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 English | Español March 24, 2017 | Issue #67


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La Escuela de Periodismo Auténtico es sobre el “nosotros” en el que nos convertiremos

Una carta de un beneficiario de atención médica en algún lugar de América


Por Al Giordano
Fundador de la Escuela de Periodismo Auténtico

9 de marzo 2017

Ya han pasado 15 años desde que algunos amigos, incluyendo Gary Webb (1954-2004), y yo, creamos y lanzamos la Escuela de Periodismo Auténtico como nuestra respuesta al clamor de los jóvenes que pedían a través de correos electrónicos, -que en ese entonces era una forma de comunicación relativamente nueva– venir a trabajar conmigo en Narco News.

En ese tiempo acabábamos de ganar la trascendental demanda “Banamex vs. Mario Menéndez, Al Giordano y Narco News”, que estableció las primeras protecciones de la Primera Enmienda para los periodistas de Internet en la jurisprudencia de los Estados Unidos.

Tenía 42 años y abundante salud, cruzaba el hemisferio de miles de millas cada año –a veces al mes– para reportar desde las regiones y zonas de conflicto de mayor interés periodístico de Latinoamérica.



Gary Webb y Al Giordano

Hoy tengo 57 años y me encuentro bajo tratamiento médico con la intención de curar el cáncer que me fue diagnosticado el pasado mes de octubre, por lo que estoy atascado en los Estados Unidos para recibirlo. Mi hogar, comunidad y vida cotidiana – construidos durante dos décadas al sur de la frontera, principalmente en México – están a miles de millas de distancia. El pensamiento que más me mantiene a flote a través de los brutales efectos secundarios de este tratamiento es que, si logro superar esto, podré volver allí, entre mis amigos y colegas, y más específicamente, a la Escuela de Periodismo Auténtico; el proyecto que mayor sentido le ha dado a esta vida.

Antes de que termine este mensaje, quiero pedirte un favor, que hagas un aporte -tan generoso como pueda – a la campaña de Kickstarter de la Escuela de Periodismo Auténtico 2017. Tenemos tan solo poco más de una semana para recaudar unos $15.000 más (estamos a mitad del camino) para alcanzar el objetivo. Si tú y los otros hacen caso omiso a este llamado y llega la hora, y no logramos alcanzar el objetivo, ninguna de sus donaciones será cobrada, el Fondo para el Periodismo Auténtico no las recibirá, y la escuela no se llevará a cabo este año.

Si ya sabes que vas aportar, y no necesitas leer más mi discurso, aquí está el link. Por favor, haz clic y dona ahora.





Estas campañas de recaudación siempre son estresantes para mí, pero ninguna más que la presente. Al fin y al cabo, como me recuerdan mis doctores a diario, no hay garantías de que ande por aquí para una edición 2018 o 2019 de la Escuela de Periodismo Auténtico. Cuando termine mi tratamiento este mes o el próximo, mis seres queridos y yo tendremos que esperar tres meses – tal vez incluso seis – para los primeros análisis que indicarían si el tumor ha sido vencido o no. A partir de allí vendrán, si todo sale bien, otros cinco años de estudios regulares.

Sólo este tratamiento puede comprarme más años de vida. Sin él (gracias, Obama) estaría enfrentando una muerte relativamente rápida. Realidades como esta revelan con total claridad las prioridades de la vida. La mía es que la Escuela de Periodismo Auténtico sobreviva y prospere.

Si la edición 2017 no ocurre, me pregunto: ¿Ya habré asistido y enseñado en la última Escuela?

Observando, chequeando a diario si suficientes buenas personas han respondido y aportado, esperando descubrir si el trabajo de mi vida aún goza del apoyo suficiente por parte de la comunidad internacional para la cual reporté, organicé, entrené, escribí, de la cual aprendí, con la cual compartí, y a la cual persuadí y provoqué todos estos años, para sostenerla incluso cuando estoy temporalmente incapacitado, es, bueno, por decir lo menos, un poco agonizante.

En el transcurso de los últimos quince años mi mayor placer y trabajo más importante, ha sido capacitar personas más jóvenes para que realicen este trabajo a través de la Escuela de Periodismo Auténtico. He transmitido mis experiencias en el reportaje investigatívo, seguridad en zonas de conflicto (no sólo para periodistas, sino también para las comunidades para las cuales reportamos), resistencia y confrontación a la corrupción, evasión del “periodismo en manada” que meramente sigue a la multitud – sobre el conocimiento que he incorporado de aquellas experiencias – y, por supuesto, las habilidades de narración clara, trabajo convincente de audio y video, creación de videos “virales,” navegación por la bulliciosa frontera del oeste salvaje de Internet, investigación efectiva, oratoria y mucho más.

Las lecciones más importantes que he aprendido – y comparto – no se enseñan en las escuelas de periodismo tradicionales: ¡Ya nadie enseña la estrategia del periodismo!

¿Cómo puede darse cuenta un periodista si su trabajo está marcando una diferencia? ¿Cómo podemos garantizar que lo haga? Cuando uno reporta movimientos sociales y causas justas, ¿cómo podemos sortear el proverbial camino hacia el infierno que está empedrado de buenas intenciones para ayudar y jamás perjudicar las posibilidades de un movimiento digno de éxito?

No practico ni enseño “periodismo objetivo.” Nunca lo hice. El término en sí es una mentira. Cualquiera que te diga que reporta objetivamente está siendo deliberadamente deshonesto o tan torpemente inconsciente de sus limitaciones que no merece seguimiento alguno. Todos los periodistas que he conocido son humanos. Por ende, por definición, ninguno de nosotros es objetivo, ni medianamente capaz de serlo ni por solo un minuto neoyorquino.

Al mismo tiempo, he enseñado y puesto en práctica que si bien resulta vital escoger un bando y revelarlo, las trampas del proselitismo, la esloganería y el dogma deben ser cuidadosamente evitadas. Un periodista auténtico evita el golpe barato y fácil que desinforma y manipula, para en su lugar hacer el trabajo pesado y construir la confianza a largo plazo con el lector, espectador u oyente. Los periodistas que buscan cambiar nuestras comunidades o el mundo, y ayudar a otros a hacerlo, tienen que desaprender muchos de los supuestos erróneos que la mayoría en la profesión han adoptado de manera irreflexiva.





Un periodista efectivo en la línea de combate de un movimiento social debe saber y comprender la diferencia entre la organización real y el mero “activismo” – porque los dos a menudo desencadenan resultados diferentes, y demasiado seguido, resultados opuestos. Para poder informar bien sobre los movimientos sociales actuales debemos estudiar los del pasado – tanto los movimientos que han alcanzado sus objetivos como las causas que han fallado – y conocer qué tipos de estrategias y tácticas han ayudado o perjudicado a su éxito o su fracaso en cada caso.

Mi fallecido mentor, Abbie Hoffman, me dijo, cuando tenía 21 años, “No hay mayor colocón que desafiar la estructura de poder, dando tu todo, y ganar.”

Mirando hacia atrás en mi vida desde entonces, puedo confirmar que estaba en lo cierto. Nada ha sido tan satisfactorio como las victorias. Me siento bendecido de haber sido parte de tantas.

Del mismo modo, no hay peor sensación que la de dedicar sangre, sudor y lágrimas a una causa sólo para verla fracasar. La mayoría de nosotros ha vivido esa experiencia, muchos más de los que han sido parte de un triunfo organizado. Las derrotas pueden aplastarte el alma. Propician la resignación, la apatía, la depresión y cosas peores.

¡Las victorias, por el otro lado, son maravillosamente lo opuesto! Ganar fomenta compromisos de por vida, acción, sonrisas, optimismo, y más victorias. Cuando hemos ganado antes, ¡sabemos en lo profundo de nuestro ser que podemos ganar una y otra vez!



Al Giordano y Abbie Hoffman. Photo DR 1983 por Leslie Desmond.

Para mí, a principios de mi vida como organizador comunitario y durante las últimas tres décadas como periodista, confieso que todo se ha tratado de ganar. Corregir lo incorrecto, detener a un hostigador (o una horda de ellos), hacer comparecer a los abusivos ante la justicia y conseguir la libertad de los inocentes; estos han sido los momentos en el periodismo que más han importado.

¿Por qué otro motivo una persona asumiría el arduo trabajo de la vida pública – ya sea en periodismo u organización – y soportaría las flechas y lanzas, las envidias y resentimientos que eso conlleva? (Estos abusos aparecen especialmente cuando uno se vuelve exitoso en un proyecto de cualquier modo). Nunca he hecho nada de esto para ser capaz de convencerme a mí mismo de que soy una persona “buena” o “superior.” Sé que no lo soy. Sólo me he metido en esto para lograr los cambios que me he propuesto hacer… para cerrar la planta nuclear, para detener el mega-proyecto que iba a destruir una comunidad, para quitarle las manos del poder al procurador sobreentusiasta, para terminar con las políticas tiránicas de la guerra contra las drogas, para liberar la nueva frontera de la Internet para todos y no sólo para unos pocos.

La adrenalina – el “colocón” al que se refería Abbie – ha estado en esas batallas. Pero el cambio más duradero, en mi experiencia, se da persona a persona, de a uno a la vez, y en el contexto de una comunidad que permite y acepta ese proceso. En eso se ha convertido la Escuela de Periodismo Auténtico: un lugar que genera el espacio en el que nuevas generaciones son inspiradas y equipadas para continuar este trabajo después de que las generaciones anteriores han dejado su legado.

Por supuesto que no es – al menos no todavía – un lugar que funciona como campus todo el año. Nunca hemos gozado de esa clase de recursos. Durante quince años, ha sido una escuela nómada. Se ha llevado a cabo a las orillas de la Península de Yucatán en México, en un rincón de la selva amazónica boliviana, en las montañas de la región central de México, en el ajetreo del centro de Madrid, en la serenidad de las montañas Berkshire, en el centro de la ciudad de Nueva York y ha continuado donde sea que sus más de 500 graduados han convergido para hacer el trabajo que allí aprendimos.

Que suceda la Escuela de Periodismo Auténtico nuevamente en este 2017, depende por completo de la campaña de Kickstarter, si se eleva o cae entre este momento y el viernes próximo.

Incluso en estos meses, tras haber sido diagnosticado con una enfermedad que amenaza mi vida, no les he pedido nada para mí. Los suscriptores de mi boletín de noticias “América” y Obamacare ya han hecho posible este tratamiento hacia una cura completa. ¿Pero qué hay de la Escuela? Aun si el tratamiento da resultado, ¿a qué volveré a mi hogar si la escuela no sobrevive mi ausencia, que ya ha sido demasiado larga? Lo que es peor, ¿qué hay del joven periodista o comunicador u organizador que necesita y busca ser capacitado? ¿Qué le digo a él o ella si no podemos garantizar los fondos para recibirlos este año?

Por favor, te suplico, no me hagas responder esa pregunta. Haz clic en este enlace ahora mismo y haz tu donación hoy (y si ya has donado, muchísimas gracias).





Hay alguien en esta vida que es mucho más importante que el “yo” o el “nosotros” del presente. Y ese es el “yo” y el “nosotros” que encontraremos más adelante en este camino. Eso es lo que vendrá a la próxima Escuela de Periodismo Auténtico, si, y sólo si, colaboras con la campaña de recaudación, o quedará en el camino si no lo haces.

Tu donación es sobre el “nosotros” en el que nos convertiremos. Sólo juntos podremos llegar allí.

Con amor,
Al Giordano

Esta carta fue inicialmente publicada ayer para suscriptores de “Al Giordano’s América”, la publicación dirigida a donantes de $70 al Fondo Para el Periodismo Auténtico. Quienes donen la misma cantidad para la campaña de este año de Kickstarter también recibirán una suscripción.

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