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“Imagínense que esos grandes hoteles fueran propiedad de ustedes,” y que “los periódicos fueran propiedad de los trabajadores”

Después de ser testigos de la destrucción capitalista de la naturaleza y de los seres humanos en la península de Baja California, el subcomandante Marcos intensifica el llamado para la expropiación de los medios de producción


Por Al Giordano
El Otro Periodismo con la Otra Campaña en Baja California Sur

17 de octubre 2006

La Paz, Baja California Sur; 14 de octubre del 2006: El codicioso arrebatamiento por parte de cadenas hoteleras internacionales y especuladores de bienes raíces, entre otras industrias, de más de 3,000 kilómetros de la línea costera a lo largo de la Península de Baja California, ha puesto a los residentes y a la naturaleza misma bajo un ataque constante. Las playas vírgenes se han convertido en costosas trampas turísticas con rascacielos que se yerguen cada vez mas alto, los condominios y parcelas junto al mar son vendidos en inglés con precios en dólares, hay grandes planes para campos de golf, propuestas para instalar casinos y funcionarios de gobierno corruptos y políticos que roban la tierra de los pobres y la venden a los ricos. Entretanto, bahías y ensenadas, que alguna vez contaron con 217 especies comestibles de mariscos, son transformadas en alcantarillas abiertas en donde diariamente aparecen pescados moribundos.


Foto: D.R. 2006 Joshua Bregman
Es un desastre ambiental y humano de proporciones épicas, irreversible, irrevocable. Ninguna reforma o legislación lenta podría parar esta sentencia de muerte que está acabando con Baja –la cuarta península mas larga en la tierra- aun si llegara a intentarse. Pero de todas formas, ese punto no importa ya que los miembros de la clase política mexicana se han alquilado ellos mismos para lanzar los primeros ataques y detrás de ellos vienen los grandes hombres del capital internacional para limpiarlo todo. La destrucción es visible en cada esquina del extremo más al sur de la península, pero el dolor de quienes más sufren es acallado.

Pero el viernes y el sábado, ese silencio se convirtió en palabra. El subcomandante Marcos –quien arribó en barco a Baja California Sur el viernes temprano por la mañana, después de que las autoridades retiraran sus amenazas de negarle un boleto– escuchó el testimonio de quienes han sido testigos y que tienen que vivir en las ruinas de lo que le pasó a este edén en la tierra. El sábado a medio día, con urgencia en su voz, sugirió un camino para salir de este infierno en el paraíso:

“Imagínense que esos grandes hoteles fueran propiedad de ustedes, y que ustedes los administraran… En Ixmiquilpan, en Hidalgo, hay un hotel que maneja una comunidad indígena como cooperativa… Ninguno de los hijos de esos cooperativistas va a pagar un solo peso por estudiar desde la primaria hasta la universidad. Porque es tanta la riqueza que se genera, que alcanza para todos ellos.”.

¿Existe alguna organización ambiental, alguna agencia publica, algún consejo editorial de algún periódico, alguna propuesta de ley del congreso, o algún tipo de “reforma” que alguno de esos “altruistas” o farsantes hayan sugerido para detener este ataque billionario en contra de la tierra, el agua, el aire y sus residentes, antes de que el daño sea irreparable? No. Y es por eso que la simple sugerencia –de que la gente tome de nuevo lo que alguna vez le perteneció– es tan irresistible. Es por esto que el modelo de expropiación de la tierra –mejorado en 1994 por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la esquina baja de un país llamado México, el estado de Chiapas– es tan relevante para los problemas en la esquina alta de Baja.

El viernes, en Cabo San Lucas, en la punta de la península, Marcos y todos los que lo acompañaban, escucharon testimonios detallados de lo que ha ocurrido arriba y abajo de la costa en un foro al aire libre titulado “Capitalismo, la tierra, el agua, el aire” afuera de la Casa de Cultura de ese pueblo.

“Hay que recuperarlo”

Uno de los que hablaron, Sergio Rodríguez Aroña, había caminado tres horas desde el ejido El Centenario, cercano a La Paz, para explicar que en su vecindario “el cien por ciento de los dueños de la tierra comunal han sido expulsados de sus tierras… Ahora los nuevos dueños están construyendo una colonia gringa llamada Lomas del Centenario y los antiguos campesinos son los peones y los albañiles de los gringos. Los nuevos dueños han enterrado la mitad de los manglares a lo largo de la ensenada de agua salada en un relleno para construir sus fincas”, reportó, ”y han transformado la bahía en un vaso de agua fecal.” Invitó a todos los presentes a venir a verlo por sí mismos el día siguiente.

Fue triste lo que dijo, pero cierto. El sábado, la visita de Marcos y un enjambre de periodistas –independientes y comerciales– a la costa reveló un olor fétido, peces muertos y masas de horrible materia café flotando a lo largo de la orilla mientras los vecinos le decían lo que había pasado con este bello lugar (antes de que fuera invadido por el capital). En un momento dado, el Delegado Zero tomó una grabadora de uno de los miembros del equipo móvil del Otro Periodismo y condujo la entrevista por sí mismo, devolviendo el aparato para que las palabras pudieran ser reportadas (para más detalles, ver el reporte de Kristin Bricker que está por salir).


Sergio Rodríguez Aroña con el subcomandante Marcos
Foto: D.R. 2006 Murielle Coppin
Y en la parcela de tierra donde creció Sergio y donde fue arrestado su padre, Manuel Rodríguez Barrajan –pasando tres meses en la cárcel en los ochentas por tratar de defender el ejido comunal– otros tomaron el micrófono para contar su dolor y exhortar a la resistencia. Lo que es interesante acerca de esta lucha, es que quienes alguna vez trabajaron esta tierra cultivando algodón, trigo y alfalfa, quienes alguna vez cazaron en el océano las almejas, las ostras, las veneras y otros moluscos, quienes alguna vez pescaron el calamar, el camarón y muchos otros alimentos, nunca volverán a ser dueños de sus tierras; eso ya es un trato cerrado, ya se han vendido a los extranjeros, y qué mala suerte.

Pero no es así como lo ven quienes viven en las calles de arena de El Centenario (sin pavimento, drenaje o cualquier otro servicio del gobierno). “Tenemos que organizarnos nosotros mismos para recuperarlas” dijo Sergio Rodríguez Aroña.

Hay un punto en cada vuelta de la historia cuando los agravios se acumulan hasta formar una masa crítica, hasta el punto en que la propia legitimidad del sistema que los causa se colapsa. Baja California Sur está en una trayectoria de colisión hacia ese día predestinado. Y –como es el objetivo de la Otra Campaña– esta vez no está sola.

La doctrina de Macossay

Esta semana marca la visita del hombre conocido como Subcomandante Marcos (al menos desde que se convirtió en aquella persona hace dos décadas en la Selva Lacandona de Chiapas) a Baja Californa Sur. Los autobuses cargados de turistas norteamericanos, los bares cursis del “spring break” a lo largo de la franja hotelera –disfrazando el abuso de los trabajadores empobrecidos, la mayoría de los cuales son de otras partes de México, quienes limpian los cuartos, atienden las mesas, podan los jardines y hacen el resto del trabajo duro– le recordaron inmediatamente lo que había visto el pasado enero en las orillas de la península de Yucatán en la otra punta más lejana de México, cuando empezó este recorrido a través del país entero.

El viernes, en Cabo San Lucas, mencionó la situación del estado de Quintana Roo, en donde, de Cancún a Playa del Carmen, hasta Tulum y Chetumal, el “desarrollo” (léase: destrucción) de la costa del Caribe presagia lo que el dinero y el poder futuros tienen reservado para Baja California Sur. También recordó a uno de los muertos de la Otra Campaña: el difunto Juilo Macossay (1949-2006), el abogado ambiental y de los trabajadores de Playa del Carmen, quien ayudó a organizar sus esfuerzos hace diez meses, para fallecer de problemas del corazón esa primavera. Julio Macossay dijo que “la destrucción de la naturaleza no es obra del destino o de la mala suerte o de una voluntad de dios, sino es obra del afán depredador del capital” recordó Marcos.

“Todas esas empresas que se van a poner ahí, empresas hoteleras, no generaron un solo empleo entre la gente de Quintana Roo,” dijo el Subcomandante, señalando que los “todo incluido” y otros resorts traen trabajadores de fuera del estado y de Guatemala para construir y atender sus instalaciones, y exhortó a los sudcalifornianos a desconfiar de las afirmaciones del gobierno y de los empresarios de que el desarrollo del turismo genera trabajo y beneficios para la gente local (que es un tema del noticiario en video del Otro Periodismo: El Delegado Zero se acerca a Quintana Roo/Una tierra de Inmigrantes).

Pero fue el sábado en el jardín trasero de la casa de Sergio en donde el Delegado Zero profundizó, más que en ninguna otra ocasión a lo largo del recorrido de 10 meses de la Otra Campaña, en la cuestión de la expropiación de los medios de producción, un tema que había abierto el marzo pasado en Querétaro, subrayado durante la Primera Reunión Nacional de Trabajadores el 29 de abril, y remachó el 1 de mayo.

Específicamente, significa que comunidades enteras y trabajadores recuperen los grandes hoteles en este estado y en otras partes. “En este país lo que hace falta es un alzamiento civil y pacífico,” dijo. “¡Fuera los dueños de los hoteles y que los hoteles les pertenezcan a la gente de Baja California Sur!”

Señalando que, cuando una situación se vuelve tan severa, como aquí en esta península, “o luchas o te mueres,” añadió: “el instinto de la gente es luchar para no morir.”

Luego extendió el concepto más allá de que las comunidades retomen los hoteles. “Imagínense,” dijo Marcos, retando a muchos de los trabajadores de los medios presentes: “Imagínense que este periódico fuera propiedad de los trabajadores, y que esa empresa televisiva fuera propiedad de los trabajadores.”

Continuará…

Traducido por: Aimée Valckx y Mario Morales

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