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Gaviria debería dejar Venezuela

La mayoría venezolana toma las calles, los golpistas se esconden


Por Al Giordano
A Narco News Breaking News Editorial

10 de diciembre 2002

Éstas son horas de historia inmediata.

Como en Europa del Este hace 13 años, la derrota final del poder dictatorial en Venezuela llegó anoche a las puertas mismas de sus “salas de control” –las estaciones de televisión.

La noche del lunes, la mayoría venezolana –incapaz de soportar el golpe de Estado de una clase económicamente poderosa, que plantea deshonestamente como “huelga” para desestabilizar a su gobierno, electo democráticamente- tomó las calles en una escala sólo vista una vez antes en la historia moderna de esa nación, en abril pasado, cuando revirtió un golpe de Estado militar.

Temprano en la mañana del martes las masas tenían cada estación de televisión comercial rodeada. Sus armas eran no violentas y teatrales: ollas, cacerolas, fuegos artificiales y miles de desafiantes pero sonrientes rostros.

Sólo en las instalaciones de una televisora ubicada en una de las provincias más alejadas –en el estado de Maracay- la gente de hecho invadió las capacidades de una estación que usa las ondas públicas. En los demás sitios, incluyendo las estaciones de televisión nacional en Caracas, una contención inmensa fue mostrada por las masas que protestaban afuera de ellas.

El blofeo de la antigua clase dominante y de sus medios –de que su impuesto sabotaje desde arriba a la economía venezolana y a la industria petrolera, durante la semana pasada, es algo así como una “huelga” popular- ha sido acallado. Los “líderes huelguistas” incluyendo al corrupto jefe pertolero Carlos Ortega, han desaparecido en horas recientes del escenario público, abandonando a sus simpatizantes de las clases altas.

Para asegurarse de que los complotadores golpistas no abandonen el país, los vecinos del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, cerca de Caracas, han rodeado el aeropuerto también.

Los simpatizantes del golpe, incluyendo a los maleantes ex oficiales militares del pasado ataque a la democracia de abril, que habían llamado infructuosamente en días recientes al golpe militar, prontamente abandonaron anoche la Plaza Altimar, su base física: el escenario público que habían ocupado continuamente las últimas semanas.

Confrontados con el levantamiento de la más masiva y verdadera mayoría de la sociedad civil venezolana, los maleantes oficiales y la elite de Caracas han retrocedido, volviendo a sus hogares a mirar el conflicto por televisión como un espectáculo de fuegos artificiales a su alrededor.

Mientras tanto, el ostentoso “mediador” del conflicto ha llamado cínicamente a la represión contra los pacíficos manifestantes por la democracia reunidos fuera de las estaciones de televisión. Con esa acción, César Gaviria ha perdido cualquier ilusoria credibilidad en su aspiración para “mediar” en el conflicto venezolana. Debería regresar a Washington inmediatamente.

Gaviria, Go Home

Gaviria, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha despilfarrado cualquier credibilidad tenue que la organización tenía como mediadora en el conflicto venezolano. Debería dejar Caracas inmediatamente –donde se ha vuelto una fuerza desestabilizante contra la democracia y el orden constitucional- y dejar de aparecer como un “mediador” de la la lucha de poder en la que es, ahora con toda claridad, un elemento que ha tomado partido.

Ese mismo día –lunes 9 de diciembre- en que el Consejo Permanente de la OEA, representando a todas las naciones de América, declaró que “todos los países del hemisferio ratificamos unánimente nuestro apoyo a la demcoracia venezolana”, su presidente, en Carcas, mostró su desprecio por esa misma democracia y el derecho público a la reunión.

De acuerdo con la Agencia France Press (AFP), Gaviria “denunció” las manifestaciones pacíficas del pueblo venezolano fuera de las estaciones de televisión golpistas Globovisión, Venevisión y otras corporaciones de medios comerciales. La “cobertura mediática” de dichas compañías de medios en días recientes llegó a niveles extremos de simulación y deshonestidad, incluso para ellas: el pueblo tuvo bastante. Llamando a las asambleas populares como “actos de intimidación” contra la “prensa libre”, Gaviria llamó al gobierno de Chávez a usar la represión contra los manifestantes.

“El Secretario General de la OEA está profundamente preocupado por los actos de intimidación contra las instalaciones de algunos de los principales medios del país, como Radio Caracas Televisión, el Grupo De Armas, Venevisión y Globovisión”, declaró Gaviria en un comunicado de prensa de la OEA desde el lujoso Hotel Melia en el centro de Caracas, según AFP.

Gaviria expresó su “condena a tales actos que ponen la libertad de expresión en serio riesgo”, reportó AFP, e hizo “un llamado urgente a las autoridades a tomar acciones inmediatas para terminar con esas amenazas. No puede haber duda de que las libertades de prensa y de expresión son dos elementos totalmente consistentes para la existencia de los principios democráticos”.

Pero al llamar al gobierno para actuar contra los derechos de libre expresión del pueblo para reunirse pacíficamente, Gaviria reveló el falso discurso de poder acerca de la “libertad de prensa”. Para Gaviria (y algunas organizaciones corporativas para la “libertad de prensa”), el libertinaje de la prensa pagada tiene prioridad sobre la libertad de expresión de todo el pueblo. Nada es más espantoso para ellos –ni más importante para la Democracia Auténtica- que un escenario en el cual las masas confrontan esta era de secuestro de las ondas públicas por una elite minoritaria.

Durante la semana pasada, los simpatizantes del golpe se manifestaron (como es su derecho también) fuera de la estación de televisión pública de Venezuela, sin una sola palabra de protesta por parte de Gaviria o alguna organización para la “libertad de prensa”, y sin ninguna represión de parte del gobierno de Chávez. Gaviria ciertamente no llamó a esas manifestaciones “amenazas” o llamó al Estado a “terminar” con ellas, como hizo ayer contra las más populares manifestaciones contra la simulación de los medios.

El pueblo venezolano tiene todo el derecho y el deber de manifestarse fuera de las estaciones de televisión comercial. Esas compañías de medios apoyaron el fallido golpe de Estado de abril pasado en ese país, con esa gran mentira de que “Chávez renunció” cuando el dos veces electo Presidente Hugo Chávez no lo había hecho. Durante la última semana, esas televisoras comerciales han intentado abiertamente de provocar otro golpe al inventar otra gran mentira –repetida como loros por la mayoría de las corporaciones de prensa en inglés y de Estados Unidos-, de que un paro impuesto por las directivas en algunos sectores es algo así como una “huelga general”. Así como “Chávez renunció”, el uso del término “huelga” es la gran mentira de esta semana, repetida hasta la náusea con la esperanza de que será creída por los crédulos que hay entre nosotros.

El problema para los Grandes Mentirosos es que la mayoría venezolana no se lo tragó. El pueblo –habiendo observado a las compañías extranjeras como McDonald’s, Wendy’s y British Petroleoum sacar a sus trabajadores para la “huelga” impuesta mientras los pequeños comercios y negocios de los barrios pequeños permanecían abiertos- han mostrado al mundo en este diciembre de 2002 que la “teoría de la gran mentira” para controlar a la opinión pública no funciona más.

¿Quién demonios es César Gaviria?

Gaviria, el expresidente colombiano (1990-1994), fue el principal beneficiado del asesinato del popular candidato presidencial colombiano Luis Carlos Galán, cuya eliminación limpió el camino a la presidencia para Gaviria. Él fue el presidente que permitió a los escuadrones de la muerte paramilitares tener un pie firme en Colombia. Fue Gaviria quien vendió la soberanía de su nación a los poderes extranjeros y traicionó a su procurador general Gustavo de Greiff, luego de que éste hubiera desafiado a Washington al pedir la legalización de las drogas. Y fue Gaviria quien luego se instaló en Washington como Secretario General de la OEA para pavimentar el camino al Plan Colombia y la intervención militar en su país.

En días recientes, Gaviria ha estado ostensiblemente en Venezuela como “mediador” en el conflicto entre la oligarquía petrolera por un lado y los simpatizantes de la demcracia constitucional y el gobierno de Chávez en el otro.

El discurso de Washington esta semana ha sido el de fingir apoyo a la democracia en Venezuela (mientras agentes de la inteligencia española desde Europa hicieron el trabajo sucio para su más reciente intento de golpe) haciendo proclamaciones de apoyo a Gaviria como mediador.

Ahora que Gaviria ha llamado al Estado a la represión contra las asambleas pacíficas que se diseminaban anoche como un incendio en toda Venezuela, las verdaderas metas del acto apoyado por EU de “Teatro de Mediación” son obvias para todos los observadores racionales. Era un intento de golpe con ropaje de huelga.

Los poderes extranjeros y los intereses económicos multimillonarios intentaron arreglar el juego al instalar su propio árbitro, César Gaviria, en Caracas. Pero él no es un juez o árbitro. Es un jugador en el equipo que ahora ha perdido la partida, un abogado de la desestabilización y de la represión, y es tiempo para que Gaviria se largue del estadio.

No pueden ser el único posible “mediador” en esta disputa ni los medios comerciales ni los intereses extranjeros. Es, y será, el pueblo de Venezuela quién hará los llamados.

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