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Reporteros de LA Times falsean información en el caso de joven asesinado

Sam Enríquez y Carlos Martinez, enviados del diario angelino, se prestan a campaña de calumnias en contra del líder atenquense y prisionero político Ignacio Del Valle


Por Al Giordano
El Otro Periodismo con La Otra Campaña en San Salvador Atenco

9 de mayo 2006

La represión que a partir del miércoles pasado y durante tres días desataron fuerzas policíacas en contra de los pobladores de San Salvador Atenco y de zonas aledañas al pueblo que desde 2002 ha resistido los intentos de despojo de sus tierras por parte del gobierno derechista de Vicente Fox, provocó un número aun indeterminado de muertes, desaparecidos, heridos y mujeres agredidas sexualmente. Asimismo, se comprobó ya por medio de la autopsia, que fueron disparos de la policía los que causaron la muerte de un adolescente.

Javier Cortés, de 14 años de edad, perdió la vida la tarde del pasado 3 de mayo, durante la acción punitiva a cargo de las autoridades municipal, estatal y federal, que con lujo de violencia agredió a hombres, mujeres, niños y ancianos, e incursionó sin ton ni son en las viviendas de los lugareños, muchos de ellos pertenecientes al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDF), organización conocida en México y el mundo por la resistencia que opusieron a la expropiación de sus tierras y a la construcción en ellas de un aeropuerto.

Las autoridades gubernamentales, en un intento por proteger a los asesinos del adolescente -sus propias fuerzas policíacas- iniciaron de inmediato una campaña desinformativa para culpar a los pobladores de Atenco de la muerte de Cortés quien supuestamente falleció a causa de un petardo que lanzaron los manifestantes de Atenco durante el bloqueo de una carretera. El hecho ocurrió cuando el jovencito se dirigía a casa de su abuelo.

En declaraciones a la prensa, Abel Villicaña, Procurador General del Estado de México, amenazó con añadir a la ya de por si larga lista de acusaciones que se les imputa a los líderes, el cargo de homicidio en contra de los líderes atenquenses del FPDF.

No obstante, los resultados de la necropsia probaron la falsedad de la historia oficial: Fue una bala disparada por un policía la que truncó la vida de Javier Cortés.

Esto lo sabían Sam Enríquez y Carlos Martínez, reporteros del diario Los Angeles Times – la información al respecto se había publicado ya en México- cuando se encontraban redactando su nota sobre el entierro del muchacho, realizado el viernes 5 de mayo, y publicada el sábado en el rotativo californiano.

No obstante que contaban con la información, los empleados del Times optaron por no incluir los resultados de la autopsia, con lo que privaron a los lectores de su periódico de conocer un dato crucial para su mejor comprensión de lo ocurrido en San Salvador Atenco. Y por el contrario, una investigación llevada a cabo por Narco News, revela que le dieron cabida a una serie de falsedades y datos tergiversados. Es decir, lo que reportaron Enríquez y Martines está lleno de embustes.

La principal fuente a la que recurrió el dueto Enríquez-Martinez fue Teodoro Martínez Santillán, hombre que, aunque los reporteros no lo asientan en su nota, resultó ser el informante enmascarado que acompañó de casa en casa al contingente de 3 mil policías estatales y federales en el cateo que estos realizaron el pasado jueves, según testimonios de un sinnúmero de testigos que viven en el lugar donde ocurrió el crimen. Martínez Santillán fue quien identificó las casas que serían blanco de los abusos y las agresiones policíacas. Pero nadie que lea la noticia en el LA Times se enterará de esto, pues dicho periódico describe al soplón como un hombre común y corriente, que depositó algunas flores sobre el ataúd del joven Cortés.

Una bomba lacrimógena disparada por los medios

Durante los dos días previos al reporte de la autopsia, la muerte de Cortés se convirtió en una especie de cortina de humo provocada por una bomba lacrimógena disparada con la clara intención de desvirtuar la verdad, de crear confusión y de ocultar y sepultar datos cruciales. Al tiempo que en Atenco los uniformados entraban violentamente de casa en casa, mientras golpeaban y arrastraban con saña a hombres mujeres y niños, los vecinos del lugar —quienes temiendo por sus vidas pidieron no se divulgaran sus nombres— declararon al Otro Periodismo que ellos sabían quién era el informante que acompañaba a los comandantes de la policía, mismo que señalaba, en muchas ocasiones al azar, las casas en las que se encontraban los presuntos “revoltosos”. Reconociéndolo por la voz y la complexión, se trataba de (por cierto, su nombre fue proporcionado a nuestros reporteros por docenas de lugareños) Teodoro Martínez Santillán.

En seguida, algo de necesario contexto para entender como la versión inicial del deceso de Javier Cortés se reprodujo en los medios y en el Internet, y como la muerte del muchacho fue utilizada para culpar, falsamente, a los manifestantes.

En su edición del 4 de mayo, el diario mexicano La Crónica de Hoy publicó:

“Un joven de 14 años, habitante del pueblo de Acuexcomac, quien fue identificado como Javier Cortés, murió presuntamente al estallarle un petardo, como los que ayer fueron usados como proyectiles en la zacapela.”

A su vez, la agencia oficial de noticias Notimex identifica a los presuntos culpables:

“Familiares de Javier Cortés Santiago responsabilizaron a Ignacio del Valle de su muerte, luego de que le estalló un petardo en el pecho durante el enfrentamiento ocurrido la víspera entre habitantes del lugar y policías federales.”

Y no obstante que la autopsia aun no se había completado, Notimex le atribuye a un supuesto tío del joven la siguiente declaración:

“Al practicarle la autopsia, subrayó, se comprobó que se trató de un petardo y no de un cartucho de gas lacrimógeno, como lo mencionaron en un principio los ‘atencos’.”

La información divulgada por Notimex, y otras de corte similar comenzaron a reproducirse, a lo largo y ancho del espectro mediático y del Internet, como si fuese palabra divina. Tal parece que casi nadie de los que se desgarraron las vestiduras por la indignación que les causó la violencia le prestó la debida atención a un párrafo que aparece más abajo en la nota:

“Por el momento, subrayó, no ha recibido ningún apoyo económico por parte de las autoridades y confió en que la familia reciba alguna indemnización para cubrir los gastos funerarios.”

Es decir, se deduce de la tendenciosa redacción, el muchacho todavía no era sepultado pero ya sus presuntos familiares planteaban la posibilidad de recibir algún dinero.

Funeral en venta

Enrique Peña Nieto, gobernador priista del Estado de México, y cuyo cuerpo policíaco fue responsable de la primera oleada de violencia el pasado miércoles —él dio la orden para que 500 efectivos antimotines desalojaran a de la zona centro de Texcoco, cerca del mercado municipal Belisario Domínguez, a un grupo de vendedores de flores, lo que se convirtió en la chispa que provocó la explosión social— no perdió nada de tiempo para responder a la solicitud de la limosna que hicieron los supuestos familiares del muchacho asesinado. Citamos nuevamente a Notimex:

“Familiares de Javier Cortés Santiago, el menor de edad que murió la víspera en Atenco, estado de México, informaron que el gobernador Enrique Peña Nieto le ofreció todo el apoyo que requieran.”

Entonces, resulta que para enfrentar los gastos del funeral del muchacho —al que acudirían el par de apáticos reporteros del LA Times— surgía un patrocinador: el gobierno estatal. Si tomamos en consideración lo que el LA Times reportó el sábado pasado, y las vergonzosas notas que aparecieron en la prensa mercantilista mexicana, ya de por si carente de ética, resulta evidente que la oferta monetaria del gobernador le rindió buenos frutos en materia de publicidad.

Nuevamente, el sesgo de la información a cargo de Notimex:

“…mañana será el sepelio de Javier Cortés Santiago, quien falleció, presuntamente por la explosión de un petardo arrojado por habitantes de Atenco cuando iba por unos tamales a la casa de su abuelo.”

Por su parte, el Comisionado de la Agencia de Seguridad Estatal (ASE), Wilfrido Robledo Madrid, añadió “homicidio” a la lista de cargos que les imputan a los líderes de las protestas. Según cita el periódico La Jornada, Robledo se refirió a estos como “Secuestradores, homicidas, personas a las que es más fácil señalar qué delitos no han cometido, que enumerar los ilícitos en los que han estado involucrados’”.

En declaraciones a El Universal, Robledo Madrid —quien años atrás fue sujeto de investigaciones por el delito de uso indebido de atribuciones y facultades— reiteró que a los líderes de las protestas se les levantaría el cargo de homicidio en el caso del muchacho.

A eso se refería el Subcomandante Insurgente Marcos, cuando en su discurso del viernes por la noche en Atenco denunció públicamente “la campaña de linchamiento” que los medios mercantilistas de información desataron en contra de “el pueblo bueno y noble” de San Salvador Atenco, y conminó a la prensa a que “diga la verdad.”

La versión tergiversada con la que la prensa corporativa enmarcó la versión de que los manifestantes eran los culpables de la muerte del joven mexiquense que sólo intentaba recoger unos tamales de la casa de su abuelo, ciertamente se convirtió en una nota con pegue y atractivo. En cuestión de horas y en torno al suceso se generó tal cantidad de rumores y expresiones carentes de integridad y rigor que muchos —sobre todo quienes intentaban seguir a distancia el curso de los acontecimientos— terminaron plenamente confundidos. Y entre estos hubo algunos que en Atenco y sus alrededores creyeron al principio que el muchacho había sido impactado por “fuego amigo”, impresión que cambió una vez que se salieron a la luz los resultados de la autopsia.

Por supuesto que estas versiones engañosas fueron sistemáticamente repetidas por los provocadores y los informantes que la policía tenía en el mismo Atenco, en lo que es el guión que las autoridades de México y otros países tienen a la mano para casos de esta índole (algo que los activistas y bloggers debían haber tenido presente antes de reproducir la versión oficial como si esta fuera la palabra divina). Precisamente uno de estos provocadores, Teodoro Martínez, trabó en el funeral una súbita amistad con los reporteros de Los Angeles Times, y puso a los dos tipos a girar como trompos chilladores…

Los Angeles Times, en acción

Hay tantos errores en el nota que escribieron los “redactores” Sam Enríquez y Carlos Martínez, y que el LA Times publicó el 6 de mayo, que intentar refutar una a una todas las mentiras que aparecen en el escrito provocaría una tremenda confusión. Procederemos entonces a emprender la tarea con la mayor claridad posible, ya que las mentiras de esta naturaleza que aparecen en el diario angelino son tan tendenciosas que, si no se desmienten, bien podrían provocar más muerte y destrucción.

La primer gran falacia aparece en el titular (o cabeza), y su correspondiente subtítulo. Se lee en LA Times:

“Un Pueblo en México ve con Esperanza el Fin de los Disturbios:

Para muchos lugareños, la muerte de un muchacho de 14 años podría desencadenar la derrota de un movimiento separatista.”

Ningún reportero que se respete y que haya estado los últimos días en San Salvador Atenco puede afirmar sinceramente que el sentimiento prevaleciente en el pueblo es la “esperanza”, y, es más, ni siquiera entre algunos cuantos de los habitantes del lugar, simple y sencillamente por que esta población, recientemente golpeada sin clemencia por las autoridades. Pero por alguna razón, Sam Enríquez y Carlos Martinez se inventan esta “teoría de la esperanza”, después de entrevistar a un total de cinco personas (un funcionario gubernamental, un padre, una tía, un asistente al entierro… y un informante de la policía al que los empleados del LA Times no identifican como tal, ni mucho menos revelan que el sujeto es un político y viejo rival de algunos de los líderes atenquenses ahora detenidos).

De acuerdo a todos los reporteros de Narco News que han estado siguiendo los acontecimientos de los últimos días en Atenco —Bertha Rodríguez Santos, Juan Trujillo, Quetzal Belmont, Chan Kin Ortega, Bárbara Polin, Amber Howard y este corresponsal— el sentimiento colectivo que se percibía en cada casa, en cada rostro atenquense no era el de esperanza: era el del miedo.

Bertha Rodríguez lo plasmó así en un reportaje en el que describe las incursiones y agresiones que casa por casa fueron cometiendo los 3 mil granaderos que invadieron Atenco:

“Sacaron a todos los jóvenes, hombres y mujeres y los tiraron al piso, cubriéndoles el rostro con sus propias camisetas. Algunos los mantuvieron en cuclillas. A todos los formaron en línea. Uno de los policías comenzó a contarlos golpeándoles la cabeza con una macana. Al terminar decía: “¡Ay, me equivoqué, vuélvelos a contar!”, indicándole a su compañero que repitiera la operación para que al final, el otro también expresara que no sabía contar y que debería ahora contarlos en orden descendiente, golpeándolos con toda su fuerza y saña. Los detenidos, sobretodo las jovencitas, pedían a gritos que cesaran los golpes pero en lugar de hacerles caso, los policías los pateaban sin piedad, gritándoles: “¡Cállense, cabrones revoltosos!”.

“A muchos ya los habían desmayado y los seguían golpeando”, lamenta el vecino quien calcula que este operativo se prolongó hasta las 2:00 de la tarde. “Si hubiera llegado el número de gente que llegó hoy, hubiéramos salido todos de nuestras casas pero éramos muy pocos. Además, cuando los policías vieron que nosotros éramos testigo de lo que estaban haciendo, nos apuntaron con las pistolas de gas lacrimógeno y nos ordenaron que nos metiéramos porque de lo contrario iban a venir por nosotros”.

La fuerza bruta de la policía enmudeció temporalmente este pueblo…”

Esta claro que los dos periodistas de LA Times al citar a apenas cinco fuentes —es decir, cada uno entrevistó a “2.5 personas”, y eso durante el entierro- no se pararon ni en las casas ni en las tiendas de Atenco para al menos intentar entender un poco más de la situación en la que se encontraba la gente del pueblo. De cualquier forma, no es posible que no se percataran del temor prevaleciente. ¿O, podrían ellos realmente creer que los hombres, mujeres y niños, después de padecer seis horas de una ocupación de policías armadas, los arrestos de cientos de familiares y vecinos, y el asesinato de un adolescente, tendrían el ánimo de sonreír y hablar poéticamente sobre la “esperanza”?

De hecho, los reporteros no aclararon en ningún párrafo de la noticia que la voz cantante, que la mayoría de las citas, y en resumen, la base de la nota es obra de Teodoro Martínez, informante de la policía durante el Jueves Negro.

Los vecinos señalaron que Martínez no solo se dedicó el jueves por la mañana a identificar las casas de los que participaron en las protestas de la semana pasada, sino que también, sistemáticamente, descargó su rabia en cada uno de los que se considera fueron líderes destacados en la exitosa lucha en contra de la construcción de una aeropuerto internacional, sobre sus hijos, sus esposas, sus esposos, y sobre cualquiera que por casualidad se encontrara en esos momentos en las casas identificadas por el soplón. De acuerdo a más de un testigo, Martínez además se dedico a denunciar a familias que siempre se habían mantenido neutrales y al margen del movimiento político, pero que de alguna manera son personas que el individuo odiaba por alguna enfermiza razón. “Ellos se metieron a la casa de mi tía y se llevaron a mis primos,” informó un joven al Otro Periodismo. “Pero ninguno de ellos tenía nada que ver con del Valle y siempre se mantuvieron neutrales.”

Teodoro se la hace al estilo L.A.

Si los dos reporteros del LA Times hubiesen hecho un esfuerzo honesto para hablar con la gente del pueblo, habrían escuchado una y otra vez el nombre de “Teodoro Martínez”, tal como nuestros reporteros escucharon en cada esquina, una y otra vez. “Sabemos quién es el informante,” afirmó uno, luego otro, y después muchos más, a los reporteros de Narco News que cubrieron los acontecimientos de los días recientes. “Que ni crea que no lo reconocimos y que por cubrirse la cara con un pasamontañas no lo íbamos a identificar pues conocemos su voz y su complexión” comentó un hombre con lágrimas en los ojos, al tiempo que su esposa secundaba la afirmación con un gesto y decía, “fue Teodoro Martínez. Todo el mundo lo sabe.”

En este contexto, escuchemos lo que Martínez afirma en el funeral del muchacho, dirigiendo la atención de los dos reporteros LA Times para perjudicar a su enemigo Ignacio “Nacho” del Valle, líder del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra en Atenco:

“La única ley era la ley del machete,” afirmó Teodoro Martínez, un tornero de 40 años entrevistado en las afueras de la iglesia.

Inclusive, Martinez se declara simpatizante del movimiento que en 2002 se opuso a la construcción del aeropuerto, si bien tendenciosamente le atribuyó un carácter meramente de “valor simbólico” a la tierra…

“Fue una buena lucha por defender la tierra,” dijo Martínez, añadiendo que el conoce a Del Valle desde que eran niños”.

A pesar de que la mayor parte de la tierra es terreno árido, y los precios del maíz y el fríjol han bajado mucho, expreso Martínez, la tierra se hereda de padres a hijos y eso tiene un gran valor emotivo.

Los periodistas del LA Times describen a Martínez como un sencillo tornero, un hombre común, y en absoluto dan al menos un indicio de sus ambiciones políticas (fracaso en su intento por ser elegido alcalde en mayo de 2003, y culpa a Del Valle y al FPDT por no haber alcanzado el puesto), de su ingerencia en el conflicto que estalló en torno al fracaso del proyecto del aeropuerto, ni de su apoyo a la construcción de éste.

Quién es realmente Teodoro

Si cualquiera de los dos flojonazos redactores del LA Times le hubiese dedicado unos minutos a hacer una búsqueda en Google, podrían haber averiguado mucho más en relación a su fuente de información y de su verdadera posición en cuanto al asunto del aeropuerto que hace cuatro años atrás se intentó construir. El 9 de septiembre de 2002, el diario mexicano La Jornada publicó una nota que daba cuenta de una manifestación de apoyo a la construcción del proyectado Aeropuerto Internacional en Atenco:

“Encabezado por los priístas Teodoro Martínez, Isidro Castro, Alejandro Santiago y los ex delegados Leoncio Morales y Pilar Medina, el grupo, de 80 personas, que portaba globos blancos y siempre se manifestó en favor de que se construyera el aeropuerto.”

Pero ahora, el LA Times le da la oportunidad a Martínez de proyectarse como un simpatizante de la lucha en contra de la construcción del aeropuerto. Lo repetimos, una simple búsqueda del nombre en Internet, o una caminata por alguna de las calles de Atenco para entrevistar a algún residente del lugar, habría dejado en evidencia que Martínez, en realidad, es una persona con evidentes intereses y con amplios antecedentes que desmienten las afirmaciones que le hizo al LA Times.

En octubre de 2003, Teodoro Martínez reaparece una vez más en las noticias, está vez como un agresor y responsable de acciones dirigidas en contra de los que se oponían al aeropuerto. Esto fue consignado en uno de los diarios mexicanos de mayor circulación, El Universal:

“San Salvador Atenco , Méx.- Brigadas ciudadanas del grupo Por la Paz y militantes del PRI vigilarán a partir de las 18:00 horas de este sábado las principales entradas al municipio de San Salvador Atenco, para evitar la entrada de organizaciones externas “subversivas” que lleguen a apoyar a Ignacio del Valle Medina y a ejidatarios rebeldes que ya en dos ocasiones boicotearon elecciones locales y municipales.

Este anuncio lo hizo Teodoro Martínez Santillán, dirigente del grupo Por la Paz, quien afirmó que unos 300 ciudadanos y militantes del PRI formarán brigadas de vigilancia e incluso bloquearán los accesos para detener a toda persona sospechosa, así como autobuses o autos desconocidos.

Si hubiesen consultado a la agencia de noticias AFP, los reporteros hubieran averiguado que en 2003 Teodoro Martínez fue candidato del PRI a la alcaldía, pero que las elecciones realizadas el 9 de marzo del mismo año fueron anuladas debido a irregularidades, incluido el hecho de que el 20 por ciento de las casillas no pudieron operar debido a la oposición de los que se oponen a la construcción del aeropuerto. ¿Podría ser que esto forma parte de la motivación actual de Martínez?

Para octubre del mismo año, cuando su propio partido, el PRI, lo había relegado para favorecer a otro candidato, según reportó la revista Vía Libre, Martínez participó en confrontaciones violentas contra Del Valle y el FPDT:

“Los campesinos se replegaron al auditorio. Hubo unos minutos de tranquilidad, pero priístas -entre ellos Teodoro Martínez, Reyes Pedraza, Daniel Medina, Alejandro Santiago, Rafael Silva y Odilón Medina- volvieron a encarar a los ejidatarios, que estaban encabezados por sus dirigentes Ignacio del Valle, América del Valle, Jorge Flores y Felipe Álvarez, entre otros.

En un lapso de casi una hora hubo tres enfrentamientos a golpes que dejaron diez personas descalabradas por rocas o sillazos…”

Varias notas informativas más que se encuentran en Internet demuestran que Teodoro Martínez, además de haber sido un candidato político, un violento vigilante “Para la Paz” y un militante del PRI, frecuentemente representó el papel de “vocero” de su partido, es decir, ningún novato para lidiar con los chicos de la prensa…

Una de dos, o Enríquez y Martínez del LA Times fueron embaucados peor que si hubiesen sido un par de novatos reporteros a los que les vendieron gato por liebre, o fueron parte de un plan perverso. Leyendo la nota del sábado pasado, se percibe que en la historia publicada por el diario mencionado se percibe que la intención un fue sólo ocultar hechos, sino que se trata de una nota tendenciosa que busca desacreditar a los manifestantes y a sus líderes.

El espectro del “separatismo”

La visión ideológica de los reporteros del Times, Enríquez y Martínez (quienes en enero pasado llamaron a Marcos “El chico bolchevique malo”; lea el artículo en donde John Gibler desenmascara ese reporte con hechos, y en el que documenta “la omisión total del tema por parte de los reporteros” en su articulo en Z-Net) sin duda queda al descubierto, en un contexto en el que Los Angeles Times se proyecta como una organización de noticias con “objetividad”.

Ellos etiquetan a los luchadores sociales de Atenco como “separatistas” por luchar por su autonomía y autogestión a nivel local, sin partidos políticos. (Un reclamo absurdo, entre otras razones, porque ellos ondean la bandera mexicana en lo más alto y con orgullo junto con otros adherentes a La Otra Campana Zapatista”. Ellos dicen que Del Valle y sus compañeros “derrocaron las normas de la democracia” en Atenco durante y después de la lucha en contra de la construcción del aeropuerto. Los lugareños son retratados como aterrizados ante los lideres de la protesta (en vez de que, por decir, los causantes del temor fueron los 3 mil policías que invadieron el espacio sagrado de tanta gente el jueves) y dándoles una bienvenida de héroes libertadores a los invasores. Todo esto es asquerosamente falso.

Las tendenciosas alegaciones hechas por Enríquez y Martínez están tan lejos de la realidad que en estos momentos se vive en San Salvador Atenco, situación ampliamente documentada por los reporteros de aquí y de otros lados que han estado realmente en la comunidad desde 2001. Para obtener información mas veraz, vea el documental de Gregory Berger, de “El Otro Periodismo”, Tierra, Si! Aviones, No! disponible en la red; o la serie de dos partes de Maria Botey en Narco News, de 2002: “Cómo se logró la victoria de Atenco”. O conozca al verdadero Ignacio Del Valle, hoy en día prisionero político, a través de las escenas de video grabadas durante las reuniones de planeación en la Selva Lacandona el verano pasado -el hombre al que el LA Times pinta como “un hombre que solo piensa en la violencia” en una historia que ambos escritores publicaron la semana pasada, o el del video de hoy del Otro Periodismo: “Todos Somos Atenco.” O la docena de reportes de la semana pasada del Otro Periodismo redactados por reporteros que, distando mucho del dúo de flojos del LA times, Enríquez y Martínez, hicieron su tarea, hablaron con el pueblo, y tomaron en cuenta los hechos como realmente son.

Sam Enríquez y Enrique Martínez siguieron una línea superficial en San Salvador, Atenco, utilizando el funeral de un muchacho de 14 años como un arma en una guerra de propaganda. En su historia sabatina, ocultaron uno de los hechos más relevantes: Fue una bala de la policía y no un petardo de los manifestantes lo que le quitó la vida a Javier Cortés.

La nota del LA times sobre el funeral del joven la tarde del viernes, fue publicada al siguiente día. Pero antes de que se realizara el funeral, se obtuvieron los resultados de la autopsia. Daniel Blancas de La Crónica de Hoy reportó el mismo viernes:

“Impactado por una bala”: doctor Julio Ramos Nolasco, de la morgue de Texcoco; así describió la muerte del adolescente Javier Cortés Santiago.”

La información está fechada el 5 de mayo, pero Google news revela que el periódico lo subió en el Internet el 4 de mayo, la noche antes del funeral.

El reporte médico descalificó la versión de la bomba lacrimógena o del petardo, como se dijo inicialmente -en el certificado de defunción, expediente 060150663, firmado por el mismo Dr. Ramos, obtenido por Crónica-, se asienta que la muerte fue a consecuencia de “una herida producida por un proyectil de arma de fuego, que le penetró el tórax.”

El periódico entrevisto al padre del joven:

“Del conflicto, culpo tanto al líder Ignacio del Valle como a las autoridades policiales, pero de la muerte directa de mi hijo hay un solo responsable: el gobierno del Estado de México”, acusó Felipe Cortés, padre de Javier.”

¿Entrevistaron los reporteros del LA Times al padre durante el funeral? Lo intentaron al menos? Porque no? O habían leído sus palabras en la prensa? ¿O en el Internet? Y, considerando sus palabras inconvenientes a su versión, ¿ Decidieron intencionalmente obviar lo que ellos sabían iba a decir? Fueron estos periodistas tontos, o embaucados por un informante-o un pretendido tramposo? O respondieron a una consigna cargada de deshonestidad?

Nuevamente: una de dos, o los reporteros -Sam Enríquez y Carlos Martínez – son incompetentes o, con sus mentiras, unos cómplices. Dejemos al lector -y a los editores, si acaso queda en el LA Times, un mínimo de conciencia- decidir si alguna de las dos cualidades es aceptable para un reportero de un diario del tamaño del Los Angeles Times.

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