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Uribe, el maestro

Algunas cosas que olvidó decir el presidente Uribe cuando habló la semana pasada en Estados Unidos sobre la educación en Colombia


Por Laura Del Castillo Matamoros
Jefe de Redacción, Narco News

3 de octubre 2007

Bogota.-El pasado jueves, una ilustre eminencia del pensamiento político latinoamericano contemporáneo, iluminó con su presencia el salón del Hotel Sheraton de Nueva York donde se desarrollaba la conferencia anual organizada por la fundación The Clinton Global Initiative liderada por el el ex-presidente Bill Clinton, esa misma figura filantrópica que ideó una de las más nobles iniciativas en la historia del respaldo social, militar y económico que una gran potencia puede brindar a un país subdesarrollado: el Plan Colombia.


Uribe otorgándole a Bill Clinton, el premio “Colombia es Pasión”.
Foto: D.R. 2007 Agencia EFE
Nos estamos refiriendo, estimados lectores, nada más y nada menos, que al presidente- filósofo Alvaro Uribe Vélez, quien con su intervención en el foro sobre educación en zonas de conflicto y posconflicto – la cual tuvo lugar el pasado 27 de septiembre, en el marco de la conferencia – ha marcado un nuevo hito en la reflexión sobre la problemática de la educación que atraviesa Colombia.

He aquí la brillante tesis con la que el mandatario dejó boquiabierto al auditorio:

“En mi país tenemos un gran obstáculo en contra de la educación: las drogas ilícitas. Es por eso que necesitamos erradicar las drogas ilícitas, porque los grupos terroristas obligan a las familias rurales a que cultiven la mata de coca y a que no manden a los niños a las escuelas”.

Por supuesto. ¡Cómo no se le había ocurrido a alguien antes! Todos los especialistas en el tema han estado equivocados: el problema de la educación no radica ni en la falta de oportunidades, ni en las desigualdades económicas, ni en la falta de recursos que el Estado podría designar a las universidades y los colegios públicos. No, el presidente Uribe dio en el punto. El problema de la educación también es producto del gran demonio del mundo contemporáneo en los últimos tiempos: la coca.

Esta preocupación por la situación educativa del país, fue lo que llevó al presidente Uribe a Estados Unidos la semana pasada, con el fin de encontrar a los viejos amigos de siempre y conquistar los corazones esquivos de algunos representantes de la comunidad demócrata ese país. Afortunadamente muchos terminaron viendo a Colombia con otros ojos, como un país donde en realidad no hay conflicto alguno; donde ya no hay paramilitares, sino guerrillas y narcotráficantes -como afirmó el presidente, el pasado jueves, ante la Asamblea de la ONU. Estas son razones de sobra para darse cuenta de que el presidente no ha hecho sino velar por el futuro del país, en el que las multinacionales extranjeras son determinantes, pues muchas de ellas, a cambio del no pago de impuestos, crean fundaciones que reparten cuadernos a los niños. En ese sentido es necesario combatir a esos terroristas que no les permiten trabajar con las comodidades que se merecen. Y para ello se necesitan recursos para que el Plan Colombia desarrolle su segunda fase. Así todos ganan. Definitivamente es increíble que algunos resentidos se empeñen en cuestionar el componente social de ese proyecto.

De hecho, ahora se están construyendo innovadores modelos pedagógicos de aprendizaje, encabezados por soldados del ejército nacional. En muchas zonas rurales del país, es muy común que tropas militares, financiadas por el Plan Colombia, utilicen las escuelas para hacer retenes, para acampar o para protegerse de los terroristas. Seguramente en ese tipo de acciones estaría pensando el presidente Uribe, orgullosamente, cuando habló en el foro sobre la importancia de que los niños cultivaran valores como vivir en comunidad y solucionar los problemas pacíficamente: allí, a pesar de la tensión que puede provocar la situación, el ejército no duda en acercarse a los niños a través de divertidas actividades recreativas. Conmuevánse, estimados lectores, con este relato, tomado del sitio web de la Agencia Prensa Rural, el cual muestra claramente lo armónica que es la convivencia entre los soldados de las tropas de la brigada 15 del Ejército Nacional y los niños que viven en esta el Municipio de El Tarra (Norte de Santander):

“…Ese mismo día (18 de agosto de este año), a las nueve de la mañana , en la vereda El Milagro del municipio de El Tarra, la señora Ofelia Oscuro mandó a sus tres pequeños para la escuela de esa misma vereda. En la escuela, tropas de la Brigada Movil No. 15 instalaron un reten militar. Cuando los niños llegaron, los militares los desnudaron, los maltrataron verbalmente y finalmente no los dejaron pasar a la escuela para recibir clase normalmente sino que después de estos vejámenes, los regresaron a sus casas. El mayor de los niños es de tan sólo diez años de edad.”


Una escuela con todas las comodidades en la zona de reserva campesina del valle del Río Cimitarra.
Foto D.R. 2007 Agencia Prensa Rural
Y si los niños no pueden ir a la escuela por los enfrentamientos, no hay problema. El Ejército Nacional igual siempre está dispuesto a compensarlos con actividades lúdicas como excursiones a batallones militares; con dulces iniciativas, avaladas por el gobierno como el Club Lancita (en el argot militar es un diminutivo de “lanza”, la manera en que muchos soldados se refieren propiamente a sus compañeros), o con talleres prácticos de formación donde se les prepara para ser informantes en sus propias comunidades. Por supuesto, las organizaciones no gubernamentales, empeñadas en ensuciar la buena imagen de la fuerza pública, salen a hacer críticas de actividades como estas que complementan la educación formal de los niños campesinos. Lean nada más el artículo elaborado el año pasado por la Coalición contra la vinculación de niños y niñas al conflicto amado en Colombia, para que vean qué manera de quejarse tienen.

Parece que estos activistas no pueden entender que en un país como éste – dónde no hay conflicto, sino ataques terroristas – el miedo y la terapia de choque pueden llegar a convertirse en grandes herramientas didácticas de aprendizaje. Sin contar que estas actividades buscan que esos niños campesinos se conviertan en los soldados del mañana. Hay que tener en cuenta que a largo plazo, como en la selección natural, a la universidad sólo podrán entrar quienes lo merecen (es decir, quienes la puedan pagar). En ese sentido, esos niñitos ahí no tienen mucha opción. Y siendo así es mejor que de adultos sigan educándose dentro de nuestras fuerzas armadas, defendiendo los intereses de los que tienen más suerte. Así podremos vivir en armonía y de paso evitamos que se conviertan en líderes sociales, sindicalistas u otras abominaciones comunistas por el estilo.

Hay que agregar que las fuerzas armadas contribuyen con estas actividades a que en medio de la ofensiva contra el terrorismo, los niños sigan siendo optimistas, como todos los colombianos de bien que creen en el gobierno. No como esas ONGs extranjeras, que ven el lado oscuro del todo. Miren nada más lo que decía la leyenda del dibujo de un cerdo bocarriba que los psicólogos de un tal Comité Interinstitucional Ecuatoriano sobre las fumigaciones le hicieron pintar a Diego Maldonado – un niñito que vive en la frontera con Ecuador – mientras realizaban un un estudio sobre los supuestos efectos nocivos de las fumigaciones en esa zona del país:

“Mi chanchito se murió y yo lo quería mucho. Me iba a comprar mi uniforme para ir a la escuela. El que vea y lea lo que está en mi dibujo, pido que me ayuden para terminar mi primaria. No quedó nada de plantas y animales”.

¡Pobre niño! Ya lo traumatizaron. Está bien. Ya el gobierno hace poco concluyó que la estrategia de las fumigaciones no era tan efectiva como se pensaba y que causa algunos daños menores en el medio ambiente. Pero hay que ver el lado positivo de las cosas: Por ejemplo, en este caso particular, si el cerdito se muere, pues que el niño se dedique a cultivar en las huerticas escolares y si las huerticas escolares se dañan con las aspersiones, pues que vuelva a sembrar, y si el niño se enferma por el glifosato, pues que se esfuerce para levantarse de la cama y vuelva a cultivar alimentos y a criar animalitos, para que así pueda estudiar. Toda una lección de perseverancia y tenacidad… Otro aporte del Plan Colombia a la educación en el campo, como parte de su componente social.

Pero claro, las ONGs, en medio de su paternalismo barato, se empeñan en impulsar a los pobres para que se quejen y se conviertan en gendarmes del subdesarrollo. Si se sigue así, este país va a llegar al colmo de la vagabundería como pasa en los países anclados en el marxismo, donde la educación es gratuita para todo el mundo, donde todo el mundo se rige, sin moral, por la ley del menor esfuerzo. Afortunadamente el presidente entiende bien que en un país democrático, la educación es una inversión, no un servicio público, tal y como lo afirmo durante la conferencia organizada por Clinton:

“La gente debe saber que la democracia brinda la oportunidad a las personas de ascender en el nivel social. Y la manera para que esa gente pueda ascender en el nivel social es la educación. Sumado a eso, la educación crea oportunidades para más productividad, más competitividad, más ingresos”.


Juguetes didácticos con los que frecuentemente se topan los niños que viven en zonas rurales de Arauca, después de que se han llevado acciones militares en el área.
Foto: D.R. 2006 Pablo Serrano
“Esa gente” no entiende nada e incluso quieren convertir a los niños en enemigos del Estado. Ya más adelante no se les puede parar y empiezan a incurrir en actos subversivos como el tal Paro Nacional para la Defensa de la Educación pública que tuvo lugar en el mes de mayo del año en curso. La situación por poco se sale de las manos: se suspendieron las clases en colegios y universidades durante mes y medio. Los estudiantes universitarios y de secundaria se tomaron los establecimientos educativos públicos, y muchos maestros dejaron de dar clase para salir a las calles. Todo esto, en protesta por el recorte a las transferencias (los recursos del Estado destinados al gasto público de las regiones) y las medidas del Plan Nacional de Desarrollo, entre las que se encuentran recortar el pago que hace el Estado las pensiones a los profesores universitarios, lo que generaría que las propias universidades asumieran ese gasto.

Afortunadamente para acabar con tanta ignorancia junta, el gobierno colombiano contó con experimentados escuadrones pedagógicos, como el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía Nacional). Estos se encargaron de hacer que “esa gente” volviera al redil como debe ser: con mano dura. Lean ustedes este ejemplo de convivencia que ha quedado consignado en un comunicado de la Asociación Distrital de Educadores, publicado en esos días, cuando gente inculta y peligrosa quiso atentar contra el orden de la nación:

“…escuadrones de policía por orden presidencial sin mediar orden judicial ni denuncia previa, de manera violenta, utilizando gases lacrimógenos, saltándose las paredes, tumbando puertas e intimidando a los presentes invadieron instituciones educativas en las cuales se desarrollaban asambleas permanentes y procedieron a desalojar por la fuerza a sus estudiantes, en medio de la protesta y la indefensión de los vecinos. En el desarrollo de esos hechos resultaron heridos varios jóvenes que debieron ser hospitalizados”.

Lo anterior ocurrió en uno de los colegios de secundaria que se tomaron sus propios estudiantes, en protesta por la mediocridad, la falta de presupuesto y el despotismo que, según ellos, son un factor común en esos establecimientos. Pobrecitos, seguramente -como dijo el presidente Uribe en su momento – fueron “manipulados por politiqueros”, porque, claro, en Colombia los jóvenes y los niños no pueden pensar por sí mismos.

Puede que la nómina de pedagogos del ESMAD haya sido un poco dura, pero es que “esa gente” tiene que aprender a apreciar lo que tiene. ¿Cómo es posible de que no sean conscientes del gran sacrificio que hace el gobierno cuando invierte en programas sociales el 20% de los dineros pertenecientes a la ayuda – que generosamente Estados Unidos le brinda a este país – reduciendo a un 80% los recursos para acabar con los terroristas (que seguro andarán encabezando esas protestas) y para la guerra contra las drogas, que son las verdaderas culpables de la crisis educativa que sufre el país?.

En el capitulo sobre la situación de la educación en Colombia del informe “Deshacer el embrujo” – que publicó el año pasado la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo – se reconoce que en materia de cobertura educativa para los más pequeños, se pasó de un 82% en el 2002 a un 88% en el 2005. Pero aún así, como diría una de las celebres frases del presidente Uribe, “en vez de aportar, tienen que criticar”: para ellos, el aumento de la cobertura no significa nada, mientras la familia no pueda asumir muchas veces los gastos generados en transporte, útiles escolares, comida y uniformes. ¿Cómo no van a ser capaces de asumir esos gastos casi simbólicos? ¿No se supone que los niños de esa familias también trabajan? El problema radica en que no saben invertir el dinero (todo se lo gastan en comida). Por lo tanto no quieren progresar, ni competir, ni ascender socialmente. Ese es el verdadero problema y una de las causas del subdesarrollo de este país.


Marcha organizada por adolescentes, “sin capacidad de pensar por sí mismos”, en el marco del Paro Nacional por la Defensa de la Educación Pública, que tuvo lugar este año en el mes de mayo.
Foto: D.R. 2007 Dan Feder
Ahh, sí. Y también se quejan en el consabido informe sobre la supuesta falta de inversión en educación de calidad ¿Qué se les antoja acaso?. ¿Que los colegios públicos tengan los mismos profesores que dictan clase en los institutos privados, donde sí se educa a los niños en pro de la productividad y de la competitividad? Por favor, ese tipo de educación avanzada es un privilegio que sólo se merecen los niños que provienen de familias de bien que han escrito con color rojo la historia de este país. Esos mismos niños que cuando adultos estudiarán en en las mejores universidades de Estados Unidos y Europa, para luego volver a Colombia y asumir el poder. Los otros niños, los que política y económicamente hablando, no son los hijos de nadie, lo único que deben aprender bien es a leer y a escribir, para votar por ellos cada vez que haya elecciones. Y para eso no se necesita invertir mucho en educación de calidad.

Definitivamente el presidente Uribe no pudo haber explicado mejor cómo funciona el sistema educativo en la democracia más antigua de América Latina. Seguro después de la conferencia pudo compartir un rato con el presidente Clinton para recordar viejos tiempos, cuando el Plan Colombia apenas era una idea que garantizaría la educación de los hijos de los hijos de ambos en Harvard, Oxford, Princeton o cualquiera de esas universidades, donde los hijos de sus hijos merecen y pueden ir a parar… especialmente cuando una guerra entre ignorantes no da señales de terminar pronto.

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