<i>"The Name of Our Country is América" - Simon Bolivar</i> The Narco News Bulletin<br><small>Reporting on the War on Drugs and Democracy from Latin America
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La batalla comercial de Cancún cambia el tablero de la Guerra contra las Drogas

Los países pobres marcan un precedente de cómo derrotar a las imposiciones de los países ricos


Por Al Giordano
Con un ensayo fotográfico de Gonzalo Subirats y Víctor Ruiz

18 de septiembre 2003

“Aprendí que nadie respeta a alguien que negocia con la cabeza agachada. Nadie respeta a quien negocia como un lacayo. Con nuestras levantadas, defendiendo nuestros intereses, podremos crecer y abrir espacios extraordinarios…”

Presidente Lula da Silva, Brasil
En su discurso del 16 de septiembre sobre el colapso del encuentro de la OMC en Cancún

“No me digas que este pueblo no tiene corazón
sólo tienes que husmear a tu alrededor…”

Robert Hunter

DESDE ALGÚN LUGAR EN MÉXICO: Durante el fin de semana en que se conmemoró la independencia de México, muy ridiculizada y menospreciada ciudad caribeña de Cancún se volvió de nuevo el legendario campo de batalla donde el hombre pequeño regresó el golpe y ganó.

La victoria fue local, naciona y especialmente internacional (los zapatistas podrían sumar que fue “¡Intergaláctica!”). En las sombrías palabras del embajador comercial australiano Alan Oxley, un prominente patrocinador de las políticas económicas impuestas en países más pequeños, el colapso de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio en Cancún esta semana “desataron serias consecuencias”.

Entre esas “serias consecuencias”, la campana repica no solamente por las políticas comerciales, sino también por la impuesta “guerra contra las drogas” de los Estados Unidos.

El enorme lamento en la distancia viene de los matones académicos del mercado global y sus acólitos de los medios comerciales que, por más de una década, han arreglado el juego, sus términos, y que tuvieron éxito, por un breve capítulo de la historia humana, en sostener la Gran Mentira de que el “libre comercio” no tenía nada que ver con la palabra “libre” —ya que abusaron del anuncio de “libre comercio” como juez y parte de un esquema, ligado a la guerra contra las drogas, de imposiciones contra la naciente democracia en otros países.

Un mejor recipiente de democracia global fue inventado en Cancún, y la historia nunca será ya la misma. El “libre comercio” ha perdido su brillo de inevitabilidad. Por primer vez en la memoria, los negociadores de las economías “pequeñas” del mundo —donde habita más de la mitad de los residentes en este planeta— dejaron de estar intimidados, divididos, silenciados y de ser asesinados uno por uno por los grandes poderes económicos que representan a la minoría de los ciudadanos de esta Tierra.

Y porque los “mercados libres” que empujan las naciones matonas y sus dueños han estado largamente entrelazados, hipócritamente, con la imposición de políticas de drogas prohibicionistas en las naciones económicamente más débiles, el fracaso en Cancún se mueve con rapidez hacia alianzas similares de naciones en desarrollo para detener la guerra contra las drogas impuesta por Estados Unidos.

El legado de Cancún

El legado de Cancún va más lejos que los temas de acuerdos comerciales entre naciones. Golpea, finalmente, en toda su extensión, al silenciado pero central dilema de nuestro tiempo: la tiranía de la minoría rica, que vergonzosamente utiliza palabras como “democracia” y “libertad” para obtener injustas ventajas sobre la mayoría de los seres humanos, sobre nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestro trabajo y los recursos en todo el mundo que, si los seres humanos no les cargan responsabilidades a niveles locales y regionales, continuarán reduciéndose (con el correspondiente daño a la capacidad del planeta de proveer recursos para sostener la vida humana y el progreso).

El legado de Cancún 2003 se parece a esa famosa caricatura que la organización laboral de norteamérica, la AFL CIO, ha vuelto un juego de video en línea: el pez grande se come al chico… entonces los peces chicos finalmente se juntan para organizarse y salvarse de la extinción.

Eso es lo que ocurrió en Cancún. Y mucho más que acuerdos de comercio están ahora en juego como resultado de ello.

Cancún en septiembre de 2003, de hecho, fue una consecuencia directa de una menos resaltada rebelión en diciembre de 2002, cuando la mayoría de las naciones miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA) detuvo, por primera vez en la historia de este ente, a la representación de Estados Unidos. Como Narco News informó mientras ocurría (ver en inglés “América Reborn: 32 Nations Back Venezuela” en Narco News, diciembre 17, 2002), fue ese evento el que abrió las compuertas a la unidad de las naciones más débiles para detener las presiones de las naciones matonas.

Así como el precedente de diciembre en un tema —el derecho a la autodeterminación de Venezuela— plantó el escenario para que lo de septiembre marque precedente en otro —el desarrollo de los acuerdos de comercio internacional—, este capítulo dará indudablemente nacimiento a parecidas “alianzas de los pequeños” en otros temas de políticas públicas: con la guerra contra las drogas siendo el pez más tirano del estanque.

Toda política es local

El estado mexicano —es decir, el gobierno central del Presidente Vicente Fox— estuvo fundamentalmente en las líneas laterales de lo que pasó en su territorio el pasado fin de semana.


El campesino coreano Lee Kyung-hae sube una valla para hablar antes de matarse en protesta por la política agrícola de la OMC en Cancún, México
Foto D.R. 2003 Victor Ruíz/Por Esto!
En todas partes, previo al encuentro de la OMC, el gobierno de Fox creó un proceso bizantino para que los representantes de las ongs solicitaran visas para asistir al evento, ha creado una “lista negra” de activistas y líderes mundiales para negarles visas, ha específicamente negado visas a importantes líderes de organizaciones campesinas de Sudamérica y otras partes, y ha enviado al ejército, la fuerza aérea y la marina para acordonar las sesiones de la OMC contra las protestas. Para septiembre 10, el estado mexicano había perdido el control de la situación.

La razón principal de que el gobierno central de México se haya vuelto ampliamente irrelevante para esos eventos fue que, en el nivel de la opinión pública, la región de Cancún y la península de Yucatán —inclusive luego de haber sido alimentada con historias de horror por parte de los medios nacionales, retratando a los críticos de la OMC como locos y propensos a la violencia “globalifóbicos”— rápidamente abrió sus brazos a los manifestantes.

La Casa de la Cultura de Cancún se volvió la base de operaciones de los campesinos disidentes de México y otras partes, cuyas formas de vida fueron amenazadas por las propuestas de la mesa de negociación en la lujosa zona hotelera de Cancún. Los pescadores de la región —una población significativa e importante en esta área costera— también se organizó y trabajó conjuntamente con los manifestantes: su forma de vida, también, fue amenzada por las propuestas de la OMC de dar injusta ventaja a grandes conglomerados multinacionales de pesca en el Caribe y otras regiones.

A nivel de las bases, la sociedad civil en la península de Yucatán —y esto no es poco debido al periodismo auténtico del diario más grande de la región de Cancún, Por Esto!— abrió espacio a miles de “globalocríticos” (el término sustituto de Por Esto! al insultante título de “globalifóbicos” inventado por esos cobardes que tratan de batir la valiente salida a debate) para moverse en las calles y en las playas, pese al enorme esfuerzo militar y policial por aplastarlos.


Foto D.R. 2003 Gonzálo Subirats/Por Esto!
Después de todo lo que se dijo e hizo y que la OMC cerró la tienda y dejó Cancún, hablé con mi colega, amigo y victorioso co defendido Mario Menéndez Rodríguez, editor y director de Por Esto!, cuyo periódico marca el estándar de oro de la cobertura adecuada y justa de eventos en su región (Por Esto! es el periódico más leído en el estado de Quintana Roo y su ciudad de Cancún, y el tercero más leído en todo México).

Mari explicó que, previamente al encuentro de la OMC, el sector comercial local se oponía a las protestas, ya que el sector político estaba dividido. “Algún sentían que la publicidad sería buena para el turismo local. Otros sintieron que la publicidad negativa, especialmente acerca de la pobreza y la miseria en las orillas de Cancún, sería dañina”.

“Pero la población en general”, explicó el veterano periodista, “estaba de acuerdo con los globalocríticos, con la posición del más débil parado frente al más fuerte”.

Un rumor colectivo se sintió en toda la península de Yucatán —y en gran parte del mundo— el 10 de septiembre, cuando el campesino coreano Lee Kyung-Hae, de 56 años, con su una vez próspera granja destruida por las políticas de mercado mal llamadas “libres”, se quitó la vida en protesta en las calles de Cancún.

Di lo que quieras, querido lector, acerca de la táctica, o acerca del suicidio en general, o del estado mental de destruido campesino, pero ese solo hecho, con un rápido movimiento de cuchillo, llevó la historia a un nuevo y más serio discurso que las corrientes historias de cables habían ofrecido sobre policías contra manifestantes.

Ése fue el punto de quiebre, de acuerdo a Menéndez, “El sacrificio del coreano marcó la diferencia. Cuando murió, la OMC murió con él: lo llamamos la muerte simbólica de los opresores”.

De hecho, la cobertura de Por Esto! —dirigida por su editor de fotografía, profesor de la Escuela de Narco News de Periodismo Auténtico Gonzalo Subirats, que estuvo en la escena para documentarla junto al fotógrafo Víctor Ruiz y el equipo de redactores— fue un ejemplo de periodismo gráfico, aferrado e inclusive responsable en un momento de tensión. “El periodismo que presentamos”, recapitula Menéndez, “especialmente gráficado con fotos, reflejó el punto de vista del público. Luego de la muerte del coreano, que se mostró mientras estuvo vivo, con su cartel, más tarde con su cuchillo, sus simpatizantes, y la seguida manifestación encabezada por los coreanos. Y fue claro que estaban en contra de la confrontación. Este mensaje que transmitieron, que es paz con justicia, resonó en la opinión pública local. Y mostramos que los manifestantes no eran locos buscando la confrontación con la policía, y se demostró con fotografías así como con texto”.

Luego del encuentro de la OMC, la opinión pública en la ciudad huésped fue tan fuerte que el alcalde de Cancún Juan García ha propuesto erigir un monumento a la memoria de Lee Kyung-Hae.

Una llamada de atención para Fox

La revuelta, como revela la historia inmediata, no fue simplemente en las calles, y se diseminó más allá de lo local. La gente llegó de todo el mundo. El mes pasado, los zapatistas —de muchas maneras, los líderes morales del cuerpo político mexicano— lanzaron un comunicado llamando a unirse a las protestas en Cancún. Las organizaciones de campesinos, obreros y estudiantes mexicanas alquilaron autobuses en todos los rincones de la república para participar en las protestas, sumando una sólida base de clase trabajadora mexicana a toda clase de activistas de todo el mundo que pudieron pagar el viaje a la cara Cancún. Esto, también, ayudó a cambiar la opinión pública local.


Foto D.R. 2003 Gonzálo Subirats/Por Esto!
El presidente mexicano Vicente Fox, un porrista de los mercados remplazantes de los gobiernos democráticos como árbitros de los eventos humanos, ya debilitado por el rechado del electorado a su partido en las elecciones congresales y estatales de julio pasado (vean “Fox a la mitad de su vida”, parte I ), se tornó anormalmente silencioso en los días que tuvo lugar la Batalla de Cancún.

Menéndez, un fiero crítico de las políticas de Fox, dice que los eventos en Cancún cristalizaron, para el público, el conflicto entre el Fox al servicio del entusiasmo de los gringos por el “libre mercado” y las necesidades humanas reales de los campesinos y consumidores mexicanos. “La posición de Fox, post Cancún, no será tan fácil como antes. Si quiere entregar México a las políticas económicas de Estados Unidos, tendrá que responder a los productores mexicanos. Ellos no pueden competir con los subsidios del gobierno estadounidense a sus productores y campesinos. La situación en México no era fácil. Ahora, es claro para el público”.

Tradicionalmente y por décadas, el gobierno mexicano fue el interlocutor entre toda América Latina y los Estados Unidos. Pero la rápida caída en desgracia de Fox luego de su elección en 2000, combinada con la elección en 2002, en Brasilm de un nuevo actor en el escenario global —el Presidente Lula da Silva— ha recompuesto el contexto internacional. Lula, y no Fox, lidera ahora una creciente unidad en la escena mundial y latinoamericana.

Culpando a Brasil


Foto D.R. Victor Ruíz/Por Esto!
El rumor colectivo continúa sobre muchos de los neoconservadores pro mercado medios comerciales y por Internet: se hallan en estado de shock por el colapso de las charlas de la OMC. El equipo editorial del New York Times fustigó el 16 de septiembre, llamado a Cancún un “nido de víboras” (los que están en la redacción y oficinas editoriales de la calle 43, como vimos durante el quiebre y la quema de sus editores y director la primavera pasada con los escándalos sobre Jayson Blair, saben al menos algo acerca de “nidos de víboras” por experiencia de primera mano… pero el nido, en este caso, está culpando a otros).

El Times culpa a lo que llama “un número de naciones ricas” por descarrilar las charlas (nombra a Japón, Corea del Sur y a la Unión Europea, pero no explica por qué las culpa en vez de a la multitud de naciones pobres que encabezaron la salida del dominco, una efectivamente “huelga de negociadores” que acalló a la fábrica de miseria: el Times aborrece históricamente dar algún crédito a los que son más). El editorial del Times afirma: “contrario al insensato aplauso con el que la caída fue saludada por los manifestantes antiglobalización en Cancún, las naciones más pobres y vulnerables sufrirán más”.

Pero el Times —el “periódico del récord” desde “la capital del capital”— admite, un par de párrafos más adelante, que el liderazgo para golpear las charlas de la OMC no vino de Europa o Japón, sino, más bien, desde abajo: “La principal demanda de estas naciones en desarrollo, encabezadas en Cancún por Brasil, ha sido el fin de los altos aranceles y subsidios en el mundo desarrollado, y correctamente. Las naciones pobres encuentran difícil competir contra los campesinos de naciones ricas, que obtienen más de 300 billones en apoyos del gobierno cada año” (las negritas son mías).


Foto D.R. Victor Ruíz/Por Esto!
En otras palabras, decifrando el habla del Times, las demandas de Brasil eran justas, hasta el punto en que Brasil y otras naciones en desarrollo sostuvieron la línea contra lo predominante en sus justas demandas (Sin importar que el editorial del Times no tiene firma: quien quiera que escribió es autorifóbico, y por buenas razones).

El finado Johnny Cash pudo también estar mirando sobre los procedimientos, vestido de negro en “los viejos campos de algodón de vuelta a casa” del más allá. Los negociadores de Estados Unidos no pudieron implantar a su así llamada posición de “libre comercio” cuando se llegó a los subsidios del gobierno al algodón. Eso fue lo que llevó a la explosión: las naciones africanas productoras de algodón le dijeron a Washington que se jodiera, y encabezaron el éxodo de negociadores de países en desarrollo de la sede de la convención- Como cantó alguna vez Cash: “Puede sonar un poquito divertido, pero no haces muchísimo dinero en sus viejos campos de algodón de vuelta a casa”.

Aunque el coro “Culpen a Brasil”, hoy en susurros, parece incrementar su volumen mientras la búsqueda de chivos expiatorios comienza. Tomen el comentario de Alan Oxleyel lunes pasado, ex embajador de Australia al GATT (Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles), en Tech Central Station:

Los que se alinearon con Brasil en Cancún para insistir en que los países desarrollados deberían cortar las barreras comerciales agrícolas en las negociaciones agrícolas deberían preguntarse si hicieron lo correcto. El bebé fue sacado de la bañera. Les sirve bien. Olvidaron para qué es la OMC”.

“India, China, Tailandia y Filipinas se alinearon con Brasil”, gemía Oxley. “India aún parece indecisa acerca de la reforma económica. Y la elección es inminente”.

¡Jodidas elecciones! La democracia, se nota, es la forma de las políticas comerciales impuestas, de acuerdo a la posición de mercado impuesto de Oxley y sus compañeros de viaje.

Oxley está en estado de shock y descree que “grandes” naciones como India, China, Tailandia y Filipinas se unieran con otras naciones en desarrollo en una demostración de fuerza y unidad porque, de acuerdo con él, “son lo bastante grandes para ver por sí mismas”, pero al “caer en el truco brasileño” han, advierte Oxley, “desatado serias consecuencias”.

Raspen la superficie de un autoproclamado entusiasta del “libre mercado”, y muy a menudo encontrarán un alma antidemocrática. Oxley pudo ser un modelo de póster para esa tendencia. Se queja de la salida de “las naciones africanas y caribeñas —numerosas en la OMC pero incosecuentes en el comercio”. En otras palabras, “un hombre, un voto” (o “un país, un voto”), en un mundo donde la mayoría (y la mayor parte de la población de muchas naciones como un todo) es pobre, no debería contar: lo que cuenta para los ricos y sus negociadores es “un dólar, un voto”: Oxley quiere continuar un juego con reglas que ya favorecen a las naciones ricas (y a los poderes más ricos dentro de esas naciones). Bueno… al menos es lo bastante honesto como para admitirlo.

Cierto, Brasil, bajo el gobierno popular y democráticamente electo de Lula da Silva, seguramente desató una tormenta de mierda: pero el excremento —hecho del proverbial desperdicio de productos de la “globalización” conocidos como pobreza y miseria— ya estaba ahí, solamente esperando el viento desde abajo.

Un día muy afortunado

Digamos esto de Glenn Harlan Reynolds, el rey pro mercado de visitas a Blogolandia de Instapudit: está Al menos comentando estos eventos que sacuden la Tierra mientras otros bloggers neolibertarios lo han dejado el debate tan rápidamente como los negociadores salieron de la OMC. Reynolds llamó al giro estremecedor del domingo en estos sucesos “un día muy desafortunado”.


Foto D.R. 2003 Victor Ruíz/Por Esto!
Instapundit también enlazó, el lunes, el comentario de Ronald Bailey en la revista Reason. Bailey debe andar leyendo los mismos puntos de conversación del gobierno de Bush que los editorialistas del New York Times. Para él, los países pobres han ganado “una victoria pírrica sobre los países ricos de la OMC” y “un caso de cortarse la nariz para salvar la cara”. Dice que “los países pobres —organizados como un bloque llamado G20 (también conocido como G33), que lideran Brasil, China, India, Kenia y Sudáfrica— insistieron en que debería permitírseles ‘proteger’ a sus campesinos al mantener los aranceles contra las importaciones agrícolas de los países desarrollados. En otras palabras, los países del G20 estaban demandando que los países ricos abrieran sus mercados mientras mantenían los suyos cerrados”.

Bueno, yo pregunto: ¿De dónde sacarían los “países pobres” una idea como ésa? Obviamente, la sacaron de los países ricos que han insistido, desde el principio de la mal llamada era del “libre comercio” —sólo miren las provisiones injustas del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) y lo que han heho a los campesinos de México en menos de una década— al imponer diferentes reglas para el mundo desarrollado de las que están dispuestos a obedecer.

El paradigma de la Guerra contra las Drogas

En el debate a principios de los noventa sobre el TLCAN, Jonathan Larson hizo una interesante observación acerca de la relación entre las políticas de “libre comercio” y guerra contra las drogas:

La primera vez que se usaron los argumentos de libre comercio para influir en la opinión pública tuvo lugar en las Guerras del Opio en China de 1839 al 42 y renovadamente en 1856-60. Los mercaderes de droga británicos estaban importando aproximadamente una tonelada de opio por día de la India. Los chinos se resintieron en el daño que este volumen de adicción estaba causando a su sociedad y trataron de cerrar sus fronteras. Los británicos fueron rudo al suprimir está pequeña revuelta de chinos nacionalistas que odiaban la droga. La Enciclopedia Británica estima que unos 20 millones de ellos murieron a causa de las Guerras de Opio.

Cuando se supo acerca de esta gran carnicería por lo que era esencialmente un negocio de drogas que salía mal, la amable sociedad en Gran Bretaña se las arregló para encontrar una cubierta intelectual para sus acciones en China. El libre comercio, el derecho de paso de bienes entre naciones, no podía impedirse. Esta guerra no fue por las drogas sino para asegurar una mayor prosperidad para todos. Porque perdió las guerras, China dio a Gran Bretaña un puerto libre, Hong Kong. Hong Kong era una demanda británica porque “probaba” que las Guerras del Opio no eran por drogas sino por libre comercio. Con su conciencia cultural tranquilizada, la amable Gran Bretaña volvió a otros ultrajes más mundanos del colonialismo.

Puede uno pensar que el libre comercio como cobertura moral del comercio de drogas es el problema de nuestro pasado, un ejemplo reciente debería bastar. Tailandia, citando amplios avisos sanitadios, decidió dejar de importar tabaco, una peligrosa droga más adictiva que la heroína, de acuerdo a la Oficina del Médico General de Estados Unidos. Tailandia fue forzada a rechazar su legislación sanitaria a fines de los ochenta para satisfacer los requerimientos de los burócratas del comercio internacional que establecieron que leyes tales no pueden permitirse porque restringen el comercio.


El testimonio del ex Procurador General de Colombia Gustavo de Greiff, acerca de cómo los Estados Unidos usa la guerra contra las drogas para promover agendas injustas que nada tienen que ver con drogas, también viene a cuento (vean “Hacia la legalización de las drogas”, Maria Botey, Narco News, noviembre 14, 2002):

El gobierno más interesado y beneficiado por la política de la guerra contra la droga y que es al mismo tiempo su gran promotor, aseguró, es el gobierno estadounidense, que ha utilizado está política para mantener subyugados a los países de América Latina, por un lado con la cuestión de la descertificación (“con la que los amenazó en múltiples ocasiones en caso de no cumplir con las condiciones que les imponen, aunque no tengan que ver con la droga, como fue el caso en 1995 cuando el embajador de Estados Unidos condicionó la certificación de Colombia a la modificación del convenio bananero con Europa”).

Por supuesto, como los más honestos entusiastas del comercio continuo admiten, la prohibición a las drogas es la resticción más autoritario en las fuerzas del mercado actuales en la Tierra. El problema es que la mayoría de los creyentes en el mercado hablan, cuando más, de dientes para afuera en esta posición, mientras dan cobertura política y de medios a las mismas facciones en el mundo desarrollado que habla de “libre comercio” al tiempo que usan la guerra contra las drogas como cachiporra para imponer otras políticas comerciales.

Lo que ha ocurrido ahora, como resultado de Cancún, es un desarrollo importante en el frente de la reforma política de drogas: anóntenselo a la ley de consecuencias no previstas. Una gran consecuencia para el movimiento de “acuerdos de libre comercio”, ahora, post Cancún, habiendo perdido su brillante inevitabilidad (y, aventuro, muerta el agua como la OMC, que era el pez más grande), es que el fondo ha salido de la gran presión de Washington y Wall Street al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA).

Cuando se trata de acuerdos comerciales con América Latina, el gobierno de Bush ha perdido la mano. El gobierno de Lula en Brasil ha tomado el volante y cuenta ahora con el apoyo global de naciones con economías más pequeñas, no solamente en América Latina, sino alrededor del globo: naciones que, colectivamente, representan la mayoría de la población mundial.

Como no continúa el momento de vertir los “acuerdos de libre comercio” en las gargantas de las naciones más pequeñas, Washington va a tener que redirigir toda su estrategia latinoamericana. Inclusive la Casa Blanca de los Bush admite ahora que la agenda de comercio debe “pausarse” para conversar, y reagruparse.

Y como Lula, el ex obrero metalúrgico y líder sindical, ahora presidente del país más grande de América Latina, dijo en un discurso el lunes acerca del fracaso de Cancún:

Aprendí que nadie respeta a alguien que negocia con la cabeza agachada. Nadie respecta a quien negocia como un lacayo. Con nuestras cabezas levantadas, defendiendo nuestros intereses, podremos crecer y abrir espacios extraordinarios…

El canciller de Lula, Celso Amorim, de acuerdo a la revista Forbes, fue recibido por la legislatura nacional —un cuerpo constituido por una mayoría partidaria de oposición al gobierno de Lula— luego de su retorno de Cancún, aclamado cono un héroe por su éxito en el encabezamiento de los delegados de los países en desarrollo en el encuentro de la OMC.

Lula, como documentó extensamente Narco News, es también un viejo crítico de lazs políticas prohibicionistas de drogas.

El precedente sentado en Cancún —de naciones económicamente más débiles reunidas para resistir las imposiciones de las naciones económicamente más fuertes (una tendencia anotada por el reformista en políticas de drogas estadounidense Ethan Nadelmann en su reciente análisis en Foreign Policy— es precisamente la prescripción que puede finalmente cambiar el tablero en la “guerra contra las drogas” impuesta por Estados Unidos.

Hasta el fin de semana pasado, la estrategia de las naciones más débiles de unirse contra las imposiciones de los económicamente más fuertes era una teoría, sacada a flote en el año 2000 por Narco News y probada, con éxito, en diciembre pasado en la OEA.

Hoy, el contexto post Cancún de “resistencia globalizada”, es una tendencia repetida y replicada.

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