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 English | Español September 22, 2014 | Issue #64


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A celebrar la victoria, y luego todos por la reforma migratoria

Aprobación histórica de la reforma de la salud en los Estados Unidos abre la vía para cambios más profundos


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

22 de marzo 2010

Mientras gran parte de los medios estadunidenses de noticias estaban comprensiblemente centrados en el debate de la reforma de la salud en el Capitolio, y unos cuantos miles (y ese es un recuento generoso) de “tea-baggers” en su contra, medio millón de personas se dirigieron al Congreso ayer por la reforma migratoria.

Pueden ver ese grupo más numeroso en la foto. No quería dejar pasar este día sin asegurarme que fueran vistos y escuchados aquí.

A diferencia de la mínima manada de “tea-baggers” o fanáticos de la ultraderecha, ningún partidario de la reforma migratoria le gritó “negro” al héroe de los derechos civiles John Lewis, ninguno le gritó “maricón” a Barney Frank, y ciertamente ninguno se refirió al congresista Ciro Rodríguez como “mojado”. Ninguno de los manifestantes pacíficos por la reforma migratoria llevó pancartas con pistolas que amenazaban con violencia, como si se había hecho en una manifestación de “tea-baggers” el sábado.

De acuerdo con la filial local de noticias de Fox (una cadena no conocida por exagerar cifras de asistentes progresistas), el número de asistentes a la marcha por la reforma migratoria alcanzó el medio millón. Los manifestantes mostraron, como lo han hecho desde el 1 de mayo de 2006, su disciplina y capacidad de movilización superior a cualquier otro movimiento o causa en los Estados Unidos en las últimas décadas.

Aunque muchos miembros de la camarilla política hispana del Congreso Estadunidense han declarado, una y otra vez, que su prioridad número uno es legislar una ruta de acceso para la ciudadanía de doce millones de estadunidenses indocumentados, anoche aparecieron por unaminidad y apoyaron la legislación de la reforma del sistema de salud y el proyecto de ley reconciliatorio. Lo hicieron incluso después de tragarse derrotas y compromisos que bloquearon el acceso de muchos estadunidenses a las mejoras recién legisladas del sistema de salud.

Sin los votos de los 23 miembros de la Cámara, la batalla de ayer no habría sido la histórica victoria de la reforma del sistema de salud que acabamos de presenciar.

Una vez más, es objetivamente claro que la coalición demócrata les debe, pero esa no es la única razón por la que ahora la reforma migratoria sea conducida a la victoria en este preciso instante.

Es inconcebible que doce millones de personas—niños, ancianos, trabajadores, amas de casa—en los Estados Unidos de América sean dejados indefensos y perseguidos simplemente por existir. Sin contar al pequeño número de descendientes de indígenas norteamericanos que aún existen, cada uno del resto de los ciudadanos estadunidenses provienen de la inmigración. La injusticia de deportar a personas tan parecidas a nuestros abuelos y bisabuelos es un impulso anti estadunidense en el ejercicio.

El dejar el statu quo en su lugar significaría el continuar separando a padres y madres de sus hijos (como pasa tan frecuentemente cuando niños y niñas, que nacieron en los Estados Unidos, son ciudadanos mientras sus padres no son considerados “legales”). Y, por supuesto, continuar esas políticas a su conclusión natural al intentar deportar a doce millones de personas o incluso una décima parte de ese número sería inviable, más caro y más perjudicial que cualquiera de los problemas que dicha acción dice curar. Y es por eso que el viernes, incluso el senador republicano, Lindsay Graham (republicano de la Carolina del Sur) se unió al senador Charles Schumer (demócrata por Nueva York) para anunciar la próxima legislación en una columna del Washington Post: La forma correcta para arreglar la inmigración.

Más allá de la política y el sentido común moral de empujar la reforma migratoria hacia la victoria en este histórico 2010, existen imperativos políticos para abrirle la puerta a esos doce millones de hermanos y hermanas indocumentados para que cuando cumplan 18 puedan votar junto con nosotros.

Para los demócratas, esto debería ser una obviedad: La afluencia de nuevos electores podría definir con un azul profundo a los estados oscilantes de Colorado, Nevada y Nuevo México. Cambiaría el color rojo de Arizona por el azul. E incluso podría poner a Texas en una categoría oscilante, que los demócratas podrían ganar.

Y sin embargo, (como Graham y otros han apuntado) tiene también sentido para los republicanos el quitarse del camino de la inminente reforma: El no hacerlo mermaría su oportunidad de ganar los votos de al menos treinta millones de hispanoamericanos (y asiáticos americanos y otros) que son ciudadanos de los Estados Unidos y a quienes la reforma es un asunto profundamente importante y personal.

Fue la misma coalición de derecha que inundó el cuadro de votación en el Capitolio en mayo de 2007 para derrotar el último empujón a la reforma migratoria la que en los recientes días y semanas intentó hacerle lo mismo a la reforma de la salud. La votación de ayer los desequilibra, desmoraliza y los hace reñir entre sí. (¡Esperen a que Rush Limbaugh se entere de que para mudarse a otro país deba confrontar sus propias leyes migratorias!)

Ese no es un momento para que los auténticos progresistas estadunidenses se duerman en sus laureles. Sino que ahora es el momento para dar el golpe final que derrote a los que odian y a sus demagogos en el último tema en que pudieron cantar victoria. El lograr eso, rompería los espíritus de una generación por venir, llenando de esperanza a algo que dio su primer paso en noviembre de 2008.

Ahora, como con cualquier gran y radical cambio, el impulso por la reforma migratoria golpeará un poco a la coalición, al igual como sucedió con el impulso a la reforma por el sistema de salud (y el Nuevo Trato y la Gran Sociedad).

Cuando se trata de la reforma migratoria, habrá aquellos—algunos que aún no esperamos—que se conviertan en asesinos del proyecto de ley, de la misma forma en que lo hicieron con gran odio e histéricamente los que implosionaron la reforma por la salud. Algunos intentarán lanzar granadas al proceso y afirmar que su posición es de “izquierda”, o aún más risible “de base”—justo como lo hicieron con la reforma del sistema de salud.

Permítanme dar aviso a cada uno de ustedes esta noche histórica en que tenemos la fresca victoria de la reforma del sistema de salud en nuestras manos. Ya sea que los vamos a convencer (sería bueno tenerlos junto con nosotros en la batalla final Dennis, Howard y otros) o que pasemos sobre ustedes (los estoy viendo ahora, tanto a los “firebaggers” o fanáticos de la falsa izquierda gringotizada como a los “tea-baggers”).

Conduzcan, síganos, o quítense del camino, pero la reforma migratoria viene en camino.

Los dejo con esta imágen del presidente con un amigo caído, el hombre que fue el campeón tanto de la reforma del sistema de salud como de la reforma migratoria…


Obama-Kennedy

Cuando estamos avanzando, seguimos avanzando.

Lectores, compañeros del blog de The Field, organizadores comunitarios, colegas y amigos: en las palabras del antiguo evangelio espiritual, uno que representa lo mejor de la historia estadunidense y que revivimos anoche: “Que la gente esté lista, hay un tren que está llegando, no necesitas un boleto, solamente necesitas subir…


Traducción del inglés por Fernando León

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