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La historia de la reducción de daños brasileña

De los esfuerzos de prevención del sida a un movimiento social más amplio


Por Adriana Veloso
Parte VI de una serie, reportando desde Brasil

9 de abril 2003

“Las primeras actividades de reducción de daños en este país ocurrieron en Santos, en el estado de Sao Paulo, en 1989”, comienza Sueli Santos, vicepresidente de la Asociación Brasileña de Reducción de Daños (ABORDA, por su nombre en portugués). Pero como resultado de la represión de la policía y otras instituciones contra este trabajo pionero, en casi todos los años noventa, explica Sueli, “mucha gente se contagió de sida”.


Sueli Santos
Foto D.R. 2003 Al Giordano
La persona que comenzó con el movimiento fue Fábio Mesquita, quien hoy es el coordinador en la ciudad de Sao Paulo de prevención de VIH y EST (Enfermedades Sexualmente Transmitidas). “Reducción de daños”, un término que describe los esfuerzos por reducir los daños causados por el consumo de drogas, comenzó en Brasil, como en otros países, principalmente como un esfuerzo por prevenir la transmisión de enfermedades entre usuarios de drogas.

“Santos era en ese tiempo una ciudad con muchos casos de VIH, debido a un alto índice de usuarios de droga y porque es una ciudad con puerto”, recuerda Sueli.

Al igual que en Fortaleza y otras ciudades de la costa, el alto índice de prostitución y las drogas llegadas al puerto de la ciudad de Santos facilitan la expansión de enfermedades sexualmente transmitidas y el uso de drogas en una escala más amplia que en otras partes del país.

Durante casi todos los noventa, la comprensión de la gente acerca de cómo se transmitía el VIH (un virus comúnmente asociado con el sida) era muy limitada.

“Mis amigos desinfectaban sus baños luego de que los visitaba”, recuerda Silvio Martins Diniz, quien a sido VIH positivo por once años.

Hoy, Diniz es el presidente del Grupo de Orientación sobre VIH en la ciudad de Rio Verde, en el estado de Goiás, donde inició proyectos de reducción de daños en su región.

Persecución bajo la Ley Federal

Bajo la ley brasileña, cualquiera que fomente, ayude o asista a un consumidor de drogas es considerado como narcotraficante. Así, en 1989, los esfuerzos por distribuir agujas limpias a los usuarios de drogas intravenosas —para prevenir el uso común de agujas y el consecuente de fluidos corporales a través de los que se expande la enfermedad— fueron perseguidos. “La oficina del fiscal no permitió estas actividades”, explica Sueli Santos. “Dijeron que era un incentivo para que la gente usara drogas. Afirmaron que no podíamos probar científicamente que la distribución de agujas limpias era la mejor manera de prevenir la contaminación”.

En 1998, el estado de Sao Paulo aprobó una nueva ley para proteger los esfuerzos de los trabajadores en reducción de daños. “Los fiscales públicos en Santos habían levantado cargos contra muchos profesionales que estaban trabajando en el intercambio de agujas. Los acusaron de ser comerciantes de droga”, apunta Sueli. “De acuerdo a la ley federal, dar agujas es lo mismo que ser un vendedor de droga”.


Isabel Chagas
Foto D.R. 2003 Adriana Veloso
Las organizaciones de reducción de daños en Brasil están preparando un documento legal para la administración del Presidente Lula da Silva, buscando cambios en la ley federal. La abogada Isabel Chagas explica que este documento “pretende demostrar la legalidad y legitimidad de las acciones de reducción de daños. La legitimidad es una conquista de los movimientos sociales”.

Cuando en 1989 Fábio Mesquita, entonces responsable de la coordinación del Programa de Control del Sida Epidémico, comenzó a promover el intercambio de agujas como una estrategia frente al VIH epidémico, iniciando el primer proyecto de reducción de daños en Brasil, él y David Capistrano, del departamento de Salud e Higiene de la ciudad, fueron arrestados y perseguidos.

“Para que una acción sea considerada un crimen”, apunta Chagas, “de primero estar prohibida por el código penal. Y la intención de los acusados debe considerarse también”. Chagas también señala que es un caso de defensa legítima, en el que, por ejemplo, no es considerado un crimen porque la persona se defienda a sí misma.

“En el caso del intercambio de agujas”, continúa la abogada, “no hay intención de inducir al uso de drogas. Al contrario: la intención es proteger a la gente, el mismo concepto que la defensa legítima. ¿Cuál es la intención de una persona que pone una jeringa a disposición? La intención es prevenir, cuidar la salud pública y, así, no es, o no debería ser, un crimen”.

Este tipo de preguntas, afirma Chagas, deberían incluirse en el documento legal a la nueva administración.

Pero la mentalidad legal y política que prevalecía en Sao Paulo en 1989 y después era muy distinta: “Todo mundo recuerda la historia de Santos. Los profesionales tenían miedo de trabajar en reducción de daños porque no querían ser perseguidos como vendedores de droga”, recuerda Sueli, la vicepresidente de ABORDA.

Mientras, en el estado nordestino de Bahia y otras regiones, se estaban llevando a cabo acciones de reducción de daños donde no había leyes aplicables, dice Sueli: “Ellos pudieron tener ese contacto directo con el usuario que nosotros no tuvimos. Pero en Sao Paulo, necesitábamos hacer primero un trabajo político y cambiar la ley antes de que ocurriera algo”.

En 1998, el estado de Sao Paulo aprobó la nueva ley protegiendo a los trabajadores en reducción de daños. Pero “los fiscales del estado y la policía aún aplicaban la ley federal. Mucha gente fue llevada a la estación de policía, y sus agujas fueron requisadas por los oficiales”, recuerda Sueli.


Silvio Diniz llevó la reducción de daños al interior del estado de Goiás
Foto D.R. 2003 Adriana Veloso
Los movimientos de reducción de daños en otros estados, luego de estos eventos en Sao Paulo, entendieron la importancia de educar a la sociedad. Hoy, esto se considera como el primer paso en cualquier programa de reducción de daños.

Ésa fue la estrategia utilizada por Diniz, en el interior del estado de Goiás hace tres años, cuando comenzó el proyecto para prevenir ESTs y VIH. “Al principio”, dice, “tratamos de educar a los políticos. Fuimos a hablar con la alcaldesa de Rio Verde, Neuci Spodoni, del partido de derecha PPS (Partido Popular Socialista). Ella simplemente respondió que el VIH no era la prioridad de su gobierno”.

Pero apenas un año más tarde, Rio Verde se convirtió en la primera ciudad de su estado en tener un seminario sobre prevención de ETSs y VIH. “Y eso se consiguió con la sensibilización”, recuerda Diniz.

Silvio Martins Diniz, Sueli Santos y otros trabajadores en reducción de daños aún encuentran muchas puertas cerradas en sus intentos por informar que, como dice Sueli, “la reducción de daños es una cuestión de salud pública”.

De la prevención de VIH a la reducción de daños sociales

“En años recientes hemos comenzado a ampliar la perspectiva de la reducción de daños, no solamente enfocada a los programas de intercambio de agujas, sino también aplicando esta experiencia a otras partes del país”, explica Sueli.

Uno de los avances de la reducción de daños en Brasil vino del trabajo desarrollado de Ceará, en el Nordeste. De acuerdo a la abogada Isabel Chagas, a partir del contacto con la comunidad donde iban a realizar el trabajo de campo, percibieron la necesidad de “trabajar no solamente con la prevención de enfermedades y en la reducción de daños para los usuarios de drogas, sino además trabajar con la autoestima de las comunidades, que en su mayoría viven en terrenos ocupados, sin drenaje o saneamiento básico”, cuenta. Así, los trabajadores en reducción de daños de Ceará, junto a la ong Centro de Asesoría de la Adolescencia —conocido como CASA— comenzaron también a “dar asesoría jurídica a los que necesitaban dejar las drogas o a dar capacitación médica para la prevención de enfermedades”.

Así, lo que comenzó como un movimiento de reducción de daños modelado a partir del sida y la prevención de enfermedades, trabajado en otros países del hemisferio, se involucró más con las necesidades sociales y económicas de la gente. De esta manera fue que la reducción de daños, como un concepto, obtuvo el apoyo de la gente en Brasil; cuando dejaron de ser un trabajo “específico” de ongs y oficinas del gobierno, y comenzó a atender las necesidades humanas de la gente —usuarios y no usuarios de drogas.

En otras palabras, el movimiento de reducción de daños brasileño comenzó a considerar las necesidades y deseos públicos en la expansión de su propia agenda. Esto no sólo abrió una senda a una perspectiva más amplia y responsable con las cuestiones económicas que llevan al uso y abuso de drogas, sino que también llevó al movimiento brasileño de reducción de daños a desafiar de manera más agresivas las premisas de la Guerra contra las Drogas: se volvió un movimiento politizado.

Brasil es un país inmenso. Cada región tiene sus propias características y desarrolla su particular modelo de trabajo en salud pública. El apoyo de la gente es bastante fuerte así que el Ministro de Salud del gobierno federal ha comenzado a apoyar estos esfuerzos.

Pero la autonomía de estos esfuerzos regionales, y la solidaridad para compartir las experiencias, explica Sueli Santos, es clave pare tener éxito a nivel nacional. “En Sao Paulo y en Bahia, hay mucho consumo de crack. En otras ciudades tenemos otros tipos de uso de drogas inyectadas, como la silicona (entre los transexuales para aumentar el volumen de su busto y otras partes del cuerpo) y esteroides anabólicos”, explica. El intermcambio de agujas limpias, para impedir la propagación de enfermedades, es vital no importa qué drogas sean inyectadas.

Este ejemplo es sólo uno de los aspectos del movimiento de reducción de daños en Brasil que será detallado en las siguientes partes de esta serie de Narco News. De los quince trabajadores de primera línea en reducción de daños que han sido entrevistados para esta serie, todos están decididamente a favor de una nueva ley nacional que protega y acepte su trabajo en reducción de daños y establezca asociaciones con el gobierno y otras instituciones para ampliar su labor.

Sueli Santos piensa que hay mucho por hacer todavía: “Tenemos alrededor de 150 proyectos de reducción de daños en el país. Es todavía muy poco”, enfatiza, “para tan grande país”.

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