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 English | Español April 24, 2014 | Issue #67


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Narco News Issue #66
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¿Por qué TeleSur es un fracaso? No busque más allá de su cobertura en Libia

El pueblo de Egipto ha hecho que los estados-nación y sus líderes traten de entender cómo el viejo mapa geopolítico ahora es inútil


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

23 de febrero 2011

Como estudiante de la rebelión y la resistencia, cuando los pueblos se levantan pongo atención, estudio y trato de aprender lo máximo posible. Los seres humanos somos más creativos cuando nos rebelamos y los momentos en que muchos lo hacen al mismo tiempo son los grandes motores de la innovación, invención y evolución. Cualquier hombre, mujer o niño de cualquier edad que participe en una gran y exitosa revuelta cambia y se libera para siempre. Él y ella no serán fácilmente esclavizados o acobardados por el miedo. Las rebeliones en contra de la injusticia y la tiranía son el mejor catalizador por el que las personas se vuelven mejores y cumplen con los designios más humanos.

Por dieciocho días entre enero y febrero de 2011, el pueblo egipcio, especialmente los jóvenes, le dio al mundo una lección en civismo. Su exitoso derrocamiento del dictador por treinta años Hosni Mubarak fue el mejor tipo de rebelión, porque ésta fue disciplinada, porque fue ejecutada táctica y estratégicamente, y la población entendió que la justicia y libertad que tanto ansiaba no se encontraría en la sangrienta retribución en contra de los sectores (en Egipto presumiblemente las Fuerzas Armadas) que habían apoyado al régimen, sino logrando quitarle el apoyo de esos sectores.

Mucho se ha dicho y escrito desde la caída de Mubarak acerca de cómo los egipcios lo lograron, pero el haber vivido otros momentos como este en otras partes del mundo encuentro a la mayor parte de las explicaciones insatisfactorias. Constantemente regreso a una pregunta formulada por el situaconista Raoul Vaneigem:

“Por un descuido extraño, ningún historiador se ha tomado la molestia de estudiar como vive la gente en los momentos revolucionarios más extremos.”

Los medios, incluyendo la parte que ha apoyado y ha tenido solidaridad con la revuelta egipcia, hasta ahora se ha mostrado totalmente incapaz en la tarea de documentar fría y racionalmente lo que los jóvenes organizadores, periodistas auténticos, blogueros y otros agentes del cambio en Egipto exactamente hicieron, bajo condiciones extremadamente difíciles, para terminar con una dictadura de treinta años en dieciocho días. Ahí es donde la historia yace sin ser reportada. Y sin embargo, la mayoría de los protagonistas siguen vivos y pueden contarlo; el tiempo no ha enterrado este milagro humano bajo las antiguas ruinas para que los arqueólogos lo descubran a través de juegos de azar.

Así que comienzo este ensayo con un anuncio: Narco News y nuestra Escuela de Periodismo Auténtico enviará un equipo de periodistas a Egipto en las próximas semanas para encontrar y reportar esa historia viviente. Con el documentalista Greg Berger y otros, y la sabia guía y consejera del periodismo auténtico egipcio Noha Atef, entre otros que nos han mantenido bien informados en estas históricas semanas, visitaremos las casas de los organizadores y de aquellos que rompieron el cerco informativo del régimen para grabar su historia en sus propias palabras. Como los periodistas auténticos hacen, haremos nuestro mejor esfuerzo para despojarnos de cualquier prejuicio occidental y de cualquier otro tipo, sobre lo que pasó y en su lugar dejar que aquellos que lo hicieron posible nos lo expliquen, y a través de estas páginas también lo hagan para usted.

En lugar de hacer las preguntas que cada medio les hace, les preguntaremos lo que los organizadores comunitarios, estudiantes de las resistencias civiles, estrategas y aspirantes revolucionarios de todas partes quieren saber: ¿Cómo lo hicieron? ¿Y cómo podemos hacerlo en nuestras tierras también?

Fue esa misma sed de conocimiento y entendimiento sobre como los movimientos exitosos y sus agentes de cambio hacen la historia lo que hace catorce años me llevó a las tierras indígenas rebeldes de Chiapas, México, lo que llevó a un período de estudio mucho más largo, y me llevó a aprender nuevas lenguas y maneras de hacer cosas que hasta que las vi y experimenté, eran ajenas a mi crianza newyorquina. Esa misma admiración por los movimientos de base, nos llevó en abril de 2002 a ser la primera publicación en inglés (y de hecho una de las primeras en español) en reportar que las afirmaciones de los medios internacionales de que el presidente venezolano Hugo Chávez había “renunciado” eran falsas, y que en su lugar se estaba llevando a cabo un golpe de Estado y él había sido secuestrado. Y reportamos que en tres días el movimiento popular había derrotado al golpe y cómo sucedió, de la mejor manera que pudimos hacerlo desde la distancia. Semanas después estuve en Caracas hablando con la gente en los barrios, y especialmente con los pioneros de la radio y televisión comunitaria y medios alternativos que rompieron el cerco informativo y movilizaron al público en abril, y también pasé un total de doce horas en compañia del Presidente Chávez—a quien considero un hombre muy inteligente—escuchando con atención su análisis de lo que había sucedido.

Con el paso del tiempo, esa misma necesidad por entender como se hace el cambio me llevó a las tierras de cultivo de coca en Bolivia, a las gigantescas ciudades brasileñas y en el verano de 2009 a la mayoría de las provincias de una Honduras que sufría—y continúa estando plagada por las consecuencias de—un golpe de Estado. Hemos reportado los movimientos sociales de los 31 estados mexicanos y su capital. Hemos reportado sobre movimientos exitosos y también aquellos que aún no han triunfado, y hemos visto los detalles de las estrategias y tácticas que frecuentemente llevan a la victoria, y los que más a menudo mantienen a los pueblos sumidos en la derrota. Cuando otros medios, incluyendo los “medios alternativos”, han apuntado sus cámaras y micrófonos hacia arriba, a las cabezas de estado y las maquinaciones de aquellos en el poder durante los periodos de revueltas y cambios populares, Narco News en su lugar ha ido a las calles y carreteras donde la gente lucha desde abajo, proporcionando a sus voces y sabiduría un público más amplio de lo que habría tenido para sus agravios, sueños y las lecciones de su experiencia única.

Durante los últimos catorce años, los acontecimientos en América Latina han dominado mi interés, encendido mis pasiones, y esos dos motivos siempre han guiado mi periodismo. Durante gran parte de 2008, cuando el renacimiento de la organización comunitaria comenzó de nuevo en los Estados Unidos (un proceso todavía en marcha, mientras vemos los acontecimientos que se desarrollan en Madison, Wisconsin), con la ayuda de nuestros lectores fui a estudiar y a reportarlo: en Nevada, Texas, Virginia, Pennsylvania, Ohio, Michigan, Carolina del Norte, y ofrecí mis conclusiones en encuentros con organizadores comunitarios en universidades en la citada Madison y en Chicago, así como también a través de estas páginas.

Ahora viene África del Norte en donde las manos de miles crean nuevos capítulos en la historia de la resistencia humana en contra de la imposición y la dictadura. Sospecho que el pueblo de Egipto ha cambiado todo en la ecuación global y de una sola vez han enviado a los estados-nación y sus líderes a tratar de entender como el viejo mapa geopolítico, aún tan marcado por la resaca de la Guerra Fría, es inútil ahora. Fue la revuelta de los tunecinos y el derrocamiento del gobernante autoritario Zine El Abidine Ben Ali lo que rebotó en los corazones y mentes de los egipcios, que ahora han inspirado las resistencias en Yemen, Argelia y en todas partes, y más apasionantemetne en Libia.

Los acontecimientos en Libia hoy día son la gota que derrama el viejo vaso geopolítico, y al igual que Egipto está colocando nuevas realidades en la capital imperial de Washington DC, Libia presenta una llamada de atención para todas las capitales rivales cuyos líderes se colocan en la resistencia a la hegemonía impuesta por los EEUU.

El nombre de Muammar al-Gaddafi es escrito de muchas maneras en todo el mundo (Khadafi, Qaddafi, etc.) pero hoy—en este momento en que muchos de sus más de seis millones de ciudadanos están en una abierta rebelión en contra de su gobierno—se escribe D-É-S-P-O-T-A. Y eso trae mucha tristeza mientras culmina la traición a la esperanza y promesa original de la Revolución Verde que dirigió en 1969, a la que el autor Hakim Bey alguna vez describió como una fusión de fundamentos filosóficos del “anarcosindicalismo” con la “mística sufí” y extendió la posibilidad de un auténtico “Islam radical.”

Pero vamos a enfrentar la realidad: La Revolución Verde de Gaddafi mutó en algo mucho más siniestro, y lo que quedó es cualquier cosa menos revolucionario.

Como Vishay Prashad escribió ayer en Counterpunch:

“Poco del brillo de 1969 queda en el viejo. Es una caricatura del anciano revolucionario. Estamos lejos del ‘instigador revolucionario’ cuyo lema era ‘las masas toman el mando de su destino y riqueza.’ El juego terminará cuando los militares inclinen su apoyo…”

Ayer, miré el discurso televisivo de Gaddafi de 72 minutos de duración, un incoherente y maníaco despotrico que ningún observador razonablemente podría interpretar como otra cosa más que la autodestrucción de un hombre alguna vez gran joven, ahora un viejo loco senil, vicioso y mentalmente inestable.

Amy Davidson, editor en jefe de The New Yorker, también lo observó. El discurso de Gaddafi fue mortificante y como de los Looney Tunes como ella también observó:

El ver el discurso que Muammar Qaddafi dio hoy es sentir mucho miedo por Libia. No es que simplemente haya hablando sobre matar y amar en un suspiro—el ‘purificar sus tribus’ mediante la ejecución de manifestantes sería algo que ‘aquellos que aman a Muammar Qaddafi’ deberían hacer—o que haya jurado nunca dejar un puesto que negó tener; negar haber ordenado los tiroteos después de días de disparos con armas automáticas (pero dijo, ‘Cuando lo haga, todo se quemará’); llamado a los manifestantes ‘ratas’ que consumen drogas a los que los libios deberían ‘atacar en sus guaridas’ (en otros lugares los llamó ‘gatos’); que haya sacado su ‘Libro Verde’ y haya hecho un espectáculo al leerlo, como la cruz entre Ofelia y el Capitán Queeg, mientras reflexionaba sobra la gloria y la traición, el martirio y los ‘amos en Washington y Londres’, su abuelo y la magnífica reputación libia; o que al terminar de hablar, le tendiera su mano a un partidario para recibir un beso en ella. Fue todo esto, sumando la sospecha que muchas vidas están en las manos de un hombre que puede no sólo ser megalómano y engañado, sino realmente loco.

Si ha estado monitoreando los medios internacionales por datos concretos (y prueba de ellos) sobre lo que en realidad está ocurriendo en Libia, probablemente ha pasado muchas horas, al igual que nosotros, sintonizando la red de noticias en televisión Panarábica, Al Jazzeera, que recientemente ha sido muy importante como fuente de noticias de Túnez, Egipto, Bahrein, Yemen y en las tierras árabes. Ahí, con pruebas incontrovertibles, las imágenes y testimonios de testigos presenciales han documentado la magnitud de la atrocidad que Gaddafi está cometiendo contra los ciudadanos de su propio país: el despliegue de soldados y mercenarios paramilitares con órdenes de disparar a los manifestantes, quemar vivos a los soldados que se nieguen a hacerlo, el uso de aviones militares para bombardear a la multitud bajo una lluvia de balas (como Juan Cole señala, esto es un inquietante recordatorio de la década de 1930 con los bombardeos aéreos de Mussolini a Libia para imponer la “pax romana” a su pueblo).

Y es especialmente desalentador ver y escuchar a algunos de los líderes heroicos e históricos de la revolucionaria Latinoamérica alabando a Gaddafi (el presidente nicaragüense Daniel Ortega llegó a afirmar que Gaddafi “está librando nuevamente una gran batalla”) en un momento en que el dictador libio se comporta como Fulgencio Batista, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet, Hugo Banzer, Carlos Andrés Pérez y cualquier otro despreciable criminal de guerra y dictador que el hemisferio occidental haya sufrido y que la América Bolivariana se haya levantado para derribar.

Mientras es cierto que en tiempos mejores Gaddafi ayudó y apoyó a los movimientos revolucionarios en América Latina, estos son movimientos que no han dudado en deshacerse de sus propios traidores internos. Así que es tristemente sorprendente presenciar las acrobacias en que muchos líderes (y sus medios estatales, hablaré de esto en un momento) evidentemente ofuscan y torpemente tratan de defender o al menos de ofrecer una cortina de humo para cubrir las indefendibles acciones actuales de Gaddafi.

Más astuto e inteligente que el espectáculo grandilocuente solidario de Ortega a Gaddafi—y por tanto más decepcionante, porque él debe saber más—fue la columna de ayer de Fidel Castro, en la cual sostenía:

“Se podrá estar o no de acuerdo con el Gaddafi. El mundo ha sido invadido con todo tipo de noticias, empleando especialmente los medios masivos de información. Habrá que esperar el tiempo necesario para conocer con rigor cuánto hay de verdad o mentira, o una mezcla de hechos de todo tipo que, en medio del caos, se produjeron en Libia.”

Por supuesto que a medida que ha sido tan difícil el obtener la verdad de los hechos en Libia esto ha sido casi en su totalidad consecuencia de las acciones de Gaddafi: ha cerrado el internet, la telefonía celular y la local, prohibido a los periodistas extranjeros, y ha hecho todo lo que un tirano puede hacer para evitar pasar por el tamiz de Castro de la “verdad o la mentira.” Y sin embargo, las propias palabras de Gaddafi son tan claras como el día: Un llamado a sus partidarios para que vayan casa por casa y maten a cualquier ciudadano que disienta, “ataquen sus guaridas”, él dijo… la exaltación de los locos de la “purificación de las tribus” y la promesa de que “todo se quemará.” Que sus palabras se han hecho realidad por acciones sangrientas a gran escala ha sido meticulosamente documentado en Al Jazeera, en YouTube y en el testimonio de los libios que escaparon a través de la frontera, así como de los funcionarios militares y diplomáticos que han desertado. La llamada de Castro de “esperar y ver” en un momento de crisis moral es un llamado para el consentimiento y complicidad con el genocidio.

Algo un poco menos hábil de parte de Castro fue su torpe intento por desviar la atención de la atrocidad que se está cometiendo a una atrocidad hipotética: Su afirmación de que, “el Gobierno de Estados Unidos no le preocupa en absoluto la paz en Libia, y no vacilará en dar a la OTAN la orden de invadir ese rico país, tal vez en cuestión de horas o muy breves días.”

En primer lugar, ¿que podría posiblemente hacerle la OTAN al pueblo libio que Gaddafi no lo esté haciendo ya?

En segundo lugar, la rapidez con la que los propios funcionarios militares y diplomáticos, e incluso el Ministro del Interior, han desertado y han tomado el partido de los manifestantes, así como la resistencia que ya ha asumido el control de la segunda ciudad más importante, Bengasi, la deserción de los líderes tribales que controlan muchas de las tierras productoras de petróleo en el sur; todos estos eventos indican que no es la OTAN o los poderes extranjeros los que más rápidamente se desharán del déspota, sino el mismo pueblo que ha gobernado por 42 años.

El rechazo popular a Gaddafi de esta semana no ha sido liderado por el occidente imperialista (el cual desde 2001, ha trabajado en armonía con Gaddafi después de unirse armónicamente a la “guerra contra el terror” de George W.Bush), sino más bien por los libios. Y al pueblo libio ahora se han unido los países árabes. Ayer, la Liga de los Estados Árabes (Kuwait, la autoridad Palestina, Qatar, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Líbano, Bahrein, Arabia Saudita, Omán, Siria, Túnez, Egipto, Marruecos, Djibouti, Argelia, Sudán, Irak, Yemen, Mauritania, Comores y Somalia) expulsó al representante de Gaddafi de las reuniones y suspendió a Libia de la organización, instándolo a que cese la violenta represión a los manifestantes. Y mientras es cierto que muchos de estos estados son en esencia aliados y clientes de los EEUU, es más el ruido en sus propias calles por el movimiento panárabe por la libertad que los ha hecho sudar y les ha dado tantas ganas de distanciarse de los crímenes de Gaddafi. El proverbio de la “Calle Árabe”, de pronto despierto y en movimiento, habla a través de ellos. Y su distanciamiento de la respuesta de Libia a la rebelión presenta buen augurio para los movimientos en Bahrein, Yemen, Argelia y en otros países que están siguiendo los pasos de Túnez y Egipto. Esto indica que otros jefes de Estado y dictadores están aprendiendo que la represión abosoluta del tipo de Mubarak en Egipto, e incluso más severa en Libia por Gaddafi, no les salvará el culo a sus regímenes. Ahora, en particular algunos están haciendo concesiones a los movimientos pro democráticos en sus tierras, y un gran despertar regional está en marcha.

Tal vez mientras lee estas palabras, usted querido lector haya encontrado información nueva o útil. Mucha de ella ha sido reportada por Al Jazeera desde la perspectiva árabe. Y, como hace tan solo unos días en Egipto (sí, ya parece como una eternidad), el régimen de Gaddafi está culpando al mensajero:

El martes, en una nueva conferencia en Trípoli, la capital libia, un vocero del gobierno dijo: “Solíamos respetar a nuestros hermanos en Qatar, pero los hermanos de Qatar dirigieron Al Jazeera para incitar y difundir mentiras. Dirigieron a los jeques de Libia y Egipto que tienen nacionalidad de Qatar y con altos salarios mensuales para iniciar esta conspiración.”

Así es exactamente como el régimen golpista hondureño y el presidente iraní Mamoud Ahmedinejad respondieron a las resistencias civiles en su país en 2009: culpar a los medios. Los gobernantes golpistas hondureños clausuraron el internet, deportaron a los periodistas de TeleSur, y hasta ahora continúa siendo el país más peligroso en el mundo para los periodistas, asesinándolos a un ritmo más rápido que en tiranías veinte veces más grandes. El régimen iraní hizo lo mismo: clausuró internet y deportó a los reporteros de la BBC Persia.

Lo que nos lleva al bochornoso asunto de TeleSur, la red de televisión con seis años de edad basada en Venezuela y financiada en gran parte por ese gobierno y en menor medida por los de Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Uruguay. En su primer día de transmisión escribí un ensayo, Bienvenido Telesur a la lucha por iluminar el cielo. Aquí abajo ha habido tanta distorsión de los acontecimientos en los Medios Comerciales, internacionales y latinoamericanos que yo y muchos otros le tendimos la mano con avidez en señal de amistad y de alianza.

Seis años más tarde, TeleSur es ampliamente considerado entre gran parte de la izquierda un fracaso colosal y una aburrida fórmula predecible, un proyecto tan inmerso en su propia burocracia y conflictivas lealtades que es entendible decir “no ha cumplido con su potencial.” El año pasado, participó en la satanización de los históricos movimientos indígenas en América Latina, en un intento absurdo por etiquetar a los pueblos originales del contienente como agentes del imperialismo de los Estados Unidos, en gran parte basado en la falsedad macartista de una de sus comentadoras, la abogada estadounidense Eva Golinger. Si aún no ha leído lo que ocurrió en octubre pasado a causa de una masiva reacción popular de gran parte de la izquierda latinoamericana en contra de la mala calidad “periodística” de TeleSur, esta historia, escrita por los reporteros de Narco News Fernando León y Erin Rosa es iluminadora, por decir lo menos.

Pero es la resistencia árabe que ha sacudido las ruedas de TeleSur en conjunto. Mientras los periodistas ciudadanos en Libia con gran valentía rompen el cerco informativo al subir videos a YouTube y otros sitios para mostrar el resultado de la carnicería provocada por la agonía del régimen de Gaddafi, mientras Al Jazeera y otros medios internacionales documentan más allá de las dudas razonables los crimenes de guerra que se están cometiendo, TeleSur ha tratado a sus espectadores con versiones encubiertas y lavadas de los acontecimientos en Libia. Ha servido como un vehículo de propaganda bufonesco para el asediado dictador libio.

La versión de los hechos dada por TeleSur a sus espectadores retrata a Gaddafi pronunciando “Soy un revolucionario”, y repite sus afirmaciones de que “grupos extremistas están pagando a los manifestantes” en su contra sin una pizca de ironía o pruebas. Retrata al dictador defendiendo al país de Libia de “insultos que se le han hecho al pueblo libio en los últimos días”. Los simples subtítulos demuestran la intención de TeleSur: “Jóvenes reciben dinero de grupos extremistas”, “Lucharé hasta la última gota de mi sangre”, “Apegado a la Constitución” y “Libia sólida.”

Por supuesto que TeleSur le dió la máxima publicidad al comentario de Castro sobre el “plan de los Estados Unidos para la OTAN de ocupar Libia.” Los manifestantes libios son retratados como si estuvieran saqueando y quemando todo lo que está a su vista (“hordas furiosas”, dijo un general al describirlos) y que “no hay policía, ejército ni fuerzas de seguridad”, por ningún lado.

Ni una palabra sobre las múltiples masacres de las tropas de Gaddafi, que de acuerdo a TeleSur, a diferencia de la represión, ni siquiera existen, ni los ataques aéreos por aviones militares a la multitud. TeleSur no ha reportado nada sobre las deserciones militares, diplomáticas o de los pilares tribales de apoyo al régimen. En suma, TeleSur está divulgando falsedades a sus espectadores y calificandolas de “noticias.”

(Sólo hasta que este artículo fuera publicado ayer, originalmente en inglés, TeleSur finalmente publicó un único reportaje a las 7 a.m. de este viernes de la Agence France Press, reconociendo que las Naciones Unidas estima en miles la cifra de muertes de la “represión de manifestaciones pacíficas” de Gaddafi.)

Mientras tanto, la gringa autoproclamada “novia de Venezuela” (que está escrito en su propio sitio web, ¡no se pueden inventar estas cosas!), Eva Golinger, quien en noviembre pasado acompañó a Chávez a Libia, Irán, Russia y Bielorrusia, se quejó ayer en su Twitter: “Ojo, nunca he defendido a Gaddafi! Al contrario, estoy analizando causas de la terrible situacion que ocurre en Libia. No se pq (sic) dicen eso…”

Caramba, tal vez piensan que el reciente perfil del NY Times sobre Golinger (al cual vanidosamente concedió una entrevista al reconocido reportero golpista Simón Romero solo para más tarde actuar sorprendida cuando no fue lo halagador que esepraba: “El artículo me hace parecer como un tipo de reina de la propaganda del gobierno venezolano,” ella protestó demasiado) ¿pueda tener algo que ver con esa impresión? He aquí un pasaje interesante sobre la pieza de humo que salió mal:

En octubre, acompañó al Sr. Chávez en una gira por siete países que incluyeron visitas con los aliados venezolanos como Mahmoud Ahmadinejad, presidente de Irán. “Chávez me presentó como su defensora de Ahmadinejad,” dijo la Srita. Golinger, describiendo al líder iraní como “dulce” después de darle su libro en una cena.

Ella salió del viaje con su propia apreciación de otros aliados venezolanos como el presidente Aleksandr G. Lukashenko de Bielorrusia, quien frecuentemente es llamado el último dictador de Europa.

Después de reunirse con el Sr. Lukashenko en persona, ella lo describió como “muy amable.” En cuanto a la propia Bielorrusia, ella dice que los críticos occidentales estaban equivocados porque “no es una dictadura.” En cambio, ella dijo, “es socialismo.” Elogió un pueblo agrícola que visitó. “La gente parecía realmente en su trabajo comunal y cosas por el estilo”, dijo.

Para ser justos, Golinger no fue citada diciendo nada, a favor o en contra, sobre su visita patrocinada por el Estado a la Libia de Gaddafi. Ella llamó al dictador iraní “dulce” y al déspota bielorruso “muy amable”, sin ofrecer la más mínima crítica del comportamiento tiránico de los regímenes de ningún país que visitó. Un periodista de Estado simplemente no hace eso si quiere ser invitada a futuras giras.

Y ese es el punto. En un momento de crisis moral no es suficiente emitir negaciones petulantes de que uno nunca haya defendido un mal si uno no está también denunciando y resistiendo mientras está sucediendo.

Curiosamente, el presidente venezolano Chávez—quien recientemente fue noticia al dormir en una carpa que Gaddafi le había obsequiado en su reciente viaje a Libia—ha permanecido en silencio en el asunto desde que la resistencia libio se levantara en los últimos días.

Pero sé algo acerca de cómo funcionan las grandes organizaciones de noticias en su disfunción, y TeleSur es muy similar en sus principios operativos a CNN o a Fox News u otra red de noticias. He tenido relaciones de primera mano con varios empleados de TeleSur e independientes y, como sus contrapartes en los medios comerciales, ellos viven en constante temor de recibir la “llamada de Caracas” (sus palabras) o enfurecer a sus superiores. TeleSur es un avispero para cualquiera ahí empleado, lleno de mandos medios intimidatorios y despiadados colegas que codician el trabajo del otro, con una administración superior a menudo ausente (en este momento el jefe de TeleSur, Andrés Izarra, está ausente mientras sirve la doble función a nivel de gabinete de Ministro de Información y Comunicaciones.) Muchos periodistas frustrados de todo el continente vienen a nosotros por consejo cuando tienen problemas con sus burocracias, y hemos escuchado suficientes historias de los periodistas de TeleSur para reconocer su difícil situación tan similar a la de los trabajadores de los medios corporativos.

Así que no queda claro si esta semana TeleSur se está comportando como un estadounidense propagandista en jefe de Gaddafi porque una línea ha sido dictada, o porque en una ausencia disfuncional de alguna línea hizo que sus apanicados empleados estén compensando las cosas en base a lo que ven como las alianzas geopolíticas de Venezuela. La organización de noticias sufre también de una creciente tendencia que corrompe todos los buenos y bellos logros de la Revolución Bolivariana al intentar hacer demasiadas noticias sobre un jefe de Estado y sus jefes de Estado aliados en lugar de hacerlo sobre los pueblos organizados. Pero tengo la sensación que el miedo juega un enorme papel en como los anteriores buenos periodistas se han convertido en monos propagandísticos de los crímenes de guerra libios de la actualidad.

Lo más extraño sobre la asombrosa ficcionalización de TeleSur sobre la crisis libia es que la organización noticiosa tiene un acuerdo existente con Al Jazeera en el que cada cadena puede usar secuencias de video de la otra. Pero esta semana ninguna de las imágenes más fuertes o reportajes de Al Jazeera sobre Libia han pasado de la sala de edición en Caracas.

TeleSur se convierte así en el peor de los casos que reproduce la versión caricaturesca de la Revolución Bolivariana pintada por sus peores enemigos y los golpistas sangrientos del derecho imperial. El daño que le están haciendo a la causa del pueblo venezolano, cuya mayoría construyó la Revolución Bolivariana, es inconmesurable. Muestra a payasos de circo como Golinger lanzando teorías conspirativas a medias (su última: “Es triste pero es la realidad, lo d Egipto fue también preparado en laboratorios USA y quieren repetirlo en Vzla, lo he denunciado hace rato”). ¿Vieron eso? ¡Ahora está difamando a la resistencia egipcia y sus participantes, que derrocaron a un régimen de treinta años apoyado por los EEUU, como un tipo de imperialismo! Es exactamente el mismo guión que usó en contra de los indígenas de Ecuador cuando se opusieron a las multinacionales compañias petroleras y mineras impuestas por el gobierno de ese país.

Bueno, es por esto que los periodistas auténticos deben ir a la fuente—en Egipto u Honduras o cualquier otro lado cuando los medios tratan de imponer su visión en los acontecimientos desde lejos—entrevistando a las personas en el terreno que hacen historia, en lugar de aquellos que solamente lavan, exprimen y secan. Espero con gran entusiasmo reportarle lo que los organizadores de la resistencia en Egipto tienen que decir sobre este intento de retratarlos como víctimas de un poder extranjero. Pero sobre tordo, espero con entusiasmo aprender la verdadera historia de la resistencia que ahora da a luz a muchas resistencias.

La Guerra Fría terminó hace veinte años, pero sus vestigios han guiado a muchos de derecha e izquierda por igual en una trillada obsesión a un supuesto mapa geopolítico. Las rebeliones en contra de sus enemigos son difamadas como manipulaciones de poderes extranjeros.

Personalmente nunca he visto el ser de izquierda el adherirse a dicho mapa geopolítico, en el cual las atrocidades de los autócratas—llamados Gaddafi, Ahmadinejad, Mugabe, Lukashenko o Putin—son considerados “dulces” o “amables” o acceptables en cualquier manera simplemente porque se posicionan (a menudo como simple actuación teatral) como opuestos al imperialismo estadounidense. Del mismo modo, rechazo la visión de aquellos en la derecha que disculpan o encubren cualquier crimen en contra de la humanidad si se considera que sirve a los intereses de los EEUU u occidentales. Y de hecho, mucho de mi periodismo de catorce años en el extranjero ha apuntado mi pluma y teclado directamente a las hipocresías e injusticias patrocinadas por los EEUU, y pienso que lo seguiré haciendo por el resto de mi vida. Para mí, ser de izquierda significa que uno favorece la libertad, justicia (económica y política), los derechos humanos, democracia auténtico y los plenos poderes de reunión y expresión para todos, en cada tierra, en cada momento. La rebelión y la resistencia en contra de la tiranía, sin importar la bandera que tenga, es la más simple expresión de lo que nos hace humanos. Es el motor de la evolución de nuestra especie. Y cuando se hace estratégicamente, sin violencia, con disciplina y creatividad, la hace la obra de arte más grande que el mundo haya visto.

Aquí y ahora, en la víspera de la primavera 2011, que de alguna forma es similar al momento de la Primavera de Praga de 1968, que puso de manifiesto el anhelo de los checoslovacos de ser libres y expusó las peores tendencias imperiales y autoritarias de la antigua Unión Soviética, somos testigos (y esperemos participantes) de esta obra maestra de la humanidad que yo llamo El Renacimiento de la Resistencia Civil.

Nuestro trabajo, como periodistas auténticos, en documentar y contar la historia—y entrenar a otros talentos con conciencia que buscan hacer lo mismo—apenas ha comenzado.

Actualización 3:14 p.m. Viernes, 25 de febrero: Poco más de un día después de que publicaramos este artículo en inglés originalmente, TeleSur ha publicado su primer nota honesta sobre Libia en una semana, desde la ciudad controlada por la resistencia de Bengasi:

“Aquí la gente llena las calles celebrando la libertad del Gobierno de Gaddafi, lo que se ve en las calles es un nuevo país, un país que no reconoce al Gobierno, donde la propia gente ha organizado comités, están limpiando las calles, la comida es gratis, la gente distribuye la comida, manda atención médica gratis, y han aumentado los puntos de control militar por todos lados hay gente con armas, pero reina la paz…

“Hay que recordar que es un país donde antes entraban muy pocos periodistas extranjeros y su levantamiento se hizo sin estos periodistas presentes, con muy poca comunicación, y aguantaron una represión feroz, nos han mostrado fotos e imágenes terribles que nunca podremos pasar por televisión de cuerpos abaleados por armas grandes, la gente aquí dice que cientos de personas murieron en los días fuertes, el sábado y domingo pasado, pero resistieron, siguieron luchando y en este momento están en control de la ciudad”

También puede ser de interés para los lectores que el reportero, Reed Lindsay, es egresado de la Escuela de Periodismo Auténtico 2003 de Narco News, y hemos recibido información de otros periodistas en TeleSur de que hay un fuerte debate al interior de esa organización de noticias sobre su actual cobertura en Libia. El que los periodistas del canal hayan objetado fuertemente la simulación y la deshonestidad con la que estuvo plagada la cobertura de TeleSur hasta ahora puede no tener precedentes en el canal. En cuanto a la Revolución Bolivariana, hay muchas personas con conciencia que ven los derechos humanos y la resistencia como prioridades más importantes que las alianzas geopolíticas, así que las cosas han tomado un curso interesante, por decir lo menos. Esperamos ver más de ello.

Actualización 2, 6:24 p.m. Viernes, 25 de febrero: La saga se pone más interesante, y probablemente tenga algún impacto en la sede de la cadena de noticias en Caracas. Mientras el equipo de TeleSur en la ciudad tomada por los rebeldes, Bengasi, reportó que puede hacer su trabajo libremente entre las multitudes amistosas, el equipo de la cadena en la capital conservada por el régimen, Trípoli, TeleSur acaba de reportar que fue arrestado dos veces hoy por las fuerzas del régimen, un miembro del equipo fue golpeado, una cámara confiscada y durante uno de los arrestos fueron sacados de un vehículo con placas diplomáticas de la embajada venezolana. Desarrollándose.

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