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El Nuevo Exhibicionismo

La reciente controversia en línea sobre la “configuración de privacidad” plantea una pregunta social más amplia


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

12 de mayo 2010

Estos días ha habido un ligero trastorno en La Fuerza—y con eso me refiero a La Internet—en donde Facebook continúa poniendo la carpeta de la “privacidad” debajo de sus tropecientos millones de usuarios: información que han puesto sobre ellos que previamente había sido considerada “privada” (como si algo en internet pudiera ser privado) ha sido desviada a dominios públicos, lo que ahora pone bajo responsabilidad de dichos consumidores el cambiar de forma proactiva su “configuración de privacidad” a fin de mantener sus desvaríos diarios, fotos de fiestas y otros contenidos, limitados a un pequeño círculo de “amigos”.

Si usted es una de esas cuatro o cinco personas que no utiliza Facebook (probablemente porque ya sabía que todo terminaría así, o tal vez porque…mmm, tiene una vida en el mundo real), mis disculpas por dedicarle tanto espacio pixelado a este asunto. Pero en internet, Facebook es a lo que Joe Biden se referiria como algo de muchísima importancia (Big Fuckin’ Deal en inglés), y las razones para ello son lo suficientemente interesantes para mí.

Ahora se habla de un éxodo de Facebook. Tal vez pueda pasar, o tal vez no. Como un nómada que ha utilizado el internet por 16 años, realmente no me importa: En internet, con frecuencia aparece algo nuevo que reemplaza lo que hasta hace una semana era “nuevo”. Pero creo que el asunto de la “privacidad” obscurece un cambio de la sociedad más grande, el cual es el tema de este ensayo: El Nuevo Exhibicionismo.

En 1948, Jacques Ellul escribió proféticamente, en la era de la radio, que “vivimos en una época de la falta de respuesta”. La posterior aparición de nuevas tecnologías de comunicación como la televisión y los medios masivos lo hicieron aún más cierto. Cuanta más “información” se nos bombardea cada día y cada año, la gente se siente más aislada y alienada en el “mundo desarrollado”. La televisión jugó un papel importante en atomizar a la familia nuclear y a la larga tradición de la conversación (que había sido el pegamento que mantenía unidas a las culturas y a las sociedades). Y el resto del capitalismo y de los medios de comunicación acabaron con los pintorescos conceptos como el de “comunidad.”

Cada vez más, el individuo—su ego, superego e id—terminaron flotando por ahí sin tener un público cautivo dentro o fuera del hogar o la comunidad. Las nuevas distracciones tecnológicas continuaron siendo más distractivas.

Cuando llegó el internet, muchos de nosotros pensamos, “¡Por fin, una pantalla a la que le podemos hablar!” Una de las palabras de moda de los 90 y principios de los 00, fue el concepto de la “comunidad en línea”. La gente busco afuera y encontró extraños con ideas afines y las conversaciones pasaron del plano oral al escrito. Fue el simulacro de la “respuesta” el que había estado ausente de muchas vidas.

Las “comunidades en línea” han surgido y caído en un relativo corto periodo de la historia. En la década de 1990, muchos de los pioneros de internet—especialmente en la costa oeste de los Estados Unidos—comenzaron a habitar un espacio conocido como El Pozo, donde con un antiguo código ASCII (sin fotos o imágenes) comentabamos interminablemente en cortas frases los comentarios de los demás: ¡los nuevos analfabetas! Mientras internet se hacía más popular, una multitud de nuevas “comunidades en línea” aparecieron, en donde la gente se agrupaba con aquellos con los que concordaba con ellos políticamente, religiosamente, racialmente, sexualmente, o con los que compartía intereses comúnes, rasgos u obsesiones. Eso, por supuesto, aceleró el mercado de nichos de la sociedad en grupos homogéneos (por el que la que la única cura—la organización comunitaria—afortunadamente ha experimentado un resurgimiento.)

La aparición de fotos e imágenes en línea trajo consigo el concepto de tener un “avatar” personal, una representación personal gráfica en esas “comunidades”. Opino que ese fue un punto de inflexión que llevó a la situación que a continuación describiré. El internet evolucionó de ser un servicio de comunicación de larga distancia barato a ser el sitio donde no solo hablamos con extraños, sino con nuestros amigos de verdad, vecinos, familiares, vecinos y a veces incluso con personas con las que vivimos. ¿Para que caminar por la casa o tocar una puerta cuando podemos escribir, “Querida, el café esta listo”, desde la cocina?

El avatar personal se calcificó rápidamente dentro de todos nosotros: De pronto todos tenían un actor que nos interpretaría en línea (en el sentido en que Quentin Crisp dijo de John Hurt, “él es mi representante en la Tierra”). El avatar—como en la exitosa película del mismo nombre—se convirtió en el significante de la presencia de uno en una “realidad” nueva y con frecuencia más gratificante, en donde no se necesitaba de mucha astucia o habilidad artística para tener un público personal, esa sensación de “respuesta” a la que Ellul marcaba como el siguiente gran anhelo de la especie.

Facebook convirtió esa audiencia—de individuos conocidos o desconocidos para nosotros fuera de la pantalla—en “amigos”, un concepto en cierta medida engañoso y patético, como deliciosamente denuncia este extracto de South Park:

Facebook y otras “comunidades en línea” en los lugares para ventilar, quejarse y lanzar ideas, y para buscar la conversación que la época de los medios de comunicación han silenciado largamente. Algunas veces solo quieres decir en voz alta lo que hiciste para cocinar hoy debido a que no hay nadie alrededor con el que puedas comer. Pero a medida que la “comunidad en línea” se llenaba y más “amigos” competían por la atención de los “amigos” mutuos, tantas ventilaciones, o el poner fotos de tu gato, ya no tenían tanta respuesta como antes. Y así los avatares de la gente tenían que ser más interesantes, inteligentes, más complejos, y que se desarrollaran, adicionalmente, como actores acrobáticos, realizando actos cada vez más temerarios de diversa índole.

En suma, para mantener ese simulacro de “respuesta”, había que mostrar vulnerabilidad y riesgo, como describió mi artista favorita del performance—y una gran influencia en el renacimiento del periodismo auténtico—Penny Arcade en una entrevista para su antología en 2008: Mala reputación, Presentaciones, Ensayos, Entrevistas. El secreto de la conjunción de la audiencia de la vida real y la comunidad, sobre todo bajo el radar de los críticos y medios de comunicación, fue, dijo ella, que en sus presentaciones se ponía bajo riesgo emocional y a veces físico:

“Muchos jóvenes que iban a trabajar conmigo me veían hablando directamente con la audiencia, y decían: ‘Oh, yo no puedo hacer eso’. Pero no entendían el nivel de integridad que tienes que tener para hablar directamente con el público. Porque… no funciona a menos que estés realmente bajo riesgo.”

Esta dinámica llevo a que cada vez más usuarios de Facebook y otras “comunidades en línea” escribieran cosas en voz alta que posiblemente no dirían en la calle o en su trabajo, a pesar de que aquellos que lo leían estaban esclavizados en el cubículo de la oficina de a lado, leyéndolo desde una ilusoria distancia. Escribirían cosas que otros mientras lo leen, pensarían, claro, ¡pero nunca lo diría en público! Por ejemplo, una pareja de casados que conozco en línea, todo el tiempo escriben en Facebook sobre las dificultades de ser padres. Y puesto que los niños son muy pequeños como para leer lo que escriben, lo que escriben sale tan deliciosamente duro sobre los “pequeños amorcitos”. Eso hace una lectura amena y genera que personas con experiencias similares comenten sobre ello. Pero cuando un día la esposa comenzó a quejarse en línea sobre los ronquidos de su esposo, enviándole enlaces, a la vista de todo Facebook, sobre productos contra el ronquido, y un ejército de mujeres con quejas similares escribieron sin piedad sobre el tema, realmente me dio pena por él. Era un internet muy bueno, pero también, parecía demasiada información, algo que en realidad no pertenecía fuera de la comodidad y privacidad del hogar.

También soy culpable de ese factor DI (Demasiada Información). Creo que la mayoría de los participantes de las “comunidades en línea” también lo son. A veces, cuando despierto en la mañana y leo algo que escribí la noche anterior pienso: “oh no, ¿de verdad escribí eso?” Como muchos otros, he usado Facebook para ligar, convencer, recompensar, para castigar, y para mostrar vulnerabilidad y riesgo, que muchas veces es sincero pero otras veces es completamente actuado porque conozco a mi público y se lo que quiere. La verdad es que no me siento tan vulnerable en Facebook porque nunca he trabajado con la ilusión de que mi avatar o representación en línea sea el verdadero yo. Solamente son piezas e hilos de mi vida que están afuera de mi núcleo más profundo. Lo veo más como un lugar para desarrollar material e improvisar “en el escenario” con retroalimentación participativa del público. Y es también, obviamente, una herramienta organizativa de eventos fuera de la pantalla, conciertos, ventas, negocios y demás, y una especie de lista telefónica de amigos perdidos para encontrarnos.

El peligro para todos es si empezamos a considerar a esa representación en línea como el “verdadero yo”. Pero en realidad no soy “Al Giordano”. Solamente lo personifico en internet. Y muy pocas personas se han acercado lo suficiente, en la vida real fuera de la pantalla, para conocer al verdadero Al, porque ese tipo si tiene fronteras y requerimientos de visa antes de que cualquiera pueda entrar.

Pero tengo la sensación de que mucho de mi público en Facebook, er, “amigos”, sufre bajo la ilusión de que son avatares, y es por eso que Facebook al mover las cadenas de la privacidad les molesta tanto. Ellos han mostrado un riesgo y vulnerabilidad emocional real, exponiendo lo que consideraban ser ellos mismos. Y el convertirse de pronto en dominio público es comprensiblemente aterrador: cuando el avatar está desnudo.

Dicho esto, no creo que el quitar la tapa de la “privacidad” vaya a matar a Facebook, todavía. A pesar de lo vulnerables que muchas personas se sienten luego de publicar sus trapos sucios ahí, esa experiencia les ha sido inmensamente satisfactoria; una culpa o un placer negativo, que es lo que define lo “sublime”. El lugar en el que alguien decía o hacía algo a otros o a ellos mismos solía ser la familia. Pero eso se ha ido en el mundo desarrollado, está extinto. Ahora es en Facebook y en otros sitios como él. Si me dieran 5 centavos por cada vez que leo que alguien escribe “mi familia Facebook” no tendría que pedirle regularmente a los lectores de Narco News que lo apoyaran con donaciones.

La verdad es que—como todo artista y creador sabe—¡el exhibicionismo es divertido! Y extremadamente satisfactorio. De hecho es, una necesidad humana básica que experimenta un renacimiento, que ha democratizado los impulsos artísticos más allá del pequeño círculo de aquellos de nosotros que obsesivamente desarrollamos nuestro arte como oficio.

Y el exhibicionismo es totalmente adictivo. Y la gente necesita adicciones, que son el cuarto instinto humano luego de que la búsqueda de oxígeno, comida/agua y sexo se haya apagado: Intoxicación, en una palabra, que viene de muchas direcciones más allá de los intoxicantes tradicionales que son ingeridos, inyectados o fumados. Muéstrenme a alguien que se recupera de las drogas o el alcohol y yo les mostraré a alguien que encontró una adicción más saludable o convincente. Pero de todas formas necesitarán una “probadita” de algún tipo. Eso es el ser humano.

La democratización del exhibicionismo público o semipúblico ha arrojado las tradicionales preocupaciones sobre la “privacidad personal” por la ventana. ¿Quién necesita a la CIA cuando todo mundo está publicando secretos que anteriormente hubieran necesitado de espionaje para descubrir? La privacidad no desapareció porque el Big Brother se la llevó. ¡La regalamos! ¡De forma gratuita! La dejamos a un lado por un impulso más grande: la necesidad de exponernos en público, de tener un público, y de mantenerlo.

Tarde o temprano, Facebook, se irá y dará paso a nuevos sitios con similares características en línea, al igual que otros han caído antes que él. Pero mi impresión es que no pasará porque la gente esté realmente preocupada por su “privacidad”. Están preocupados por su “identidad” como individuos—al menos a aquél que protegen en público—y parte de la mayoría de la identidad de las personas es que quieren verse preocupados por su privacidad. Después de todo, nos hace más interesantes, más buscados, si los otros creen que tenemos algo que vale la pena ocultar.

Fuera de los actos ilegales (la mayoría de la gente se involucra en uno u otro, al menos de vez en cuando) ¿que queda que los individuos realmente necesiten esconder con el fin de preservarse y desarrollarse? E incluso los actos ilegales—digamos, fumar mariguana—ya no son legalmente problemáticos para aquellos cuyo nivel de ingresos les permite tener una computadora y acceso a internet. La casa puede no ser más un hogar, pero todavía es un bunker al que la policía no suele entrar solo porque alguien actualizó su estado en Facebook o subió una foto que lo muestra fumando de un bong. No, ese tratamiento está reservado para los pobres y para aquellos que tienen que dejar su casa—o no tienen una—para buscar un “toque”.

Y así, gran parte de la angustia del público por la invasión de Facebook a lo que antes era una característica privada no es, en mi opinión, una preocupación auténtica sobre la privacidad. Sino que solo es otra canción de nuestros avatares, que trata de mostrarle a los otros lo mucho que nos preocupamos por la privacidad y que por tanto debemos llevar una vida muy interesante fuera de la pantalla. Este es un reto especialmente difícil, ya que plantea a aquellos confundidos que sus avatares son representaciones honestas de sí mismos.

Todavía hay, en estos tiempos, personas que realmente son clandestinas, que en verdad hacen cosas peligrosas, excitantes o ilegales afuera, en el mundo real. La mayoría de ellos son o muy pobres o muy ricos y por tanto “en otra realidad” por las circunstancias o por fortaleza. Pero normalmente no están en Facebook. O si lo están mantienen esa parte cerrada cuidadosamente todo el tiempo, de la misma forma que un fugitivo nunca se pasaría un alto o se pasara de los límites de velocidad.

El resto de nosotros podremos añorar los tiempos pasados en que existía la privacidad, pero el impulso por exponernos simplemente ha probado un instinto humano mucho más poderoso. Para cada hombre y mujer, un escenario, y un público: ¡Bienvenidos al Nuevo Exhibicionismo!


Traducción del inglés por Fernando León

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