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1, 2, 3... El Alto noquea a Suez en la disputa por el agua

Una nueva victoria de las masas en Bolivia


Por Luis A. Gómez
Especial para The Narco News Bulletin

14 de enero 2005

Nuevamente volvemos a hablar de El Alto, de su poder y de su gracia. Y ahora, además de a un gobierno derrotado (forzado a responder a su pueblo), nuevamente vemos a una transnacional salir de Bolivia por el tema del agua, como ocurrió con Bechtel en Cochabamba en 2000. Años de marginación y de discriminación, cinco meses de insistencia, tres días de paro y una marcha de victoria es lo que vamos a presenciar, todo aquí, en esta ciudad indígena (mayoritariamente aymara) de casi 800 mil habitantes que ya ha derrocado a un presidente asesino en octubre de 2003, y que ha iniciado la larga marcha para reconquistar todo aquello que le ha pertenecido siempre. El Alto de pie (“Nunca de rodillas”), a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, es el punto más alto de la movilización social…


Juntas vecinales de El Alto marchan por La Paz, celebrando su victoria.
Foto: Indymedia Bolivia
Pero vamos con calma, queridos lectores. Imaginemos este territorio, rodeado por cumbres nevadas y una extensa pampa en la que crecen las papas y pastorean las llamas. Estamos rodeados de casas de adobe y de ladrillos rojos. Las calles y las plazas, pobres pero dignas, se pueblan con estos hombres y estas mujeres sin más armas que sus cuerpos, sin más retaguardia que su pobreza: gran parte de ellos, 60 por ciento, apenas sobrevive con dos dólares diarios; poco más de la mitad carece de agua potable y alcantarillado. Son artesanos, albañiles, chóferes de colectivo, empleadas domésticas, comerciantes callejeros, son el pueblo de esta región del mundo, dando lecciones de fuerza a cada paso.

Enfrente y al sur, bajando la ladera, se extiende la sede del poder, la ciudad blanca y mestiza, “la hoyada”: un valle alargado llamado antes Chuquiagu y hoy La Paz. Ahí, con sueldos más altos que el Presidente Carlos Mesa (de 3.500 dólares y algo más), se esconden detrás de sus escritorios los funcionarios de la segunda transnacional del agua más grande del mundo, Suez, que administra Aguas del Illimani, la empresa que ofrece conexiones de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas para estas dos ciudades… y que hoy han comenzado a hacer sus maletas a consecuencia de la acción decidida de los alteños.

1. Conocer la fuerza

Primero veamos que en esta ciudad, el lunes 10 de enero por la madrugada salen hombres, mujeres, niños y ancianos a cerrar las calles, a bloquear en los puentes y en las avenidas. Ahí vienen, con sus amplias faldas, con sus sombreros de color oscuro, con sus palos y sus piedras. Luego de cinco meses de movilizaciones y advertencias al gobierno boliviano, los vecinos de El Alto se han cansado de esperar la respuesta correcta de parte del presidente Mesa y del Congreso Nacional. En vano han elaborado un pliego de demandas, en vano han dicho su palabra por todos los medios… no han sido escuchados.


Carretera principal de El Alto vacía el primer día del paro.
Foto: Indymedia Bolivia
Estos ex mineros, estos ex campesinos forzados todos a migrar por la pobreza, marcharon a fines de agosto del año pasado para exigir justicia, que se iniciara el proceso contra el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada… y habrían de conseguirlo unas semanas después. Pero muchas otras cosas siguen pendientes en la historia alteña, y la Federación de Juntas Vecinales de la Ciudad de El Alto (Fejuve) lanzó un extenso pliego petitorio el 27 de septiembre de 2004, luego de “debates con las bases por los diferentes temas que es de necesidad del pueblo boliviano”.

En ese documento, titulado “Pliego Nacional”, están exigidos, entre otros, la nacionalización e industrialización de los hidrocarburos, la recuperación de las empresas estatales que fueron privatizadas, la expropiación de los bienes de varios políticos, la derogación del Decreto Supremo 21060 (máxima ley neoliberal de Bolivia), así como más atención en salud, más empleo, educación y trabajo… pero tampoco fueron atendidos. Los dirigentes de Fejuve decidieron entonces ir nuevamente con la gente a discutir las acciones a realizar… y pasaron algunas semanas deliberando.

El 15 de noviembre volvieron a las calles con un paro de 24 horas. Ahí, además de demostrar su fuerza con la mayor movilización después de la insurrección de octubre de 2003, los alteños dieron 48 horas al gobierno para responder a sus demandas, a las que habían agregado varios puntos a pedido de la gente… el más importante, el que expresaba la necesidad de expulsar a las transnacionales de Bolivia, tenía que ver con los servicios de agua y alcantarillado, es decir, con la empresa Aguas del Illimani, administrada por el consorcio francés Suez. Ese día Carlos Mesa tuvo que bajar de su nube, en la que se creía vanamente ser popular y tener respaldo: se iniciaron los contactos para negociar, punto por punto, con todos los funcionarios que fueran necesarios.

Tres días más tarde, una veintena de funcionarios del Estado boliviano, entre ministros, viceministros y superintendentes, hizo acto de presencia en El Alto para iniciar “mesas de negociación” con la Fejuve. Entre la soberbia estatal y la fuerza de los dirigentes vecinales, fueron escuchándose las demandas de la gente. Instalada la mesa del tema “agua”, quedó bien claro el punto de partida en la voz de Abel Mamani, presidente de la Fejuve: “Aquí no venimos a discutir qué hacemos para mejorar el servicio o bajar las tarifas… vamos a partir de la base de que Aguas del Illimani se tiene que ir, así de simple”. Y de entrada, exigieron a los funcionarios la entrega de toda documentación al respecto de la empresa (contratos, decretos, reportes, informes, todo). Poco a poco, conforme la reunión avanzó, los representantes del gobierno aceptaron las condiciones puestas sobre la mesa por los alteños… tomen nota, queridos lectores, porque ese 18 de noviembre, Mesa conoció de la fuerza del pueblo un poco más de cerca.

2. Avanzar, denunciar, no ceder

Durante algunos días de noviembre hubo reuniones e inspecciones sorpresa en las instalaciones de Aguas del Illimani-Suez en El Alto. Y pese a que la situación de esta ciudad indígena es profundamente precaria en los servicios, los burócratas bolivianos trataron de ayudar a la empresa, amparándose en “el marco legal vigente” para no rescindir el contrato con la transnacional. Fejuve decidió entonces romper con esa negociación y anunciar un paro cívico indefinido para el lunes 29 de noviembre. El gobierno de Mesa ofreció entonces revisar el contrato de concesión con Suez, para que, en caso de encontrarse irregularidades o causas de rompimiento, todo el proceso de salida de la empresa fuera “legal” y “pacífico”. Los vecinos de El Alto aceptaron retomar el diálogo, dando como plazo el 20 de diciembre, pero sin cambiar la consigna: la transnacional tenía que irse.

Así, forzado por los vecinos (por la “convulsión social”), el Superintendente de Saneamiento Básico, el ingeniero Johnny Cuéllar (autoridad regulatoria de las empresas del sector), envió una carta a Aguas del Illimani el 24 de noviembre convocando a la empresa a un proceso de revisión del contrato. Antoine Kuhn, el francés que ejerce de Gerente General de la transnacional en Bolivia, respondió cinco días después, en una extensa misiva, negándose de plano a revisar el contrato, por considerarlo “contrario al marco legal”, y dejando claro que podrían tomar acciones legales de forma internacional…

El mes de diciembre, mientras se reiniciaban las reuniones con el gobierno, los dirigentes vecinales de El Alto comenzaron a denunciar todas las fallas y arbitrariedades de Suez en la administración del agua. Por ejemplo, que durante los siete años pasados luego de la privatización del servicio, Aguas del Illimani elevó las tarifas de conexión, alcantarillado y agua a precios impagables para los alteños: todas quedaron indexadas al dólar, lo que implica que cuando la moneda estadunidense sube de valor frente a la moneda boliviana (y sube diario), sube el monto a pagar (la tarifa por conexión de agua era de 460 dólares)… o hablemos de la enorme contaminación en el río Hernani, al norte de la ciudad, en el que varias fábricas vierten desechos químicos sin que Aguas del Illimani haga nada para resolver el problema. ¿O mencionamos que en la zonas más pobres de El Alto no instalaban medidores para cobrar una tarifa promedio que excede con mucho el consumo de cada casa? En total, de acuerdo al folleto que hicieron circular a principios de diciembre, Fejuve y sus asesores técnicos encontraron al menos 14 buenas razones para sacar de la ciudad a la empresa.

¿Olvidé mencionar que el presidente de Suez, Gérard Mestrallet, es amigo personal del Presidente de Francia Jacques Chirac? Ah, porque los dirigentes de Fejuve se reunieron inclusive hasta con un funcionario de la embajada francesa en Bolivia… y bueno, resultó todo en amenazas de juicios internacionales, en una llamada a Mesa de parte de Chirac para preguntar por la “seguridad para las inversiones francesas” en este país y cosas por el estilo, todo de acuerdo a una fuente del gobierno… que por cierto, mantuvo siempre su postura de respetar “la seguridad jurídica de la empresa”… entre otras cosas, el ingeniero Cuéllar tuvo que renunciar a su cargo en la superintendencia. Y así, el pasado 22 de diciembre los alteños dijeron “Basta, no hay más diálogo” y decretaron el paro que inició el pasado lunes 10 de enero.

Cansados de “la desatención del gobierno en atender favorablemente las demandas de Fejuve El Alto”, como indica su resolución, los alteños decidieron salir a un “paro cívico movilizado e indefinido… para la expulsión definitiva de Aguas del Illimani y exigiendo la respuesta de manera inmediata al resto de los puntos del pliego petitorio”. Por eso los estamos viendo poner nuevamente las piedras en el camino un lunes de madrugada…

3. Vencer y seguir peleando

Eran poco más de las 10:30 de la mañana cuando este corresponsal subía de La Paz a El Alto en un colectivo, por la autopista, ese lunes 10 de enero. De una empinada calle, junto a una curva, bajaron entonces cerca de doscientas personas, detonando dinamita y portando sus estandartes de tres colores (verdes, rojos y amarillos, como la bandera boliviana). En unos segundos quedó interrumpido el tráfico. Eran los hombres de Alto Lima, las mujeres del barrio de Ballivián, de 16 de Julio: delegaciones de vecinos del Distrito 6, al norte de la ciudad aymara, que venían a demostrar su fuerza. Lo hicieron el lunes, lo repitieron el martes y el miércoles, casi a la misma hora… lo mismo ahí que arriba, en el sur, cerca de la autopista que sale a Oruro, o al norte, camino del lago Titicaca. Durante tres días paralizaron su ciudad y bolquearon a La Paz…


Mujeres indígenas de El Alto toman las calles.
Foto: Indymedia Bolivia
El martes 11 de enero, por la mañana, el gobierno boliviano envió una carta a Abel Mamani. En dicho documento ofrecía ya la terminación del contrato de concesión con Suez. El presidente, que dos días antes (el domingo 9 de enero) había amenazado con renunciar, chantajeando al país, prefería entregar la cabeza de la empresa antes que dejar el poder… en la Ceja de El Alto, en la frontera con la sede de gobierno, Mamani convocó de emergencia a los más de 600 presidentes de las juntas de vecinos: había que discutir si eso era suficiente para levantar el paro o, caso contrario, radicalizar las medidas. “No”, dijeron los alteños. Luego de una asamblea agitada en la sede de Fejuve, los nueve distritos de la ciudad acordaron por la noche exigir que el presidente promulgara un decreto supremo para terminar el contrato y le dieron 24 horas para hacerlo, si no, bajarían a La Paz en marcha y tomarían por la fuerza todas las intstalaciones de Aguas del Illimani… no habían pasado 20 minutos de terminada la asamblea dirigencial cuando llamaron del gobierno: el decreto estaría listo a las 8 de la mañana del miércoles…

Y el miércoles llegó el papelito del gobierno, que habla, entre varias cosas, del “rechazo de la población”, de la “obligación de velar por la seguridad nacional” y de “asumir la decisión de buscar una solución final”… pero no estaba completo, porque en su contenido no se expresaba la urgencia alteña de sacar lo más pronto posible a la empresa. Nuevamente, de bloqueo en bloqueo, de vecino a vecino, volvió a discutirse el problema… la normativa del gobierno tenía que decir “inmediatamente”, o no servía para nada. Y mientras Fejuve ser reunía nuevamente en su edificio, a puerta cerrada y con algunos periodistas a la espera de la noticia, el gobierno mandó al final del día el decreto, ya promulgado, que ordena la realización “de todas las acciones de forma inmediata” para terminar el contrato. Faltaba nada más saber si esto satisfacía a los alteños…

La última noche, luego de tres días y medio de paro, se realizaron cabildos y asambleas en toda la ciudad, para discutir si aceptaban o no el Decreto Supremo 27973. Nadie durmió… y decidieron que sí, que esta vez, al menos en un punto, el gobierno había escuchado sus demandas. La marcha de ayer, jueves 13, se convirtió entonces en una “marcha de la victoria”, y 20 mil alteños decidieron formar una serpiente que se deslizó hasta el corazón de La Paz para celebrar… doña María Ticona de Copa, una mujer ya mayor con enormes y dulces ojos color marrón, levantó el estandarte de la Fejuve y encabezó la marcha.

“Fue contundente, hermano periodista. El Alto está de pie y vamos ahora a sacar a Electropaz [la empresa de energía eléctrica en poder de la transnacional española Iberdrola], y a dar cumplimiento a todos los puntos de nuestro pliego”, me dijo doña María, quien además de portar el estandarte es la portera del edificio de Fejuve. Y así es, queridos lectores, porque esto es apenas un paso más para los alteños. “Hermano Gómez”, me explicó Mercedes Condori, la “Mechi”, una dirigente de Fejuve, “Estamos contentos porque sacamos a una transnacional defendida por Francia. Desde mañana vamos a iniciar las mesas de negociación por los demás puntos del pliego, pero si el gobierno no nos escucha volveremos a movilizarnos”.

Durante el mitin en La Paz, frente al edificio de los trabajadores fabriles, Abel Mamani, sonriente y fatigado, no dejó de mencionar todo lo que resta por hacer, ni de felicitar a los vecinos por su fuerza, su valor y su capacidad para movilizarse. Al salir, este corresponsal quiso preguntarle algunas cosas sobre la lucha que sigue… “Vente con nosotros, vamos a celebrar. Ya mañana seguiremos en el tema de la nueva empresa de agua que hay que crear, de los puntos que faltan por cumplir, de todo”, fue su respuesta. Y me fui con ellos, a comer algo y brindar por El Alto… y aquí estoy ahora, queridos lectores, en alegre vigilia entre los hombres y mujeres que, cinco años después de la Guerra del Agua en Cochabamba, han derrotado a una transnacional… buenas noches y sigan con nosotros, brindando a la salud del pueblo alteño que noqueó a Suez y atentos, porque esta historia no se ha terminado…

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