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El juego de Giuliani en la ciudad de México

Una historia de miedo, poder y dinero


Por Noah Friedsky
Especial para The Narco News Bulletin

11 de septiembre 2003

1993, ciudad de Nueva York: Los ciudadanos de la ciudad más grande de Estados Unidos viven con temor de una aparentemente interminable ola criminal. Violentos ataques a corredores nocturnos, frecuentes disparos y asaltos constantes, encabezando sensacionalmente los noticieros nocturnos, tenían a los residentes al límite. La nación tiene muy presente a su último presidente, George Bush, proclamando que “terminará con el azote de las drogas” y el crack de cocaína que dice está barriendo las ciudades del interior y volviendo los parques en zonas de guerra. El fiscal federal de la ciudad, Rudolph Giuliani, candidatea para alcalde y es electo con la promesa de hacer la vida de los neoyorquinos segura.

2003, ciudad de México: Los residentes de la metrópoli más grande de América viven con el temor de secuestros, violaciones y asesinatos. Una ciudad percibida por la prensa extranjera como “carente de las reglas de la ley” cae tropezando a otra década de guerra contra las drogas con el crimen al alza. Entra Rudy Giuliani para traer su experiencia de lucha contra el crimen a los abatidos residentes de la ciudad de México —muchos de los cuales se llaman a sí mismos “chilangos”.

La fórmula es mayormente la misma, excepto que esta vez Giuliani no fue elegido. No fue contratado por ninguna oficina pública o funcionario. Su firma de consultoría, Giuliani Partners LLC, fue contratada por un grupo de intereses comerciales privados liderado por Carlos Slim, el hombre más rico de México, por un precio establecido de 4,3 millones de dólares. Pero cuando Giuliani Partners anunció sus 146 recomendaciones sobre cómo luchar contra el crimen en la capital del país, el jefe de la policía de la ciudad de México y el alcalde saludaron las recomendaciones y anunciaron que adoptarían todas y cada de ellas.

Todo el proceso tenía la apariencia de un espectáculo bien armado: en enero, Giuliani visitó los barrios más rudos de la ciudad de México, rodeado por 300 guardaespaldas (y como me preguntó un periodista: “¿Pasea de esta manera en la ciudad de Nueva York?”). A principios de agosto el gobierno de la ciudad apareció con las recomendaciones de Giuliani en la mano, confiando que México seguiría los pasos de Nueva York en su histórica y repetida caída de la tasa de criminalidad.

Bajo el lustre de los nuevos uniformes policiales y en los cuartos de atrás de las suites de negocios para triunfantes conferencias de prensa hay una realidad más compleja. Tal como saben los residentes de Bedford-Stuyvesant (un barrio históricamente pobre en el sector neoyorquino de Brooklyn), y los empleados de asistencia legal de la oficina del alcaldo de Nueva York, así los residentes de los barrios del norte de la ciudad de México y amables hombres de negocios del centro saben todos que hay más detrás de la versión oficial de esta historia.

La historia en Nueva York

Giuliani llevó la política de “tolerancia cero” a la ciudad de Nueva York con grandes fanfarrias y éxito estadístico. Atacando crímenes de bajo nivel como la medicidad, los clubes ruidosos y el consumo de marihuana, Giuliani buscó destruir lo que llamó una “cultura del crimen”. Bajo este enfoque, el crimen disminuyó supuestamente 60 por ciento y la imagen de la ciudad brilló cuando Times Square y otros puntos populares fueron limpiados de “elementos indeseables”, como los sin hogar y los clubes de desnudos.

Como con muchas historias de éxito instantáneo, hubo cosotos. Esas historias produjeron titulares que salpicaban menos: jóvenes de color rutinariamente buscados y perseguidos por atreverse a andar en la calle, prisiones sobre pobladas llenas de drogadictos no violentos, familiares de esos presos dejadas sin padres, madres abandonadas por un sistema de seguridad social achicado mientras crecían los presupuestos de la policía, indigentes acusados virtualmente garantizados de convicción ya que Giuliani desató una guerra a los defensores públicos, quienes se supone son pagados para proveer asistencia competente a los acusados. Sólo después, luego de la salida de Giuliani de la alcaldía, estos efectos comenzaron a aparecer en los titulares, mientras los presos demostraban su inocencia mediante pruebas de ADN, luego de pasar una década en prisión y mientras una cultura de poder policial e inmunidad ya se había revelado a través de históricas acciones de brutalidad policiaca, como la tortura a Abner Louima.

Solamente ahora los neoyorquinos están sintiendo los efectos de un régimen que gastó libremente —en una “guerra contra el crimen” contra infractores no violentos— durante una recesión. Hoy la ciudad trasiega agua con un presupuesto de por lo menos 8 mil millones de dólares, los servicios sociales cayeron, hay más familias sin techo en las calles y sin un fin al alcance de la vista para la costosa guerra contra las drogas. Tema menor que durante el término del crimen de Giuliani caía a plomo también en todo Estados Unidos, el simple hecho de bajos índices de criminalidad continúa dando vida a una ilusión del Señor-Que-todo-lo-arregla: luchar contra el crimen como un narcótico poderoso para un pueblo en caminos de calamidad. No es claro si los que estaban subidos en el carro de Giuliani no vieron los costos detrás de los éxitos, o si sintieron que los costos y abusos valían la pena.

¿Quién está detrás de este carro?

Pepe Martínez, un columnista mexicano conocido en todo el país y autor de las biografías definitivas de dos de los hombres más ricos de México, Carlos Slim (Carlos Slim: Retrato inédito, Océano, 2003) y Carlos Hank González (Las enseñanzas del Profesor: Indagación de Carlos Hank González, Océano, 1999), dice a Narco News que el lado mexicano de esta historia puede ser rastreado hasta el 11 de septiembre de 2001. Mientras Rudy Giuliani comenzaba su resurrección política como el Comandante en Jefe interino, Carlos Slim donaba grandes sumas para ayudar a Nueva York. Poco más de un año más tarde, con Rudy Giuliani en su forma de hacer dinero privadamente, y considerando la corta lista de futuras esperanzas presidenciales republicanas, Carlos Slim le ofreció 4,3 millones de dólares por dar una mano a la ciudad de México.

De manera interesante, el alcalde izquierdista de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), pronto se reunió con su Secretario de Seguridad Pública Marcelo Ebrard en dar la bienvenida al informe de Giuliani. Aquí están algunas de las más poderosas figuras de México y políticos con aspiraciones, el hombre más rico del país, Slim —que tiene una historia de filantropía pero no aspiraciones de candidatear para alcalde él mismo (de acuerdo con su biógrafo Matínez)— parados juntos en un matrimonio no convencional. Pero ¿qué hay de los más de 12 millones de chilangos de la ciudad de México? ¿Dónde están parados en esta ecuación?

No cabe duda de que muchos citadinos viven con temor al crimen y que hay una fuerte sensación de que algo debe hacerse. En ese sentido, muchos residentes parecen dar la bienvenida al nuevo acercamiento y muchos fueron abiertos con el anuncio de Giuliani. Pero el cuestionamiento comenzó en muchos círculos inclusive antes de que las 146 tablas de salvación contra el crimen fueran anunciadas.

La historia en la ciudad de México

Prometido originalmente para enero de este año, el informe de Giuliani no llegó hasta agosto. Raúl Fraga es un periodista y profesor que ha estudiato el crimen en los Estados Unidos y México desde los años ochenta. Fraga dijo a Narco News que hubo muchas explicaciones circulando acerca de la demora, principalmente que el equipo de Giuliani no había podido realizar un diagnóstico evaluatorio suficiente de la realidad y los problemas en la ciudad de México y que hubo discrepancias entre las recomendaciones preliminares y su aplicabilidad.

Fraga dice que el informe es básicamente la reaplicación, con unas cuantas modificaciones, de la afamada estrategia “tolerancia cero”·de Giuliani en Nueva York, que fue a su vez copiada del estudio de los ochentas hecho por George Kelling “No más ventanas rotas”. La tesis de Kelling sostenía que reduciendo con fuerza los crímenes menores se desarrollaría un respeto por la autoridad, erradicando una incipiente “cultura del crimen”. Giuliani negó recientemente que suscriba medidas de “tolerancia cero” para la ciudad de México, pero su informe anota que los crímenes pequeños deben considerarse una prioridad: “Deben respetar y cumplir la ley, lo que incluye acciones simples como respetar las señales de tráfico y no ofrecer sobornos a los policías”. De hecho, el informe pide severas penas por drogas en zonas escolares libres de drogas, eliminar la prostitución de las calles, unidades anti ruido y anti graffiti y por disminuir la economía informal de hombres que limpian parabrisas, niños callejeros que hacen trucos de magia por unos pesos y “frenaleros” que cuidan carros estacionados por unas monedas.

Mientras el informe también pide la reorganización de la fuerza policial, combatir la corrupción y revisar el sistema de justicia criminal, el público mexicano saltó rápidamente sobre las recomendaciones teniendo las más inmediatas consecuencias: reducciones en “la calidad de vida” de los crímenes. Como limpiador de parabrisas, Israel Peralta, de 17 años, dijo al diario neoyorquino Newsday: “Si me meten a la cárcel por esto, ¿quién alimentará a mi familia? ¿Por qué debo ser castigado por intentar ganar dinero honestamente cuando no hay empleos?”. Los grupos de derechos humanos denunciaron la intención de criminalizar a los más veinte mil niños sin hogar en la ciudad sin ofrecerles alternativas adecuadas. Tal vez el reto más significativo vino del procurador general de la ciudad de México Bernardo Bátiz Vásquez, quien declaró a los reporteros que algunas de las recomendaciones eran contrarias a la constitución mexicana, llevando a muchos a preguntarse si el equipo de Giuliani habría hecho su tarea.

¿Cómo piensa Giuliani —quieren saber los expertos y ciudadanos de a pie chilangos— exportar estrategias creadas para la bien financiada y moderna policía de Nueva York a la ciudad mexicana de la legendaria “mordida”, un soborno sistematizado de policías pagados por debajo? Eso sin mencionar el reto de proyectar un acercamiento de lucha contra el crimen hecho en Nueva York a una ciudad con una mezcla socioeconómica vastamente diferente? “Cualesquira diferencia en la cultura, contexto y leyes, el objetivo para todas las sociedades decentes es absolutamente el mismo, y es la protección y la seguridad: el derecho humano más importante”, dijo Giuliani a The Guardian de Londres.

En la empobrecida ciudad de México, el poder adquisitivo de los salarios ha caído grandemente en la última década, y gran parte de la población de la ciudad no tiene empleo formal. La prensa de habla inglesa —de AP a Newsday, a los periódicos alternativos como el Village Voice— habla de una escalada criminal y nos regala historas de “secuestros express”. Esta moda, en la que los pasajeros de taxi son forzados a vaciar sus cuentas de banco, en cajeros electrónicos, por choferes que los hacen prisioneros, no es nueva y afecta solamente a la minoría chilanga que tiene tarjetas de débito. Estos periódicos dicen que se denuncian entre 500 y 600 crímenes por día, pero los criminólogos creen que esto es apenas el diez por ciento de los crímenes en realidad cometidos. La mayoría de los crímenes no son de hecho reportados porque los chilangos parecen tener más temor de los policías que fe en ellos. Los policías ordinariamente elevan sus bajos salarios con dinero de sobornos. Pepe Martínez va más lejos al decir que virtualmente hay un policía detrás de cada crimen.

Muchos chilangos se preocupan de que mientras el crimen pueda o no reducirse, dar a la policía poderes más amplios puede llevar a un incremento en los abusos de su parte. En un encuetro reciente en respuesta al informe de Giuliani, convocado por un grupo educacional local, la Asociación Mexicana de Estudios sobre Cannabis (AMECA), David Rodríguez se preocupó: “La policía va a comenzar a actuar más rudamente, porque sienten que tienen más poder moral. Inclusive si algunas de estas recomendaciones no se aceptan, los policías van a percibir este nuevo acercamiento”. Ignacio Sáiz de Amnistía Internacional estuvo de acuerdo en un artículo reciente en el Village Voice, al decir, “La tolerancia cero anima a la policía a actuar siguiendo sus instintos, inclusive sus instintos discriminatorios”.

De acuerdo con Fraga, los expertos en seguridad mexicanos que han estudiado el crimen en México por décadas creen que el plan de Giuliani no convence en que pueda ser un modelo efectivo para resolver la alta delincuencia en la ciudad de México. El periodista Carlos Ramírez compara el acercamiento a lo que ocurre en las películas, diciendo que los oficiales van a ir tras de los criminales más visibles mientras ignoran a las mafias responsables por los grandes crímenes y olvidándose de los problemas sociales estructurales que causa el alto índice de criminalidad. Estos observadores hablan de un “espectacular show” puesto en marcha, uno que crea la ilusión de acción y seguridad, pero que está construido de forma que impide cumplir lo que promete.

Detrás del telón

Estos análisis pesimistas piden respuesta. Pero los principales protagonistas han evitado comprometerse en un discurso público democrático: ya sea escogiendo el silencio o simplemente apoyando el informe al ciento por ciento. Carlos Slim no ha dicho nada y López Obrador —quien es conocido por llamar a referéndums públicos y a participación en toda clase de temas— ha sido evasivo, mientras el Secretario de Seguridad Pública Marcelo Ebrard, un ex diputado nacional, ha expresado su optimismo completo. Su rechazo a entrar a debate solamente crea más preguntas entre los chilangos. A muchos les parece que los poderosos grupos detrás del informe tienen mucho que ganar aunque la parte del ciudadano común sea más bien incierta.

A Ramírez le preocupa que los políticos estén jugando juegos de políticos con la seguridad pública y tal vez puedan sacar ventaja del enorme temor de la gente. Dice que los motivos políticos de López Obrador y Marcelo Ebrard son obvios, mientras que Slim y Giuliani tienen aún más que ganar. Fraga, el analista del combate al crimen, ve que el sector privado patrocinó las recomendaciones de Giuliani como parte de un proyecto ideológico centrado en mejoras a la calidad de vida de los vecinos más privilegiados de la ciudad de México: una estrategia más amplia con raíces ancestrales que busca elevar el valor de las propiedades para los especuladores de bienes raíces y empujar a los otros —los trabajadores y los pobres— a los márgenes. Esto puede sonar familiar a los residentes —ex residentes actualmente— de muchos vecindarios de Manhattan recientemente remozados.

De hecho, numerosos analistas mexicanos señalaron a Narco News que el informe Giuliani no puede ser visto en forma aislada, no es un desarrollo aisalado o casual. En la parte II de esta serie exploraremos las motivaciones —la pregunta de “¿qué hay en él para ellos?”— de los principales actores en este gambito al índice de criminalidad de la ciudad de México. Detrás de todo ese brillo y charla acerca de “combatir el crimen”, hay mucho dinero —y poder político— a hacer por estos extraños compañeros de cama que han traído el proyecto de Giuliani a la ciudad de México.

Noah Friedsky, graduado de la Escuela de Narco News de Periodismo Auténtico en febrero pasado, y participante en la sesión de verano de la escuela, es un redactor y fotógrafo free lance que vive en Brooklyn, Nueva York. Su trabajo se ha publicado en la revista del New York Times, la Philadelphia Inquirer Magazine y el semanario Bolivian Times. Puede ser contactado en: nfriedsky@yahoo.com

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