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Derrocando a una dictadura - Parte I

Dilemas del actual régimen golpista hondureño


Por Al Giordano
The Field

12 de agosto 2009

El domingo pasado, durante una reunión pública convocada rápidamente en Tegucigalpa, más de cien personas que forman parte de la resistencia civil hondureña y algunos de sus líderes más reconocidos, vinieron a hablar con Ivan Marovich, veterano de la resistencia serbia que ha sido invitado por organizaciones anti-golpistas – nacionales y locales- para compartir sus experiencias.


Esta fue la única de las tres sesiones que se llevó acabo como una reunión pública. Poco después del final de la proyección de la película “Derrocando a un dictador” (puede verse vía you Tube aquí, bajo su título original en inglés “Bringing Down a Dictator”), sobre el movimiento serbio que derrocó el gobierno de Slodoban Misolevic, un ventarrón afuera hizo caer un poste de luz y con él, la electricidad en el auditorio.

La sesión de preguntas y respuestas tuvo que llevarse a cabo en la oscuridad, pero aún así nadie se fue. Cada asistente estuvo allí más de una hora compartiendo preguntas y comentarios. La falta de luz en el auditorio sin ventanas daba la sensación de estar en una reunión clandestina de la resistencia.

Una de las preguntas fue:

¿Cómo podemos convertirnos en un dolor de cabeza para la dictadura?

Marovich respondió:

Esa es una muy buena pregunta porque ahora estamos empezando a acercarnos a las dinámicas de la resistencia popular.

Durante nuestra lucha, cuando estábamos juntos, en las mañanas, nos hacíamos la misma pregunta: ¿Cómo nos podemos convertir hoy en un dolor de cabeza para el régimen?

Lo que importa ahora es quien va a mover sus fichas primero.

Si el régimen lo hace, ustedes tienen que reaccionar.

Si ustedes lo hacen, ellos tienen que reaccionar.

Todo el juego consiste en calcular el próximo movimiento, en poner al adversario en una posición donde no pueda reaccionar bien. Al principio éramos un pequeño grupo de 10 personas y varios líderes de la oposición tuvieron que salir del país o fueron arrestados. Si nosotros hubiéramos podido tener toda esta cantidad de gente en un teatro, como hoy, hubiéramos estado muy felices. Lo que buscamos fue crear una pequeña pero poderosa estrategia de provocación. Y entonces fue cuando recurrimos al teatro callejero. Queríamos hacer algo que provocara una respuesta e hiciera al régimen parecer estúpido.

Esto fue lo que denominamos cómo una “Acción Dilema”.

Este tipo de acciones buscan poner al oponente en un dilema.

Déjenme contarles un relato popular serbio. Se llama “La zona oscura” y va así:

Érase una vez un rey que estaba con sus amigos en medio de un viaje y entraron a un territorio que estaba totalmente oscuro. No se veía nada. Encontraron unas pequeñas piedra. Alguien escuchó una voz que dijo: “cualquiera que recoja esas piedras se arrepentirá y quién no lo haga también”, así que no sabían qué hacer.

Alguien dijo, “Si me voy a arrepentir prefiero no tocarlas”. Pero otros dijeron, “Si de todas maneras también me arrepentiría, entonces recogeré las piedras”.
Y cuando se fueron de la tierra oscura y pudieron ver las piedras, se dieron cuenta de que eran diamantes. Entonces aquellos que no las recogieron se arrepintieron. Pero quienes las tomaron, se arrepintieron también al no haber recogido más.

Así, lo que queríamos era crear una Acción Dilema en donde el oponente se arrepintiera de cualquier cosa que hiciera.

La primera cosa que hicimos, cuando todavía éramos apenas 10 personas, fue usar un barril grande y un bate de baseball. En el barril escribimos “Dinero para Milosevic”, con lo que queríamos decir que estábamos recolectando dinero para el retiro de Milosevic. La idea era que si los transeúntes tenían dinero lo pusieran en el barril, pero que si no, lo golpearan con el bate. La foto de Milosevic estaba en el barril. Entonces pusimos estas cosas en la calle y nos fuimos, dejándolas allí.

La gente comenzó a acercarse para leer el letrero y comenzó a golpear el barril. Debido al ruido cuatro personas más se acercaron y cuando leyeron el letrero también optaron por golpear el barril. El ruido era cada vez más fuerte. Finalmente alguien llamó a la policía. Al llegar, los agentes preguntaron: “¿De quién es este barril?” Nadie sabía. No supieron qué hacer.

Si la policía hubiera dejado el barril allí , la gente hubiera seguido golpeándolo. Pero si se lo hubieran llevado… bueno, ese no es su trabajo. Finalmente alguien les ordenó llevarse el barril. Nosotros les tomamos fotos mientras hacían eso y se las dimos a algunos medios, los cuales informaron que “LA POLICÍA ARRESTÓ A UN BARRIL”. De esta forma, lo que sea que hicieran, iba a a provocar que se a arrepintieran después. Y se arrepintieron, porque al día siguiente cada ciudad del país tenía un barril en su propia calle.

Como dice el refrán, nunca interrumpas a tu oponente cuando esté cometiendo errores.
Una de las cosas que le gusta al sistema son las manifestaciones masivas. Sabe cómo reaccionar ante ellas, cómo contar a multitudes en las calles, cuántos policías van a necesitar, cuánto gas lacrimógeno y, tal vez, cuántos cañones de agua. Sabe todo esto. Pero si hay un barril en las calles y la policía lo arresta, pero luego aparecen barriles por todo el lugar, el sistema no va a saber qué hacer.

La importancia de tomar la iniciativa para poner al adversario – el régimen golpista – en la mira de los cuernos del dilema es una táctica que está siendo implementada ampliamente por la resistencia civil hondureña, muchas veces de manera descentralizada.

Después de que los bloqueos a las carreteras – que paralizaron al país, durante tres jueves y viernes sucesivos de julio – empezaron a perder su efectividad cuando la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas atacaron y dispersaron violentamente a los manifestantes, la resistencia civil creó una nueva forma de protesta que empezó el miércoles y que está teniendo lugar a lo largo de veinte rutas diferentes a través de las carreteras más populares de honduras. Todas estas marchas se juntarán a principios de la próxima semana en dos de las ciudades más grandes del país, Tegucigalpa y San Pedro Sula, separadas entre sí por cuatro horas de camino.

El acuerdo al que llegaron todas las organizaciones que participarían en la marcha es que no bloquearán el tráfico esta vez, sino que más bien caminarán al lado de la carretera y que recorrerán 20 kilómetros al día para llegar a sus destinos respectivos. En cada pueblo, a lo largo del camino, llevarán a cabo eventos públicos y convocarán a los habitantes para que se unan a la marcha. Ya mismo, decenas de miles de personas están caminando al lado de las principales carreteras de Honduras.

“No sabemos hasta dónde vamos a llegar hoy, pero queremos alcanzar 20 kilómetros, en el camino la gente ya comenzó a sumarse”, afirmó la dirigente Elsy Banegas en declaraciones publicadas en el boletín de Radio Progreso:

A las 9 de la mañana, comenzó desde de Olancho la caminata encabezada por el sacerdote Andrés Tamayo, “no llevamos ninguna medida de seguridad”, le dijo a la emisora, nuestra seguridad es la paz”

Mientras tanto en el occidente del país, la marcha comenzó desde el municipio de La Entrada, Copán, según reportó Juan Ramón Ramírez corresponsal de Radio Progreso… Desde el departamento de Colón, centenares de manifestantes se trasladaron hacia el puerto de Tela.

Atlántida, para comenzar la caminata que les llevará hasta San Pedro Sula… Se le hace una invitación a toda la gente que salga a unirse a esta caminata y a que también compartan con los marchantes todo lo que puedan, ya sean frutas, agua, comida, dulces u otro alimento o medicamentos que puedan llevar en el camino.

Como se puede ver en estas fotos de uno de los puntos de la marcha por la carretera entre Santa Rosa de Copán y San Juan Pedro Sula – enviada a Narco News por el misionero católico laico, John Donaghy – los manifestantes siguen caminando al lado de la carretera sin bloquear el tráfico.

El dilema que ellos están generando en el régimen golpista es este: si envía policías y militares a atacar la marcha pacífica, el régimen no sólo se verá autoritario, sino también estúpido. Si no envía fuerzas represivas para que ataquen a la marcha, la gran cantidad de gente, que se reunirá en las dos ciudades más grandes del país el próximo martes, estará sacudiendo la tierra y demostrando una vez más, como sucedió el 5 de julio, que los hondureños, cientos de miles, se están movilizando muchas veces más contra el golpe, que para apoyar el régimen en todos los mítines pro-golpe combinados.

Algunas veces una acción dilema puede hacer que una iniciativa del enemigo se ponga en su contra para poner el régimen a la defensiva.

Un ejemplo de cómo se dio vuelta la torta de la iniciativa se hizo evidente la semana pasada, cuando por orden del régimen se sacó del aire a Radio Globo y a sus quince estaciones en Honduras.

Allí, el régimen tomó la iniciativa. Envió una carta diciendo: “ustedes deben dejar de transmitir”. Radio Globo decidió responder a esto haciendo que los cuernos del dilema apuntaran contra el régimen. Es posible escuchar la emisora en vivo on line (a través del link “Escuchanos aquí”) para confirmar que tres días después, la emisora “cerrada” está aún transmitiendo, aún recibiendo llamadas del público, aún rompiendo el cerco informativo, como un epicentro nacional de información sobre la resistencia civil en cada esquina del país.

Si el régimen va a cortar nuevamente la transmisión, lo tendrá que hacer por la fuerza, lo cual causará un escándalo nacional e internacional en donde se demostrará que sus demandas por proteger la democracia y las libertades son netamente falsos. Pero también, si el régimen no invade la estación a la fuerza, eso le hará pensar a todos que es débil, que no puede hacer respetar sus propias órdenes y que no está realmente tan al control como pretende estarlo. Asimismo, cada día que una estación opera bajo amenaza de cierre, consigue más y más oyentes, porque ahora existe el drama de saber que en cualquier momento podría cortarse la transmisión. El régimen queda así apuntado por los cuernos del dilema.

Otro ejemplo: ayer, el Sindicato de la Dirección de Meteorología y Aeronáutica Civil dio inicio a una huelga en todos los aeropuertos del país, expresamente para protestar contra el golpe de Estado. Sus miembros se negaron a firmar los documentos de cada avión programado para volar hacia, fuera o dentro del país, en concordancia con las leyes y tratados de aviación que rigen en todo el mundo. Esto detuvo todo el tráfico la noche del jueves durante al menos cuatro horas (y ahora es posible deducir una de las razones por las que su corresponsal, teniendo deberes que cumplir esta semana en otro país, salió de Honduras el día anterior)

Estos huelguistas habían puesto al régimen bajo otro dilema: podría dejar la huelga en paz y tener un país sin acceso o vías de escape aéreas, lo que generaría consecuencias catastróficas para los intereses de negocios importantes y los servicios de correo expreso. O podría enviar a las tropas del régimen para hacer un trabajo en el que no están entrenados, lo que significa que si se comenten errores y es amenazada la seguridad de los pasajeros o de las personas que se encuentran en tierra, sería responsabilidad directa del régimen.

Ahora, el gobierno golpista ha enviado esquiroles uniformados para dirigir el tráfico aéreo, sin que hayan recibido entrenamiento para hacer esto, violando así las leyes y tratados aeronáuticos que rigen a nivel mundial. Ahora las aerolíneas internacionales están situadas en su propio dilema: continuar volando hacia y fuera del país en condiciones cada vez más peligrosas e ilegales, o aterrizar sus vuelos.

Lo mismo ha sucedido con la huelga de los trabajadores de hospitales que comenzó la semana pasada. La mayoría de los hospitales en Honduras está ahora llenos de soldados que supuestamente hacen el trabajo de médicos y enfermeras. Está por verse sin son realmente capaces de hacerlo. De esta manera, cientos de soldados, pertenecientes a un ejército con tan sólo 9.000 de ellos, están distraídos de sus tareas habituales de reprimir y atacar a la oposición pacífica.

Las malas elecciones del régimen en cuanto a la forma de responder a estos dilemas planteados por los controladores del tráfico aéreo y los trabajadores de los hospitales, lo han obligado a desplegar sus limitadas y reducidas fuerzas de represión. Esta situación, sucesivamente crea otros escenarios para que la resistencia civil tenga un poco más de libertad de acción.

Una cosa que se hizo evidente a través de las conversaciones con miembros de la resistencia civil, mientras reportaba desde Camayagua, Tegucigalpa, Catamas, San Pedro Sula y otros puntos, es que los mejores organizadores están comenzando a despertarse cada mañana con la misma pregunta: ¿Cómo nos convertimos en un dolor de cabeza para el régimen?

El número de estos dolores de cabeza crece y desde lugares descentralizados comienza a generar la “muerte por mil cortes” del régimen, cuya única esperanza de continuar en control, es mantener convencida a la comunidad nacional e internacional de que, sea de manera legítima o ilegítima, la situación no se le ha salido de las manos. Pero el rápido crecimiento de estas “acciones de dilema”, está dibujando un retrato cada vez más convincente de un régimen golpista que tiene muy poco control y que es incapaz de gobernar.

Esta realidad – y no los argumentos alrededor de si el golpe es legal o no – es la cosa más devastadora para cualquier régimen. Una vez está claro que el régimen no está en control de la situación, la percepción de que puede sobrellevar la tensión se reduce considerablemente, y comienza a perder la primera pieza de sus soporte imaginario: el consentimiento silencioso de aquellos sectores que simplemente quieren respaldar a quien finalmente “gane” el conflicto.

El régimen golpista -y su apoyo o aceptación reticente- está construido sobre una ilusión que asegura que este está “bajo control” .

Las acciones de dilema que se están llevando a cabo desde las bases están demostrando, con una frecuencia y un volumen más grande cada día, que el régimen golpista tiene cada vez menos control y que está fuerza cada día.

Próximamente discutiremos por qué el apoyo (y la apatía) que ha mantenido en pie al régimen golpista se parece a una cebolla. También hablaremos -con ejemplos que muestran por qué esto está funcionando en Honduras- de cómo exitosos movimientos de resistencia civil enfocan sus acciones en quitar las capas de esta cebolla hasta que los conspiradores golpistas queden divididos, aislados, solos, abandonados y muy pronto, después de eso, expulsados del poder.


(Original publico en inglés, 7 de agosto)

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