<i>"The Name of Our Country is América" - Simon Bolivar</i> The Narco News Bulletin<br><small>Reporting on the War on Drugs and Democracy from Latin America
 English | Español December 18, 2017 | Issue #38


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Narco News Issue #37
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Creciendo como zapatista

Los niños ideológicos del México Rebelde no son ya –o no lo serán pronto– chicos


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

1 de septiembre 2005

…haciendo la posta de alerta roja en el Cuartel General del EZLN, hay dos ínsurgentas. Las dos son, como dicen los compas, “cien por ciento indígenas y cien por ciento mexicanas”. Una tiene ahora 18 años y la otra 16. O sea que en 1994 tenían 6 años la una y 4 la otra. Como ellas hay decenas en nuestras posiciones de montaña, centenas en las milicias, miles en los cargos organizativos y de comunidad, decenas de miles en los pueblos zapatístas. El mando inmediato de las dos que hacen la posta es un teniente insurgente, indígena, de 22 años, o sea que tenía 10 años en 1994. La posición está bajo el mando de un capitán insurgente, también indígena, al que, como debe de ser, le gusta mucho la literatura, y tiene 24 años, es decir, 12 años cuando inició el alzamiento. Y en todas partes de estas tierras hay hombres y mujeres que pasaron de la niñez a la juventud y de la juventud a la madurez, en la resistencia zapatísta.

Subcomandante Insurgente Marcos, julio de 2005

Municipio autónomo de Juan Diego, Chiapas, México. Agosto, 2005. La sesión del fin de semana pasado era esperada como la reunión de la “juventud”: la cuarta de las seis gigantescas conversaciones, realizadas desde principios de agosto por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que siguió a las similares lluvias de ideas con organizaciones políticas, indígenas y sociales. Esta vez, 275 colectivos, organizaciones no gubernamentales y “artístico culturales” de todo México enviaron gente para ayudar a organizar la inminente salida de los rebeldes de Chiapas y “La otra campaña” –un impulso decididamente no electoral– como estableció la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.


Foto: D.R. 2005 Francisco Alvarez Quiñones
Hubo referencias constantes de los jóvenes y los más viejos a toda la “juventud” presente. La obsesión le pareció a su corresponsal demasiado: seres humanos que pasan de los treinta ya no son chicos. Los rebeldes de 16 y 18 años mencionados en la cita anterior del Sup Marcos son ya adultos; pero algunos de sus hermanos y hermanas mayores del México urbano que llegaron parecían estar retrasados con respecto a ellos.

Puede ser frustrante de mirar, pero no necesita ser de esa manera. Esta es gente joven con experiencia. En particular, muchos de estos veinteañeros y treintañeros son ya veteranos de su propia guerra: en la huelga general de 1999-2000 de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), un huelga que paralizó el campus en la ciudad de México por diez meses y fue rudamente abandonada por casi cada mayor de la izquierda (muchos de quienes, por supuesto, han estado alguna vez en la nómina del sistema universitario). Fueron dejados a su suerte, parece, por sus mayores ideológicos… excepto por los zapatisas.

En este tiempo Marcos gastó un montón de capital político defendiendo verbalmente a los jóvenes de entonces y a su causa de los ataques contra ellos, sosteniendo intensas y furiosas polémicas con algunos intelectuales y personalidades de la izquierda que habían previamente a eso solamente alabado (o tratado de aparecer en la foto) a los zapatistas. Cinco años más tarde, sin embargo, Marcos y los rebeldes de Chiapas están recogiendo la cosecha de su lealtad y su magia para apostar por las semillas y no por los tallos: muchas de las 1,200 personas reunidas en bancas de madera bajo la carpa espaciosa son ex estudiantes huelguistas, cinco años más viejos y más sabios.

Un camino por la amnesia está pronto, pero, primero, quiero decir algo acerca de este concepto de “juventud” en la sociedad mexicana y en cualquier parte. La industria de la publicidad –es decir, los intereses a los que sirve– cuenta con mantener a los humanos infantilizados en ese nicho de mercado más allá de lo que tiene sentido permanecer ahí. Son, después de todo, los medios comerciales (y sus canciones, sus videos de rock, sus películas, sus programas de tele, sus camisetas) los que nos venden la idea de que la juventud es un producto que puede ser vendido y comprado. Y así y todo la juventud es algo que el dinero definitivamente no puede comprar. La madurez y la experiencia, paradójicamente, no acepta efectivo, crédito, Visa o Mastercard: todas esas cuentas se pagan con una moneda finita llamada tiempo. Cuando seguimos obsesionados con nuestra juventud para cuando nuestros pares ya son padres, es una retardación y, lo siento por decirlo, una consecuencia del imperialismo.


Foto: D.R. 2005 Francisco Alvarez Quiñones
¿Se necesita un gringo para señalar que esa obsesión por la juventud en sí misma es una forma de condicionamiento social importada a México por los gringos? Pensé que había dejado atrás todo eso con el resto de Gringolandia hace ocho años, pero aquí está, siguiéndonos hasta este lodoso camino de montaña. Hay –y vimos algunos ejemplos el fin de semana pasado– un tipo de gringotización de la cultura activista de la ciudad de México que ahora se disemina a las provincias: un autoreferencialismo sin fronteras, un tambaleo hacia “políticas identitarias” (“¡Somos punks! ¡Somos altermundistas! ¡Somos banda! ¿No somos especiales?”) al mismo tiempo en que los zapatistas parecen reconocer que ellos han llegado a una especie de pared y quieren expandir decisivamente su propia identidad de alias como “movimiento indígena”. Hago una pregunta intemperada: ¿Realmente quieren los movimientos de esta tierra, que han sido tan efectivos en cambiar la sociedad mexicanas en apenas doce años, comenzar a imitar las desventuradas formas del activismo norteamericano?

Llega el tiempo en que los tatuajes comienzan a borrarse, cuando la piel pierde su lozanía y cuando la belleza interior tiene que cargar con lo que nuestra buena apariencia cargaba. Como Marcos (el gobierno dice que tiene 48 años) resaltó el sábado, en respuesta a alguna broma reciente sobre su panza de mediana edad (realmente no es notoria como implica la broma, pero igual…): “La gran mayoría de los asistentes hoy son jóvenes… somos jóvenes. Hay jóvenes de edad y tenemos jóvenes que se llaman a sí mismos ‘gente joven con experiencia’, sin aclarar si la experiencia es buena o mala”.

Dolores en aumento

“Antes de 1994, apenas había organizaciones colectivas en México, y las organizaciones no gubernamentales se dedicaban a tareas que el Estado no hacía: salud, educación, monitoreo del sistema legal”, explicaba el historiador y cineasta Arturo Lomelí fuera de esta gigantesca reunión de colectivos, ongs y organizaciones artístico culturales. “Luego de que los zapatistas se levantaron en 1994 hubo una explosión de colectivos de todo tipo. Mientras muchas ongs se politizaron. Y sí, como puedes ver, esta nueva ola se formó principalmente de jóvenes”.

Uno por uno, voceros de muchas de las 275 organizaciones presentes se levantaron al micrófono para decir sus verdades: grupos de estudiantes, colectivos de video, grupos de teatro y música, brigadas anarquistas (muchas llamándose a sí mismas “libertarias”, pero en el sentido original del término, antes de que los hiper capitalistas de los Estados Unidos comenzaran a usarlo para los del libre mercado: libertarios en el sentido de lo que solíamos llamar comunistas libertarios, que son de la izquierda, pero rechazando las tendencias estatistas o dogmáticas de la vieja izquierda, que han encontrado mucha resonancia en las formas indígenas de organización y expresión que la rebelión zapatista puso en atención)… feministas, muralistas, medioambientalistas, activistas contra la guerra y por la paz, pequeñas casas editoriales radicales, radios piratas, distribuidores de café para el comercio justo, foros culturales, jóvenes antropólogos, defensores de los derechos sexuales y, por supuesto, organizaciones creadas en todo México específicamente para solidarizarse con la causa zapatatista. Todos están acá.

Hubo también algunos realmente raros personajes: como el nuevo corresponsal del New York Times en México, James W. McKinley, quien basado en su reportaje publicado el miércoles parece haber alucinado que estaba en Woodstock (¡Narco News les urgió no comer ese ácido café! ¿Pero nos escuchó el hombre del Times? Aparentemente no…) probando que los zapatistas –libres de drogas, alcohol y deshonestidad– son sobre todo muy, muy, muy tolerantes anfitriones.

El enmascarado Marcos con su pipa rindió homenaje a las redes y organizaciones horizontales cuando habló de rechazar el viejo estilo de organización de la izquierda, en el que “la información se procesa desde arriba, es definida, y en una línea que se da a las tropas”, llamando en cambio a una amplia red “sin jerarquías”.

El micrófono se pasó entre las organizaciones y los colectivos visitantes. Así como la semana pasada y las semanas anteriores y por venir, los miembros del Comité Zapatista de la Sexta permanecieron sentados con sus pasamontañas, custodiados por insurgentes armados, frente a la mesa, escuchando las horas de presentaciones. La sesión comenzó como a las 10 am del sábado y continuó hasta a las 3:40 am de la mañana siguiente. Y siguió por otras siete horas el domingo.

En la cabecera estaban los miembros del comité de trabajo zapatista creado para planificar, junto a los simpatizantes de todo el país, su inminente “salida” de la selva en la que, los zapatistas lo dejaron bien claro, quieren escuchar a la gente y presumiblemente, una vez escuchadas las quejas, organizar un movimiento más nacional.

Después de todo, esto es lo que pasó cuando entraron a la selva por vez primera a principios de 1983: escuchando a los locales, las visiones globales de los organizadores evolucionaron hasta lo que pudo hacerse. Ahora, 22 años después, se dirigen hacia las selvas de concreto, y a otras regiones de siembra distintas, para repetir la fórmula.

Desde la reunión del fin de semana, hubo varios reportes que se quejaban de la falta de propuestas concretas. ¿Qué fumaron esos reporteros? Al menos los periodistas auténticos como Marcos tomaron notas. Y escucharon, como hizo cualquiera atento, muchas específicas, como esta presentación: una joven y un joven del Multiforo Cultural Alicia de la ciudad de México explicaron al auditorio, en detalle, los obstáculos para crear un espacio cultural en la capital donde la música en vivo y los espectáculos puedan existir. Su palabra estaba lejos de esta selva, pero sus problemas paralelizaban los de los campesinos que viven en este camino lodoso de Ocosingo a San Quintín: tratan con ganas de tener un lugar donde pararse en este mundo.


Foto: D.R. 2005 Francisco Alvarez Quiñones
“Los espacios culturales no tienen reconocimiento legal en la ciudad”, explicó la joven. “No nos distinguen de bares, cantinas o clubs de table dancing, muchos de los cuales son manejados por las mafias del narco. Tenemos que pagar 80 mil pesos (más de 7,400 dólares) por año por la licencia de operación”. Explicó también que, adicionalmente, los costos mensuales del alquiler, la electricidad, el teléfono, la publicidad y los sueldos llegan a 57,500 pesos (más de 5,300 dólares) por mes, más impuestos. Un costo inalcanzable para un club como el suyo, que ahora el gobierno de la ciudad quiere cerrar por no pagar –lo que es decir, mora– algunos de sus impuestos.

La joven hizo algunas propuestas específicas: una nueva ley para los foros culturales, el otorgamiento de edificios abandonados para organizaciones culturales sin fines de lucro, independientes de los partidos políticos, para volverlos centros culturales, la formación de una reda “de actores sociales que llenen estas condiciones”, sumando un llamado “para un periódico de la izquierda”, entre otras demandas.

Luego, un vocero del colectivo Son de Maíz mencionó un tema del que muchos de los presentes se hicieron eco: los problemas en una sociedad donde los medios comerciales mantienen a las voces disidentes en los márgenes. “Necesitamos”, dijo, “medios controlados por los trabajadores”. Amén.


Muralistas: “Pintamos obedeciendo”
Foto: D.R. 2005 Francisco Alvarez Quiñones
El tema –de ser y estar con la clase trabajadora– se repitió una y otra vez. “Somos los psicólogos de la gente”, siguió una veinteañera representando a su organización de profesionales radicales. “No meramente para la gente, sino con la gente”. Un grupo de pintores muralistas anunció, “pintamos obedeciendo” (“La obediencia manda”, dicen los zapatistas; aparentemente también pinta). Tuvieron un caluroso aplauso luego de usar menos de dos minutos para su presentación.

Luego vino la Kinta Brigada y volveremos a su presentación antes de terminar. De hecho, Narco News publicará la transcripción de sus palabras porque encontramos en ellas el tipo de antídoto para algunos de los problemas y críticas que su corresponsal está a punto de hacer.

A dónde fue la huelga

Escuchando algunas de las presentaciones de los veteranos de la huelga universitaria de 1999-2000, que fue ciertamente el grupo demográfico dominante en este encuentro, pensé acerca de algo que el periodista de la cultura pop Greil Marcus escribió (en su libro de 1989 Trazos de lápiz labial: una historia secreta del siglo XX) sobre los veteranos del movimiento Dada, que nació en un espacio llamado Cabaret Voltaire en Suiza:

Por el resto de sus vidas, volvieron una y otra vez a sus pocos días en un bar de Zurich. Trataron de entender lo que les pasó. Nunca lo superaron.

Hoy, muchos de esos ex estudiantes huelguistas son miembros de colectivos de arte, video, radio pirata y políticos que han respondido al llamado zapatista para esta “Otra campaña” (y como la antropóloga Xóchitl Leyva Solano –quien escribió un excelente recuento de la reunión zapatista de la semana anterior con organizaciones sociales– mencionó a Narco News el sábado, “hay otros de estos ex huelguistas que no están aquí: estén en el PRD y con AMLO”, es decir con el Partido de la Revolución Democrática que Marcos ha criticado tan duramente, y con la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador).

Cinco años después de la huelga, sonaba por momentos como si las guerras intestinas entre corrientes rivales de ese momento de la historia estuvieran peleando en forma retroactiva.

Jorge Orta, un muy articulado joven de unos 27, tomó el micrófono y reflexionó sobre lo que había pasado cinco y seis años antes cuando los universitarios levantaron seis demandas: “No sabíamos de política”, le dijo a Marcos, a los zapatistas y a todos los presentes. “Estábamos solamente a favor de esos seis puntos”.

Orta recordó como la palabra “ultras”, en el lenguaje de la huelga, vino a describir a los grupos e individuos más comprometidos con el Consejo General de Huelga (CGH): “La palabra ‘ultras’ fue impuesta por los medios. Desafortunadamente, las corrientes asumieron describirse así. Pero no estuve en paro para seguir ningún líder. Solamente seguía las seis demandas”.

Sin pelos en la lengua, la eminencia gris de los periodistas radicales expatriados en México, John Ross, también presente, hizo un comentario rápido a Narco News: “Los chicos no saben de historia. Piensan que dos de sus años –99 y 2000– es historia. Marcos se dedicó a esa huelga. Acabó aliándose con los ultras de los ultras… esa huelga se volteó, fue vendida y empacada de cientos de formas diferentes. Hubo gente del PRD que fue botada del CGH. El punto en que desistí fue cuando comenzaron a poner alambre de púas en el auditorio Che Guevara (donde el CGH tuvo sus interminables reuniones), por lo que no podías llegar hasta el micrófono. Estuve ahí con La Jornada y nos sacaron. La Jornada estuvo cubriendo la huelga desde el primer día hasta el día chorrocientos. Un montón de chicos siente aprensión, dicen ‘¿Realmente lo hicimos para estos tipos?’. Aún están procesando la cosa”.

Otro estadista mayor de la izquierda mexicana, el ex diputado Gilberto López y Rivas, dijo a Narco News: “El contexto del movimiento de huelga (en la UNAM) es que surgió al calor de otro movimiento: el zapatismo. Fue un despertar en la forma de expresar su descontento con el sistema y su odio por la clase política”.

López y Rivas se hizo eco de lo que muchos de los participantes más viejos en la reunión zapatista estaban murmurando detrás del escenario, acerca de muchas de las presentaciones de esta generación de activistas post huelga, resaltando que las presentaciones de muchos de los colectivos y otros no alcanzaban las metas establecidas por la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

“La meta aquí es construir una campaña nacional para todos”, dijo López y Rivas. “Pero para hacerlo cada sector social tiene que poner mucho primero. Parece que estos jóvenes presumen que los detalles vendrán luego. Sus discursos son muy autoreferenciales. No discuten el qué, el cómo o el cuándo de la construcción de alianzas. No puedes construir alianzas nacionales autoreferenciadamente. Tienes que sacrificar tu propia causa, tu propia propuesta y contribuir a la Sexta, escuchar, entender”.

“Pollos que quieren ser pingüinos”

De hechos hubo muchos momentos cuando este corresponsal de edad madura se contrajo de dolor durante algunas presentaciones. A veces parecía como si los veinteañeros hubieran venido a casa de sus padres de la escuela tratando con ganas de impresionar a papá y mamá, que no son los fastidios que todos perciben que son. Algunos de los discursos fueron más en el espíritu de mostrar y decir: “Hicimos un anuncio… tuvimos un concierto… asistimos a la caravana zapatista…”. El tono era muy diferente, digamos, del de la reunión previa con las organizaciones sociales, cuando virtualmente cada grupo habló directamente de las cuestiones puestas por los zapatistas en la Sexta Declaración.

Pregunté a López y Rivas que significaba esto para los zapatistas, ya que muchos de esta particular mezcolanza de no tan jóvenes muchachos parecían más preocupados de impresionar a Marcos que de hablar sobre las cuestiones que él les había planteado (Como un veterano “pastor de gatos”, sentía una gran ola de empatía por nuestros anfitriones enmascarados en este momento). “Los zapatistas no pueden tener prisa”, López y Rivas explicó, “Los que vivimos con tiempo prestado tal vez tenemos mucha prisa”.

López y Rivas –como otros ese fin de semana– también comentó sobre lo largo de muchas presentaciones: “Respeto a los voceros, sí”, dijo. “Pero también respeto a la audiencia”. Al final, muchos de los individuos y organizaciones que vinieron de muy lejos preparados para hacer una presentación no llegaron a hacerlo. Mientras, este reportero vio varias instancias donde miembros de los mismos grupitos, ya conocidos para él (de hecho, algunos de ellos son mis amigos, y espero que seguirán siéndolo inclusive luego de que haga esta crítica constructiva) usaban varios nombres de organización así que cada que uno pudiera tomar el micrófono y hablar. Sentí un poco de vergüenza por ellos. La táctica era tan evidente… y tan innecesaria. Un fenómeno relacionado ocurrió repetidamente cuando los miembros de estos grupos –todos ellos de la ciudad de México– coreaban fuerte por sí mismos, pero cuando gente de otras partes del país iban a hablar, ellos hablaban entre sí haciendo difícil escuchar las presentaciones de los demás. Aunque Marcos dice a menudo, “nuestro estilo es escuchar”, no se podía escuchar mucho. Ni siquiera había interés en lo que otros aparte de sus grupos decían.

Como otro viejo gigante de la izquierda mexicana, Pablo González Casanova, dijo a los presentes en su muy diplomático estilo, y en referencia a la mascota de verano de los zapatistas, el pollo llamado Pingüino: “Aquí, todos somos pollos queriendo ser pingüinos”.

Pedí a una ex huelguista de la UNAM (y amiga de Narco News) Alettia Molina, de 30 años, una respuesta a las quejas de la naturaleza “autoreferencial” de muchas de las presentaciones: “No la llamaría autoreferencial”, dijo, “sino más bien un movimiento juvenil de autoconsumo. Los jóvenes hablar sobre sí mismos todo el tiempo. Lo que preocupa es el tono de decirlo. Puedes verlo en nuestras camisetas y en nuestros cds. Entre estos colectivos juveniles que se perciben como un bloque cada uno quiere hacer lo suyo”.

Otra queja vino de las provincias fuera de la ciudad de México. Araceli Gil Archundia, que vino de la ciudad de Oaxaca, donde trabaja en la organización no gubernamental Nueve Lunas, ayudando a mujeres y a madres, preñadas y no, dijo lo que muchos nos dijeron al resaltar que “hay más de 500 ongs y organizaciones civiles en Oaxaca, pero pocas están aquí”. Y muchos de los pocos de otras regiones que estaban presentes nunca pudieron hablar, ya que chilangos y chilangas de la ciudad de México, particularmente, efectivamente dominaron el micrófono durante horas.

“Si no podemos bailar…”

Hubo muchos estudiantes de antropología y graduados de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y no pude sino preguntarme si de algo serviría un estudio antropológico sobre la forma particular de organización social de estos colectivos y redes de la ciudad de México de no tan jóvenes muchachos. Va más o menos así: un número grande de estos grupos, hay tendencia a ser núcleos de cinco, seis o siete individuos; uno de ellos es mujer y usualmente sin hijos, el resto varones, muchos de ellos con niños que están en sus casas, apoyados solamente por su madre sola y mientras sus papis salen a hacer sus actividades. Tal vez, como un producto de un hogar con una madre sola, soy muy sensible a esta tendencia, pero también me parece otra manera en la que algunos círculos de activistas en México han crecido para imitar los peores elementos de los activistas gringos. Al igual que en Estados Unidos, las madres solteras, muchas de ellas, no podían venir a la reunión zapatista, porque están encerradas en casa con el trabajo que dos padres deberían estar haciendo. Y así los eventos “políticos” –incluyendo éste– terminan llenos de varones.

Como una de las madres solteras que pudo venir lo explicaba: “Recientemente, un activista que quería ser mi pareja ofreció pagar el costo de enviar a mi hija de seis años a la escuela. Le pregunté ‘¿Por qué mejor no pagar primero para mandar a tu hija a la escuela?’ y repondió ‘Porque su madre no quiere estar conmigo’. ¿Pensaba que era tan tonta como para aceptar su oferta en esos términos?”.

Ninguna de estas preguntas y críticas busca descalificar o ignorar lo bueno que han hecho impefectos y, después de todo, simplemente humanos individuos y grupos (y, parece, un pinche gringo recibe críticas y preguntas de regreso: este es el proceso por que nos esforzamos juntos por mejorar. Sin eso, nos quedamos en las arenas movedizas de la sociedad). Como Marcos mismo dijo en su relatoría escrita de los procedimientos del fin de semana:

…si un movimiento anticapitalista no aspira a transformar todo y no sólo las relaciones de propiedad y producción, entonces no vale la pena y no hará sino repetir injusticias ancestrales, pero ahora con una nueva coartada.

Si la transformación que pretendemos no incluye la transformación radical de las relaciones de género entre hombres y mujeres, las generacionales entre “maduros” y jóvenes, las de convivencia entre heterosexuales y cada-quien-su-modo, las culturales entre indígenas y no indígenas, las de vida entre seres humanos y naturaleza, entonces esa transformación no pasará de ser una caricatura más entre las que ya abundan en el libro de la historia.

Alguien ahí dijo que si no podemos bailar en esta revolución es que no es nuestra revolución. Habría que agregar que si en esta revolución no cambian las relaciones entre las diferencias que pueblan el ser humano entonces no es nuestra revolución y habrá que hacer otra, y otra, y otra más, hasta que el “Nadie” que somos brille con todos los colores que somos y en todas las formas que tenemos.

Por alguna razón, la lengua a menudo ácida de Marcos –que llama a López Obrador “el huevo de la serpiente” y quien ha sido el rudo maestro de las viejas organizaciones de la izquierda, incluso de las que están con él en la “Otra Campaña”, lo que quiere decir que las que no están poniendo todos sus huevos en el nido de la serpiente parece que trata a los no tan jóvenes muchachos autoreferenciales con, bueno, “guantes”. Su corresponsal se pregunta si estaría bien un poco más de “amor rudo”.

Su reconocimiento del aparente desinterés en escuchar a los otros que perciben que no son “ellos” viene en un poco característico lenguaje diplomático. Marcos escribió de la reunión del pasado fin de semana:

Hubo también una tendencia a buscar, y escuchar, al espejo. O sea que se escucharon entre iguales: artistas a artistas, feministas a feministas, anarcos a anarcos, medios alternativos a medios alternativos y así. Poco interés despertaban las historias que se referían a realidades distintas y hasta opuestas. Como si, aún en la diversidad convocada, cada quien buscara encerrarse en el lugar y modo de su lucha.

Si eso no es un lamento, lleno de resignación (de un hombre que casi nunca se deja llevar por la tristeza), ¿qué es?

Quizá porque, aquí, nos definimos de forma distinta (aunque ciertamente no en conflicto o en competencia con) el movimiento de los “medios alternativos”, sino como uno de “periodismo auténtico”, tenemos obsesión distinta al buscar las palabras de “el otro”, de aquellos que no conocemos bien, de los que queremos entender mejor. Pero ¿realmente somos pocos? ¿Y hay tantos realmente en esta Otra Campaña que buscan solamente amurallarse ellos –como observa Marcos– en grupúsculos de hegemonía demográfica? En los Estados Unidos, se llaman “políticas identitarias”, un fatigado fenómeno que ha sido exitosamente cooptado por el poder y el dinero, lo que ha vuelto a las minorías nichos de mercado, el orgullo como producto, y que fallado miserablemente en avanzar en la causa de su humanidad o sus grupos de identidad.

Ah, pero –en la inevitable gracia que estado, está y estará con el zapatismo– nuesta historia no termina con esa nota baja…

La utopía vuelve a petición popular

De regreso a la Kinta Brigada. Su vocera, Ninfa Alvarado, de 26 años, de la ciudad de México, tomó el micrófono con una mano y leyó un texto escrito colectivamente en la otra. El escepticismo inicial de su corresponsal (en mucho debido, admite, por una preferencia estética de un discurso extemporáneo sobre la lectura de códices, y esperando, injustamente, otra jodida diatriba autoreferencial) se volvió en un envidioso, y pronto, admirativo respeto: este grupo ha capturado con palabras la historia que estaba queriendo escuchar y escribir.


Ninfa Alvarado
Foto: D.R. 2005 Francisco Alvarez Quiñones
Es la historia de cómo la huelga general en la Universidad Nacional de hace cinco años dio nacimiento a nuevos avances en la estrategia y la acción políticas, y definió la dirección en la que algunos de estos jóvenes huelguistas de entonces, ahora experimentados, fueron. Por extensión, la historia ofrece esperanza acerca de a dónde más pueden ir. Aquí había algunos de esos no tan jóvenes muchachos de la ciudad de México, pero que no estaban mirándose el ombligo, al estilo gringo (la Kinta Brigada no era la única excepción en esta regla autoreferencial del fin de semana pasado; sus palabras eran simplemente una muy articulada expresión de hacia dónde podía la generación post 99 de activistas comenzar a moverse, con el tiempo, en grandes números: mirar más allá de “la banda” y hacia el resto de los mundos humanos y naturales). Explicándonos la evolución de las estructuras organizacionales en gran parte de México durante estos años, los motivos y las razones que los han llevado a formarse de esta manera. Narco News publicará y traducirá el texto completo de la Kinta Brigada en breve. Meintras, aquí hay algunos extractos de la presentación de la Kinta Brigada, que es, en suma, un llamado utópico a las armas y un recordatorio de por qué muchos de nosotros llegamos de largas y diversas distancias a esta montaña en el sureste mexicano:

Somos un pequeño colectivo compuesto por compañeros y compañeras que nos reivindicamos anarkistas, libertarios, comunistas libertarios, o como se le quiera llamar que hemos venido participando como colectivo desde la huelga estudiantil universitaria del “CONSEJO GENERAL DE HUELGA” en 1999. A partir de este movimiento hemos venido trabajando y participando juntos como el colectivo “la 5tA(kinta) brigada…(ay karmela)” con nuestros modestos esfuerzos en este conglomerado de luchas(dentro y sobre todo fuera del ámbito universitario) que es la lucha contra el capitalismo, la globalización de la miseria y la exclusión de los pueblos, sus hombres y sus mujeres, contra el neoliberalismo y como anarkistas que somos en esta lucha contra el estado y su circo de democracia electoral, en esta lucha por la libertad, la autogestión, la autonomia, en esta lucha por una vida digna y equitativa para todos y todas, en esta lucha por la equidad entre hombres, mujeres y demás habitantes de esta nuestra madre América, y sobre todo de nuestra madre la tierra toda.

Luchamos contra un sistema que nos aprisiona a todos y todas y mas allá aun, a todo lo que crece en esta tierra, un sistema que mantiene a los pueblos prisioneros en un engaño de democracia, en un engaño de libertad. Enarbolamos las banderas de las luchas de los pueblos del mundo, las luchas por la tierra, por la educación y la cultura propia, por salud, trabajo, casa, por ser dueños de nuestras historias, de nuestros pasados, para poder ser dueños de nuestras vidas, nuestro presente y nuestros futuros como individuos, barrios, pueblos, grupos sociales, colectivos, etc.

Estamos convencidos de luchar y construir un mundo donde nadie pise a nadie, donde nadie subyugue a nadie, donde nadie sea oprimido por leyes, por jueces, instituciones, por ideas económico y políticas que defiendan el saqueo y la supremacía de una clase social a dominar a los pueblos que son explotados, despojados de lo que por naturaleza les corresponde, un mundo donde los individuos y los pueblos sean dueños de sus vidas, de su historia, de sus sueños, y de sus decisiones, de su trabajo y sus ideas, de su pensar y su actuar, un mundo donde los individuos vivan y piensen por el bien propio sin olvidar nunca el bien colectivo, un mundo donde lo colectivo nunca ignore a los individuos que lo forman, un mundo donde no exista la explotación, la pobreza ni la riqueza, un mundo donde los entes sociales y colectivos decidan en conjunto su camino a seguir, donde no exista un sistema donde uno o unos cuantos individuos o grupos decidan sobre la vida de nadie, un mundo donde la única autoridad permisible sea la decisión colectiva, donde no tenga que existir la palabra mandar ni obedecer, donde las colectividades se organicen y entre todos decidan su futuro y su actuar ,un mundo donde exista el individuo sin caer en el individualismo, un mundo donde exista la colectividad basada en la necesidades de los individuos…

Ahí está: una fórmula por la que no necesitamos perder nuestra individualidad para vivir juntos, colectivamente, con las masas. Sus preocupaciones han cruzado el abismo de la autoreferencia a la totalidad humana. Y aunque estos sentimientos fueron elevados en varios momentos de la historia por Piotr Kropotkin y Ricardo Flores Magón, el lenguaje expresado aquí es decididamente de nuestra era, nuestros presente y futuro colectivo e individual.

Creciendo, expandiéndose

Su corresponsal estaba curioso sobre cómo este grupo particular de ex huelguistas de la UNAM encontró su camino fuera del marasmo autoreferencial y comenzó a mirar su comunidad con el resto de la sociedad. Y en una particularmente poética nota para los lectores de Narco News, el viaje comenzó cuando algunos jóvenes de la ciudad de México viajaron al estado de San Luis Potosí a comer peyote en el desierto (“Hace ya mucho que no comemos peyote”, nos dijo uno de la Kinta Brigada. Interesantemente, pero poco sorprendente para Narco News, que la planta medicinal trabajara en esa forma para ayudar a formar humanos que no fueran dependientes de la planta para poder mirar hacia afuera de ellos mismos).

En cualquier caso, luego de la huelga estudiantil de 1999-2000, algunos de los kintabrigadistas, como Italia Méndez y Ninfa Alvarado (ahora de 26 años las dos), simplemente dejaron la universidad (¡Vivan los autodidactas!). “La educación que nos dieron era totalmente teórica. No me llenaba”, explicó Alvarado. “Pero ahora tengo que trabajar en el terreno práctico”.

“La huelga fue una gran experiencia en nuestras vidas y nos formó”, reconoció Méndez. “Aprendimos mucho de ella”.

Otra kintabrigadista, Jessica Cruz, de 24 años, agregó: “Aunque la huelga no cumplió sus metas, nos dio la más amplia visión sobre cómo son las cosas”.

“Lo que aprendimos de la huelga fue salir de la universidad”, dijo Méndez. “Ahora nos hemos juntado en un proyecto con metas específicas, fuera de la dinámica universitaria”.

En uno de sus viajes al desierto, los kintabrigadistas encontraron algunos campesinos locales que escucharon que uno de los miembros del grupo era veterinario, y le pidieron ayuda con las cabras que tenían en un ambiente árido, sin agua. Mucho del origen del Ejército Zapatista de Liberación Nacional apareció cuando algunos académicos aspirantes a guerrilleros comenzaron a aprender de los campesinos indígenas de Chiapas, la polinización cruzada entre los kintabrigadistas y los campesinos del desierto llevó a un proceso de aprendizaje y a un proyecto organizacional de sobrevivencia para las tareas en el mundo real de la agricultura y el manejo del agua en el desierto, de la educación, la tecnología apropiada, la cultura, la autogestión y de cabras y más cabras. Varias veces cada año, la Kinta Brigada deja la ciudad y va a trabajar con los campesinos y pastores del desierto. “Tratamos de hacer esto en forma holística, no simplemente preocupados por la producción”, apunta Cruz. “Es por eso que el tema educativo se sumó, incluyendo trabajar con los niños de la comunidad. Es un proyecto a largo plazo”.

La paradoja como elemento necesario de la revolución: las palabras de la presentación de la Kinta Brigada del fin de semana pasado en la selva Lacandona están en abierta oposición con todas las formas de subyugación o dominación. Y aún van fuera de “su” mundo urbano y, en cierta forma, se subyugan a sí mismo al mundo de los pastores del desierto, donde han podido aplicar todas las teorías que se discuten en la universidad y en los centros intelectuales urbanos a las luchas de la vida real de subsistencia. No hay más autoreferencia y, otra vez paradójicamente, parecen a este observador más capaces de describirse ellos mismos, también, en el proceso.

Ciertamente no son el único colectivo que se ha movido fuera de su nicho de mercado demográfico en esta naciente Otra Campaña de redes, organizaciones, colectivos e individuos. Y eso le da su corresponsal un halo de esperanza: que pronto, mientras los zapatistas hacen su salida de la selva donde han estado ya por más de dos décadas, la revolución hará su gran salto adelante cuando el resto de nosotros veamos más allá de nosotros mismos y hacia los que percibamos como parecidos a nosotros, y hacia el otro. Quizá eso es lo que está creciendo, en sentido positivo: una expansión, saliendo de nosotros mismos. Y es solamente natural que algunos crezcan como zapatistas un poco más rápido que otros, pero quiero pensar que todos estaremos yendo hacia allá pronto.

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