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Tomar lo que es nuestro

La lucha de los pobladores de Venustiano Carranza, Chiapas


Por Alex Mensing
Especial para The Narco News Bulletin

22 de mayo 2014

El sol de la mañana estaba justo sobre el horizonte cuando las calles empedradas y casas coloniales de San Cristóbal dieron paso al desmoronamiento del pavimento y la aparición de profundos campos verdes de maíz. Nuestra combi, una mini camioneta repleta de pasajeros, se abría paso hacia abajo fuera de las tierras altas de Chiapas, abajo hacia el clima cálido de los valles de las tierras bajas. Los ojos de Eliezer se encendían mientras me contaba la historia de la comunidad a la que íbamos a visitar, sus manos se movían haciendo gestos, se aferraba a palabras, y luego a su asiento mientras nuestra combi se tambaleaba a través del campo.


Las tierras recuperadas, algunas aun en proceso de regularización, vistas desde un puesto donde los miembros de la OCEZ-RC toman turnos para vigilar desde puntos estratégicos. DR Alex Mensing 2014
Nuestro destino era el pequeño asentamiento de López Hernández, hogar de 95 familias, todos miembros de la Organización Campesina Emiliano Zapata – Región Carranza (OCEZ-RC). La OCEZ original, Eliezer explica, se formó en 1982. Los fundadores eran campesinos activos en la lucha por recuperar su tierra, tanto por sus ancestros como por ley, pero que en los últimos dos siglos y medios había sido ocupada ilegalmente por ganaderos, plantaciones y megaproyectos. El gobierno hace la vista gorda o, en muchos casos, es cómplice de la expansión de los grandes latifundios.

Eliezer bajó la voz mientras abordamos nuestra última combi explicando que lo mejor es ser discretos en Venustiano Carranza—el municipio en el que López Hernández se encuentra. La batalla por el control de las tierras fértiles de la zona está lejos de terminar, y la OCEZ -RC tiene enemigos. Hace sólo unos meses, varias personas fueron asesinadas en la cabecera municipal. Los rumores y acusaciones abundaron. Cuando caminamos por el último tramo del camino de tierra y pasamos el puesto de control de la comunidad, Eliecer se relajó y nos emocionamos. “Debe de haber un grupo esperándote,” dijo. “Hay mucho de qué hablar.”

A través de las décadas en que han defendido su tierra, los campesinos y comunidades indígenas del municipio de Venustiano Carranza han aprendido muchas lecciones acerca de la organización para lograr sus objetivos. Durante dos visitas a López Hernández, integrantes de la OCEZ-RC generosamente compartieron conmigo su historia, su estrategia y su comunidad. Este artículo tiene la intención de compartir algunas de sus lecciones y principios, explicando cómo trabaja la OCEZ-RC para el cambio social y el recuento de algunas de las experiencias históricas que los llevaron ahí.

Un linaje de opresión

“también nos iban inculcando el que tenía que trabajarles al patrón y así los hijos de estos ricos también íbamos a servirles nosotros.”

Cuando Uber, un miembro de la OCEZ-RC se asoma al paisaje alrededor de López Hernández, ve mucho más que un mosaico de campos verdes y amarillos. La historia de su familia, que es una historia llena de privaciones, opresión y lucha, está indisolublemente ligada a los valles y colinas que los rodean. Mientras me mostraba ese paisaje, Uber veía lo que yo no podía—las líneas invisibles que marcan los límites entre la propiedad privada y comunal, entre una gran propiedad de tierra y la siguiente. Las líneas que establecen la propiedad y la falta de ella, que dicen que si el maíz que cosechas va a alimentar a tu familia o pagar la deuda. Y no sólo eso, Uber podía ver las líneas que hace tiempo se han desvanecido en el mapa. Sabe que lo que ahora pertenece a su comunidad una vez perteneció a un cacique, y antes al padre del cacique, pero todo eso, todo lo que sus ojos podían ver, alguna vez perteneció a sus antepasados.


Niños montando a un burro a través de las tierras recuperadas a un cacique por la OCEZ-RC. DR Alex Mensing 2014
La estrategia básica de la OCEZ-RC para recuperar el control de las tierras históricamente comunitarias implica una serie de pasos. En primer lugar construir apoyo de base y pedir al gobierno la tierra, luego ocupar directamente la tierra y posteriormente presionar al gobierno para conceder el título de propiedad y pagar al antiguo propietario. La organización ha aprendido que el gobierno nunca va a respetar los derechos campesinos de la tierra sin presión extrema y que la mejor manera de hacerlo es ocuparla por la fuerza. El ocupar la tierra requiere de un apoyo masivo. Y para lograr el apoyo masivo para una acción aparentemente radical, están contra siglos de opresión. La familia de Uber encarna ese proceso.

El padre de Uber, Francisco, creció en un rancho propiedad de Fernando Borraz, un cacique local que pedía mucho y pagaba poco. “Si quieres trabajar, si no, te puedes ir.” Francisco recuerda cuando le decía. “Y con la necesidad de trabajo, el campesino ¿qué hacía? Pues humillarse y seguir trabajando.”

El trabajo que el padre de Francisco hacía era el mismo que su padre antes que él hacía. Los abuelos de Francisco eran peones encasillados, campesinos que trabajan en los campos para una plantación o terrateniente a cambio de un lugar para vivir y cosechar para su familia, pero con una cantidad determinada de grano para el terrateniente como alquiler del campo. Vestían ropa tradicional y hablaban tzotzil, la lengua indígena de sus antepasados. Sus hijos debieron haber aprendido mucho escuchando, pero nunca le enseñaron a Francisco.

El joven terrateniente o patrón de Francisco era nieto de mapaches -miembros de una poderosa élite de terratenientes que unieron fuerzas después de la Revolución Mexicana para evitar la implementación de las reformas agrarias y laborales en el estado. El ejército rebelde, que utilizaba a los propios campesinos como soldados, expulsó a las fuerzas revolucionarias. Para obtener la lealtad de Chiapas y lograr la unidad nacional, el gobierno mexicano finalmente cedió y permitió a los mapaches conservar sus tierras y sirvientes. Los terratenientes que participaron en la contrarrevolución fueron premiados con mayores concesiones de tierra, por lo general a expensas de las tierras comunales.

Para el padre de Francisco era imposible que en su tierra asignada creciera el maíz suficiente para pagar el alquiler y criar a su familia. El patrón les prestaría dinero o maíz, pero lo sumaría a la deuda de trabajo. “En vez de que esa persona fuera desquitando, iba hundiéndose más y más y más.” dijo Francisco. “La cosecha ya no le daba.” La madre de Francisco comenzó a criar cerdos para juntar dinero extra.

A pesar de esta situación, los padres de Francisco creían firmemente en el respeto a su patrón y su familia. Recuerda como una vez, cuando el hijo del patrón robó la honda de su hermano y se burló de él porque sabía que podía llevársela, el hermano de Francisco insultó a su madre. “¿Qué hizo mi papá cuando llegamos a casa? Agarró el chicote y le da a mi hermano,” recuerda Francisco. “Y le pegó sabroso. Porque le faltó el respeto al hijo del patrón.” Su padre nunca confrontó a los terratenientes por el comportamiento de su hijo o su falta de voluntad para disciplinarlo. “Qué humillación” dijo Francisco, sonando casi sorprendido por contar una historia sobre su pasado, como si hubiera sido un mal sueño. “Estábamos definitivamente ciegos.”

Las experiencias de Francisco me recuerdan algo que otro miembro de la OCEZ-RC, Don Chema, me había explicado sobre las dificultades de organizar en Chiapas. “Ya ves que la dominación de nuestros pueblos no sólo fue la represión física”, explicó.

Fue también el lavado de cerebro que después de la invasión de los españoles [...] Ahí en la biblia en los textos y todo eso, siempre se habla que hay que respetar al que tiene. Si tiene es porque dios le dió esa virtud, esa suerte. Y el que no tiene, es porque dios también así lo quiso que así fuera, que no tenga. Y no debe de envidiarle al que tiene. Esa era el convencimiento para que los compañeros aceptaran su realidad. Porque era un mandato de dios.”

Los propietarios privados de la región Venustiano Carranza se beneficiaron de esta dominación histórica de los pueblos indígenas mediante la adquisición de sus tierras comunales. Estas tierras están en el centro de las disputas de tierras en Chiapas. Cuando los miembros de la OCEZ-RC dicen que están luchando por “tierras comunales”, sin embargo, es importante entender que esto no es simplemente una referencia a una visión compartida de los miembros de la comunidad que cooperan en la tierra. La tierra comunal es una categoría de propiedad de la tierra constitucionalmente establecida en México. Su historia se remonta a la época prehispánica e incluso fue incorporada a la dominación colonial temprana.


Uber toma notas mientras los miembros de la OCEZ-RC preparan un comunicado que anuncia un intermitente bloqueo a la carretera al día siguiente. DR Alex Mensing 2014
Las tierras comunales que pertenecían a los antepasados de la comunidad Venustiano Carranza se remontan a finales del siglo XVIII, y su vigencia fue restablecida tanto después de la Independencia, a principios del siglo XIX y por Resolución Presidencial en 1965. Los títulos de “tierras comunales” se poseen colectivamente por un grupo de personas y sólo son transferibles a través de la herencia. O más bien era así hasta que el presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari cambió el artículo 27 de la Constitución en 1992.

El artículo 27 reformado establece que si dos tercios de los titulares de una propiedad comunal están de acuerdo, la tierra se divide y se otorgan títulos individuales. La apertura a la privatización y la expropiación campesina fueron políticas clave para la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Después de todo, ¿por qué los EEUU querrían abrir a México si no estuviera a la venta?

La propiedad colectiva de la tierra es un elemento fundamental de la OCEZ-RC. El uso comunal de la tierra y su administración tienen su origen en las prácticas indígenas, pero hoy ambas tradiciones se utilizan como táctica de resistencia contra la privatización y empobrecimiento. Para cuando los padres de Francisco estaban criando a una familia bajo el patrocinio de opresión del cacique, gran parte de las originales tierras comunales de los indígenas estaba bajo el control de ganaderos y plantaciones.

Cuando nació Uber, su padre trabajaba en un rancho propiedad del hermano de Fernando Borraz, Alejandro Borraz. Uber comenzó a trabajar en el rancho cuando tenía doce años. Los fines de semana, cuando los hijos de los terratenientes lo visitaban, Uber y su hermano ensillaban los caballos para ellos y los llevaban a dar una vuelta por el campo, los jóvenes campesinos a pie y los terratenientes a caballo. Sin embargo, no ganaban dinero extra con eso. Era sólo porque el propietario así lo decía. Después de salir de la humilde escuela primaria rural, Uber me dice , “no me quedaba otro camino que meterme a trabajar otra vez a servirle al mismo patrón, a obedecerle las ordenes de ellos. La misma herencia que nuestros padres y abuelos nos habían ya inculcado o dejado pues.”

Construyendo apoyo de base para expulsar al patrón

“Si la escritura original dice que es de nosotros la tierra, que no es un regalo del gobierno, porque nuestros antepasados lo compraron con sus reservas, ¿por qué se le vamos a seguir pidiendo al gobierno?”

En 1999 , no muchos años después de que Uber comenzó a trabajar, el primer paso del proceso de organización de la OCEZ-RC comenzó en el pueblo de Laguna Verde, donde vivía la familia de Francisco y Uber. 52 familias asociadas con el liderazgo de la Casa del Pueblo -la organización campesina de los propietarios de tierras comunales en Venustiano Carranza, donde se originó la OCEZ - fueron expulsadas después de que un grupo paramilitar tomó por la fuerza el control de su cuartel general. (Fue esta expulsión la que llevó a la creación de la OCEZ-RC independiente.) Después de que las familias lograron asentarse en un pedazo de tierra que antes era propiedad de un cacique, se dieron cuenta del extremo predominio en la zona de campesinos sin tierra que organizaban los locales para luchar por la tierra. Este esfuerzo fue una consecuencia natural del principio central de solidaridad del grupo. La tierra por la que decidieron luchar está a media hora de camino desde donde Uber y Francisco me contaron la historia de la OCEZ.

Desde la perspectiva de la familia de Uber entonces, la toma que la OCEZ-RC hizo del rancho cercano del terrateniente no fue más que malas noticias. Les preocupaba que el rancho en el que trabajaban pudiera sufrir el mismo destino y perder sus puestos de trabajo. Cuando la OCEZ -RC comenzó a reunirse con los indígenas locales sobre la organización y la recuperación de sus tierras ancestrales, los jefes de las familias respondieron negativamente. “¿Cómo le voy a quitar su tierra a mi patrón? ¿Cómo me voy a poner en contra de mi patrón? Y todo lo peor pues.” Uber reconoce en retrospectiva. “Si hacemos caso de ustedes nos van a meter en la cárcel por mi patrón, o me van a mandar a matar, o me va a correr de mi trabajo.”

Entonces, ¿qué hicieron los organizadores OCEZ -RC? Hablaron con los jóvenes. Se llevaron a cabo reuniones, pero no sólo reuniones. Hicieron fiestas y organizaron eventos deportivos. Y les hablaban de la historia de la tierra donde vivían. El joven Uber no quería tener nada que ver con esta supuesta organización, era una persona tímida y tranquila. Pero cuando se enteró de que sus primos estaban involucrados, se despertó su interés.

“Pero una vez me dice un mi primo Carmelo, me dice, sabes qué primo, el sábado hay una reunión en la comunidad de Laguna Verde, y es una segunda reunión que vamos a celebrar del intento de formar un grupo para poder solicitar unas tierras. Entonces ya eso me lo dijo como un miércoles. Entonces yo como ya me había dicho mi papá que estaba este grupo, ya el sábado yo fui y vi que ya estaba la gente ahí reunida y habían señores, habían jóvenes, y yo así con temor, con vergüenza, me metí a sus reunión y les pedí la palabra. Y ya les dije, recuerdo que les dije pues miren, yo supe de este sus grupo y pues también quiero entrar en la lucha que ustedes llevan para ver si se logra tener un pedazo de tierra.”

Así es como muchos jóvenes se involucraron, recuerda Uber. “Y cada uno teníamos la tarea de hablar con nuestros papás, y decirles de que si al menos no querían, pero que nos dieran esa oportunidad de mantener este grupo e intentar recuperar nuestras tierras.”


Miembros de la OCEZ-RC se reúnen durante un bloqueo intermitente a la carretera para discutir la logística. DR Alex Mensing 2014
Al principio, Uber tuvo problemas para tomar en serio el mensaje del OCEZ-RC. Seguía poniendo al patrón entre él y la tierra. Fueron los casos exitosos los que finalmente lo convencieron, dice Uber. “Pero cuando me hablaron de que habían otros grupos también que ya habían recuperado sus tierras y que estaban trabajando, o veía yo otros compañeros que tomaban posesión, corrían al rico y se quedaban ahí, empezamos como a sentirlo nuestro pues ya. Y desde ahí empezamos como a decir lo vamos a defender.”

Comenzaron a reunirse en 2001 y formaron el Comité Ejecutivo Agrario de Santa María de la Asunción de Laguna Verde, presentándose al gobierno estatal como campesinos sin tierra. Presentaron una petición de tierras de cultivo, señalando un rancho cercano y pidiendo al gobierno que le pagara al dueño y se los entregara. Esta táctica de OCEZ se basa en el hecho de que la Constitución Mexicana de 1917 señala que un grupo de familias campesinas sin tierra tiene el derecho de solicitar el establecimiento de un ejido o tierras colectivas. Los demandantes tienen derecho a una superficie mínima, que se concederían de tierras públicas disponibles o mediante expropiación. De hecho, la reforma constitucional de 1992 que abrió las tierras comunales a la privatización declaró el fin de la reforma agraria, eliminando este derecho constitucional. Sin embargo, la OCEZ -RC continúa presionando al gobierno del estado, exigiendo el acceso a la tierra que les fue arrebatado ilegalmente por los caciques.

A pesar de que los campesinos de Laguna Verde tenían una organización oficial era difícil conseguir su participación más allá que en reuniones. “Cuando en ese momento el grupo se organizaba y se convocaba una marcha, ya no estaban, ya no existían, se desbarataban,” dice Uber. “Y decían, no, pues cómo vamos a ir a marchar? Cómo vamos a ir a hacerle bulla a nuestro patrón, el que nos da de comer pues?” El cacique dueño del rancho donde Uber y sus compañeros trabajaban vivía en la capital del municipio en la calle principal, lugar por donde pasaban las manifestaciones, y cuando pasaban por su casa escondían sus rostros por temor a represalias.

Uber eventualmente tomó el papel de secretario del grupo, a pesar de sus dudas iniciales. Fue alentado para tomar ese papel, le dijeron que parte de la OCEZ-RC es que todos deber servir al grupo en algún momento. Los campesinos participantes poco a poco aprendieron a hablar frente a otros, a escribir comunicados de prensa, a comunicarse con funcionarios del bierno, a entender su historia, y a organizar despliegues de apoyo público. Además de los elementos tradicionales de la cultura indígena local, la dirección colectiva y la toma de decisiones protege a la organización de los peligros de corrupción, encarcelamiento y asesinato. Tales peligros y su asociación con el liderazgo individualista se comprenden mejor conociendo la historia de la región.


Miembros de la OCEZ-RC hacen un bloqueo intermitente para presionar al gobierno a que cumpla la promesa de regularizar la tierra ocupada por las comunidades de la OCEZ-RC y proporcione apoyo para el desarrollo. DR Alex Mensing 2014
La corrupción fue un gran problema para los campesinos de Venustiano Carranza desde los primeros intentos de organización en la década de 1930. Durante ese tiempo, el poder pasó de los ancianos indígenas a los jóvenes burócratas bilingües que administraban el recién formado Comité de Bienes Comunales. Ellos mantuvieron el control concentrado de recursos de la comunidad, convirtiéndolos en objeto de cooptación por la élite terrateniente. Mientras que el nuevo comité tuvo ciertos logros, muchos de sus burócratas utilizaron sus posiciones para obtener beneficios personales.

En los años 60 y 70, la comunidad campesina comenzó a impacientarse con el uso ilegal de las tierras comunales por parte de los grandes ganaderos, por lo que aumentaron sus esfuerzos por recuperar la tierra. En respuesta, se incrementó la represión violenta de los caciques contra dirigentes de la comunidad, ya que representaban una amenaza evidente al poder de los caciques. En 1966, sicarios dispararon al representante del comité de la comunidad, Córdoba Ayar. Su sucesor fue asesinado en 1970, y el siguiente en 1971. Esta represión se mantiene en la memoria colectiva moderna de la OCEZ-RC, como me ilustró una experiencia con Eliezer, el hombre que me había llevado a López Hernández.

Él me llevó a hacer un recorrido por una comunidad cercana de la OCEZ-RC y me mostró el edificio donde el ex terrateniente (que había ocupado ilegalmente las tierras comunales) había vivido antes de que recuperaran las tierras. Mientras estábamos hablando de la construcción, una canción sonaba fuerte a través de pequeñas y tensas bocinas de su teléfono celular. Las palabras del corrido -un género tradicional de canción mexicana – contaban la historia de Bartolomé Martínez Villatoro, quien se convirtió en el representante del Comité de Bienes Comunales en 1972 y sobrevivió a varios intentos de asesinato y ocho meses en prisión antes de ser víctima de caciques en 1975.

“Era un hombre campesino
que le ayudaba a la gente.
Quitaba los latifundios
por orden del presidente.

Tenía muchos enemigos
Caciques y hacendados.
Al ir rumbo a Teopisca
ahí lo dejaron tirado.

Se escucharon tres descargas
con ametralladora M-1
Y todavía les gritaba
¡échenle! uno por uno.”

Después del asesinato de 1975, la comunidad indígena campesina estableció un comité formado por una docena de personas, en lugar de sólo uno, incluyendo tanto a miembros experimentados como a nuevos que pudieran aprender de los demás. Al día de hoy, las decisiones se toman en asambleas y reuniones de representantes de la comunidad. “Y aquí como no hay líder, pues cualquiera puede retomar el cargo”, dice Don Chema, riendo irónicamente por la trágica realidad que ha llegado a conocer tan bien. “Y así es por eso la organización sigue sobreviviendo. Cualquiera puede ser detenido, asesinado, comprado, la organización no acaba. Sigue los demás.”

Volviendo a la década del 2000, se necesitaron de tres o cuatro años para que el grupo al que Uber se uniera creciera hasta llegar a sesenta miembros y sus familias. Durante ese tiempo continuaron haciendo peticiones al gobierno y llevaron a cabo manifestaciones públicas. Con el tiempo, el consenso llegó al punto en que debían que tomar medidas adicionales. La petición de tierras había sido ignorada por el gobierno por cuatro años, junto con las manifestaciones públicas. Uber me dijo que no fue el único que pensaba, “¿para qué tanto hablar? ¿por qué no mejor vamos a tomar posesión del predio?”


Don Chema cosecha hojas para un té de su jardín. DR Alex Mensing 2014
Don Chema me dijo cómo a veces es necesario experimentar por sí mismos la frustración de un sistema legal roto. Cuando los campesinos de Laguna Verde primero presentaron su petición, Don Chema sabía que muy probablemente conducirá a nada. Sin embargo, también sabía, que el acto de la presentación de una petición cumpliría dos roles importantes -educar y radicalizar las bases de apoyo de la organización, y dotar al Grupo de las pruebas necesarias para hacer frente a una demanda futura por el gobierno que no habían tomado medidas legales apropiadas. Esta afirmación viene a menudo cuando el grupo ocupa la tierra de ganaderos.

Tardaron más de cuarenta años aprender esta lección por primera vez . La comunidad indígena de Venustiano Carranza presentó peticiones apropiadas con el gobierno federal en 1933. En 1976 sus demandas seguían sin ser resueltas por el gobierno. Ese año 200 miembros de la comunidad se armaron y empezaron a sacar a los rancheros ricos y sus pistoleros fuera de las tierras comunales. El gobierno respondió enviando al ejército, lo que resultó en una batalla de 8 horas, varias muertes, y el encarcelamiento de todo el consejo de la comunidad, pero aprendió una lección importante. Cuando se le preguntó cómo era posible que los campesinos finalmente llegaran a ese extremo, Don Chema levanta las manos y dice “¿qué otra cosa podríamos haber hecho?”

“Costó mucho, pero como ya se había recorrido todo el camino legal, entonces ya no había más argumentos que esperar. [...] Teníamos las escrituras en nuestras manos. La original, donde dice que la tierra es propiedad de Bienes Comunales. Por otro lado el gobierno de la república confirma que la comunidad es dueña de 50,152 hectáreas. Entonces decían, “bueno, ¿qué esperamos? Ya no vamos a esperar, no vamos a esperar que la presidente de la república venga a repartir, o que venga a sacarlos sin que lo hagamos nosotros. No vamos a esperar que dios baje y lo saque a esa gente, lo hagamos nosotros. Así se dió el convencimiento, y cuando se dio la acción, todos estaban concientes que en esa acción cualquiera de los que fueran podían perder la vida.”

Recuperando lo suyo

“Si el rico nos estaba golpeando nosotros también teníamos que también buscar la forma cómo hacer ya que tomáramos posesión de estas tierras.”

Así fue que después de cuatro años de organización, en la noche del 25 de abril de 2005, sesenta familias de jornaleros agrícolas sin tierra y aparceros contratados se hicieron cargo de un rancho. Alejandro Castañeda Borraz, el dueño del rancho, llegó por la mañana para ver la entrada de su rancho bloqueada por campesinos, muchos de ellos eran sus empleados, blandiendo pancartas que decían “RESPETO A LAS TOMAS DE TIERRA.” Y, “LA TIERRA ES DE QUIEN LA TRABAJA”. El les preguntó exactamente lo que pensaban que estaban haciendo, recordándoles que la tierra le pertenecía a él, y que le debían su empleo y medios de vida a su patrocinio, jugando con la vieja dinámica de las relaciones cacique- campesino.

Pero los campesinos sabían qué decir. Uber dice que debido a que tenían cuatro años de orientación y discusión en su haber, dijeron al terrateniente:

“Será como usted lo dice, pero aquí hay una razón que nos asiste por derecho, y que usted tiene su conocimiento que en el tiempo de los mapaches, de estas personas que vinieron a acaparar grandes extensiones de tierra, sus abuelos de ustedes fue uno de los quienes vino a acaparar estas tierras, aún sabiendo de que pertenecía a un grupo de campesinos, de nuestros abuelos. No les importó. Nuestros abuelos que se rebelaron ustedes los corrieron, y algunos quedaron como esclavos de ustedes mismos. Entonces no vengan a decirnos que por su escritura es de ustedes la tierra porque eso ya lo hicieron en acuerdo con las autoridades.”

Cuando Castañeda Borraz oyó esto, recuerda Uber, su postura cambió. Se ofreció a venderles la tierra, riéndose, si tuvieran el dinero. “Quien se lo va a pagar es el gobierno”, respondieron. “Porque ustedes saben como hicieron sus mañas en esos tiempos, así que el gobierno, si usted le va a cobrar algo, cóbrele a él.” Los miembros de la OCEZ-RC se ofrecieron a ayudar a presionar por una mesa de negociación para que el gobierno compensaría el terrateniente.

El terrateniente se fue, diciendo que tenía que hablar con su hermano sobre el precio de la tierra. Sin embargo, cuando volvió, llegó con cerca de 1000 miembros policiales. El funcionario que habló con ellos dijo que esto era inaceptable, pero que abriría un caso para ellos si se iban en paz. Dadas las circunstancias, con la presencia de las mujeres, niños y ancianos, las familias decidieron retirarse.

Durante los siguientes cuatro años, los miembros de la OCEZ-RC de Laguna Verde presionaron al gobierno para que les concediera tierra. Pero una vez que el propietario de la tierra y el gobierno los vieron como una amenaza seria, vivieron bajo el temor constante. Uber dejó de trabajar en el rancho. Sus casas fueron registradas. El propietario del terreno destrozó sus propios campos y edificios para acusar a los campesinos de los delitos y la policía aplicó las órdenes de detención. El terrateniente tenía incluso a varios de trabajadores asesinados. La posterior cacería de los supuestos perpetradores obligó a muchos de los miembros de la organización a huir y esconderse en las montañas durante varios meses.

Fue entonces cuando la comunidad decidió que no podían seguir así. Con una mano, el terrateniente y el gobierno constantemente prometían una inminente resolución de sus problemas. Con la otra mano trataban de desalentar, dividir y reprimir la organización. Entonces, decidieron organizar otra ocupación de tierras, pero esta vez con más apoyo. “El 14 de julio de 2009 ,” Uber con orgullo me dice , “tomamos posesión de los ranchos” con la presencia de todos los compañeros de la organización.

“Ya el gobierno vio de que ya no era sólo el grupo sino más bien era la organización que estaba tomando posesión de estas tierras para recuperarla, y la denuncia permanente que estaba haciendo la comisión en San Cristóbal de las Casas tomando la comisión, el consejo estatal de derechos humanos.”

La ocupación y discusión tomó una semana más, pero al final el problema era tan agudo y conocido para que el gobierno lo evitara por más tiempo.

Conclusión de una historia inconclusa

“La lucha es permanente.”

Como muchos de los miembros de la comunidad de López Hernández dicen, la lucha está lejos de terminar . Una vez que lograron recuperar un pedazo de tierra, luchan por mejores servicios para su pueblo, por una vida mejor para sus hijos. Son solidarios con otros que aún no han recuperado un pedazo de tierra, justamente como la OCEZ-RC se solidarizó con la comunidad de Laguna Verde durante su lucha.

Algunas personas se sorprenden por la combinación de la estrategia de la OCEZ-RC de la negociación con el gobierno y la desobediencia civil. Pero sus tácticas son lo que han encontrado útil para su trabajo. Sus tácticas les permiten alcanzar los objetivos paso a paso que mantienen la esperanza y la motivación en las familias campesinas. Don Chema, por ejemplo, no ve esto como un conflicto de intereses o como algún tipo de impureza ideológica. Cuando explica cómo él lo ve, él señala que lo legal o ilegal, proporcionado por el gobierno o la comunidad, su interés principal está en la justicia y la dignidad.

“¿Qué es lo que argumentamos?”, pregunta don Chema. “La justicia, porque una cuestión es la ley y otra cosa es la justicia social. ¿Qué es la justicia social, que también está en el decreto? Que cada ciudadano mexicano tiene derecho a vivir dignamente de su trabajo.”

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