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La “Nueva Democracia” de México no ha nacido todavía

El país pasara los próximos tres años sin una presidencia creíble


Por Al Giordano
Parte I de una serie: Fox a la mitad de su vida

22 de julio 2003

Se ha reportado extensamente que el partido del presidente mexicano Vicente Fox sufrió una demoledora derrota en las elecciones congresales parciales del 6 de julio pasado.

Lo que no se ha informado, sin embargo, es la razón por la que Fox y sus fuerzas políticas fueron aporreadas: dos semanas antes de la elección del 6 de julio, la campaña se volvió repentinamente un referendo a los tres años de Fox entregando la soberanía mexicana a poderes extranjeros, primero que nada y sobre todo a los de Estados Unidos.

El rechazo del electorado al Partido Acción Nacional (PAN) de Fox es golpeante porque solamente dos semanas antes del día de la elección —de acuerdo a los sondeos de opinión de ese partido— el PAN estaba a la cabeza con 41 por ciento de las preferencias en una escenario multipartidario.

Aunque para la votación del 6 de julio pasado el PAN de Fox recibió solamente el 31,87 por ciento: apenas un poquito más de ocho millones de votos en una nación con 100 millones de habitantes.

Ocho por ciento es obviamente una base muy pequeña de apoyo sobre la que gobernar.

Las encuestas publicadas por los diarios mexicanos El Universal y Reforma en la semana final también ponían, al igual que los propios datos del PAN, el inesperado e instantáneo colapso del voto a Fox. Algo claramente sucedió en las dos semanas finales de la campaña para enviar los números de Fox del cielo al subsuelo. ¿Qué fue?

Algunos comentaristas culpan al bajo nivel de voto registrado, inclusive sin analizar sus causas. Cincuenta y nueve por ciento de los votantes registrados, entre las decenas de millones de jóvenes de este joven país, votaron en contra simplemente quedándose en casa. Luego de 1997, cuando casi 65 por ciento de los votantes participó en las últimas elecciones parciales, el 41 por ciento que concurrió este año —el más bajo en la historia mexicana— marca una caída muy drástica.

Esta abstención masiva no fue, sin embargo, un rechazo de lo que Ginger Thompson del New York Times y otros mensajeros de la línea partidaria neoliberal llamaron la “nueva democracia” de México. Más bien, la decisión de la mayoría de los votantes de abstenerse de un sistema regido por los dólares extranjeros sirvió como rechazo a una democracia simulada al estilo estadounidense.

El abstencionismo masivo fue la directa consecuencia de una noticia que sacudió las primeras planas del país y los noticiarios de televisión quince días antes de votar: una historia que borró cualquier ilusión acerca de la “democracia” en México.

La noticia que cambió la elección

El factor decisivo en la caída de Fox vino una tarde de viernes, el 27 de junio.

Fue cuando los fiscales del gobierno confirmaron la acusación —hecha en estas páginas los últimos tres años— de que la campaña de Fox en el 2000 había sido grandemente financiada por los gringos.

Ese viernes, la Unidad Especializada contra el Lavado de Dinero del gobierno mexicana reveló que, de los 54 millones de dólares en la campaña de Fox en el 2000 que esa unidad había investigado, “15 o 20 por ciento” vino de intereses foráneos, principalmente de los Estados Unidos.

Narco News reportó sobre esta entrada de dinero foráneo a la campaña de Fox hace tres años, cuando estaba ocurriendo, y detallo el estilo narco de los métodos de lavado de dinero utilizados por la campaña de Fox y sus inversores extranjeros para esconder estas contribuciones de las autoridades en ambos lados de la frontera. El reportaje fue uno de los ocho de Narco News por los que el Banco Nacional de México, Banamex, también conocido como Citibank, demandó a esta publicación (sin éxito alguno) en agosto de 2000.

Pero el sábado 28 de junio pasado, tres años y cuatro días después, esto no era solamente noticia de primera plana en todo México, sino que por primera vez Associated Press reportó (en una versión pasada por agua) la historia en inglés.

E incluso, el giro mediático gringo y europeo sobre la historia que destruyó la presidencia de Fox constituyó un ejemplo clásico de cómo estas agencias simulan las noticias. Reuters tituló la historia “El Procurador Mexicano Limpia al Grupo Fox de Lavado de Dinero”. La historia de AP, por Lisa J. Adams, hizo algo similar: “Probado: no hubo corrupción en la campaña de Fox”.

El electorado mexicano, de cualquier forma, vio correctamente a través del giro similar ofrecido por muchos en la prensa comercial y los medios electrónicos al sur de la frontera. Uno se pregunta si Adams y otros corresponsales extranjeros en México miraron perezosamente o intencionalmente censuraron los deslumbrantes hechos de la historia que demostraban financiamiento ilegal en la campaña presidencial de Fox en 2000.

Primero está el hecho de que los fiscales mexicanos establecieron que había investigado 54 millones de dólares del dinero de la campaña de Fox en 2000.

Ese monto de dólares, por sí mismo, revela un crimen electoral. Aquí está la matemática simple: en el año 2000 era contra la ley para cualquier campaña gastar más de 48 millones. El hecho de que Fox haya gastado 54, por sí mismo, destruye las afirmaciones de los cables de las agencias de que la campaña estaba de alguna manera “limpia” de “corrupción”.

Ahora, cavemos un poco más profundo: los casi ocho millones de dólares en sobre gasto ilegal documentado corresponden, no coincidentemente, al “15 a 20 por ciento” del dinero de la campaña de Fox que vino de fuentes extranjeras. La campaña de Fox nunca quiso que estas contribuciones foráneas ilegales fueran descubiertas.

Y está luego la bizarra manera en la que el dinero llegó a la campaña de Fox (y a al menos una cadena nacional de televisión, TV Azteca, para pagar los anuncios de campaña de Fox): en nuestra nota de junio de 2000, “Citibank implicado en lavado de dinero para la campaña de Fox: encuentran intereses de Estados Unidos en toda la ruta del dinero ilícito” (en inglés), reportamos:

Un hecho que llamó particularmente nuestra atención en The Narco News Bulletin fue la manera en que pequeños montos se habían descompuesto en sumas más pequeñas y luego se reensamblaron (una maniobra clásica de lavado de dinero para evitar sospechas oficiales).

Bajo la ley de Estados Unidos, todos los cheques y el dinero transferidos de 10 mil dólares o más reciben mayor escrutinio bancario y deben ser reportados a los funcionarios del Tesoro Federal.

Interesante, entonces, que los dos primeros cheques, fotocopiados abajo, fueran cada uno de 8,500 dólares, aún más cuando vinieron de las mismas fuentes y tenían los mismos destinatarios.

Los segundos dos cheques, por casi 30 mil dólares cada uno, fueron luego canalizados de estos fondos a TV Azteca para pagar los anuncios de la campaña de Fox.

Cercano a su histórica elección de julio 2 de 2000, Fox negó los alegatos.

De acuerdo a El Universal de junio 22 de 2000:

Vicente Fox respondió a las acusaciones. Aceptó que los cheques son reales, pero aseguró que “ni un centavo ha entrado de fuera del país; son donaciones de gente, desde gente simple hasta profesionales y hombres de negocios”.

Hoy, tres años después, el pueblo mexicano conoce la verdad: en flagrante violación del artículo 33 de la Constitución mexicana, que prohibe a extranjeros inmiscuirse en política electoral, actores políticos y de negocios de Estados Unidos —así como algunos europeos— bombearon millones de dólares a la campaña presidencial de Fox. Fox mintió cuando lo negó. Ahora está atrapado. Y la elección del 6 de julio pasado marca la partida de apertura en un proceso que molerá rápidamente su primacía política pasada en una hamburguesa.

La Era Fox ha terminado

La Era Fox ha terminado, en la misma época en que su predecesor, Ernesto Zedillo del PRI, vio el inicio del fin de la dominación de su propio partido en las elecciones parciales de 1997, cuando perdieron, por vez primera en 67 años, la cámara baja del Congreso. Los tres años finales de Zedillo fueron una pesadilla para esa presidencia, y Fox está por tener la suya.

El centro ya no manda en la política mexicana: el vacío invita a la rebelión abierta desde todos los lados, especialmente desde abajo. Hay, mientras escribimos, viejas alianzas que caen, nuevas alianzas en formación, un espíritu creciente de lucha en un pueblo ultrajado y la embajada de Estados Unidos ha perdido su dominio de 35 años sobre la política mexicana.

Pero la caída de Fox (y el PAN) no necesariamente significa la ascensión de otro partido político. Más bien, la elección de 2003 marca la implosión del sistema de partidos políticos resultado de una sobredosis de dinero no contado en pesos, sino en dólares. Los tres mayores partidos políticos en México están ahora yendo hacia sus propias guerras civiles internas; batallas a muerte de las que ningún compromiso saldrá ya de ningún actor. Ninguno de estos partidos será familiar —no los reconocerán a través de los vendjaes y las heridas— dentro de tres años, cuando México tenga la siguiente elección presidencial.

Mientras la versión de “democracia” del establishment decae, los espacios se amplían para una más auténtica democracia desde abajo. El “México bronco” —como se ha visto en lugares como San Salvador Atenco el año pasado cuando, con machetes y hoz blandidos al aire, los campesinos detuvieron un proyecto multimillonario para construir un aeropuerto en la ciudad de México— parece irrumpir desde muchos rincones, simultáneamente, sobre los próximos tres años de vacío político.

Mientras los tres mayores partidos comienzan sus proceso de auto masacramiento con brutales peleas internas por el poder, hay dos rivales principales para llenar el vacío de poder que dejará la presidencia de Fox en los siguientes tres años.

Un aspirante al poder detrás del trono viene desde arriba: el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, el hombre que robó la elección de 1988, gobernó ilegítimamente por seis años, construyó el moderno narco Estado y huyó con billones de dólares (un estimado ubica su riqueza en 14 billones, lo que, de ser verdad, lo haría el quinto hombre más rico de la Tierra), está de regreso en México —luego de años afuera, principalmente en Irlanda— y reconstruyendo su vieja red de poder. Aquí estaba el día de la elección, sonriendo a las cámaras, mientras votaba.

El rival de Salinas para llenar el vacío dejado por la implosión de Fox viene de abajo… de 62 diferentes rincones de México… y de una porción significante de la sociedad civil (la gente sin partido político, incluendo a gran parte de la mayoría que se abstuvo de votar este año)... y aquí viene el movimiento indígena —ustedes lo oyeron aquí primero, la mayoría de los “intelectuales” y periodistas lo han declarado muerto—, que está ahora yendo a llenar el hueco, con toda la autoridad moral que siempre ha merecido, y ahora puede cosechar.

Los números

Primero los hechos indiscutibles:

  • El Partido Acción Nacional (PAN) de Fox perdió 56 de los 209 curules que había ganado en la Cámara de Diputados en el 2000. Ahora, con 153 curules, el partido del presidente tiene solamente cerca del 30 por ciento de la cámara baja, y el presidente puede apenas controlar a los legisladores de su partido.
  • El anterior partido al mando, el PRI (Partido Revolucionario Institucional), ganó al menos 224 curules (y tal vez más, dependiendo de varias disputas legales y recuentos en marcha en algunos distritos).
  • El Partido de la Revolución Democrática (PRD), de centro izquierda, casi duplicó su representación congresal a 96 curules, pero está en crisis terminal para contender: he dejado de ser un partido nacional. La mitad de la base electoral del PRD está ahora localizada dentro de la megalópolis de la ciudad de México, bajo el liderazgo del jefe de gobierno Andrés Manuel López Obrador, de 50 años, altamente competente, tababasqueño que, pese a sus afirmaciones públicas al contrario, entra ahora en una pelea a muerte con el viejo fundador del partido —Cuauhtémoc Cárdenas— por la nominación presidencial en 2006. Como sea, es importante destacar que en 24 de los 31 estados de México el PRD no ganó ni un solo curul: su base electoral está restringida a retazos en siete estados y el Distrito Federal.
  • Ninguno de los “mini partidos” que compitieron por la posibilidad de estar en las elecciones presidenciales de 2006 salieron de las elecciones de hace dos semanas como actores principales para el futuro. El oportunista “Partido Verde” (PVEM) se alió con el PRI este año. El Partido Verde, fundado por un millonario para el que verde significa dinero (era surreal ver al Partido Verde usando anuncios espectaculares en las carreteras llamado al embellecimiento de México), ha sido largamente definido por su naturaleza mercenaria. Se ha aliado con el PAN de Fox en 2000 y luego saltó a los brazos del PRI en 2003. Los verdes tendrán entre 17 y 25 curules (el partido está ya disputando ocho curules a su aliado de este año, el PRI; ¿ya no hay más honor entre ladrones?). El Partido del Trabajo (PT) obtiene sólo seis curules en el Congreso y el fraccionado partido Convergencia por la Democracia solamente cinco.
  • México Posible, de inclinaciones libertarias (un partido pro legalización de las drogas, pro diversidad sexual, pro feminista; vean Narco News, en diciembre de 2002), no tuvo suficientes votos para mantener su registro nacional para las elecciones de 2006. Es ahora una nota al pie para la historia: un experimento que nació muerto.

La masacre electoral al PAN de Fox de hace dos semanas hace eco de lo ocurrido en 1997 al anterior partido al mando, el PRI, en la elección parcial: presagia un escenario impredecible para este país, con un potencial —finalmente— corte al cordón umbilical de servidumbre a Washington que ha marcado las relaciones méxico-americanas por décadas, y más marcadamente desde la masacre ordenada por los Estados Unidos de líderes estudiantiles en la plaza de Tlatelolco en octubre 2 de 1968, poco antes de los Juegos Olímpicos de México, que sujetó en 35 años a un Estado represivo y clientelar que Vicente Fox prometió exorcizar, pero del que al final solamente se volvió el subastador y payaso en jefe.

En otras palabras: cualquier prejuicio, querido lector, que tengas acerca del “libre comercio”, la Guerra contra las Drogas impuesta por Estados Unidos, la “globalización”, la influencia de Estados Unidos aquí y sobre México bajo Fox, acaban de golpear un rompemuelles gordo y grande en el camino al Nuevo Orden Mundial.

Nunca desde la Revolución de 1910 —la primera en el siglo XX, que guió e inspiró a la Revolución Soviética de 1918— ha estado los Estados Unidos en una posición tan débil frente a su vecino del sur.

Pregunta: ¿Qué mató a la presidencia de Vicente Fox?

Respuesta: Su servidumbre al poder extranjero.

Las elecciones presidenciales de 2006 serán por tanto de las fuerzas políticas que entiendan, primero, que los días de entrega —la “subasta de la soberanía” de los recursos de la nación y el sistema político— deben terminar definitivamente y que, segundo, deben poder convencer al escéptico público mexicano de que pueden y se adecuarán a una nueva era de soberanía auténtica lejos del mando a control remoto.

Demasiado se hizo con el hecho de que la elección de Fox en 2000 terminó con setenta años de mandato unipartidario. Pero Fox nunca estuvo destinado a nada más que ser una figura de transición. Cambió los colores partidarios e hizo crecer las expectativas pero apenas llevó la tiranía de un sistema de control —un Estado fuerte— a otro: la tiranía del mercado definida como un súper poder extranjero.

En otras palabras, pregunten a la mayoría de los mexicanos lo que piensa de su “nueva democracia” y les dirán: sería una muy buena idea. Pero no ocurrió en 2000. No ha ocurrido aún. Y no puede ocurrir a través de un sistema electoral con el model gringo, que mantiene a la nación vulnerable a los caprichos e intereses de los más grandes especuladores.

La democracia mexicana, en suma, está todavía esperando para nacer.

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