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Celia Szterenfeld
DR 2003 Al Giordano

Los usuarios y los adictos a las drogas se “auto organizan” en Brasil

La “Pedagogía de la Reducción de Daños” de Celia Szterenfeld se enraíza


Por Al Giordano
Parte II de una serie desde Río de Janeiro, Brasil

28 de marzo 2003

Finalmente, alguien puede responder mi pregunta de hace 15 meses: ¿qué ocurrió con esa ley para despenalizar el uso de drogas que propuso la administración del entonces Presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso?

El Congreso Nacional, en enero de 2002, enmendó (léase: destripó) la legislación de maneras misteriosas, pero ninguna agencia de prensa comercial informó que pasó con el decretó que casi, pero no, hizo historia.

Aquí en el Equipo de Narco News, hemos estado preguntando por cerca de 15 meses sobre esa ley… y nadie sabía, ni siquiera los expertos de Brasil en política de drogas que entrevistamos…

Pero, al fin, encontramos alguien que sabe:

Celia sabe.

“En enero de 2002, el Congreso pasó una ley en Brasil”, comienza Celia Szterenfeld, directora del Programa Integrado de los Marginados, una ong que trabaja con adictos y trabajadores del sexo que queiren organizarse para pelear por sus necesidades y quieren, con base en la caótica ciudad costera de Río de Janeiro. “La ley instituía Cortes de Droga de acuerdo al modelo usado en algunas partes de Estados Unidos. Para usuarios de drogas, no cambiaba mucho las cosas. Los usuarios eran condenados a entrar a los beneficios del tratamiento contra la adicción o ir a prisión”.

Más allá de la naturaleza no informada y vaga de esa ley de enero de 2002, ni siquiera se ha implementado una débil reforma, nos dice. “Aquí en Brasil, algunas veces pasan leyes pero no se afianzan”, continúa, “Esta ley no se ha usado mucho. Para hacer que una ley trabaje, necesitas crear estructuras. A menudo depende de lo que hacen los gobiernos locales”.

Pero Szterenfeld —a diferencia de algunos activistas y organizaciones de política de drogas y reducción de daños en Estados Unidos, que serían felices con un programa de Cortes de Droga, con tratamiento forzado en vez de cárcel forzada— no está complacida del todo con la nueva ley.

“Estamos totalmente en contra de las cortes de droga”, explica.

Entiende esto bien, amable lector: ella y sus colegas, basados en sus conocimiento callejero, están tan fuertemente contra las cortes de droga que, informa a Narco News, han contratado abogados para demandar a doctores que participan en la imposición de “tratamiento” para adictos: “Porque”, ella, una psicóloga, apunta, “es antiético”.

“El problema de raíz de la implementación de cortes de droga”, explica Szterenfeld, “es que violan la Constitución de Brasil y el derecho a no ser forzado a presentar pruebas contra uno mismo. Si te forzan a hacer una prueba periódica de drogas, están violando la Constitución”.

El adicto auto organizado

La capacidad política y magia estratégica de Szterenfeld y sus colegas reunidos en Río de Janeiro esta semana (ver la historia relacionada, la parte I de esta serie, “Un política de drogas desde abajo”) es ésta: no van pidiendo o rogando a las autoridades, taza en mano, o cuchillo alzado, por las migajas llamadas “reforma”.

En cambio, comienzan con las necesidades de la gente, y luchan con uñas y dientes para hacer que las autoridades cumplan con los deseos reales y las demandas de una población crecientemente organizada.

Puede ser difícil para mucha gente sin experiencia directa con los usuarios de drogas y los adictos, especialmente los del “mundo desarrollado” que confían en los medios comerciales para que les den “información” sobre esos temas, que crean que es posible que los “usuarios de drogas” u otros sectores marginales de los impuestos márgenes de la sociedad se auto organicen. Quiero decir, ¿no se supone que los drogos son desorganizados por naturaleza y definición? Eso es lo que dicen los medios. Eso es lo que la autoridad dice. Eso es lo que el establishment médico afirma. Eso es lo que los profesores universitarios, con notables excepciones, enseñan. Esos es lo que la gente es llevada, falsamente, a creer.

Pero aquí está, ocurriendo en algún lugar de un país llamado América: una creciente población auto organizada de usuarios de drogas —¡Usuarios de drogas duras! ¡Usuarios de crack y cocaína!— se levanta, unida, y pelea por la dignidad, la justicia, la libertad, como otros grupos que la sociedad ha empujado a los márgenes —minorías raciales, religiosas o sexuales, así como mayorías genéricas y económicas— lo han hecho, con éxito, en algunas sociedades abiertas.

Con esplédida ironía, Celia Szterenfeld dice que su pasión por la justicia en su Brasil nativo nació, paradójicamente, en los Estados Unidos, a principios y mediadios de los ochenta, cuando era estudiante en la Universidad de Columbia en Nueva York.

“Estoy primariamente comprometida en luchar contra la epidemia del sida”, dice. “Perdí muchos amigos en Nueva York en los ochenta. Y ahora trabajo con la sociedad civil en Brasil. El trabajo que hacemos es fomentar la auto organización de grupos marginales”.

El camino a la auto organización

El camino a la auto organización comenzó en 1991 cuando Celia y otros participaron en el fomento de esta actividad entre las mujeres en la industria del sexo —lo que la gente llama prostitutas, como si cualquier forma en la que vendemos nuestros cuerpos, dedos, cerebros, ojos, oídos, a otros por necesidad económica fuera de alguna manera distinta.

“En 1994 comenzamos organizando usuarios de drogas. Había ya, desde 1991, una organización de familiares de presos. Una importante líder de las prostitutas, Gabriela Silva Leite, había viajado a Europa para encuentros internacionales en 1988 y 1989, y volvió y comenzó a organizar…”.

Para 1993, la flama de la auto organización se había extendido a la enorme comunidad trabajadora del sexo trasvestida en Ciudad Maravillosa. Ese momento fue, de hecho, una suerte de punto de quiebre.

“Cualquier día, hay tres mil mujeres y trasvesitdos trabajando en la calle, en veinte sitios diferentes. Aquí no tenemos una zona roja. Es más disperso”, dice Szterenfeld. “¿Cuántos trabajadores sexuales hay en total? En el barrio de Copacabana solamente estimamos que hay cinco mil. En Río de Janeiro, a diferencia de Sao Paulo, no tenemos un sistema de chulos. Las mujeres y travestidos son independientes. Se han organizado de esa manera”.

“Por organización quiero decir, primero, que no solían ser solidarios entre ellos”, recuerda Szterenfeld. “Uno podía ser presa de un cliente, dañado, golpeado, asesinado, y sólo muy raramente otro haría algo para detenerlo. Pero ahora, se entrenan uno a otro para escribir los números de las placas de los autos que levantan a los demás. Se entrenan a sí mismos para reconocer el modelo del auto, el color y otros rasgos de identificación…”.

“Hoy hay muy poca violencia de los clientes”, apunta, “salvo contra los travestidos. Pero los entrenados se están volviendo muy organizados. No tienen problemas de familia o de hijos como muchas mujeres trabajadoras. No muchos de ellos, aquí, quieren operaciones de cambio de sexo… sólo entre cinco y diez por ciento, cuando más, quiere ser operado. Y, por supuesto, son ya bastante vivaces y valientes”.

Limitando el poder de la “Autoridad”

Como resultado de los procesos de auto organización de los trabajadores del sexo marginales, la situación ha mejorado dramáticamente durante la década pasada. Los trabajadores organizados limitaron los espacios en los que el Poder —lícito o ilícito— podía acosarlos o dañarlos. “Todavía hay a veces una acción policial, especialmente antes de Carnaval, cuando las autoridades quieren tener titulares”, explica, “Pero aquí la ley dice que no puedes ser arrestado por pedir sexo, por pararte en la esquina… es ilegal que los dueños de hotel den cuartos para la prostitución, y es ilegal que alguien sea un cliente, cualquiera… pero los clientes nunca son perseguidos. Hay algunas regulaciones acerca de la desnudez, especialmente en horas de oficina… pero la policía no está acosando y arrestando a diario a los trabajadores sexuales como ocurre en muchas otras partes del mundo”.

El mismo principio organizativo, dice Szterenfeld, puede y es aplicado, ahora, por los usuarios de drogas y los adictos en Brasil, limitando los espacios para que la autoridad pueda seguir dañándolos.

“Estamos desarrollando una Pedagogía de la Reducción de Daños”, dice, en referencia al trabajo precedente del brasileño Paulo Freire, autor de la Pedagogía del Oprimido, una de sus influencias formativas intelectualmente. Otra influencia, anota, viene de los Estados Unidos: la parte del movimiento feminista de los setenta que no terminó aliándose con iglesias y patriarcas en campañas de censura anti sexualidad, sino, más bien, la parte del movimiento con ráices en el trabajo del Colectivo de Boston, autor de Nuestros cuerpos, nosotras mismas, diseminando información directamente recopilada desde abajo.

Y así, aunque las ideas del Colectivo de Boston y aun de Paulo Freire han enraízado en las políticas sexuales dentro de Estados Unidos y, por lo que hace a la política de drogas, aunque hay organizaciones de reducción de daños ahí, y otras organizaciones como Act-Up y los heroicos clubs de Mariahuana Medicinal, el concepto de auto organización de usuarios de drogas duras ha tenido menos éxito en la gigante nación consumidora de drogas del Norte que el que goza en Brasil.

“¿Por qué piensas que ha ocurrido aquí?”, me preguntó un colega hoy. Puedo aventurar una suposición: Brasil no es un país productor de drogas. Es un país consumidor. Tiene el segundo más grande nivel en consumo de cocaína en toda América… segundo con respecto a los Estados Unidos.

Un modelo para naciones consumidoras de drogas

Cómo nación consumidora, Brasil ha surgido como un laboratorio superior de reducción de daños, en el tema de las drogas duras, al que es Estados Unidos. Como sea, en algunas zonas valientes de EU, se distribuye a los adictos agujas limpias (lo mismo pasa aquí, pero a través del buen trabajo de otra organización sobre la que informaremos en días próximos), y por supuesto el altamente exitoso movimiento de marihuana medicinal está en guerra hoy contra las fuerzas de ocupación del Estado federal en Washington DC, usuarios y adictos de drogas duras en el Norte no han, ni de lejos, tenido éxito en auto organizarse de forma que efectivamente limiten al cuarto de operaciones del Poder en reprimirlos y oprimirlos.

La auto organización, al estilo brasileño, ha llegado.

La Pedagogía de la Reducción de Daños en Brasil tiene el potencial de ponerse a la cabeza del movimiento de reforma de la política sobre drogas, internacionalmente, y de cambiar la política de drogas con ello. En los Estados Unidosm entre algunos activistas de la legalización de drogas, hay una tendencia que desestima los esfuerzos de la “reducción de años” como si fuera demasiado parciales, demasiado “aceptables”, demasiado “lite”, muy lentos… y puede ser que algo falta de algunos de esos esfuerzos (aunque nuestra tendencia en Narco News siempre ha sido “dejar florecer mil flores y dejar a la prohibición de las drogas morir la muerte de mil cortes”)... pero déjame intentar, amable lector, de explicar la diferencia…

Cuando pensamos en los esfuerzos tradicionales de “reducción de daños” en Estados Unidos, tendemos a pensar —a veces correctamente, a veces no— en un trabajador social o en una autoridad médica ofreciendo agujas limpias o tratamiento de drogas a los adictos, en un tipo de “programa social” tradicional establecido… algo más asociado con la caridad y el “hacer-el-bien” —y la auto perpetuación de las burocracias y la “autoridad” médica o psiquiátrica sobre la autonomía individual— más que a la auto organización y el empoderamiento…

Pero en Brasil el poder está surgiendo en otra dirección: los usuarios y los adictos a las drogas, como otros grupos marginales, tal como los mencionados trabajadores de la industria del sexo y los familiares de presos, están tomando el control de sus propias vidas cotidianas sin esperar que el gobierno o que ninguna autoridad de el permiso. Avanzan, y el Poder tiene entonces que adaptarse a las nuevas realidades que alcanzan desde el nivel de base. Las reformas gubernamentales vienen en respuesta a la auto organización, no la preceden ni la causan.

Esto es significativo por muchas buenas razones, pero una especialmente poderosa es ésta: mientras los ususarios y adictos a las drogas se organizan desde el nivel local hacia arriba y hacia afuera, se politizan a sí mismos, se entrenan entre sí en las destrezas de la dmocracia y en cómo mover estructuras de gobierno y de medios que previamente los han ignorado o reprimido, o ambas. El movimiento brasileño de reducción de daños se ha vuelto ahora la tendencia dominante en el movimiento nacional de legalización de las drogas, anteriormente liderado por gente que simplemente, y justamente, quería el derecho a fumar marihuana: pero esos sectores han sido largamente liderados por las clases medias y altas, como en los Estados Unidos.

Rompiendo el muro de clase de la reforma política de drogas

El movimiento brasileño de reducción de daños ha roto el muro de clase de la reforma política de drogas: los líderes, los voceros y los organizadores no representan a otros, se representan a sí mismos, con todo el poder y la magia que sólo puede encontrarse, en este planeta, en el rango de las masas.

Por lo que, cuando Celia Szterenfeld y sus colegas se sientan a pensar en estrategias, y discuten eventos de talla global, como el que ocurrirá en 2006, cuando las naciones del mundo deban reconocer los tratados internacionales de lucha contra las drogas, ella puede comentar que ella y los demás deberían decir al Presidente de Brasil Lula da Silva que rechace firmar la renovación propuesta del tratado actual que impone la prohibición a las drogas en todas las tierras.

Y ella y ellos pueden discutir algo tan grande, tan internacional (¡Esa gente diciendo a su presidente lo que hay que hacer! ¡Imagínense!), con el conocimiento de que, porque está organizados desde las bases, tienen a tiro la creación de las condiciones para que su presidente electo pueda tomar un paso firme, uno que, si el Presidente de Brasil lo diera, sería seguido por líderes de otras naciones latinoaméricanas y probablemente por otros de distintos continentes.

Así que, surgen de las bases de muchos rincones de este vasto país, de muchas direcciones horizontales al mismo tiempo, hacia arriba en dirección a los que están en el poder. Y los que están en el poder, pronto, ahora, de hecho, deben dar una respuesta genuina.

No es más una opción, en política de drogas, marginar a las masas. Ellos, nosotros, ustedes, venimos para rebasar una desastrosa política de drogas de prohibición a través del auténticamente democrático principio de la auto organización.

Esto, ya, no es el movimiento de legalización de las drogas de sus padres de abogados libertarios de zapatos blancos y entusiastas universitarios de la marihuana educados en la contra cultura, aunque son bienvenidos también a la mesa… éste es un movimiento que refleja el rostro auténtico del mundo, y está mirándote directamente a los ojos. Cuando te mira de vuelta desde el espejo, sabrás, querido lector, que la victoria está al alcance de la mano.

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