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Los O’odham regresa a su lugar de origen después de reunirse con el Subcomandante Marcos e indígenas mexicanos

“Tengo la sensación de que esto está despertando a la gente”


Por Brenda Norrell
Especial para The Narco News Bulletin

28 de octubre 2007

TUCSON: Cuando más de 500 delegados indígenas se reunieron en Vicam (un pueblo de México ubicado sobre el Río Yaqui) – durante el Encuentro de Pueblos Indígenas de América – el poder de una fuerza espiritual global se liberó y se hizo presente allí, en palabras de Ofelia Rivas, una mujer O’odham que vive en la frontera entre Estados Unidos y México.

“Esto no es un movimiento local. No es solamente algo de los zapatistas. Los pueblos indígenas del mundo están creando este movimiento”, aseguró Rivas durante una entrevista.

“Tengo la sensación de que esto está despertando a la gente. Había un sentido de unidad, de continuar luchando, a pesar de los problemas que pueda tener la gente. Estábamos unidos, hablando de eso juntos. Realmente sentí que esta era una iniciativa de las bases”.

Rivas afirmó que una las presentaciones culturales más impactantes fue la que hicieron los representantes de los pueblos indígenas de Michoacan. “Eso realmente me conmovió”, dijo, citando luego algo que le dijo un amigo Tzotzil de Chiapas: “Cuando las cosas se ponen serias , bailamos”.

Dijo que las autoridades tradicionales del pueblo de Vicam brindaron su máximo respeto: “Fue sorprendente ver a líderes tradicionales del pueblo Yaqui escuchando atenta y pacientemente las historias que se contaban”.

Rivas también mencionó lo importante que fue el hecho de que representantes indígenas de Estados Unidos y Canadá dieran a conocer su sufrimiento. Generalmente, dice, la gente de otros países cree que para los indígenas de aquí todo es muy fácil.

“Si, hay violaciones a los derechos humanos en Canadá y los Estados Unidos. Pero quienes viven fuera creen que no tenemos problemas. No saben que vivimos en la pobreza y que nuestras mujeres y niños afrontan condiciones desfavorables”.

De cierta manera, las condiciones de los pueblos indígenas son peores en Estados Unidos que en cualquier otra parte.

“Aquí es peor. La gente está controlada por el gobierno. Nuestra propia gente ha asimilado eso también y se aprovechan de lo que supuestamente nos brinda el sistema. El sistema está controlándonos y controlando a la gente”.

Asimismo aseguró que el dinero que llega a las naciones indígenas, así como las restricciones y condiciones que vienen con él, también entran a formar parte de ese control impuesto por el gobierno.

Por otra parte, mencionó que una de las historias más tristes que se compartieron en la reunión, fue la de una mujer lakota, quién hablo sobre los abusos que tienen lugar en las escuelas de internado y sobre las condiciones en las que aún vive su pueblo. Niños indígenas fueron arrebatados a sus familias por los gobiernos de Estados Unidos y Canadá – durante gran parte del siglo veinte – para obligarlos a entrar a estos internados operados por el Estado. Allí, muchas veces fueron víctimas de abusos sexuales y otros maltratos físicos. Además se les prohibió hablar en su propia lengua y fueron obligados a asimilar la cultura dominante. Aquellos que se escaparon fueron sometidos a aislamiento y algunos murieron. Tales abusos trajeron como consecuencia generaciones enteras de indígenas traumatizados en Estados Unidos y Canadá.

Una nación tras otra contó sus historias en el encuentro. En palabras de Rivas, “todo el mundo estuvo muy atento y escuchó directamente a la gente”.

Mientras tanto, en su hogar – que se encuentra ubicado entre México y Estados Unidos, donde las tierras ancestrales de su familia están dividas por la frontera internacional – la construcción de una barrera vehicular ha bloqueado la ruta ceremonial del pueblo O’odham.

“Esta ceremonia se ha llevado a acabo desde que el mundo fue creado”, dice Rivas.

Antes de la construcción reciente de de una barrera vehicular federal sobre los territorios indígenas que se encontraban en la zona fronteriza de Ali Jegk (perteneciente al Distrito Gu-Vo de Arizona, a 19 millas del este de Sonoyta, México), los indígenas O’odham de esa región podían atravesar su territorio tradicional aquí.

Ahora, en lugar de invertir menos de una hora para ir al mercado, los O’odham deben viajar seis horas ida y vuelta para poder hacer compras en Tucson. Para quienes sufren de diabetes o se encuentran en medio de una emergencia médica, la nueva barrera fronteriza simboliza una fatal amenaza contra la vida.

“Muchas de las personas que han vivido tradicionalmente en estos territorios no tienen pasaportes, porque nacieron en su casa”.
Para los O’odham que asisten a la ruta ceremonial durante julio, la nueva barrera fronteriza es un atropello contra el viaje espiritual.

“Esto fue una verdadera privación”, dice Rivas. “Cuando estás en una peregrinación a un lugar sagrado, te encuentras en un estado mental sagrado. Pero, igual, eres retenido por la policía de Inmigración y tus papeles son revisados. Esto se constituye como una interrupción. La gente se ha preparado espiritualmente, pero luego debe soportar esta odisea que significa cruzar la frontera”.

Rivas dijo que en el gobierno indígena elegido por la Nación Tohono O’odham – que se encuentra en Sells, Arizona – no está ayudando a que el pueblo tradicional O’odham pueda conservar su derecho a transitar por sus territorios ancestrales y llevar a cabo sus ceremonias tradicionales.

“Esta ceremonia”, dice, “está colgando de un hilo”.

También afirmó que el poder, la unidad y la conciencia que se compartieron en el Encuentro Intercontinental deben darse a conocer ahora a quienes no pudieron asistir. “muchas personas que debieron haber asistido no estuvieron allí. Estaban en casa protegiendo a su gente o a su tierra. Algunos de ellos tuvieron problemas para cruzar la frontera”.

Por otra parte, espera que el Encuentro del pueblo Vicam continúe – a través de reuniones regionales en Canadá, Estados Unidos y Sur América – así como que haya más personas dispuestas a participar.

Rivas maneja el inglés y su lengua tradicional O’odham. En esta última llevó a cabo su presentación en el Encuentro. “Hablar en mi lengua es mi forma de resistencia personal”, dice Rivas, cuyas palabras fueron traducidas de lengua O’odham a inglés y español.

Además, compartió una declaración elaborada por líderes tradicionales O’odham de Cu:Wi I-gersk, y líderes religiosos de territorios O’odham de México y Estados Unidos.

“La resistencia O’odham empezó cuando los profetas advirtieron sobre la invasión extranjera y sobre los abundantes cambios que tendrían lugar en la gente y el mundo. La defensa O’odham consistía en doblarse para no romperse ante la llegada de estos vientos nuevos. Mi gente, mis amigos, formaron parte de ese momento crucial”, afirmó Rivas durante la lectura de la mencionada declaración en el Encuentro.

La Nación O’odham está conformada por cuatro grupos que habitan el desierto de Sonora. Al norte, están los On’k Ake’mel O’odham (gente del Salt River) y los Ake’mel O’odham ( gente del Gila River). Al oeste se encuentran los Hia’ced O’odham (gente de la arena), y al sur están los Tohono O’odham (gente del desierto).

El territorio ancestral O’odham limita con el Yaqui, al sur, y con el Apache al este. Al suroeste – entre aguas continentales del Océano Pacífico- en Ka’ch’k (el Mar de Cortez o Golfo de California en México), el territorio O’odham limita con el Seri.

Estados Unidos y México se apropiaron de los territorios O’odham cuando se creó la frontera internacional en 1853. Esta dividió las tierras O’odham. El gobierno indígena, elegido por por el pueblo Tohono O’odham – que decidió trabajar con el gobierno federal de Estados Unidos y recibir su dinero para desarrollarse, teniendo como base el sistema norteamericano -, no fue reconocido por las autoridades tradicionales de este grupo indígena.

“La historia de nuestra gente comienza con la creación del mundo. También tenemos conocimiento de mundos antiguos que existieron”. La gente se acostumbró al Him’dag, el estilo de vida O’odham. Aprendió a vivir en el desierto y asumió la responsabilidad y el honor de ser indígena.

“Somos los cuidadores del universo; mantenemos el universo en equilibrio a través de nuestras enseñanzas provenientes del Creador. A través de nuestras canciones y ceremonias mantenemos el balance del universo”.

El primer ataque a los O’odham vino de enfermedades de origen extranjero, las cuales alteraron la estructura genética de la gente. Además, los forasteros vinieron a robar y comercializar el conocimiento O’odham sobre las propiedades de las plantas medicinales.

El segundo ataque provino de la religión extranjera. “Las abundantes iglesias donde los O’odham católicos rezan fueron construidas por esclavos O’odham, controlados por misioneros”.

Hoy en día, los lugares ceremoniales O’odham son vistos como sitios turísticos: desde los grandes campos de lava que se encuentran en la frontera hasta el Mar de Cortez en México.

“Los sitios religiosos y los lugares sagrados están bajo constante amenaza por arqueólogos, compañías mineras y mexicanos que quieren tomar control de los territorios y las comunidades. Una de las amenazas más recientes es la propuesta de construir un vertedero de desechos químicos, justo a 13 kilómetros de nuestro sitio ceremonial”.

Con el fin de aislar a los O’odham de su cultura, Estados Unidos los reubicó en ciudades y puso a los niños en escuelas de internado.

“Hoy es evidente a destrucción de las estructuras sociales del pueblo: la gente depende del sistema existente. Nuestra lengua – que fue prohibida en los internado -, sobrevive hoy, pero a una muy pequeña escala”.

Ahora, la militarización en la frontera impide que los O’odham se movilicen en rutas tradicionales.

En México, ganaderos, granjeros y corporaciones están apropiándose de tierras O’odham. En 1845 había 45 aldeas en el sur, en lo que ahora es la frontera. Hoy, apenas sobreviven 9 aldeas.

La restricción al desplazamiento, la explotación de la tierra y la destrucción de las culturas – a través del genocidio y el etnocidio- son fenómenos que evidencian el momento crítico que atraviesa el universo.

“Hoy nos reunimos aquí en Vicam, no como gobiernos y organizaciones, sino como gente de la tierra. Estamos aquí para mostrar nuestra solidaridad; por nuestra supervivencia; para proteger el mundo, nuestros territorios y nuestras futuras generaciones.

“Una delegación de todas las naciones debe continuar fortaleciendo este mensaje de solidaridad y promoviendo la educación en Derecho Universal Indígena.

”Hoy continuamos exigiendo el acceso a nuestras tierras, incluyendo nuestras rutas ancestrales, para trasladar nuestro Him’dag y ofrendar nuestros lugares sagrados. Exigimos su protección y la de nuestra cultura. Exigimos elecciones limpias y nuestra propia representación en los sistemas de gobierno que nos ignoran”.

Brenda Norrell ha repotado sobre la América indígena durante 25 años. Actualmente vive en Tucson y hace coberturas en México, la frontera estadounidense y el Oeste. Es autora del Censored Blog y colaboradora frecuentemente de la Narcoesfera.

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