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El movimiento mexicano por la reforma de la política de las drogas comienza a tomar forma

La conferencia internacional en la Ciudad de México le da esperanza e inspiración a un movimiento local en ciernes


Por Kristin Bricker
Especial para The Narco News Bulletin

28 de febrero 2010

El pasado 22 y 23 de febrero, expertos en política de drogas y organizadores de todo el mundo se reunieron en la Ciudad de México para la conferencia “Vientos de Cambio: la política de drogas en el mundo”, organizada por el Colectivo por una política integral hacia las drogas (CUPIHD).

La conferencia fue el primer evento que el CUPIHD ha organizado como colectivo. Jorge Hernández Tinajero, presidente del CUPIHD, dijo a Narco News, “Todos [los miembros del CUPIHD] han estado trabajando en este tema por al menos los últimos 10 años desde sus respectivas áreas de conocimineto.” Sin embargo, fue recientemente que unieron sus fuerzas bajo la bandera del CUPIHD, el cual fundaron el año pasado con el fin de “transformar la cultura y las políticas de drogas bajo un enfoque de reducción de riesgos y de respeto a los derechos humanos.” De acuerdo con una miembro del CUPIHD y ex diputada, Elsa Conde, la “conferencia Vientos de Cambio es solo el principio”.

En la conferencia, los expertos en políticas de droga de Perú, Argentina, Brasil, Holanda, los Estados Unidos y del Reino Unido, compartieron las experiencias de sus países. Mientras reconocía que las situaciones de sus respectivos países eran muy distintas a las de México, esperaban que los mexicanos aprendieran de sus experiencias, estrategias, tácticas y experimentos en la reforma de la política de drogas.

Por ejemplo, Pien Metaal de Holanda, habló sobre el retroceso hacia la criminalización que su país está experimentando acutalmente, luego de años de creciente despenalización. Su organización, Transnational Institute (TI), analiza y compara la política de las drogas en todo el mundo. Metaal proporcionó una visión general amplia sobre cómo países europeos y latinoamericanos han experimentado la despenalización. Se enfocó en los varios gobiernos que han reclasificado la distribución de drogas, posesión y su uso hacia la despenalización, dándole a los participantes de la conferencia una variedad de opciones a considerar y defender mientras luchan por la reforma en sus propios países. Señalo que a fin de avanzar hacia políticas más justas, muchos países han comenzado a trazar distinciones legales entre diferentes drogas, entre los usuarios y distribuidores pequeños, entre distribuidores pequeños y los más importantes, entre mulas* y traficantes a gran escala, y entre pequeños y grandes productores.

TI también ha compilado información de estudios en países que no han despenalizado el consumo de las drogas, en cierta medidad con el fin de sacar conclusiones sobre el impacto de la despenalización del consumo de las drogas y los delitos relacionados con ellas. Metaal argumenta, basándose en un análisis de datos disponibles de varios países, que “las medidas judiciales no son eficaces en la reducción de la expansión de los mercados de drogas. Más bien, son las familias más pobres y marginadas las que pagan el precio de estas políticas. Hay pruebas suficientes de que las políticas alternativas no incrementan el consumo [de drogas], sino que incrementan el acceso a los servicios [de prevención y rehabilitación] y a la atención médica.

Ethan Nadelmann, de la Alianza por la Política de las Drogas (DPA, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos, habló durante dos sesiones plenarias. Nadelmann explicó cómo y por qué su organización ha enfocado la mayor parte de sus esfuerzos en legalizar el uso de la marijuana medicinal en los Estados Unidos. Si bien DPA busca “poner fin a la guerra contra las drogas” en general, ha elegido a la marijuana medicinal como asunto divisivo, uno que busca terminar o reducir la estigmatización asociada con las drogas y abrir la puerta para un debate más amplio en la guerra contra las drogas. “Esperabamos y creíamos que al trabajar con el uso de la marijuana medicinal, comenzaría la transformación del debate público en torno a la marijuana”, dijo Nadelman. “Esto cambiaría la conversación, y esperabamos que redujera más ampliamente la resistencia a hablar sobre la legalización de la marijuana. Creo que en esa cuestión hemos tenido éxito.”

Nadelman dijo a una audiencia en su mayoría mexicana que no estaba diciendo que los reformistas de la política de drogas en México tuvieran que asumir también la causa de la marijuana medicinal. Más bien, dijo, “si nos fijamos en la forma en que la guerra por la reforma de la política de la droga se desarrolla y en términos educativos evoluciona, también, en distintas partes del mundo, puede ser por razones muy diferentes… Cada lugar es distinto. Creo que en México aún se sigue buscando y luchando por lo que será el ángulo, la cosa específica que le permita a México dar un salto hacia adelante en el debate. En los Estados Unidos fue el uso de la marijuana medicinal.”

Nadelmann sostiene que en la elección de un tema clave para enfocarse con el fin de avanzar en el movimiento, los defensores de la reforma a la política de las drogas deben preguntarse: “¿Dónde podemos obtener adherencia? ¿Dónde podemos excavar? ¿Dónde podemos tener una postura con el fin de contraatacar?” Como señala Nadelmann, un buen punto para comenzar con una reforma política es una cuestión en el que la mayoría de las personas pueda estar de acuerdo—una cuestión donde la mayoría de la gente crea que la guerra contra las drogas ha ido demasiado lejos.

Nadelmann, mientras recordaba a los asistentes de la conferencia que no es un experto en México y no está en la posición de decirle a los mexicanos cómo construir un movimiento por la reforma a la política de las drogas, “adivinó” cuáles podrían ser los temas clave en México que el movimiento pudiera aproverchar y trabajar en ellos. “Mi consejo, tómenlo como lo que es, es enfocarse en llevar la opinión en México sobre la cuestión de la marijuana. Es casi imposible hablar de manera realista en términos políticos a cerca de la legalización de la cocaína o heroína o metanfetamina, pero con la marijuana es posible y puede suceder”, argumentó Nadelmann. “En México ahora solo el 30% apoya la legalización de la marijuana. México necesita un salto rápido en apoyo a la legalización de la marijuana. Y en la mente del público tiene que estar vinculado a que la legalización de la marijuana es la mejor forma de privar billones de dólares de los traficantes de droga.” Nadelmann señala que la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) y el zar antidrogas del mismo país afirman que al menos la mitad de las ganancias de las bandas mexicanas de tráfico de drogas provienen de la marijuana.

Nadelmann compartió también ejemplos sobre cómo su organización aprovechó oportunidades específicas para lanzar campañas que cambiaran la opinión de la gente en cuanto a política de drogas. Por ejemplo, en Tulia, Texas, 40 personas afroamericanas fueron arrestadas en una redada, siendo que la única evidencia en su contra era el testimonio de un oficial de policía blanco. Todos los detenidos fueron liberados posteriormente. Las organizaciones por la reforma de la política de drogas aprovecharon el caso para fomentar una crítica hacia la política de drogas, que afecta desproporcionalmente a comunidades afroamericanas y latinas en los Estados Unidos, dentro de las comunidades negras tradicionalmente conservadoras.

Nadelmann cree que México está viviendo también un momento educativo importante, uno que puede ser aprovechado para abrir un debate sobre la política de las drogas. “En la actualidad hay lugares en México que se parecen al Chicago de la época de la Prohibición y Al Capone. Si alguna vez ha habido un momento para cuestionar los costos y beneficios sobre las políticas prohibicionistas, ese momento es ahora.”

Varios asistentes a la conferencia se preguntaron en voz alta si la clave para mover al público mexicano hacia la reforma de la política de las drogas se encuentra en Ciudad Juárez, la nueva “capital del mundo en asesinatos”. Un periodista señalo que la reciente visita del presidente Felipe Calderón a Juárez fue un completo desastre. El 11 de febrero, la policía atacó violentamente una protesta que se llevaba a cabo fuera del centro de convenciones donde Calderón hablaba sobre seguridad. Muchos de los manifestantes eran estudiantes de la preparatoria de la ciudad que sufrió una masacre cuando hombres armados asesinaron a 15 personas—en su mayoría estudiantes—en una fiesta. En el interior del centro de convenciones, la madre de un estudiante asesinado arremetió contra un Calderón que se quedó sin palabras durante tres minutos. Dado el hecho de las recientes protestas en contra de la política del gobierno en Juárez, el periodista dijo a los asistentes a la conferencia, “Yo creo que algo está pasando en Juárez y en El Paso. Incluso si solamente es el ‘No queremos una aplicación enérgica de la ley, no queremos a los militares en nuestra comunidad’, incluso si ese es el único resultado, esto suaviza a la gente” y abre la posibilidad de tener un debate más amplio en cuanto a la reforma de la política de las drogas.

Además de elegir un tema clave para presionar en el avance de la reforma de la política de las drogas, Nadelmann ofrece un segundo consejo a los defensores de la reforma a la política de las drogas en México: “Insistan en la legitimidad de un diálogo abierto. La peor prohibición es la prohibición a pensar. Cuando el gobierno se involucra no solo con la censura, sino con la autocensura, y cuando desalienta y niega la posibilidad de un diálogo abierto y honesto, que socava la posibilidad de una mejor política, y revela sus propios miedos e inseguridades acerca del valor y la legitimidad de las políticas a las que aplica la ley.”

Mientras los mexicanos aún pueden estar luchando en como tomar los primeros pasos para la creación de un movimiento eficaz que acabe con la guerra contra las drogas, la conferencia de la CUPIHD dió un gran paso hacia adelante al promover un debate abierto y honesto sobre el tema. Mientras la guerra contra las drogas es omnipresente y discutida casi constantemente en los medios, en el Congrso, en las escuelas, y en las calles, la información falsa abunda. Esto evita un debate honesto e informado sobre el cómo hacer para arreglar lo que todo el mundo reconoce como un problema grave.

Dos expertos mexicanos en particular desacreditaron mal concepciones comúnes sobre la guerra contra las drogas, con el fin de promover un debate más honesto basado en la información precisa. El profesor Alejandro Madrazo, miembro del CUPIH, discutió la reciente reforma legal que los medios de comunicación llamaron “legalización de las drogas.” Señalo que mientras el gobierno legalizó la posesión de cantidades pequeñas de droga, la mayoría de los consumidores generalmente llevan una cantidad mayor a la permitida. Gracias a la nueva ley, el consumidor “está siendo perseguido con mayor fuerza y herramientas”, y la ley hace que la persecución a los consumidores sea más fácil. Por otra parte, Madrazo argumentó, la ley trata de incorporar a la fuerza a los estados en la guerra del gobierno federal en contra de las drogas, redistribuyendo el poder y las responsabilidades en esa guerra. El resultado final, sostiene, está lejos de la legalización.

Luis Astorga, del Instituto de Investiaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, desacreditó muchas de las llamadas estadísticas del gobierno relacionadas con la guerra contra las drogas. “Casi todos los días los medios le dan credibilidad a las declaraciones de los funcionarios públicos, pero nunca demandan que muestren un estudio y metodología en cómo llegaron a esos números.”

Astorga enseño a los asistentes cómo evaluar los números que escuchan en los medios, en particular aquellos que provienen del gobierno, para determinar si son creíbles o cuestionables. Al hacer eso, Astergo desacreditó sistemáticamente o puso en duda declaraciones que funcionarios mexicanos y estadunidenses han hecho en relación con la cantidad de tierra mexicana que se usa para el cultivo de drogas, el número de personas que trabajan en el tráfico de drogas, la cantidad de dinero que el tráfico de drogas genera para la economía mexicana, y el número de consumidores y adictos.

Avanzando hacia adelante

La exdiputada Conde cerró la conferencia con las siguientes palabras:

“No hay duda de que reconocemos el fracaso de la llamada guerra contra las drogas. Requerimos nuevos vientos de cambio para avanzar en políticas alternativas al problema mundial de las drogas. Hemos visto que las políticas prohibicionistas no han sido efectivas en la mayoría de los países. Este paradigma ha resultado en graves violaciones a los derechos humanos y a las garantías individuales. También ha supuesto la discriminación y la exclusión social. La escalada de violencia se incrementa cada día, aumentando el territorio en el que la delincuencia organizada opera con impunidad. Insistimos en que la política prohibicionista significa que los estados han dejado el control que tenían sobre el mercado de las drogas. Insistimos que la prohibición, en términos de mercado, es mucho más costosa e inútil que la regulación.”

“Ahora”, Conde preguntó, “luego de dos días de trabajo y reflexión, ¿a dónde nos dirigimos desde aquí?”

“Gabriel Tokatilian, investigador argentino, nos invita a usar el sentido común en la política de las drogas. Nos dice que la mejor política es la que le da privilegio a la justicia, a la igualdad, a la salud, a los derechos humanos, a la educación y al empleo. Esta es precisamente la visión que está ausente en la actual política de drogas, al menos en nuestro país.”

Notas:

  • Una mula es una persona, generalmente pobre, que transporta cantidades relativamente pequeñas (menos que algunos kilos) de drogas, generalmente dentro de su cuerpo; a instancias de un traficante de drogas a gran escala.


Traducción del inglés por Fernando León

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