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El Otro Arbusto (no Bush)

"¿Cómo viví 33 años sin la coca cruda?"


Por Ashley Kennedy
Becaria de la Escuela de Narco News de Periodismo Auténtico

17 de febrero 2003

Advertencia: El siguiente artículo contiene sarcasmo, rabia y autocrítica, ingredientes que pueden causar efectos colaterales de indignación extrema cuando se mezcla con una negación puritana de la verdad. Puede causar malestar estomacal o vómito en las personas que valoran las culturas ancestrales. No opere maquinaria pesada mientras lee esto en la obscuridad. No se mezcle con propaganda estadounidense. Si persiste su fe ciega en la guerra contra las drogas, por favor consulte de inmediato a un profesional de la salud mental

MÉRIDA, YUCATÁN — Cuando Al Giordano, fundador de www.narconews.com, me pidió que escribiera un artículo acerca de coca y cultura al principio de la conferencia internacional por la reforma de las políticas contra las drogas en Mérida, pensé, “¿qué? Me he pasado casi 10 años de mi vida apoyando una reforma en las políticas relacionadas con la marihuana, y ahora este tipo quiere que gaste mi tiempo escribiendo acerca de la cultura del chocolate? Ah, no, esperen. Eso es cocoa”.


Una granja de coca en la región Yungas de Bolivia
Fotos D.R. Jeremy Bigwood 2003

Está hablando de la coca… como la de la cocaína. Dios me libre, pensé. Ambas son malas noticias para mí. Como podrán atestiguar mis continuamente crecientes caderas, he comido más de lo que tenía que haber comido en toda la vida de chocolate, lo que creo que no está nada mal, si lo comparamos con los 17 supergramos de cocaína peruana, boliviana y colombiana que consumí yo sola un verano durante los viejos y buenos días en que se usaban los peinados como colmena de abejas y Reagan hacía su teatro de Iran-Contra. En resumidas cuentas, que ni mi predilección por la coca ni por la cocoa me han traído nada bueno.

Al igual que la mayoría de los malinformados estadounidenses, lo único que yo sabía acerca de la hoja de coca era que la cultivaban en montañas lejanas unos terroristas neardenthales comunistas que odiaban el café, comían niños crudos, andaban todo el tiempo armados y que para colmo, no hablaban inglés. Aparentemente, derivaban un placer malsano en mezclar cosas extrañas con la hoja de coca, por lo regular cantidades muy exactas de keroseno, neopreno, morfina, mandarina, Drano Líquido, llantas derretidas, extracto de vainilla y orines de llama. Tras bailar alrededor de la mezcla mientras aventaban intermitentemente fotografías de Nancy Reagan, las hojas mágicamente se convertían en ladrillos de un polvito blanco satánico que llevaban estampadas las palabras “Probado y Aprobado por la CIA” y luego eran introducidos en Miami por hombres morenitos, homicidas y llenos de cadenas de oro que llegaban en cargamentos de cigarrillos. Por supuesto, el producto final se vendía a precios astronómicos a hordas de idiotas destructores de la sociedad y a gringos estúpidos como George W. Bush (disculpen la redundancia). A pesar de la desconfianza que me causaba la tarea, me dispuse a tomar un curso inmediato e intensivo acerca de la hoja de coca.

Lo primero que aprendí es que la cocaína la inventó un alemán y que pagar por esnifar pipí de llama es estúpido. Lo siguiente que aprendí es que la hoja de coca es un cultivo alimenticio rico en vitaminas y un remedio ancestral que se utiliza en los Andes contra el soroche, o enfermedad de las montañas. De hecho, tiene toda una gama de propiedades curativas y medicinales. Las tribus Aymara y Quechúa de los Andes utilizan la coca todo el día sin experimentar efectos colaterales ni síndrome de abstinencia. Les proporciona energía para trabajar en las montañas, y tiene propiedades que ayudan a prevenir la trombosis aguda y toda una serie de otros padecimientos.

El método más popular de ingestión para la población nativa precolombina es masticarla. Básicamente, la persona enrolla unas cuantas hojas y las mastica con los dientes posteriores. Luego, lentamente la chupan (muy similar a masticar tabaco) hasta que está completamente húmeda. En algunas regiones, después de unos minutos, se agrega una pizca de cal, ceniza o bicarbonato de sodio para liberar los alcaloides de la planta. Esto produce una ligera mejoría en el estado de ánimo y una sensación de incremento en la energía y el bienestar. La boca se siente dormida. Hasta donde sé, este punto es el único en que se parece a los hidrocloros de la cocaína.

La coca también se consume en forma de té — mate de coca. Aunque el té está prohibido en Estados Unidos debido a su lejana relación con la cocaína, la hoja sin procesar se disfruta ampliamente en algunos países de Sudamérica de la misma forma en que en otros lugares se bebe café, y se puede conseguir en cualquier tienda. Hmmm. Déjà vu. Las palabras ‘mate de coca’ encendieron la alarma de un recuerdo. Hice una rápida inspección mental hasta que logré recordar a la hija de un famoso activista por la reforma de la política contra las drogas del norte del país. Era una chica bastante agradable, y se quedó en mi caverna hippie en Nueva Orleans durante unas fiestas.

Durante su estancia, me había comentado cierta preocupación por mi adicción cuasi-intravenosa al café expresso, y me recomendó que probara un té que ella bebía. Me comentó que experimentaría la misma sensación de energía que con el café, pero evitaría que mis manos temblaran todo el tiempo. Asumí que “Mate de Coca” era la marca, y estaba muy decepcionada por que no sabía a cocoa en lo absoluto. Sabía más bien como a un té verde bien cargado, pero no se lo dije. ¡Dios me libre! No quería herir sus sentimientos confesándole que su bebida sabía a rayos. Tras añadirle un poco de leche y un par de cucharadas copeteadas de azúcar blanca mientras ella no me estaba viendo, decidí que sabía mucho mejor, y de hecho me gustó mucho. Tanto que me terminé la caja de mate en unas tres semanas.

Nada malo sucedió. No le robé a mi abuela para conseguir más té; no perdí mi empleo ni mi casa; no apoyé a ningún terrorista. Sólo bebí un poco de té – un té bastante rico y bueno para la salud que, a diferencia de gente más civilizada, como los peruanos, no podía comprar en la tienda. Me sorprendió que algo tan simple fuera, bueno, injusto, por decir lo menos. Una vez que me enteré que no podía comprar libremente este matè, sentí la avaricia crecer dentro de mi alma, carcomiendo la previa indiferencia que había sentido. Me había terminado una caja perfectamente ilegal de té de coca por la simple razón de que sabía bien. De haber sabido que mi gobierno me prohibía tener ese té, lo habría atesorado como un premio secreto. Habría invitado a mis amigos para probar un sorbo. No una taza, cómo creen, un simple sorbo. “Mira, esto es algo que no puedes tener”, habría susurrado a sus oídos. “¿Quieres un poco?”. Sus ojos se habrían abierto como platos de pura complicidad y fascinación. Sus labios habrían temblado con la anticipación que siempre acompaña a la idea de que lo prohibido está al alcance de la mano. Es precisamente esta mentalidad la que alimenta el mercado ilícito de drogas en Estados Unidos. La gente anhela tener lo que está prohibido. Si siguiéramos el modelo de Reducción de Daños de Holanda, no tendríamos ninguna “Guerra Contra las Drogas”. Y yo podría beber mi delicioso té.

Me di cuenta de que mi gobierno me había vendido una ración bien calculada de mentiras acerca de la coca. Se les olvidó mencionar que la hoja de coca no es adictiva, nutritiva y que está llena de propiedades medicinales completamente legítimas. Por supuesto, mi curiosidad había quedado picada. Cuando esto sucede, yo, siendo una obsesiva mujer del signo Virgo y todas esas cosas, no dejo de investigar acerca del tema hasta que mi mente ha logrado captar la esencia del asunto. Gracias a Al Giordano y a algunas extrañas bendiciones provenientes desde algún lugar del universo, estuve en contacto con la presencia de numerosos sudamericanos amables, inteligentes y muy informados en Mérida, quienes me nutrieron de conocimiento cuando este deseo de saber más me atrapó.

Cuatro fascinantes días sin dormir después, llegué a la conclusión de que esta tarea podría llevarme años y ue definitivamente sería necesario un largo viaje por todo Sudamérica para lograr sumergirme en la gentil belleza de la cultura de la coca tan pronto como me fuera posible. No bromeo. No puedo evitarlo. Simplemente tengo que ir a los Andes cuanto antes y pasar todo el tiempo que pueda con estas maravillosas personas y la increíble panacea de un arbusto. Y ustedes deberían hacerlo también, porque este arbusto es muy superior al Bush que tenemos en Estados Unidos (N. Del T. Bush significa arbusto en ingles; juego de palabras intraducible).

Este último es un “arbusto” peligroso para el medio ambiente y debería ser erradicado del jardín global sin tardanza. Responsabiliza a pueblos indígenas (quienes dependen de la coca para su supervivencia alimenticia) de acciones cometidas por quienes pervierten lo sagrado de la planta para saciar el deseo insaciable de los estadounidenses por intoxicarse con algo prohibido. Mi tío fabrica y vende ilegalmente whiskey hecho de maíz, pero no creo que el gobierno boliviano debería utilizar armas biológicas sobre todos los campos de maíz estadounidenses, quitándole a mi hijo para siempre sus deseados Doritos sabor Cool Ranch en un intento estúpido por evitar que mi tío se salga de la ley. ¿Se pueden imaginar la reacción del gobierno estadounidense en caso de que eso ocurriera? ¿No es el mismo concepto? Algún pendejo mezcla miados de llama con hojas de coca y de pronto el gobierno estadounidense tiene derecho de llenar de herbicidas sobre todos los cultivos de un país? Es mucho más que un acto grosero: es un genocidio lento y declarado.


Líderes cocaleros Nancy Obregón de Peru y Felipe Quispe de Bolivia

“Hemos observado un profundo respeto por la coca desde tiempos inmemoriales”, explica Felipe Quispe, líder de la Confederación Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia. Quispe es el único boliviano identificado en la página de la CIA como una fuente de presión política en su país nativo, tan solo por eso, uno sabe de antemano que el tipo está haciendo bien las cosas. Algún día, si crezco, también me gustaría hacer enojar a la CIA. “hemos tenido que sobrevivir, sufrir hambre, miseria, opresión y explotación con la hoja de coca en la boca”, continúa Quispe. “No sé qué piense el gobierno que va a hacer con nosotros. En algunos lugares, la gente dice, ‘dénnos coca o dénnos la muerte’”.

Parece que el gobierno de Estados Unidos está más que dispuesto a hacerles caso, con su política de represión hacia las culturas nativas de la región andina en su búsqueda de la dominación total, perdón, quise decir su búsqueda de la victoria en la Guerra Contra las Drogas. Qué conveniente ha resultado que la zona sea un lugar rico en recursos naturales, incluyendo petróleo, oro, esmeraldas y uranio. Qué conveniente que Monsanto, la empresa que ha contribuido con muchos recursos y que hace el herbicida que se usa para matar la hoja de coca, con consecuencias ambientales devastadoras, también fabrique las semillas modificadas que se proponen como cultivo alternativo. Para empezar, ¿qué chingados estamos haciendo metidos en Colombia?

“Cuando Estados Unidos habla acerca de la Guerra Contra las Drogas, escogen con mucho cuidado los lugares en que quieren intervenir”, aclara don Mario Renato Menéndez Rodríguez, editor de Por Esto!, el periódico más popular de la Península de Yucatán. “Cuando hacen intervenciones, siempre buscan una zona, no un país aislado. Por ejemplo, están Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia” .

“¿Cómo podemos pensar que Estados Unidos es una de las potencias más grandes del mundo?, pregunta Nancy Obregón, líder de las tribus indígenas del Perú. “Tenemos la potencia dentro de nosotros, está dentro de nuestras almas”. Desafortunadamente, el gobierno estadounidense únicamente ve el poder en la adquisición de recursos naturales y en el desarrollo estratégico de bases militares en el extranjero, en vez de proteger la dignidad humana y asegurar el respeto hacia otras culturas.

Y bien, entonces, ¿qué le ofrece el gobierno estadounidense, apoyado por mis impuestos dados a regañadientes, en lugar de la coca a los sudamericanos aparte de armas, un suelo envenenado, bases militares y una sumisión forzada a los designios destructivos e imperialistas de Estados Unidos? ¡Ah! Ya sé. Les ofrecen una fuente llena de hipocresía empapada en sangre. Mientras la DEA condena abiertamente la proliferación de los cultivos de coca en Colombia, un lugar militarmente estratégico, de forma consistente y discreta limpian el camino burocrático para la importación de coca de Bolivia y Perú para la empresa Stephan de Nueva Jersey para que se pueda procesar y convertirse en el ingrediente secreto de la Coca Cola (shhh… es un secreto), así como en cocaína farmacéutica. Créanme, es la verdad. No es una leyenda urbana; cualquiera puede ver las pruebas en el Registro Federal de la página en línea de estados Unidos.

Así que, ¿qué importa si Coca Cola ya no le pone cocaína a sus refrescos? Aún usan la hoja de coca. De cualquier forma nunca quise mi refresco adicionado con pipí de llama y keroseno, así que, bueno, adiós cocaína. Pero, qué alguien me explique qué es lo que hace aceptable que una de las corporaciones más grandes de Estados Unidos distribuya coca a montones de estadounidenses ingenuos, mientras que al mismo tiempo hace completamente inaceptable que la gente que ha cuidado esa planta, cuya cultura y vida están inextricablemente unidas con la hoja de la coca, la use de la misma, qué digo de la misma, de una forma menos dañina.

¿Cómo pasé 33 años de mi vida sin saber de la existencia de la coca cruda? Pensé que estaba a la moda y bien informada acerca de los endógenos, pero aparentemente sólo era otra estadounidense malinformada y egocéntrica. La coca ha sido la espina dorsal de la cultura andina durante más de tres mil años, y por razones muy buenas. Está llena de cosas como vitaminas del complejo B, proteínas, calcio, potasio, betacaroteno, vitaminas C y E, zinc y hierro. Incrementa la oxigenación del sistema circulatorio, elimina la sensación del hambre, incrementa la claridad mental, potencia la energía, reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y ¡es completamente vegetariano! Incluso blanquea los dientes de forma natural. Necesito un arbusto de coca; podría dejar de comprar café, blanqueador de dientes y aspirina. Dios, mi trasero por fin tendría un tamaño respetable. Esta razón por sí sola sería suficiente para que dejaran a los campesinos en paz.

¡Pero esperen! Aún hay más. La coca también tiene profundas raíces en la espiritualidad andina. Es un regalo a las tribus indígenas de Pacha Mama (Madre Tierra). Los rituales que acompañan a uso de la coca son ancestrales y, en algunos lugares, tienen una ligera carga de simbolismo sexual y de fertilidad.

“La coca nos acompaña desde el momento en que nacemos hasta que morimos”, afirma Quispe. “Tenemos que manejar esto como un objeto sagrado. Es nuestra biblia verde”. La coca eleva el espíritu y aguza la mente, les proporciona a las tribus la sutil gracia que es inherente a su energía. Algunas plantas tienen un innegable espíritu de fuerza. Las secuoyas son árboles muy protegidos de los taladores porque exudan un aura de fortaleza pacífica. Al peyote hay que buscarlo con mucho respeto, ya que representa los espíritus del venado y del Abuelo Fuego. Los robles casi surrealistas envueltos en musgo que están cerca de mi casa son amados y protegidos porque extienden de forma interminable sus nudosas y suaves ramas hacia la tierra para que generación tras generación de niños puedan convivir con ellos.

La coca también debe ser honrada y salvaguardada, porque proporciona esperanza, claridad y comodidad. Al igual que el peyote, la coca es sagrada. Le da a la gente un entendimiento superior de la conexión inherente entre el hombre y la tierra. Y eso es todo lo que los pueblos indígenas tienen. Si yo tuviera que depender de las ramas de los robles que están cerca de mi casa para alimentar a mi familia, permitirme tener una forma de sustento, reforzar los lazos de mi comunidad y proporcionarme una seguridad espiritual, daría mi vida por defenderlos de quienes quisieran destruirlos. No tendría alternativa, porque su destrucción significaría mi destrucción. El gobierno de Estados Unidos debe detener su guerra contra la planta de coca y contra la gente que la cuida.

Vive la coca!

Para más información, vaya a:
www.mamcoca.org
www.erowid.org
www.wola.org

Full Disclosure: The author wishes to acknowledge the material assistance, encouragement, and guidance, of The Narco News Bulletin, The Narco News School of Authentic Journalism, publisher Al Giordano and the rest of the faculty, and of the Tides Foundation. Narco News is a co-sponsor and funder of the international drug legalization summit, “OUT FROM THE SHADOWS: Ending Prohibition in the 21st Century,” in Mérida, Yucatán, and is wholly responsible for the School of Authentic Journalism whose philosophy and methodology were employed in the creation of this report. The writing, the opinions expressed, and the conclusions reached, if any, are solely those of the author.

Apertura total: El autor desea reconocer la asistencia material, el ánimo y la guía de The Narco News Bulletin, La Escuela de Narco News de Periodismo Auténtico, su Director General Al Giordano y el resto del profesorado, y de la Fundación Tides. Narco News es copatrocinador y financiador del encuentro internacional sobre legalización de las drogas “Saliendo de las sombras: terminando con la prohibición a las drogas en el siglo XXI” en Mérida, Yucatán, y es completamente responsable por la Escuela de Periodismo Auténtico, cuya filosofía y metodología fueron empleadas en la elaboración de esta nota. La escritura, las opiniones expresadas y las conclusiones alcanzadas, si las hay, son de exclusiva responsabilidad del autor

Abertura Total: O autor deseja reconhecer o material de apoio, o propósito e o guia do Boletim Narco News. a Escola de Jornalismo Autêntico, o editor Al Giordano, o restante de professores e a Fundaçáo Tides. Narco News é co-patrocinador e financiador do encontro sobre a legalizaçao das drogas Saindo das Sombras: terminando com a proibiçao das drogas no século XXI em Mérida, Yucatan, e é completamente responsável pela Escola de Jornalismo Autêntico, cuja filosofia e metodologia foram implantadas na elaboraçao desta reportagem. O texto, as opinioes expressadas e as conclusoes alcançadas, se houver, sao de responsabilidade do autor.

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