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Amplia coalición convoca una marcha para "detener la guerra" en la Ciudad de México el 8 de mayo

Vecinos y pobladores discuten la creación de asambleas constituyentes locales


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

13 de abril 2011

Flanqueado por madres, padres, niños y hermanos de muchas de las víctimas de la violencia más visibles nacionalmente, y por figuras religiosas, el poeta y periodista Javier Sicilia convocó hoy a una marcha silenciosa en la Ciudad de México que llegue al zócalo el sábado 8 de mayo, con el lema “Detengan la guerra, para un México justo en paz: ¡Estamos hasta la madre!”

Más de mil amigos, organizadores comunitarios y medios independientes asistieron al anuncio en el zócalo de Cuernavaca a las 6 p.m., algunos llegaron una hora antes para una misa católica, en la cual en lugar de la tradicional respuesta: “Señor escucha nuestras plegarias”, los fieles dijeron “Ni un muerto más.” Los curas católicos en el escenario invitaron a Julián LeBaron, mormón y padre de once niños y hermano de un organizador anti secuestros en Chihuahua, ara que leyera cada línea del llamado.

El encargado del sermón, el padre Miguel Concha dijo “Estamos en contra de esta guerra, una guerra que no es nuestra, una guerra que es de los del norte. Ellos venden las armas, lavan el dinero, sacan las ganancias, y nosotros ponemos a los muertos… Que el señor nos acompañe en esta marcha por un México digno, libre, soberano y justo.”

La teología de la liberación ha sido una larga tradición en México, pero el anuncio del día de hoy marca la primera vez que varios participantes, incluyendo los seculares, citaron tanto a Gandhi y a King y hablaron tan explícitamente de la “acción no violenta” como la estrategia para un naciente movimiento social – en contra de la guerra contra las drogas – con tanta atención mediática nacional. Lo más cercano que este país – en donde las revoluciones armadas e insurrecciones y sus héroes han sido fetichizados al extremo y su iconografía se convirtió en producto de protesta – ha estado como un ejemplo de este tipo de movimiento fue entre los mexicanos americanos del otro lado de la frontera y el movimiento campesino unido que lanzó el finado César Chávez. Lo que puede surgir aquí es la primera resistencia civil no violenta en México, poéticamente dirigida en contra de la tragedia de la masiva violencia causada por la política de prohibición de drogas.

Mientras los jóvenes (ellos han sido el motor principal en la actividad del movimiento desde que emergió luego de las muerte del hijo de Sicilia y de otras seis personas el 28 de marzo) levantaban 96 placas más en las columnas de piedra del palacio de gobierno detrás del escenario – cada una con el nombre de alguien asesinado violentamente durante 2011 en el estado de Morelos – Sicilia pidió la renuncia del gobernador Marco Adame y sus designados, con cantos como “¡Fuera! ¡Fuera!” y “¡Que se vayan todos!”

Pero este anuncio fue más allá de la simple convocatoria a nuevas marchas.

“Vamos a convocarlos allí (al zócalo de la Ciudad de México) para que con nosotros y ante nosotros se comprometan a firmar un pacto nacional auténtico, genuino, sin simulaciones y escenografías institucionales –esas instituciones que ya son meros vestigios de lo que fue una nación–; vamos a convocarlos para que firmen un pacto en el centro de la ciudad más dolida de entre las dolidas, en el centro de la ciudad que más muertos ha puesto en los últimos años: en el centro de Ciudad Juárez. Ahí, en la herida abierta de la frontera norte, vamos a convocarlos para que ustedes, que han malversado nuestro dinero, han decidido sin consultarnos en nuestro nombre, han defraudado nuestra confianza y han puesto al país en estado de emergencia nacional, firmen un pacto que les permita recuperar la representación de la nación que casi han perdido y hagan valer los cargos que ostentan antes de que sea demasiado tarde.

Pero vamos también allí a decirnos a nosotros mismos, frente a sus omisiones y complicidades, que también nosotros, desde abajo, podemos, si nos organizamos, tener asambleas constituyentes y reconstituyentes en cada colonia, en cada barrio, en cada comunidad, para crear gobernabilidad y seguridad locales y confiables.”

En otras palabras, atrás, antes y después de las marchas y de los mítines masivos, el trabajo ahora se desplaza del nivel local descentralizado en el que los vecinos y gente del pueblo se reúnen para decidir como cada uno puede estar más seguro, y luego junto con el resto del país escriben lo que esencialmente es una nueva Constitución sin consultar a aquellos en el poder, quienes después de todo nunca consultaron al pueblo sobre si querían la “guerra contra las drogas” y toda la violencia que esta ha causado. Y sólo después de ese proceso, los políticos, burócratas y otros poderosos intereses serán invitados a firmar el pacto que el pueblo redactará sin ellos.

En otros puntos de la historia humana, la organización de empresas como esta han sido llamados gobiernos en la sombra o instituciones paralelas. La conclusión es que el Estado Mexicano ha fracaso para funcionar, el pueblo ahora creará uno nuevo, y luego le dará al viejo una última oportunidad para aceptar lo que el pueblo decida. En la historia, la otra palabra para eso es revolución.

Una nueva señal de que estas repentinas protestas están sacudiendo los pilares de apoyo al “régimen de la guerra contra las drogas” llegó esta mañana con la renuncia de nueve de los 16 miembros de la junta de gobierno de la “ONG” aliada al gobierno México Unido contra la delincuencia, un grupo que ha proporcionado cobertura para la guerra contra las drogas del presidente Felipe Calderón al pedir más policías, soldados, prisiones y gastos para la guerra contra los narcotraficantes. Su director, Eduardo Gallo y Tello, cuya hija fue secuestrada en el año 2000 y obligada a hacer trabajo esclavo, limpió su escritorio en México Unido en la mañana y para la tarde estaba en el estrado junto a Javier Sicilia y a otras familias víctimas e la violencia emitiendo un juicio feroz a una guerra contra las drogas “en la que nunca se definió como sería la victoria.”

O como Olga Reyes nos repitió hoy, emocionada por la decisión para completar este proceso en su estado natal de Chihuahua del que su familia y ella ahora están exilados por la violencia de la guerra contra las drogas: “Las Fuerzas Armadas no pudieron salvarnos. Ahora es el trabajo de las Fuerzas No Armadas.”

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