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Panamá entra a la guerra colombiana

El Presidente Martinelli puede estar violando tratados del Canal


Por Okke Ornstein
Especial para The Narco News Bulletin

23 de febrero 2010

La bomba de tiempo sobre la que escribí en Narco News hace 9 años podría estar a punto de estallar.

Atentos observadores ya veían venir esto cuando Panamá anunció que construiría 11 “bases que lucharían contra el narcotráfico” y que supuestamente se compondrían de personal local: El gobierno del barón del supermercado Ricardo Martinelli está en el curso firme de arrastrar al país a un conflicto armado entre, por un lado el gobierno colombiano y sus aliados y por el otro la guerrilla de las FARC. El pretexto no es solamente el habitual combate a los narcóticos, sino que los panameños están diciendo abiertamente que quieren combatir a los insurgentes colombianos en la zona fronteriza.

Como la versión oficial dice, un pequeño grupo de miembros de las FARC fue descubierto el 27 de enero en la frontera del río Tuira cerca de Boca de Cupe, que está a aproximadamente a un día de camino desde el campamento que las FARC mantiene o mantenía en la zona fronteriza. La fronteriza, unidad especial fronteriza de la Policía Nacional, les ordenó detenerse, lo que la guerrilla no hizo. Luego, la policía abrió fuego, matando a tres y capturando a otros dos. Hasta ahora no se ha identificado a los muertos. El área ha estado cerrada para los periodistas, así que puede que nunca sepamos lo que en verdad pasó.

Las FARC respondieron con una declaración, en la que reafirman su política de no atacar a países vecinos y, básicamente, le piden al gobierno panameño que respete el acuerdo extraoficial que se ha mantenido por décadas de “déjenos en paz y nosotros los dejaremos en paz.”

También alegan que las fuerzas de la policía panameña están colaborando estrechamente con el ejército colombiano, hasta el punto en el que los colombianos están realmente en el mando de los panameños.

El gobierno panameño, en respuesta a las críticas y preocupaciones de que el pequeño país se convierta en parte en la guerra civil colombiana, dijo que defenderá las fronteras “hasta el último metro.”

Por si fuera poco, The Panamá News escribió entonces que en el área existen mercenarios estadunidenses activos. Diversas fuentes informaron que la policía fronteriza de Panamá distribuye volantes con las fotografías de los comandantes de las FARC ofreciendo recompensa por su captura.

El 20 de febrero ocurrió otro incidente en la zona fronteriza. Un barco de la policía trató de interceptar tres lanchas rápidas cerca de la frontera con Colombia y, según la versión policial, los hombres en las lanchas abrieron fuego. Un policía resultó herido y el barco policial quedó dañado. Las tres lanchas escaparon.

El diario pro Martinelli, La Estrella de Panamá reveló varios hechos interesantes.

Primero, afirmó que se inició una búsqueda de los hombres en lancha. La búsqueda fue realizada por un helicóptero y un avión del Servicio Nacional Aeronaval, asistido por un P3 Orion de los Estados Unidos que “da apoyo en el sector fronterizo”, como dijo el periódico.

Luego, en la misma nota, La Estrella reportó que 93 policías acababan de regresar de Colombia, donde habían sido entrenados por el Ejército de Colombia. De hecho, en el pie de foto publicado, los llaman “soldados”. No se explica en que consistió el entrenamiento exactamente, dado el hecho que el trabajo del ejército y el trabajo policial son dos cosas muy diferentes.

La Constitución y los Tratados del Canal

Sin embargo, los esfuerzos de Panamá pueden ser ilegales en virtud de su propia Constitución, así como una violación a los Tratados del Canal con los Estados Unidos.

En primer lugar, después de que la dictadura de Manuel Noriega fuera derrocada por la invasión estadunidense a Panamá en 1989, la Constitución fue modificada para que Panamá no volviera a tener ejército. Varios gobiernos consecutivos han tratado de empujar los límites de esa disposición, sobre todo con creativos eufemismos (“fronteriza”) y participando en los ejercicios navalaes anuales bizarros Panamax. En cuanto a la sociedad civil panameña, esta ha sido muy vigilante sobre la cuestión, y cualquier asunto con tinte militar es por lo general rechazado por la población. Así, teniendo a policías entrenados por el ejército colombiano—de por sí manchado por escándalos como las matanzas masivas del asunto de los “falsos positivos”—y luego llamarlos “soldados” a su regreso puede ser que están yendo demasiado lejos.

En segundo lugar, los Tratados del Canal de Panamá, que dieron lugar a la devolución del Canal y la zona del Canal en 1999, dice explícitamente que Panamá será neutral para salvaguardar la neutralidad del Canal. En ese sentido, el curso actual de Martinelli es, por lo menos, imprudente. El trabajar en conjunto con el ejército colombiano, conocido por sus violaciones a los derechos humanos, y yendo en conjunto tras las FARC, no es sino una invitación a ampliar el conflicto en Panamá. Las FARC superan fácilmente la fuerza de la policía panameña, y si se ven forzados a abandonar su política de no agresión a países vecinos, la guerrilla puede muy bien alcanzar objetivos más vulnerables dentro de Panamá (la capital) en lugar de permitir que el teatro se limite a los panameños de la selva del Darién.

Líder Autoritario

Mientras tanto, la luna de miel de Presidente Ricardo Martinelli con el electorado ha terminado. El presidente, cuyo primo y recaudador de fondos para su campaña se encuentra en prisión en México por cargos de lavado de dinero del cártel de drogas de los hermanos Beltrán Leyva, se enfrenta a una creciente oposición por su autoritaria forma de gobernar y por el flagrante desprecio por la Constitución de Panamá y la división de poderes. En lo que él llama una campaña para acabar con la corrupción sistémica, está yendo casi exclusivamente en contra de figuras de la oposición. La credibilidad de sus esfuerzos se erosionaron aún más cuando planeó que la Procuradora General Ana Matilde Gómez fuera removida de su puesto mediante el uso de cargos falsos en su contra por un fiscal que había sido sorprendido in fraganti ejecutando una red de extorsión. A Martinelli, el caso parece haberle costado la ratificación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Su negativa a actuar en contra de legisladores de su propia alianza que están involucrados con canalizar millones de dólares del Fondo de Inversión Social a sus propias arcas tampoco lo ha ayudado. Incluso sus partidarios cuestionan la eficacia de su enfoque de mano dura para luchar contra la creciente alza en la tasa criminal. Si encima de eso Martinelli arrastra a Panamá en lo que sería la cuarta generación de una guerra, sin duda le costará lo que le queda en su índice de aprobación.


Traducción del inglés por Fernando León

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