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“Seguimos trabajando tras la prisión de Julian Assange”

Natalia Viana, colaboradora independiente de WikiLeaks en Brasil, dice por qué la organización puede transformar el quehacer periodístico


Por Tadeu Breda
Generación de 2011, Escuela de Periodismo Auténtico

21 de mayo 2011

Noviembre de 2010. Mientras mantenía reuniones secretas en el interior de Inglaterra, algunas semanas antes de divulgar los cables diplomáticos que conmocionarían el mundo, Julian Assange tuvo una idea. Al mismo tiempo, muy lejos de allí, en Brasil, Natalia Viana trabajaba duro en uno de sus reportajes, siguiendo la rutina que hace cinco años le llevó al periodismo independiente. Ni uno ni otro lo sabía, pero dentro de pocos días estarían trabajando juntos en la mayor filtración de documentos secretos de la historia.

Cinco periódicos habían sido elegidos por WikiLeaks para recibir con exclusividad el contenido de los cables: el inglés The Guardian, el norteamericano New York Times, el alemán Der Spiegel, el francés Le Monde y el español El País. La publicidad de WikiLeaks estaba garantizada, pero no se podía decir lo mismo acerca del principal objetivo de la organización: dar la más amplia visibilidad posible a las informaciones que estaban a punto de filtrarse.


Natalia Viana en la Escuela de Periodismo Auténtico 2011. DR 2011 Noah Friedman-Rudovsky.
Julian Assange está seguro de que uno de los caminos para divulgar los documentos secretos de los Estados Unidos es recurrir al inmenso alcance y audiencia de los periódicos comerciales más influyentes del mundo. Sin embargo, sabe que ofrecerles exclusividad total sobre el material que tiene en las manos puede traicionar su principal filosofía: hacer que los ciudadanos de todo el mundo se enteren de cómo funcionan sus gobiernos en lo privado.

Por ello, pidió a uno de sus colaboradores que llamara a Natalia Viana (además de otros periodistas independientes de América Latina, Oceanía, Suecia y Europa Occidental) y la invitara a contribuir con la divulgación de los cables. Era una manera de no romper el contrato de exclusividad con los cinco medios de comunicación más importantes del mundo y, a la vez, incrementar la divulgación de documentos secretos sobre países más alejados de los centros geopolíticos de poder.

London Calling

Al contestar al teléfono, Natalia no supo inmediatamente que se trataba de una invitación de WikiLeaks. Sólo se enteró que le proponían hacer parte en el equipo de Julian Assange cuando aterrizó en Londres. Solo sabía que se dirigía a Gran Bretaña para colaborar en un proyecto importante y que tendría impacto mundial.

El eslabón que le hizo a Natalia Viana tomar parte en uno de los más espectaculares momentos de la política internacional fue Gavin McFadyen, que actualmente dirige el Centre for Investigative Journalism en la capital británica. Fue allí que Gavin y Natalia se conocieron y trabajaron juntos en algunos proyectos.

A estas alturas ya se sabía públicamente de las relaciones entre Gavin y WikiLeaks. El periodista británico estaba colaborando abiertamente con la divulgación de los documentos secretos, que en julio y septiembre del 2010 ya habían distribuido informaciones sigilosas sobre la guerra en Afganistán e Iraq para los periódicos The Guardian y New York Times. También se sabía que McFadyen había hospedado a Julian Assange en su casa en una de las veces que el fundador del WikiLeaks fue perseguido por la policía.

Una vez junto al equipo de WikiLeaks, la misión de Natalia sería trabajar con los cables diplomáticos sobre Brasil. Al final, nada mejor que una periodista brasileña para comprenderlos e interpretarlos. Así, ella sería la primera en leer que la embajada de Estados Unidos enumerara al ministro de Defensa brasileño, Nelson Jobim, como principal aliado de Washington dentro del gobierno de Lula; la primera en obtener informaciones totalmente nuevas sobre las negociaciones de las Fuerzas Armadas para la compra de nuevos cazas; y se enteraría antes que cualquier otra persona de cómo los Estados Unidos evaluaban la actuación de Lula en las negociaciones sobre el cambio climático.

Además de leer y escribir acerca de lo que encontraba, Natalia también recibió la misión de negociar la divulgación de los cables en Brasil. Para ello, decidió asociarse con medios de gran circulación. “A mediados de noviembre de 2010, recibí mensajes por correo electrónico y Facebook. La periodista Natalia Viana quería hacer contacto”, cuenta Fernando Rodrigues, uno de los principales cuadros del diario Folha de S. Paulo, el más grande del país. “Hablaba de la necesidad de sigilo, pero, en uno de los mensajes, dijo que el tema se relacionaba a la ‘gente’ de Londres y a Gavin McFayden. Comprendí en el mismo momento.”

Así como Natalia, Fernando Rodrigues también conocía al periodista británico, también por razones profesionales: Fernando es miembro de la Asociación Brasileña de Periodismo Investigativo, y desde el 2003 venía manteniendo reuniones con McFayden para crear el Global Investigative Journalism Network. “Gavin ya me había dicho que era amigo de Julian Assange, creador de WikiLeaks, y los medios internacionales estaban llenos de informaciones sobre las próximas divulgaciones”, recuerda Fernando. “Los puntos se juntaron.”


Natalia se presenta en la cena inaugural de la Escuela. DR 2011 Noah Friedman-Rudovsky.
Una vez que el periódico aceptó trabajar con WikiLeaks, se inició un constante intercambio de correos electrónicos y llamadas que pusieron mucha tensión en la cuerda que ligaba la Folha de S. Paulo a los cables diplomáticos. Como es natural en los medios comerciales, Fernando Rodrigues quería divulgar los documentos con exclusividad en Brasil. Quería también reunirse con Julian Assange, para así establecer una linea directa con la fuente de las filtraciones.

Empero, “Natalia es una persona en quien Julian y los demás colaboradores de WikiLeaks demuestran tener gran respeto y confianza”, explica Lino Ito Bocchini, editor de la Revista Trip, de Brasil, que recientemente entrevistó al fundador de WikiLeaks con la ayuda de Natalia. “Eso me quedó muy claro cuando estuve allá, pero ya lo sospechaba, una vez que le confiaron a ella todos los documentos brasileños y le permitieron que condujera las negociaciones con los periódicos del país.”

Al final, Natalia aguantó la presión de Fernando Rodrigues y eligió otro periódico para publicar conjuntamente las informaciones secretas: el diario O Globo, de Río de Janeiro. “Hicimos una reunión en Sao Paulo y les entregué un pen drive con los casi 3 mil cables que tenían que ver con Brasil.” A la vez, Natalia construyó un blog en internet para también publicar su versión de las historias contadas por los documentos. “Todos los días, publicábamos yo, Folha de S. Paulo y O Globo artículos sobre los mismos temas. No tenía la obligación de hacerlo, pero decidí seguir una agenda común para mostrar a los lectores cómo un mismo documento y un mismo asunto pueden tener diferentes interpretaciones.”

El diagnóstico se reveló preciso. Como sospechaban Julian Assange y sus compañeros en WikiLeaks, distribuir los cables para algunos periodistas independientes de confianza sirvió para que la gran mayoría de los documentos ganaran publicidad. Si los hubieran dejado solamente en las manos de la prensa tradicional, muchas de las revelaciones respecto a políticos conservadores en Brasil, por ejemplo, jamás serían sacadas al público. Las grandes redacciones se dedicaron a elegir temas que tenían que ver con su postura política y mantuvieron escondidos los que las contrariaban. La independencia de Natalia evitó que acabasen olvidados en el cajón de los intereses preservados.

“Ser invitado a colaborar con WikiLeaks es un logro muy grande en la vida de un periodista independiente”, evalúa Bill Conroy, reportero de Narco News. “Es un reconocimiento de que has hecho un buen trabajo y que se acordaron de ti. También trae respecto y credibilidad.”

Por la causa

El trabajo de Natalia con el grupo liderado por Julian Assange fue totalmente voluntario. La periodista no percibió ni un dólar en su cuenta bancaria durante el tiempo en el que estuvo encerrada en la mansión de Ellingham Hall, en el interior de Inglaterra, donde se concentró el equipo de WikiLeaks para preparar la publicación de los cables. Tampoco le pagaron durante todo el tiempo que, ya devuelta a Brasil, estuvo dedicada a los documentos secretos. Lo hizo por la causa. Y explica por qué.

“WikiLeaks rompe con la vieja lógica del periodismo, que se basa en la competición entre medios de comunicación como una forma de generar ganancias. Cuando se enteran de una historia interesante, los periódicos tradicionales la mantienen en secreto. WikiLeaks lo hace totalmente al revés: quiere distribuir la información para que sea leída por el mayor número posible de personas.”

Natalia recuerda uno de los refranes más conocidos de Julian Assange, que dice: el objetivo de WikiLeaks es que se haga justicia; la transparencia es nuestro método. “Julian cree que las revelaciones de WikiLeaks provocaron y siguen provocando transformaciones en el mundo, tales como protestas y caídas de gobiernos”, dice. Natalia, en cambio, confiesa que lo suyo es hacer periodismo y que prefiere “dejar la justicia para quien se dedica a hacerla”. Sin embargo, reconoce que lo más interesante de los cables diplomáticos es su capacidad de humanizar y desmitificar el poder y los Estados.

“Es como si fuera una novela”, compara. “Los documentos de las embajadas muestran los detalles del trabajo que construye las relaciones internacionales en el mundo. Permite a las personas saber un poco más sobre cómo su país está siendo gestionado y aproxima los hechos históricos a las personas, ofreciéndoles un rostro humano. Y el papel del periodismo en el que acredito tiene que ser exactamente este: humanizar a la vida.”

Por ello, cuando tuvo los cables diplomáticos en las manos, Natalia estuvo cinco días sin conseguir dormir, tal era su excitación por leerlos todos. “Fue uno de los mejores momentos de mi vida. Me sentí como una mosca entrando por la ventana del poder y escuchando todo lo que pasa.” Fue esta motivación la que hizo que leyera, en menos de cinco meses, alrededor de 2.500 de los casi 3 mil cables sobre Brasil en posesión de WikiLeaks. Fueron más de 50 artículos escritos, en un ritmo diario, durante los primeros meses tras las filtraciones.

A pesar del trabajo intenso, el WikiLeaks no remuneró los servicios de Natalia por un motivo muy sencillo: al contrario de lo que mucha gente piensa, Natalia no es empleada de la organización de Julian Assange. Fue, eso sí, su colaboradora. Tuvo acceso a los documentos secretos de la misma manera que los demás vehículos de comunicación alrededor del mundo: pero no era un vehículo, sino una periodista independiente. Decidió repasar su contenido a los grandes periódicos brasileños por razones tácticas, es decir, dar la mayor visibilidad posible a los secretos de la diplomacia norteamericana.

Hubo también cuestiones prácticas, claro. “Yo jamás podría escribir sola sobre todos los documentos en la velocidad necesaria. Sería imposible. Los medios tradicionales, en cambio, tienen estructura y mano de obra para hacerlo”, explica. Ésta es parte de la respuesta que suele ofrecer a quienes le critican –a ella y a WikiLeaks– por haber privilegiado las grandes empresas de comunicación a la hora de divulgar los secretos de la diplomacia estadounidense.

Sin embargo, los esfuerzos de Julian Assange para asociarse con los principales periódicos del mundo son parte de una estrategia, y no de una predilección personal. El primer periódico a firmar un acuerdo con WikiLeaks ha sido el londinense The Guardian, en julio de 2010. Hasta entonces, y a pesar de haber divulgado informaciones importantes, Julian Assange y sus compañeros en WikiLeaks sufrían con la falta de público y la baja audiencia.

La situación cambió sólo después de que la organización divulgó, a comienzos de 2010, un video viral llamado “Collateral Murder”, que muestra cómo militares estadounidenses asesinaron, desde un helicóptero, a personas inocentes en Iraq. Las imágenes fueron vistas unas 12 millones de veces a través del YouTube y llamaron la atención de la prensa. Fue la oportunidad para salir del anonimato de una vez por todas.

Sin embargo, la organización jamás pensó en esconder sus documentos secretos de los medios alternativos o independientes. “No se quiere dejar las revelaciones solamente con los grandes medios. Sí, hay que recurrir a ellos, pero no sólo a ellos”, explica Natalia. “La intención es ampliar la red de colaboradores a través de acuerdos con vehículos de todo el mundo. Se hizo en Brasil, incluso con la colaboración de blogs, y tambén en otros países, como Ecuador.”

Para los que creen que el momento de WikiLeaks ya se acabó, Natalia tiene una noticia: “Ni yo ni WikiLeaks hemos dejado de trabajar tras la prisión de Julian Assange.”

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