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La verdadera crisis de nuestros tiempos es lo que la crisis nos hace

Quitándole el polvo al manual para confrontar la guerra de 24 horas al día entre los medios y uno mismo


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

10 de junio 2010

Está circulando un maravilloso ensayo de Alain de Botton en la revista City (me topé con él a través de Andrew Sullivan), titulado, En la distracción. En tan solo 333 palabras, de Botton captura uno de los problemas centrales de este momento en la historia:

“Uno de los retos más embarazosos y autocomplacientes de nuestro tiempo es la tarea de reaprender como concentrarnos. La última década fue testigo de un asalto sin precedentes en nuestra capacidad de fijar nuestra mente en cualquier cosa. El quedarse sentado y pensar, sin sucumbir ansiosamente por alcanzar una máquina, se ha vuelto casi imposible.

“La obsesión con acontecimientos actuales es implacable. Nos hace sentir que en cualquier momento, en algún lugar del globo, algo puede ocurrir llevándose las viejas certidumbres—algo que, si no conocemos instantáneamente, podría dejarnos totalmente incapaces de comprendernos a nosotros mismos o a nuestros compañeros.”

De Botton—quien tiene un proyecto interesante en Londres llamado La Escuela de la Vida—recomienda “dietas” o “ayunos” de la mente, lo que dependiendo de la persona puede o no servir para aliviar tanta alienación, pero sin abordar los grandes problemas de la sociedad descritos. Además, el consejo suena un poco más como una receta de un libro de “auto ayuda” (y la constante sobredosis de estimulación mediática tiene efectos distintos en mentes distintas: no todos sufren de una hinchada obesidad) cuando su análisis puede servir también como trampolín con el que podemos saltar a preguntas e ideas adicionales.

Hace catorce años, escribí un tipo de manual y manifesto para armarnos a luchar en la “guerra de 24 horas al día entre los medios y uno mismo”, y en los meses recientes he retomado el proyecto inacabado de ese trabajo, El medio es el intermediario: Por una revolución en contra de los medios de comunicación, le quité el polvo, y con otros colaboradores he sacado algunas partes para la praxis en el reino de la vida cotidiana (lo que especialmente incluye lo que pasa lejos del internet y de otras pantallas). En ese entonces, muchas de las conclusiones e ideas expuestas en el documento eran mucho menos populares y mucho menos fáciles de entender que ahora, en el momento que Botton describe tan bien. Hoy día, hay un consenso social amplio y emergente en muchos de esas ideas. La historia ha sido generosa con ese análisis alguna vez inconveniente de los “medios” como el problema central de nuestra época.

Lo que a menudo golpeo desde esta esquina como “el berrinchismo de la semana” y el comportamiento apanicado de pequeño pollito de aquellos que siguen el constante feedbag en crisis de los medios en búsqueda de atención, es en realidad, toda ella, una consecuencia de los daños que Botton describe. Al igual que bueyes domesticados, la población es jalada cada vez que los medios avivan crisis tras crisis, todas las cuales llevan el olor al apocalipsis: una fuga de petróleo en el Golfo viene ahora con cámaras bajo el agua transmitiendo 24 horas al día, disponible en línea y en cadenas de televisión, que como expertos—reales e inventados—saltan en nuestras pantallas para decirnos su versión de lo que está sucediendo. “Estamos continuamente en el reto por descubrir nuevos trabajos de cultura”. Dice Botton, “y en el proceso, no permitimos que cualquiera de ellos tenga un peso en nuestras mentes.” Algunas semanas más tarde llega la incursión de Israel en la flotilla de ayuda (siendo el Medio Oriente, para muchos, un significado de Pavlov para “apocalipsis” y por lo tanto una fácil artimaña para los medios de comunicación para mantener a todas las partes babeando y ladrando de acuerdo a un antiquísimo guión) y el ciclo comienza de nuevo. Y la semana siguiente, o la que viene después, cuando esas obsesiones se hayan fatigado, será otra cosa una vez más.

De Botton describe el efecto debilitador de todas estas crisis creadas en el consumidor de los medios de comunicación. Pero nosotros habíamos estudiado mejor lo que le hace al trabajador de los medios—no solo a los periodistas, per se, sino a los comunicadores y artistas de todo tipo—que ahora están reducidos a monos escritores que deben de salir a buscar a esos “expertos instantáneos” o abarrotarse para al menos pasarlos en televisión, o en un blog, o en cualquier otro medio. Se espera que escribas o hables o grites sobre la crisis de la semana, así que—estoy hablando contigo hermano y hermana trabajadora de los medios—corre a Wikipedia y al resto de las bibliotecas en línea para sacar algunos hechoides y palabras de moda para engañar a la gente para que piense que el reportero o el comunicador realmente sabe lo que él o ella está escribiendo o hablando. El carácter estereotipado de este tipo de actividad frenética en estaciones de trabajo ¡está matando a gran parte de la creatividad de la antes conocida “clase creativa”!

Por tanto, la más grande crisis de nuestro tiempo es la necesidad del Poder por crear constantes crisis, generadas en primer lugar por los medios de comunicación, todos compitiendo por nuestras decrecientes horas de tiempo libre y atención, y exacerbadas por todo tipo de grupo de intereses, anunciantes, oportunistas, políticos, “activistas”, aspirantes a tiranos o estafadores que perciben que a su comunidad o a su mundo en crisis se le puede vender cualquier tipo de producto o ideología para servir al vendedor. Cuando “perdemos la cabeza” somos presa fácil para los depredadores.

Mientras más vivo concluyó más que nosotros, como sociedad, como público, necesitamos un tipo de intervención o vacuna que nos inocule al pánico y crisis (o que al menos nos prepare para lidiar con las crisis percibidas con una metodología muy diferente a la de dar vueltas en círculo, gritar, o el impulso del oportunista por hacer dinero o fama con ello). Algunas armas disponibles vienen con la creación de un mejor espectáculo fuera de la crisis que en lugar de fomentar el pánico, interrumpa el espiral a la muerte con una sonrisa, un chiste, una canción, un baile, una creación, esas sorpresas que todos recuerden—participantes y espectadores—que ninguno está, o necesita estar, solo en nuestra “guerra de 24 horas al día entre los medios y uno mismo”.

Puede ver en las recientes cartas de Jesse Freeston, Edwin Álvarez y Jillian Kestler-D’Amours—y pronto estará recibiendo más de esas cartas de otras personas—sobre su experiencia en la Escuela de Periodismo Auténtico en febrero. Esa es una herramienta que, gracias a su apoyo, está cambiando vidas e inoculando a los comunicadores para impedir el proceso por el cual muchos se convierten en monos escritores y adictos a las crisis. Para revivir a la prensa libre !necesitamos primero revivir la existencia de los hombres y mujeres de prensa libres!

Pero estos días he estado pensando mucho que además del trabajo vital de preservar y expandir una clase auténticamente creativa, un comunicador o periodista auténtico a la vez, necesitamos estar preparando estas intervenciones en niveles más grandes: en los terrenos del hogar, del barrio, de la comunidad, de la ciudad, del país, de la región, del mundo: Una reapertura del proyecto Situacionista de la “creación de situaciones” que despierte al instinto humano más poderoso, o sea: la voluntad de vivir, no solo de sobrevivir, sino la voluntad del placer. Porque si hay algo que define a la crisis de la mentalidad es el antiplacer: paraliza a sus adherentes y dado que sus técnicos son los antiguos miembros de la “clase creativa” paraliza la creatividad de la sociedad al provocar su extinción.

Como un graffiti de este proyecto dijo, “Tendremos buenos amos cuando cada uno sea el propio”. Para resistir la llamada al pánico y a la crisis necesitamos levantar un ejército de guerreros con habilidades para luchar la guerra de 24 horas diarias en contra de la mentalidad de crisis impuesta por los medios comerciales.

Así que si no estoy escribiendo sobre lo que sea que el resto de los medios y sus adictos están gritando sobre la crisis del día, no es por pereza o cobardía (usualmente en el caso que algún idiota dice “estás censurando la historia”, es precisamente cuando otros mil monos escritores se dirigen a esa crisis tan furiosamente, así que ¿por qué preocuparme y unirme al ruido?) La acusación del miedo siempre viene de aquellos que han tomado menos riesgos físicos y personales por gritar lo que creen en una vida entera de lo que me ha tomado reportar muchas historias solas. Es que hay otros juegos más convincentes.

Algunos de ellos, como el trabajo actual de la Escuela de Periodismo Auténtico, del que lo actualizamos todo el tiempo. Otros se están gestando apenas. Siempre es difícil saber, por adelantado, cuando madurará una fruta de nuevo tipo o desconocida. Pero cuando ya han estado en el banquete, y puede detectar los olores que emanan de la cocina enviados como claves o pistas, sabe que los cocineros están ocupados, y pronto podrá disfrutar de las comidas que se están preparando.

Traducción del inglés por Fernando León

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