Canadá. Desprovista de jóvenes adultos, la población del campo mexicano ha envejecido considerablemente.

En tanto que los agronegocios internacionales devoran la tierra y la producción de vegetales, frutas, lácteos, aves y carne, la producción masiva ha traído productos inferiores al mercado. El producto alimenticio más básico, la tortilla, alguna vez hecha de maíz entero, ahora viene de una mezcla de polvo de maíz y agua extraída de una máquina, y sabe como a gis. Las personas que preservan el cultivo del maíz están viendo que sus cultivos se contaminan con el polen de las nuevas especies de maíz “transgénico” inventadas en laboratorios. (Aquellos políticos y eruditos que están en contra de los trabajadores migrantes mexicanos en los Estados Unidos ignoran una verdad básica: o importas a los trabajadores para que corten y empaquen los cultivos que tú y los tuyos se niegan a trabajar debido a los bajos salarios y las malas condiciones laborales, o estarás importando tu comida de las compañías de agronegocios en México, donde la comida, cada vez más, te muerde. Hay un encabezado para usted: “¡La comida muerde al hombre!”).

Al igual que en los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, con tantos hombres fuera del país hoy, las fábricas en México han volteado su mirada hacia las mujeres —principalmente hacia las madres solteras— para que trabajen en las líneas de ensamblaje. El “libre comercio” (y su aniquilación de los derechos de los trabajadores a organizarse, y de las protecciones de salud y seguridad) ha generado una explosión en el tipo de fábrica llamada la maquiladora, que es un eufemismo para fábrica de miseria. La primera ola se concentró cerca de la frontera con los EU alrededor de centros urbanos como Tijuana y Juárez, pero los molinos de la miseria ya se están propagando por todo el país.

En febrero del 2006, el subcomandante Marcos, portavoz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en una gira por todo el país para escuchar a sus habitantes, y en el estado central de Puebla, oyó un testimonio de trabajadores de una maquila en el valle de Tehuacán, el cual resumió en un ensayo titulado “¿Qué tan grande es el mundo?”:

En Altepexi responde una mujer joven: más de 12 horas diarias de labor en la maquiladora, trabajar los días de descanso, nada de prestaciones, ni seguro, ni aguinaldo, ni reparto de utilidades; el autoritarismo y mal trato del gerente o el jefe de línea, ser castigada sin goce de sueldo cuando me enfermo, ver mi nombre en una lista negra para que no me den trabajo en ninguna maquiladora; si hacemos un movimiento el patrón cierra y se va para otro lado, el transporte es malo y llego ya muy tarde a la casa donde vivo y ver la cuenta de la luz, el agua, el predial, hacer la cuenta y ver que no alcanza; darse cuenta de que no hay agua ni para tomar, que el drenaje no sirve y en la calle apesta. Y al otro día mal dormida y malcomida, de vuelta a la chamba. El mundo es tan grande como la rabia que siento contra todo esto.

Una joven indígena mixteca: mi papá se fue hace más de 12 años a Estados Unidos, mi mamá trabaja cosiendo balones, le pagan 10 pesos por cada balón, y si no queda bien uno, le cobran 40 pesos. No pagan luego, sino hasta que vuelve a regresar al pueblo el que contrata. Mi hermano está empacando para irse también. Las mujeres estamos solas en esto de sacar adelante la familia, la tierra, el trabajo. Así que nos toca también a nosotras sacar adelante la lucha. El mundo es tan grande como el coraje que me hace sentir esta injusticia, tan grande que me hace hervir la sangre.

Si los autonombrados señores de Atlántica tienen éxito en su visión de volver a dibujar el mapa de los EU y Canadá, estos mismos testimonios serán pronunciados por mujeres de Maine y de Québec. Y probablemente también por más mexicanas, quienes serán llamadas para trabajar en las maquiladoras de Atlántica, especialmente si los gobiernos las declaran “ilegales” en el juego en donde “ilegal” solamente significa que no existe el derecho de organizarse como trabajadores para lograr condiciones más seguras y salarios más altos.

Debido a que gran parte de Atlántica rodea el océano del cual recibe su nombre, también es importante ver lo que ha pasado en las costas de México en los últimos 13 años. El impacto del “libre comercio” ha sido particularmente devastador para el Caribe y el Pacífico. Grandes barcos pesqueros internacionales toman el camarón, el guachinango, el atún, el calamar, el pulpo (y por supuesto el desafortunado delfín, la tortuga en peligro de extinción o la ballena atrapados en las redes de alta tecnología) en tanto que los pequeños pescadores regresan a casa con las manos vacías. Peor aún, el gobierno ha aprobado leyes que prohíben que los pescadores trabajen en ciertas regiones cada año para proteger a las especies comestibles… para las corporaciones internacionales de mariscos congelados.

El incremento en la población en los centros urbanos de México debido a los campesinos, los pescadores y sus familias que han sido desplazados de sus lugares de origen también ha provocado que suban las rentas, que bajen los salarios, y ha originado más congestionamiento y desorganización urbana. Y esto es precisamente lo que los habitantes de las ciudades y los suburbios en la región de Atlántica y cerca de ella ya están experimentando bajo la etapa más salvaje del capitalismo. La gente joven que se ha graduado de la preparatoria o la universidad, y que están entrenados como trabajadores, se van a las ciudades a trabajar en oficinas o a seguir estudiando. El espacio para oficinas y campus universitarios se extiende y desplaza a las unidades residenciales. Estos jóvenes generalmente están bien pagados (o son mantenidos por sus padres) pero su estándar de vida general desciende en tanto que el precio de la renta y de todo lo demás se eleva sin control.

Para absorber a esta migración secundaria —de los niños las llamadas clases “educadas” — el lobby de Atlántica tiene su vista puesta en el “Triángulo del Atlántico”. Ver el mapa:

Los neoyorkinos ya han sentido la aguja de la globalización picándolos. (El que escribe esto debería decir “hemos”, siendo nativo de ese lugar, pero le dicen que ningún casero renta un departamento de una recámara a nadie que no pueda comprobar un ingreso de 80,000 dólares anuales).

Tal vez, querido lector, usted todavía se encuentra en la ciudad de Nueva York. ¿Cree que ha escapado de la invasión de los escuincles consentidos mudándose a Williamsburg? Piénselo otra vez: los “falsos bohemios” (fauxhemians) han llegado para ofrecerle a su casero más renta de lo que usted puede pagar con su trabajo de mierda en Nueva York, y el papá del estudiante de NYU o de Columbia le está ofreciendo seis meses de renta por adelantado. (El casero, no el oficial de migración, se ha convertido en el nuevo gobierno). ¿Está pensando en mudarse más lejos hacia Brooklyn, Queens, el Bronx, Long Island, el norte de Nueva Jersey, o ya lo ha hecho? Esos lugares también se están convirtiendo en tiraderos para que los padres adinerados del mundo manden a sus hijitos, sin mencionar a los turistas euro-basura formándose en filas alrededor de la calle 34 para ver el edificio del Emipre State desde la cubierta de su techo, y gastando 200 dólares por noche (seis mil al mes) y eso en un hotel sórdido y miserable. Mientras tanto, ¿dónde se fue toda la gente divertida? Aquellos que usted ve en las películas de Hollywood sobre Nueva York? ¿Dónde están esas leyendas que lo inspiraron a visitar esa ciudad? Pues unos se fueron o simplemente están tratando de sobrevivir, divirtiéndose mucho menos.

El mapa de Atlántica también arroja luces de mal agüero en Boston y Albany, pero es seguro decir que aún si vive en Schenectady o en Springfield, Providence, New Haven o Newark, lo van a golpear con el mismo tipo de invasión –trayendo consigo las mismas alazas radicales en las rentas que ya ha sufrido Nueva York. Después, va a vivir y a trabajar en una región poblada por malcriados que pretenden ser artistas y directores de películas, donde los súper ricos van a encerrarse en sus propios mini-Olimpos. Felicidades, antiguo nativo de Nueva York, y bienvenido a la desplazada fuerza de trabajo migrante.

La gente trabajadora, la gente pobre y la gente artística de las ciudades está siendo empujada cada vez más lejos y más afuera, convirtiéndose en su propia categoría social de trabajador migrante (si alguien piensa que la clase trabajadora migrante en los EU y Canadá consiste principalmente de inmigrantes de otros países, debe llevar a cabo un inventario de dónde se han ido los jóvenes adultos de sus propias familias o entre sus propios amigos para encontrar trabajo, así como cuántas veces han tenido que mudarse para hacerlo, y preguntarse ¿qué impacto ha tenido este sistema económico en la unidad doméstica norteamericana?).

Incluso muchos de los que se sentían cómodos cada vez lo están menos: las ciudades están más saturadas, más desbordadas por automóviles, más custodiadas por policías, más estrictamente reguladas, con un éxodo de artistas y otros generadores de cultura, están perdiendo su personalidad bajo el capitalismo. Entonces, aquellas personas con un poco de ingreso del que pueden prescindir (sin mencionar a los súper ricos) si bien viven en la ciudad, están comprando o rentando casas o condominios para vacacionar en lo que alguna vez fueron áreas rurales y costales prístinas, para poder “darse una escapadita” regularmente. Y esto también está convirtiendo a esos lugares en orinales.

En México, esto es uno de los factores impuestos por el TLC que originó un boom desarrollista en antiguos tranquilos pueblos de playa, alrededor de lagos y en áreas montañosas que antes tenían aire y agua limpios. Esto sucedió en poco más de una década, no más. (El otro factor en este boom del desarrollo turístico ha sido la “guerra contra las drogas” impuesta los por EU, en donde la construcción de hoteles ha sido una de las formas más favorecidas del lavado de dinero con fines ilícitos: un narcotraficante o su banquero puede construir un hotel, el cual puede estar vacío la mayor parte del año, pero si el afirma que estuvo lleno y paga los impuestos como si esto hubiera sido así, ¡voilá!, el dinero sucio ha sido lavado, planchado y doblado, y se convierte nuevamente en “legal”). El rápido desarrollo ha tratado brutalmente a las regulaciones ambientales, y ha sobrepasado la capacidad del gobierno estatal y local para controlarlo. Y ya no es solo la policía quien recibe sobornos: también son los funcionarios municipales, las autoridades de la zona y los controladores ambientales. Los nuevos hoteles y casas vacacionales de la mayoría de los pueblos de playa mexicanos vierten su alcantarillado en el océano o en los lagos. A veces esto flota cerca de usted como si estuviera nadando: esto realmente puede envenenar la “buena vida” ¿no? Siguiente parada: Lago Champlain.

De esta manera, la familia del pescador no es la única a la que se está forzando fuera del negocio (generando su propio éxodo a otro lugar para buscar trabajo), sino que los peces mismos están desapareciendo como fuente de comida, y las hermosas áreas en donde los ricos se refugian se están convirtiendo, rápidamente, en asquerosas fosas sépticas al aire libre.

¿Cree usted que “Atlántica” no va a imponer la misma dinámica en la costa atlántica, el Lago Champlain, los Finger Lakes de Nueva York, el río San Lorenzo, sus Mil Islas y los Grandes Lagos? Váyase de vacaciones a México (si ha ido a alguno de esos pueblos-resort, haga un viaje por el carril de la memoria y vea qué tan rápido se han arruinado estos lugares), despierte y huela el alcantarillado: ¡muy pronto en un centro vacacional cerca de ustedes, mainers! Sí, la calidad de vida se está yendo por el caño con los excrementos, incluso para aquellos con la suerte de viajar de vez en cuando en primera clase o tan siquiera de viajar a algún lugar vacacional. Para los súper ricos que están detrás del proyecto Atlántica, incluso ustedes, yuppies, son tan innecesarios como la familia del campesino o del pescador; tan desechables como una madre soltera, sus padres o sus hijos. Para ellos solo son ganado (o langosta): una fuente de ganancias, al punto que su trabajo y su tierra (si tú o tu banquero son “dueños” de alguna) sirven para cumplir con sus fines.

El doble remolque viene

La meta del proyecto Atlántica de reducir el tamaño de los gobiernos estatales busca asegurar que su plan maestro avance sin las protecciones ambientales, de salud, seguridad o consumo. Busca dejar a los estados y a las provincias, a los pueblos y a las ciudades, castrados, incapaces de hacer cumplir aquellas leyes que existen (o pueden existir) para manejar el cambio democráticamente. ¿Eso es anarquismo? No cuando las corporaciones privadas simplemente reemplazan al viejo estado-nación, trayendo una nueva y más autoritaria forma de poder estatal, con la fuerza bruta necesaria para desplazarte como lo ha hecho con el campesino y el trabajador mexicano.

El punto de apoyo del proyecto Atlántica se señala como el puerto de Halifax, Nueva Escocia. Quienes aspiran a ser dueños de corporaciones de Atlántica admiten abiertamente que quieren que este sea el punto de entrada para el petróleo proveniente de más extracción mar adentro, para automóviles y bienes europeos, y para mercancía barata hecha en las maquilas de Asia que quieren mandar por el canal de Suez y atravesando el océano Atlántico, mientras que la mayoría de estos productos actualmente llega a los EU y a Canadá por la costa oeste. (Y si ya está “sintiendo el dolor” de toda esta devastación, Atlántica también tiene algo especial para usted: heroína asiática. Atlántica va a hacer más cosas por el tráfico de opiáceos y sus lavadores de dinero norteamericanos que lo que el TLC hizo para la cocaína de Sudamérica, e inevitablemente causará un alza correspondiente en el mercado de heroína norteamericano). Aquí está el mapa de proyectos de Atlántica que sus encargados tienen en mente:

Y aquí está otro de los mapas de los conspiradores, de cómo se imaginan que se enviarán los productos por mar desde Halifax hasta la otra costa oeste y los puertos de los Grandes Lagos:

Mire cuidadosamente el lado izquierdo del mapa donde dice “Servicio Propuesto para los Grandes Lagos (“Proposed Service to Great Lakes”). ¿Propuesto? ¿Servicio? ¿Grandes? ¿WTF? Ya existe una flota de clima cálido de tanques gigantes y barcos de carga desde el río San Lorenzo hasta los Grandes Lagos. ¿Entonces cuál es la propuesta? No lo dicen, pero Atlántica solamente puede referirse a una meta con palabras como aquellas: la resurrección del plan del Cuerpo de Ingenieros del Ejército llamado “Navegación de Invierno” para el San Lorenzo, derrotado en los setentas por habitantes de las Mil Islas de Nueva York y Ontario.

¿Lo ve? La madre naturaleza tampoco quiere a Atlántica: el majestuoso San Lorenzo se congela durante los meses de invierno. El plan original era dragar el río, eliminar islas enteras (¿eso significaría un cambio de nombre, en lugar de Mil Islas, Cien Islas?) y traer barcos gigantes para romper el hielo durante todo el invierno. Entonces será aún más barato enviar y vender Toyotas, Volkswagens, Peugots, Hondas, Nissans, Hyundais, Renaults, Suzukis, Fiats, Mitsubishis, BMWs and Mazdas a los trabajadores en la industria automotriz recién desempleados de Detroit y Pontiac, Michigan.

Pero incluso si esos habitantes de las Mil Islas (o sus hijos) vuelven a detener al plan Navegación de Invierno, Atlántica tiene un plan B: el corredor Windsor-Québec (ver el segundo mapa en esta página, arriba). Al igual que como el “Plan Puebla Panamá” de México, lo que no se transportará por mar seguramente será transportado por tierra.

Cualquier automovilista que haya ido de sur a norte o viceversa entre el sur y el centro de México ha estado atorado detrás de una bestia post-TLC en una autopista de dos carriles: el doble remolque. Desde 1994 han incrementado sus números anualmente. En el 2006, en la autopista panamericana entre el Istmo de Tehuantepec y la ciudad de Oaxaca, su corresponsal estuvo atrapado en un largo embotellamiento cuando uno de esos trailer-tractores que iba regando gas propano explotó. Meses después, los restos carbonizados aún se encontraban a un lado de la carretera: un monumento al TLC en México y una metáfora del mismo.

No queriendo ser superados por México, los señores de Atlántica tienen en mente no solo una plétora de dobles-remolques yendo a alta velocidad por las Provincias Marítimas, el corredor Windsor-Québec, Maine, Vermont y las autopistas interestatales de Nueva York (I-95, I-91, I-90, I-87, I-89, I-81, sus anillos periféricos correspondientes y probablemente algunos nuevos también para controlar todo el tráfico) sino también “combinaciones de traileres triples” y otros “camiones trenes” novedosos.

Detrás de cada trailer-tractor doble está un chofer de trailer desempleado. Pero algunos de los nuevos camiones, del tamaño de un Boeing 737-700, desplazarán a dos choferes al mismo tiempo. (Los sindicatos de camioneros de Canadá están peleando esto, pero si sus contrapartes estadounidenses están preocupados por el destino de sus propios miembros en la fila del desempleo, no están haciendo mucho ruido sobre ello).

Por supuesto, la imposición de una “economía de libre mercado” al estilo mexicano en el este de Canadá y en el noroeste de los EU se verá tan similar como se ve ahora en el sur. No será solamente con respecto a enviar productos internacionales con mayor rapidez y de forma más barata. También será sobre el colapso de la granja familiar y el subsiguiente ejército conscripto de mano de obra barata y migrante para crear una nueva región de maquiladoras. Y eso va a requerir de mucha electricidad, algo que los amos de Atlántica saben perfectamente.

Un comunicado de prensa reciente sobre la conferencia de Atlántica que tendrá lugar el próximo fin de semana en Halifax hace referencia a la parte energética del plan:

“Los líderes de las empresas en todas las Provincias del Atlántico dicen que reconocen la oportunidad de aprovechar la geografía para participar en la economía global y maximizar las oportunidades de crecimiento y prosperidad. Eso significa armonizar las regulaciones, eliminando las barreras comerciales y asegurar que exista la infraestructura necesaria, no solo la infraestructura para el transporte, sino también la energética y de comunicaciones”

De manera predecible, la industria nuclear está afilando su espada de plutonio, buscando montar a esos trailer-tractores triples hacia una resurrección de plantas productoras de desechos nucleares en el estado no soberano de Atlántica. Aquí está un reciente comunicado de prensa de ellos:

“Aceptando el Futuro: la renovación y el crecimiento nuclear de Canadá” es el tema de este año para la reunión de expertos en la industria nuclear de Canadá y todo el mundo. Este tema refleja el renacimiento global del interés en la tecnología nuclear, fuertemente evidente aquí en Canadá mediante las remodelaciones de algunas plantas (algunas ya iniciadas y otras planeadas), la planeación de nuevos edificios, la renovación y expansión de la fuerza de trabajo nuclear, y el crecimiento del apoyo público de la tecnología ambientalmente sustentable. Es apropiado que la conferencia de este años se lleve a cabo en New Brunswick, en tanto que la Estación Generadora de Point Lepreau se prepara para una gran remodelación (2008-2009; las preparaciones comenzaron en el 2005) que renovará su recurso energético ambientalmente sustentable por otros 25-30 años”.

Con eso de “restauración” quieren decir pegar una con otra las plantas nucleares viejas y decrépitas que fueron construidas originalmente para funcionar por no más de 40 años (y por una buena razón: el bombardeo radioactivo causa la fatiga del metal, lo que incrementa el riesgo de una fusión nuclear, un evento que podría dar al traste con todos los planes de Atlántica y tal vez desanimar a la fuerza de trabajo migrante de emigrar a la región, pero ciertamente causará un éxodo para salir de ella) ¿Eso no suena un poco, eh, soviético viniendo de los hiper-capitalistas, o al menos un poco Chernobilesco?

Del lado de Atlántica que anteriormente hubiera sido parte de los Estados Unidos la industria nuclear de Nueva Inglaterra también está buscando una prescripción de Viagra para su crisis de la mediana edad, con propuestas para extender las licencias de los decrépitos y accidentados reactores de agua hirviendo Vermont Yankee en Vermont y Pilgrim en Massachussets por otros 20 años. Los dueños de Vermont Yankee han realizado una campaña de televisión, llamando a sus Edsel atómicos una fuente de energía “verde”. Verde. Usted sabe. Como, eh, Kriptonita: para Supermán.

La Comisión Regulatoria Nuclear de la administración de Bush ya ha rechazado la queja legal del Abogado General de Massachussets en contra de la extensión de licencia de la planta Vermont Yankee. El fiscal estatal propuso que las plantas nucleares eran blancos terroristas atractivos (qué listo). (Desgraciadamente, perseguir planes inalcanzables para bombardear el Aeropuerto Kennedy tiene una mayor prioridad para la Seguridad Nacional que eliminar las bombas de tiempo existentes que las compañías eléctricas nos echaron encima en los sesentas y setentas).

Y solo piense en el potencial que encierra enviar todo ese combustible atómico y ese desecho nuclear de alto nivel con el nuevo tren-camión-trailer-tractor triple. Oh, no, eso es impensable… tanto como la idea de operar una envejecida planta nuclear hasta alcanzar sus sesenta años.

Democracia vs. Capitalismo

Entonces aquí está. Yo pensaba que para sufrir las políticas comerciales y extranjeras de mi país tenía que vivir en México. Resulta ser que ese ya no es el caso. Ahora, desde adentro de los EU (que pronto serán los ex EU) y Canadá, los ciudadanos podrán quedarse en casa y disfrutar la devastación que México ha sufrido (¡a precios de los EU y Canadá!) bajo una nueva bandera: aquella del sector privado del estado de Atlántica.

Lo que el plan de Atlántica deja claro como el agua es que la ideología del mercado libre no es para nada “partidaria de la libertad” pues, en vez de eso, trae libertad solo para los súper ricos y, para el resto de nosotros, trae autoritarismo, con una gran dosis de desplazamiento económico, migración forzada, aniquilación de la unidad doméstica, y destrucción ambiental no solo en el campo, pero también, como en México, en las ciudades y los suburbios.

Con el surgimiento de Atlántica viene el fin de una cierta imbecilidad alimentada por los medios que sostuvo, en años recientes, que uno podía ser pro capitalista y pro democrático a la vez. Los capitalistas, con Atlántica, han enseñado sus dientes anti-democráticos desde el interior de sus antiguos territorios nacionales, y el capitalismo viene a suplantar las formas democráticas de gobierno con un estado corporativo impuesto, vertical y autoritario.

Empezando el 11 de junio, los sindicatos y movimientos sociales canadienses se reunirán en Halifax para trazar su línea en contra de este ataque sobre la soberanía en un movimiento que, por definición, es y deber ser en contra del atacante: no el gobierno, sino el capitalismo, el Uber-Estado. Lo que queda por verse es si los sectores igualmente sitiados del norte de Nueva Inglaterra, la parte norte de Nueva York, y otros en el lado estadounidense de la frontera seguirán en la dichosa ignorancia de cómo es que sus vidas están a punto de ser “mexicanizadas” (y en ninguna de las formas buenas y divertidas que traen los migrantes mexicanos), o si reconocerán y actuarán a tiempo en contra de esta amenaza.

Esto me recuerda una broma que me contó un pescador de langostas de Maine: de un pescador de langosta cerca de la frontera Machias-New Brunswick que tenía dos botes en su barco, uno para las langostas de Maine y otro para aquellas de Canadá. Un bote tenía una tapa con una roca encima para mantenerla cerrada. “Ese es para las langostas de Canadá”, dijo. “Si no pones esa tapa y esa piedra encima del bote, las langostas formarán una cadena y se ayudarán unas a otras para salirse”. ¿Y qué pasa con el bote que no tiene tapa? “Oh, ese es para las langostas de los EU. No te preocupes por ellas. Si una empieza a escalar para salir y escaparse, las demás la arrastrarán hacia abajo nuevamente”.

Si quiere ser como la langosta, hervida en su olla, entonces aguarde para que los medios comerciales o la radio pública nacional le den permiso para debatir el plan “Atlántica”, acompañado por el usual conjunto de términos falsos provistos por los medios. En los EU, los lacayos de los medios están tan controlados por el dinero como los narcoperiodistas al sur de la frontera, pero es una corrupción al por mayor que le da a los muchachos indoctrinados en la escuela de periodismo una “negabilidad” culpable. El hecho que ellos y sus jefes han escondido una historia tan grande como el proyecto Atlántica de los consumidores estadounidenses de noticias aún en las regiones que están a punto de perder su soberanía a manos de una bandera mercantilista, es prueba de que la mexicanización de los medios de comunicación de los EU ya es un fait accompli.

Ciudadanos de Nueva Inglaterra y Nueva York: ahora se van a unir al campesino y al trabajador mexicano como ratas de laboratorio en el experimento de alguien más, una pandilla de científicos locos de la formación del estado que no fueron elegidos por nadie y que responden solamente a las fuerzas robóticas del mercado. No hay ningún calvario que venga a salvarlos. Usted y sus hijos van a tener que informarse y defenderse. Y, en eso, ustedes también tendrán mucho que aprender de los movimientos sociales en México y Canadá que ya están en la lucha. Eso, o todo lo que usted piensa que es estable y positivo sobre la vida en Nueva Inglaterra y el norte de Nueva York (y pronto el corredor I-95 de Boston a la ciudad de Nueva York) se convertirá en un camino asesino bajo las llantas de esos traileres-tractores triples y todo lo que viene atrás de ellos. Este es el amanecer de la era de Atlántica.

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