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El Embajador Estadounidense Lew Amselem: un Macabro Personaje de las Películas de Terror del Pasado


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

29 de septiembre 2009

Cuando hace poco más de una semana, el presidente de Honduras Manuel Zelaya arribó a la embajada brasileña de Tegucigalpa, la Secretaria de Estado de los Estados Unidos lo calificó como un momento “oportuno” para el “diálogo” que había estado pidiendo durante todo el verano.


Embajador de EE.UU. Lew Amselem
Seis días después, el domingo pasado, el Embajador de los Estados Unidos, Hugo Llorens había convocado a varios políticos hondureños y a gente de negocios en Tegucigalpa para hablar sobre cómo fomentar el “diálogo” que pueda resolver la crisis política del país. Cuatro candidatos presidenciales estuvieron ahí, así como los magnates Adolfo Facussé y Carlos Flores (ex presidente), John Biehl (asesor especial de la Organización de Estados Americanos) y al abogado de derechos humanos Leo Valladares, quién compartió con Narco News lo que ahí sucedió.

A mitad de la reunión del domingo, el teléfono celular del Embajador Llorens sonó, notificándole que el dictador Micheletti había publicado el infame decreto que borraba las libertades Constitucionales básicas de: reunión, tŕansito, expresión y de debido proceso. “La primera reacción en la habitación era que esto afectaba negativamente el clima para la negociación”, dijo Valladares.

Luego, al amanecer, las tropas golpistas invadieron Radio Globo y el Canal 36 de televisión, robando su equipo y transmisores, para silenciarlos bajo los nuevos poderes que Micheletti había decretado.

Unas horas después vino una reunión de la Organización de los Estados Americanos en Washington. El embajador estadounidense alterno (¿o debemos decir “de facto”?), Lewis Amselem, vestigio de la administración Bush, se detuvo mínimamente en el decreto del régimen golpista de “estado de sitio”, en lugar de lanzar una diatriba contra las víctimas del mismo.

“El retorno del presidente Zelaya a Honduras es irresponsable e idiota y no sirve ni a los intereses de su pueblo ni a aquellos que buscan el reestablecimiento pacífico del orden democrático en Honduras”, expresó Amselem. “Todo va a mejorar si todas las partes se abstienen de la provocación y de la instigación a la violencia.”

De acuerdo con Amselem, provocar o incitar a la violencia es mucho peor en realidad que dedicarse a la violencia, como el régimen golpista lo había hecho toda la noche y mañana previa a la diatriba de Amselem. En lugar de claramente centrar la atención en el lugar al que pertenece—en la reciente ola de terror del violentamente opresivo régimen, en donde las vidas de los honduereños estuvieron y están en juego—Amselem optó por jugar al crítico de cine en lugar del diplomático, burlándose de Zelaya: “El presidente debería parar de actuar como si fuera protagonista de una vieja película.”

El estallido de Amselem fue rápidamente recogido por los medios de comunicación pro golpistas (que tradujeron “tonto” como “idiota”), no solo sirviendo para ocultar la historia más importante, el de la supresión de la Constitución por medio del decreto, sino que estimularon la moral de las mismas fuerzas que habían descendido a nuevos niveles de autoritarismo y violencia.

Y esa fue solo la última aventura en la falta del control del mensaje que se dió durante todo el verano por un Departamento de Estado esquizofrénico, y por su errática, tal vez ebria, forma de conducción, la cual de vez en vez le ha dado oxígeno al régimen golpista al que dice oponerse.

El Departamento de Estado pasó el resto del día redactando la siguiente declaración, la que se lee como la aceptación de que Amselem metió la pata:

Estados Unidos mira con grave preocupación el decreto emitido por el régimen de facto en Honduras, que suspende los derechos civiles y políticos fundamentales. En respuesta a la fuerte oposición popular, el régimen ha indicado que está considerando rescindir el decreto. Hacemos un llamado al régimen de facto a hacerlo de inmediato.

Las libertades inherentes en los derechos suspendidos son inalienables y no pueden ser limitadas o restringidas sin dañar gravemente las aspiraciones democráticas del pueblo hondureño.

En este momento importante en la historia de Honduras urgimos a todos los líderes políticos a comprometerse a un proceso de diálogo que resulte en una resolución duradera y pacífica a la crisis actual.

Urgimos también al régimen de facto y al presidente Zelaya, a hacer uso de la buena voluntad y solidaridad mostrada por el presidente Arias de Costa Rica, la Organización de los Estados Americanos y otros miembros de la comunidad internacional para ayudar a facilitar, dentro del marco de las conversaciones de San José, esa resolución.

A este respecto le recordamos al régimen de facto sus obligaciones bajo la Convención de Viena de respetar las instalaciones y el personal diplomáticos, y todos aquellos bajo su protección. El cumplir con esas obligaciones es un componente necesario para el diálogo entre naciones, y crea las prácticas de compromiso, tolerancia y comprensión, necesarias para la resolución pacífica de las disputas.

Pero aquellos que han seguido la carrera diplomática y militar de Amselem—sobre todo cuando fue funcionario político-militar en la embajada de Estados Unidos en la Ciudad de Guatemala (1988-92) y consejero de asuntos políticos de la embajada de Estados Unidos en La Paz, Bolivia (1992-95)—sospechan que el sabotaje de ayer de Amselem a la política apuntada de los Estados Unidos fue totalmente predecible e intencional, dado su historial macabro en el hemisferio.

El periodista Jeremy Bigwood, quién reportaba desde Guatemala durante el ejercicio de Amselem allí, recuerda al diplomático por la misma conducta escandalosa, y por el tipo de declaraciones que ayer mostró en Washington. Según Bigwood, Amselem “calificaría positivamente el exterminio de unos doscientos mil indígenas guatemaltecos. El tipo debe ser enviado a la Corte Internacional de Justicia por complicidad en crímenes de guerra. Incluso organizó el suministro ilegal y los puentes aéreos para el Ejército de Guatemala luego de que la ayuda militar estadounidense había sido prohibida. No puedo creer que esté representando a la administración de Obama ante la OEA.”

Lo más sorprendente es que el actual jefe de Amselem, la Secretaria Clinton, debería saber el peligro que representa, ya que ella, como Primera Dama en la década de los 90, estaba involucrada con uno de los más notorios casos de abuso a los derechos humanos, el de la monja ursulina Dianna Ortíz, quién fue secuestrada y torturada en Guatemala en 1989.

En 1995 un juez federal estadounidense, ordenó al General Héctor Gramajo, del ejército guatemalteco, pagar USD$47 millones en daños a la hermana Ortíz y a otros demandantes por esos crímenes.

La defensora de los derechos humanos, Kerry Kennedy, escribió, “la cruda honestidad de Ortíz y su capacidad para articular la agonía que sufrió, obligó a los Estados Unidos a la desclasificacioń de archivos secretos de Guatemala, y arrojó a la luz muchos de los momentos más oscuros de la historia de Guatemala y la política exterior estadounidense.”

¡Bien, adivinen ¿quién aparece en las memorias de la hermana Dianna? Lewis Amselem, y no en el buen sentido. Ortíz escribió:

“...después de que un doctor estadounidense contara 111 quemaduras de cigarro tan solo en mi espalda la historia cambió. En enero de 1990, el Ministro de Defensa de Guatemala declaró publicamente que yo era lesbiana y que había fingido mi secuestro para encubrir una cita. El Ministro del Interior hizo eco de esta declaración y luego dijo que la había escuchado por primera vez de la embajada estadounidense. Según un asesor del Congreso, el funcionario de asuntos políticos en la embajada, Lew Amselem, fué el que comenzó a difundir el rumor.

“En presencia del Embajador Thomas Stroock, este mismo funcionario de derechos humanos dijo a una delegación de hombres y mujeres religiosas que estaban interesados en mi caso, que estaba ‘cansado de estas monjas lesbianas que venían a Guatemala.’ La historia sufriría otros cambios. Según la prensa guatemalteca, el embajador sacó otra versión: el le dijo al Ministro de Defensa guatemalteco que no fuí secuestrada ni torturada sino que simplemente ‘tenía problemas con los [mis] nervios.’”

Así que ayer no fue la primera vez que Amselem revelara el reflejo de su espíritu miserable al culpar a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos. Más preocupante aún, es que la Secretaria Clinton—quien conoció a la hermana Dianna en los 90’s y expresara sus condolencias y solidaridad—ya debería conocer esta historia.

Que Clinton envíe a un sombrío personaje para representar a los Estados Unidos ante la OEA solo garantiza sabotaje durante el tiempo que permanezca ahí. Amselm puede oponerse a lo que el llama de Zelaya el “actuar como si fuera protagonista de una vieja película,” pero es precisamente Amselm quién es el actor de bajo presupuesto en una película de terror todavía mas vieja: la de la política estadounidense en América Latina en los anteriores régimenes golpistas y militares. Y ésta sórdida historia demuestra que ahora más que nunca es momento de desinfectar al Departamento de Estado de los malos actores—como Amselm—que espanta como personaje macabro de películas de terror del pasado.

Próximamente: El falso-periodista Frances Robles del diaro de los oligarcas The Miami Herald, quien piensa que lastimar a hondureños con armas químicas es un chiste divertido…

Actualización: De la rueda de prensa del Departamento de Estado de los E.E.U.U de hoy

PREGUNTA: Quisiera regresar a las declaraciones del embajador ante la OEA sobre Honduras ayer. El dijo que el regreso de Zelaya había sido irresponsable y tonto. Pareciera qu esta declaración ha generado algunas dudas, especialmente porque Zelaya se encuentra aún bajo sitio dentro de la embajada.

SR. CROWLEY: ¿Quien dijo eso? Perdón

PREGUNTA: ¿Perdón?

SR. CROWLEY: ¿Quien hizo esa declaración ayer?

QUESTION: Su – digo, su embajador ante la OEA.

SR. CROWLEY: Claro. Lew Amselem.

PREGUNTA: Lewis Amselem.

SR. CROWLEY: Mm-hmm.

¿Mm-hmmm?

Traddución de inglés por Fernando Leon

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